martes, 2 de noviembre de 2010

Alfonsín y Kirchner; Menem y De La Rúa

En estos días de reflexión, me encontré en la facultad con amigo que es un RRR (Radical de Raúl Ricardo). Me trató con mucho respeto, ahora que se fue mi referente político, tanto como yo lo estuve con él cuando desapareció el suyo hace tan poco tiempo, el año pasado.

“El año pasado se fue el mío, ahora el tuyo ¡Que lo parió! Igual, tengamos en cuenta algo: Los dos se fueron igual, rodeados de las masas a las que siempre aspiraron en sus gobiernos. Y no se si te pasará a vos lo mismo que a mí: Aún como radical, me siento más cerca de Kirchner que de De La Rúa; y vos te debes sentir más cerca de Raúl que de Menem”, me dijo.

Y la verdad que hay mucho de eso. Casi tal cual. Alfonsín y Kirchner tuvieron, ambos, despedidas cuantitativamente multitudinarias y cualitativamente muy politizadas. Y no creo que sea casualidad. Hace poco recuerdo un post de Mendieta, en el que reivindicaba la figura de Alfonsín porque decía no poder “evitar que me caigan bien las personas que aman la política y le ponen el cuerpo”.

Ambos, Alfonsín y Kirchner, trascendieron, a mi entender, porque intentaron, cada uno a su manera, llevar adelante proyectos de país de trazos independientes, que privilegiaran las iniciativas del poder institucional por sobre las demandas de las corporaciones, de los poderes fácticos/económicos, buscaron domesticarlos, subordinarlos a la democracia, cosa que no hicieron quienes estuvieron entre medio de ellos, cuyos cursos de acción estuvieron más guiados por las “necesidades” de sectores con los que estaban comprometidos de antemano (que no están, en ningún caso, contemplados constitucionalmente). Eligieron interpelar a (y, vamos, también se dejaron interpelar por) franjas sociales movilizadas, dinámicas, activas en la vida pública. Del mismo modo, siempre apelaron, discursivamente, a la defensa de convicciones e ideales, a la épica, lo cual redundó en enamoramiento de la juventud y en que muchos se convirtieran, por abajo, en acérrimos defensores de sus gestiones. Le hablaron al pueblo, no a "la gente". Hay diferencias.

Néstor y Alfonsín fueron dos tipos comunes, bonachones, de trato de igual a igual con el tipo que anda caminando por la calle. Que no le tuvieron miedo a que la política (y las discusiones y disputas que implican llevar adelante un proyecto de aspiraciones nacionales y populares), se expresen y/o diriman y/o procesen en la calle. Vivieron la política a tiempo completo. Nunca la relegaron como lo que debe ser: Herramienta de construcción del necesario poder en el que se debe recostar un gobierno de intenciones de acción independiente.

Eso explica, a mi modesto entender, el calor popular que despertó en el pueblo la muerte de ambos, y que no se repetirá (me permito, con las disculpas del caso, hacer futurología con cosas tan feas como la muerte) para con quienes fueron delegados de la tecnocracia neoliberal, más pendientes de mercados que de personas: Menem y De La Rúa (y debería agregar al ex senador, y fugaz primer mandatario interino, Eduardo Duhalde). A eso se llama trascender en el tiempo.

2 comentarios:

  1. Hola Pablo
    Muy bueno lo que escribiste.
    A veces, tanto quilombo nos hace olvidar que el pueblo quiere a quienes, acertados o equivocados, son sencillamente buenos tipos...
    Te mando un Abrazo

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  2. Y es que a veces hay procesos que se explican por otra cosa que no son sólo componendas, negociados, cosas sucias y demás, ¿verdad?

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