jueves, 9 de diciembre de 2010

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Tiembla el pulso. La garganta no quiere saber más nada. El corazón pide un segundo de respiro. Va Eduardo Tuzzio a patear el quinto penal. Si lo hace, Independiente será el campeón de la Copa Sudamericana 2010. El estadio arde, el clima de tensión ya es irrespirable. Tuzzio toma carrera y espera la orden de Oscar Ruiz, de patética labor durante toda la noche. Silencio absoluto. El estadio todo espera. Y de repente, atacan todos los recuerdos. Juntos. En esa espera por el último shot, que se hace interminable.

El equipo gris que pasó ante Argentinos Juniors. La remontada ante Defensor, cuando además de contra la desventaja por la derrota el Centenario de Montevideo, hubo que sufrir porque un imbécil que se hace llamar hincha casi hace imposible todo esto. El empate heroico frente a Tolima y la derrota que fue victoria frente a Liga en Quito, ambas hermanadas por haberse traído dos goles fuera de casa, que en este formato son victorias. Esa primera final maldita frente a Goiás, cuando todo aquello que no debe hacerse en una final, se hizo.

¿Qué tuvo Independiente para ganar esta copa? De juego, poco. No enamora, no enamoró, ni enamorará nunca. Hubo cambios de DT, dos, durante el transcurso del torneo. De Garnero a Chivo Pavoni, de Chivo a Turco Mohamed. Muy irregular, eso afecta a cualquiera. Turco tocó muchas teclas correctamente. El equipo se adaptó bien a la línea de tres, Fredes al lado del cinco de quite se hizo importantísimo, la dupla de ataque Parra-Silvera saca petróleo de cada jugada, se promovió a varios pibes.

3-4-3. Mucho buscar por los costados. Cabrera por derecha, Mareque y Patito por el otro lado. Tuzzio de repente se hizo líbero, no regala una, sale jugando. Battión, recuperado por Turco, hizo pata ancha en el medio como distribuidor, complementándose muy bien con Fredes, que pasó a armar juego, destacándose por lo general. Se valió de muchos de inferiores, y eso siempre vale.


Lo vital pasó por la rebeldía que demostró el equipo para pelear contra las adversidades. Garra, tesón, hombría, amor propio. Nunca bajó los brazos, y eso que le ocurrieron varias durante el transcurso del torneo. Tuvo que sacar adelante situaciones complicadas en todas las series, y todas, absolutamente todas las sobrellevó. No se puede hablar de suerte o de ayudas arbitrales. Independiente fue campeón a lo guapo, y eso hay que saber hacerlo.

Méritos hubo de todos, porque en la mediocridad de juego que iguala a todas las individualidades, situación inmanejable, todos crecieron para no mezquinar ni un solo gramo de aquello que depende de la voluntad, que sí es manejable, porque al talento no se lo puede convocar si no existe, pero el sacrificio no debe ni puede faltar nunca, menos en esos casos. Súmele varias acertadas decisiones estratégicas que vinieron desde el banco, y tendrá un campeón a la medida de los tiempos que corren. Que dio la altura.

No le sobró nada, pero nadie le regaló nada tampoco. Vaya buena parte de reconocimiento por este logro para Tolo Gallego, Acevedo, Piatti, Vella, Gandín, Nuñez, para todos aquellos que hicieron posible la clasificación, sin la cual hoy no estaríamos festejando.

Remontar un 0-2 en una final no es para cualquiera. El gasto que se hizo en el PT, planteo perfecto, el justo y necesario. Demasiados sofocones en el segundo. Un suplementario que nos los puso en la garganta.

Y una enorme convicción para patear los penales, donde habían entrado cuatro de cinco hasta que le tocó a Tuzzio.

Fuerte, arriba, inatajable. Golazo. Merecido por el autor. Locura, alegría, emoción. Quizás en un futuro venga un análisis más profundo. Quizás no tenga mucho sentido tampoco. Es que, justamente, esto se siente, no se explica. El Rey ha vuelto, ¿o es que en realidad nunca se había ido, y sólo se escondía? En cualquier caso, se lo extrañaba. ¡Salud, campeón!

3 comentarios:

  1. Y una alegría por este lado era lo que nos estaba faltando.
    Abrazo Rojo, Nacional y Popular.

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  2. ¿Viste vos, Sujeto? Venimos de alegría en alegría los del campo nacional y popular. Saludos.

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