jueves, 4 de noviembre de 2010

Márgenes

Pregunta: ¿Qué tan derrota fue la del kirchnerismo en 2009 -más allá de lo que dicen los fríos números-, a la luz de lo que resultó ser la tarea del Congreso tras su reconfiguración a consecuencia del mentado acto eleccionario durante 2010; y a poco de observar que el Gobierno creció en la opinión pública, a partir de, lejos de aceptar las "sugerencias" de "moderarse" y virar a la derecha que promovían los distintos conglomerados opositores, profundizar en las líneas básicas del ideario de proyecto iniciado el 25 de mayo 2003?

Durante la campaña que precedió a los comicios del 28-J-09, se advirtió desde la blogósfera oficialista (de la cual Segundas Lecturas forma parte, si es que por las dudas hace falta recalcarlo) que el relato elegido por el compañero Néstor Kirchner distaba de ser el ideal. Por aquello de que en política la apelación a fantasmas no es buena consejera, más allá de cuan en lo cierto estaba Néstor en marcar lo muy familiarizados que estaban absolutamente todos los candidatos no oficialistas que participaron de aquella elección con las recetas que llevaran al país al estallido en 2001 (basta, para comprobarlo, con echar un vistazo a lo que fueron las iniciativas del autointitulado Grupo A en el tiempo que lleva de predominio en la correlación de fuerzas legislativas), desde estos lados se le reclamó reiteradamente poner el acento, más que en eso, en la oferta de un horizonte que permitiera oponerse a los denunciados por derechosos, pero a partir de contrastarlos con lo ya hecho y prometer por lo que faltaba, más que con solamente con apuntarles con el dedo por cargos de cuya culpabilidad, vale la pena reiterar, eran (y son) absolutamente merecedores toda la peonada establishmentera. En definitiva, renovar la convocatoria a los sueños tan típica del peronismo. No se hizo, y pasó lo que pasó (claro que no solamente debido a eso, que es únicamente el objeto de estudio del presente).

La despedida a Néstor Kirchner estuvo rodeada de una multitud que revela un dato más importante que el cuantitativo (ese, nada más ni nada menos, permite atender a lo fracasado del relato que intentó construir un Kirchner demoníaco, y revela que el acompañamiento de que gozaban tanto su figura como el proyecto que co-conducía con Cristina, era superior a lo que se decía, y que va en aumento -esto último se venía percibiendo ya desde antes del triste suceso-). Desde el costado cualitativo de la imponente manifestación popular que rodeó las exequias del compañero Néstor, surgen dos conclusiones muy importantes: Una, que la mayoría de ese número de personas están fuertemente identificados con el proyecto al frente del que ahora queda CFK en exclusividad (y en torno al cual se estructuran), ideologizados, y muy dispuestos a involucrarse activamente en la vida pública (por joven, no solo, pero sí sobre todo). Segundo, pero conectado a lo primero, el discurso que guía a esa masa fuerza a la reconfiguración del escenario político en clave propositiva, no meramente denuncista (espíritu que inspiraba el mensaje de la suma de minorías inorgánicas vencedoras de 2009). Pero además, que esas propuestas deberán concebir al renacido "pueblo" como sujeto destinatario de las mismas (y como herramienta de consecución, también, ya que para superar los escollos corporativos habrá que armarse de movimientismo popular que se involucre en la lucha por sus demandas): Lo que vulgarmente se conoce como "cosas que cambien la vida de alguien". No hubo en la Plaza, una sola persona que no fuera a despedirse con algo, lo que sea, poco, poquito o mucho, para agradecer. A tenerlo en cuenta.

La agenda de "la" oposición durante 2010 osciló, en su mayoría, entre cuestiones que a nadie mueven el amperímetro (Consejo de la Magistratura, ley del cheque, reglamentos de DNU, "superpoderes", entre otras) e intentos de obstruir las iniciativas gubernamentales (episodio reservas, por caso, pero ahora también reparto de ganancias empresariales). Fracasado el objetivo inicial del Grupo A, de forzar a la Presidenta a tener que emitir un veto por semana (lo que operaría como forma de horadar la por entonces menguada imagen del kirchnerismo), se buscó un proyecto de supuesto anclaje en la sensibilidad social: El proyecto de ley de quiebra del estado, eufemísticamente denominado "82% móvil para las jubilaciones mínimas". Se busco con él, conocida su inviabilidad, forzar un veto impopular de CFK. Vino el veto, si, pero ni la votación del proyecto en el Congreso ni el posterior rechazo presidencial concitaron acompañamiento de manifestaciones en la calle: Ni para festejar por lo primero, ni para protestar por lo segundo; lo cual revela que no cala la predica opositora, nos permitimos aventurar que por insincera.

Ley de Medios, AUH, matrimonio igualitario, reforzamiento de la alianza con el Movimiento Obrero Organizado. El kirchnerismo tiene donde anclar, agenda pendular mediante, sabe como hacerlo (y puede con ello, sobre todo, de hecho lo viene haciendo). No se trata ni de, como postula Artemio, solo reforzar en las alianzas territoriales del peronismo tradicional con miras a las clases bajas y ya. Tampoco de solo buscar clase media vía 6-7-8. Las posibilidades de abarcar son enormes en tanto se profundice la tesitura seguida a posteriori de la derrota en 2009, que no privilegió a nadie en especial, sí que transversalmente. Porque resulta que ganas de más hay en todos lados. Sí tiene razón Artemio en cuanto a que el liderazgo en las encuestas de Cristina promueve, per se, el alineamiento de los sectores más tradicionales, como lo revelan los movimientos recientes de Verna en La Pampa, y de Schiaretti y De La Sota en Córdoba.

De cualquier forma, y para retomar la línea, no queda lugar ya para ofertas políticas que promuevan retroceso (léase recorte de derechos, ajuste, “racionalizaciones” y demás ideario Fukuyama/Consenso de Washington/Escuela de Chicago). Lo que cambia es la perspectiva a partir de la cual tienen que armar su mirada programática los distintos actores.

De allí que se le pide/exige, desde el costado conservador, que se abra a concertar con opositores o se allane a las “propuestas” que aquellos sostienen en nombre de las corporaciones que los dirigen casi a control remoto (no le espera nada bueno al Grupo A si persiste en esa, recogerá más si se pone a hablarle al “abajo” que si sigue acatando al “arriba”). Hay la intención de un kirchnerismo mimetizado, que desoiga el mandato de la Plaza y, vamos, haga caso omiso a su propia esencia, como cuando perdió en 2009.

No se trata, simplemente, de un oficialismo que encabeza a una franja social cuyas características le son funcionales en términos de imposición de agenda. El triunfo cultural del kirchnerismo radica en que ha sabido reconfigurar un escenario en el cual, a diferencia de sus adversarios, se mueve como pez en el agua. Salió del terreno fangoso dentro del cual se comió los mamporros del "campo" y las legislativas, donde estaba incomodo. Jugaba en terreno ajeno y con reglas ídem. Es decir, ya no es solo que interpela, será interpelado (no a disgusto), lo que deja nulo margen a otra cosa que profundizar. Hay, y habrá, retroalimentación demanda-propuesta. Y a eso, Cristina, que lo promovió, lo conoce mejor que nadie. Amén.

3 comentarios:

  1. Hola Pablo.
    Excelente análisis, realmente excelente.
    Y no se puede decir mejor: ganas de más hay en todos lados.
    Te mando un Abrazo

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  2. Muy bueno el post. Tenemos una buena base para batallar por un triunfo el año que viene.

    Se me ocurre que hay que buscar una de las causas de nuestra derrota electoral de 2009 en que la oposición había logrado revivir el fantasma de inestabilidad política, y que lo estamos aventando con muñeca y movilización.

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  3. Adelante, esa es la única palabra. El mínimo común denominador que nos engloba a todos.

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