viernes, 29 de octubre de 2010

No entienden. Nunca entendieron. Nunca entenderán

En 2003, apenas se lo proclamó Presidente de la Nación por la deserción del balotaje de Carlos Menem, Néstor Kirchner recibió un consejo/imposición/sugerencia/pedido/amenaza (cada uno elija el vocablo que mejor le parezca) de parte del establishment que se había encargado de gobernar el país desde 1976 hasta esa fecha –haciéndolo estallar en mil pedazos en 2001-, que se lo comunicó a través de uno de sus más fieles sirvientes, el (siempre muy solícito a la derecha) subdirector de La Nación, José Claudio Escribano.

“Procesismo más noventismo o durarás un año”, rezaba el documento. Ya se sabe qué hizo Kirchner con dicha bravuconada. La historia se encargó de demostrar que los amenazadores no pudieron y que el presidente ‘03/’07 tuvo razón en no hacer caso a ninguno de los puntos del escrito para el cual Escribano prestó pluma y firma.

¿Qué cosa se habrá posesionado de todos aquellos que participaron de tan antidemocrática y antirrepublicana maniobra como para creer que tendrían éxito? Seguramente la costumbre de largos, por entonces, veinte años de tipos que –haciendo escaso honor a las investidura que el pueblo les había otorgado-, o bien se les rindieron fascinados (Menem, De La Rúa, Duhalde), o bien no pudieron porque no supieron cómo hacer para torcerles el brazo (Alfonsín). Con Kirchner, por suerte para todos los que andamos a pie, sería distinto. Por primera vez desde un tal Juan Domingo, que era General, llegó a Presidente, y que años después sería emulado fielmente por un flaco desgarbado, cara de pingüino, que, como él mismo decía, vino con “la fuerza de los vientos del sur”. Vaya fuerza.

Ese flaco acaba de desaparecer físicamente de este mundo. Pero a diferencia de ese General, que llegó a Presidente, no nos deja en manos de una incapaz mental como la Presidenta que asumió en 1974, sino del mejor cuadro político y militante que hay dentro del mundo político dirigencial argentino de 2010. Una tal Cristina Fernández, o, como ella misma dice, “CFK, si te gusta más”.

No obstante lo anteriormente dicho, hay gente que nunca aprende. Apenas dos horas habían pasado desde conocido el dato oficial de la desaparición física de Kirchner, y en La Nación, reincidente el house organ de los sectores de poder, aparecía una columna del que fuera secretario privado del dictador Roberto Viola (presidente procesista en 1981), Rosendo Fraga, desde la cual se quiso ganar tiempo y espacio para las exigencias establsihmenteras, esta vez dirigidas a “CFK, si te gusta más”.

¿Cómo puede ser que no aprendan de las lecciones que da la historia? ¿O será acaso que no hay balas que les entren; que tienen los ojos tapiados a los hechos (que nunca son como a ellos les gustaría que fueran) e intentan amoldarlos a sus interpretaciones y oscuros deseos?

Dice Hernán Brienza (que de kirchnerismo sabe y mucho) que en la pareja Kirchner era (es) el pragmático, y Cristina la de la fortaleza en las convicciones. Desde la vereda de enfrente a la de Brienza, hace rato que ese buen opositor que es “Turco” Asís dice que es ella, en verdad, la que no quiere dar el brazo a torcer con Clarín. Alguna vez también el miserable de Fontevecchia dijo que fue por la Presidenta que hubo Ley de Medios, ya que a ella le resulta intolerable, como a ningún otro de sus predecesores, el no reconocimiento de sus potestades constitucionales de mando.

Las imágenes de los miles de ciudadanos despidiéndose de su líder y compañero, a lágrima pura frente a un féretro dentro del cual nadie quiere creer que él está; y de una Presidenta que, a horas de haber perdido al compañero de toda su vida en el más amplio sentido, consolaba más ella a su pueblo y a los visitantes que incesantemente llegaban a dar el último, incrédulo y sentido adiós, que viceversa, dan la pauta de la entereza de Cristina, del material de que está hecha ese roble con faldas. No lloró, no se permitió quebrarse, estuvo para consolar a los que fueron a consolarla. Capoteó aún en ese momento de mierda. Compungida, acongojada, sí, pero también conmovedoramente entera.

Aflojaba ver a Correa y a Evo, como dos nenes que perdieron a su papá. De hecho, Evo habló de una Sudamérica que quedaba huérfana. Huérfana de su primer presidente de su historia. Tenían motivos, ambos, para sentirse como se sentían. Son dos presidentes cuyas investiduras fueron amenazadas en distintos momentos, y siempre tuvieron a Kirchner al pie del cañon para defenderlos, y con ellos a sus instituciones, méritos que no puede ostentar ninguno de los autodenominados repúblicos de estas pampas, así como tampoco pueden decir que evitaron una guerra, cual sí lo hizo el compañero Jefe, que dejó su huella en cada cargo que ocupó, que nunca fue simplemente uno más. Y allí iba ella, a darles la palmada, el abrazo, la palabra de aliento. Surrealista. El sufrimiento sudamericano fue transversal, no importaron derechas e izquierdas en esta ocasión, así como no importan hace rato para defenderse entre ellos cuando los buitres amenazan.

Una verdadera PRESIDENTA, así, con mayúsculas, asumiéndose líder de la patria, y de un pueblo al cual no quiere dejar caer. Tuvo tiempo hasta para bajarse del auto que la llevaba en el cortejo para ordenar a la policía que dejara de pegarle a la gente que hacía más lento el tránsito de los restos, porque no querían dejar de despedirse.

Ni una lágrima. Algún pucherito y gracias. Y eso que hubo momentos como para quebrarse. Demasiado para alguien que, como quien esto firma, no tuvo coraje de entrar a la Casa Rosada, porque no cae (ni quiere caer) del significado de ese sarcófago, y porque le faltó lo que a CFK le sobra, para ir a verla y darle un beso, un abrazo y decirle que no está sola. Solo pudo pasar un rato el jueves, cantar la marcha, y rápido los nudos lo alejaron hacia mejores recuerdos, pues todo aquello lo derrumbaba, y cree necesario, por ello, pedir las disculpas del caso.

Estuvo, Cristina, firme en todo momento para, como dijo una chica que labura con Víctor Hugo Morales en la radio, trasladarle a Néstor cada palabra de aliento o vitoreo que se le dedicaba en cada caricia cariñosa que le hacía a ese cajón maldito, que nunca hubiésemos querido ver.

Si no pudieron con Kirchner, ¿qué demonios les hace creer que sí podrán con la Compañera Jefa? Solamente la enorme incapacidad que desde hace muchísimo tiempo tienen para observar e interpretar lo que les pasa por delante de sus pestilentes rostros. No cabe pensar otra cosa.

Les está diciendo que se equivocaron una marea humana que invadió las calles para desmentir aquello del “odio a los K”. Y uno no puede creer que corran el eje, y lo importante pase por determinar por determinar si los asistentes a Plaza de Mayo estaban o no encuadrados en alguna organización, valor ese que ya definitivamente han optado por denostar cada vez que tienen la oportunidad. Lo mismo hizo el pueblo de la Río Gallegos natal de Lupo, esa ciudad por la cual, supuestamente, “Kirchner no puede andar por la calle sin custodia”.

Les dijeron “están equivocados” los presidentes latinoamericanos, que fueron a llorar como chicos la pérdida física del que no dudaron en venir a romper el mito de “una Argentina aislada” (lo que está es bien integrada, con quienes corresponde). Lula habló de la pérdida de “para mi, un amigo; para Argentina, un gran presidente, que le devolvió su dignidad; para el mundo, un enorme estadista”. Pavadas de elogios de parte del que suele ser mentado como “un hombre muy distinto a Kirchner”. Se nota.

Les escupen en la cara las madres y abuelas de la plaza, que lloran su hijo “treinta mil uno” sin importar sus propias divisiones internas. Esas madres que, según ustedes, son utilizadas con fines políticos, como si alguien supiera mejor que ellas mismas lo que les conviene y a quien quieren. Lo lloran sin excepción. Y para ellas, también, hay consuelo de parte de La Elegida.

¿Se capta? La tesis de esta columna es probablemente burda, pero bastante simple. No esperaron ni que se enfríe el cadáver para hacer carroña. No importa. Haberles pedido que tengan respeto por el dolor humano, hubiera sido demasiado. Lo primero, el respeto, no lo conocen, solamente saben de la sumisión al poder del bolsillo. Lo segundo, comprender el dolor humano, les es sencillamente de cumplimiento imposible: No entienden el dolor humano quienes no son humanos. Con lo cual, el irrespeto del que históricamente han hecho gala para con el sentir del pueblo, no llama la atención.

Lo que, a pesar de repetido, sí que no deja de sorprender, es la increíble capacidad de cometer errores políticos (tanto de lectura, cuanto de praxis) de que adolecen. El cómo creyeron, realmente, que podían soñar con imponer condiciones a ese roble con ovarios de acero, que les respondió con la fortaleza ya mencionada. El cómo no comprenden el significado de la impresionante multitud de los más de tres días de despedida.

Florecieron las mil flores que Kirchner siempre pedía. Allí estuvieron -también- para dejar sentada una advertencia. Perón decía que solamente la organización vence al tiempo. Y Scalabrini habló de “el subsuelo de la patria sublevada”, para hacer referencia al 17 de octubre de 1945. La obra de Kirchner consistió en sintetizar ambos postulados. Los días 27, 28 y 29 de octubre (octubre de nuevo, lo que son las coincidencias del destino) nació un nuevo subsuelo de la patria, pero ya no sublevada, sino organizada. Dispuestos/as a pelear por lo suyo. La militancia de organizaciones, o la que está encuadrada sin estarlo formalmente, la que creció de modo silvestre. Hicieron carne que, de Kirchner, solamente se fue el cuerpo, porque sigue viviendo en las banderas que, como las evitistas, serán tomadas por más de doscientas almas, que dijeron "presente", y que son la guardia de CFK, la que conducirá a la victoria.

Todos, absolutamente todos los que estuvieron en el adiós histórico, a más de los ojos hinchados y rojizos por las lágrimas, dijeron que se hacían presentes para agradecer algo, cualquier cosa, por chiquita que sea. Fue la mejor demostración de cuanta razón tiene la Presidenta cuando habla de que este es "el Gobierno de la devolución de derechos".

Deberán pensarlo mil veces y más (en el hipotético caso que les toque gobernar, a cualquiera de los integrantes de la Unión Democrática 2.0) antes de intentar lijar, siquiera, un solo ladrillo de lo edificado por el kirchnerismo en estos años. Se despertó el pueblo, señores, a tomar nota se ha dicho. De aquí el odio que les generó siempre este proyecto nacional y popular, que nunca les robó nada, pero del cual siempre les resultó insoportable su desfachatez, irreverencia y rebeldía para con lo establecido, la resignación y el posibilismo.

Saben que el marco de discusión (y con eso profundización democrática) que abrió esta pareja que nos convocó a los sueños y al amor (desde su propia historia de amor), implica la certera posibilidad de que entren en cuestión sus valores, símbolos e intereses de clase.

Los Kirchner no inventaron ni la crispación ni las divisiones, simplemente las evidenciaron, las pusieron en agenda, permitiendo que se procesen en el marco de la democracia. Allí donde, quizás, hipótesis que le surgen a uno, sienten o saben con certeza que llevan todas las de perder.

Y saldrá, toda esta militancia, orgánica e inorgánica, a dar la batalla. Dando todas y cada una de las discusiones, en todos y cada uno de los espacios, frente a todos y cada uno de los interlocutores. No hay resquicio que dejar al azar. Comprendan, señores, que de todo ("todo" es "campo" '08 y elecciones '09) este movimiento siempre salió fugando hacia adelante.

¿Creyeron que muerto el perro Néstor se acabaría la rabia? Malas noticias para sus boletines. Renació la juventud, y eso es posibilidad de rebeldía, de un cambio que no desean. Lo mismo les pasó cuando en 1955 creyeron que echando a Perón del estado, y cortando "el expendio del chori conurbanero y el tetra, la sidra y el pan dulce", se terminaba el peronismo. Pasaron más de cincuenta años, y doscientas lucas de tipos en la calle les demuestran que no aprenden más. Y ahora ese pueblo que odian, gloriosamente heterodoxo y transgresor, que descree de las reglas que siempre les impusieron, está para más: Para ser sujeto y herramienta de la defensa de los cambios que logró desde '03, y de consecución de los que le faltan por lograr.

Córtenla con las hipótesis y las especulaciones: Será Cristina. Es Cristina. Ni se les ocurra rozarla, tan siquiera. Guay de ese día, si llega. “Ni lo intenten, el futuro es nuestro”, dice un dicho. Lástima que eso ustedes no lo entienden. Nunca lo entendieron. Nunca lo entenderán.

3 comentarios:

  1. ¡Ahi te estamos escuchando, Pablo!
    Dibuje, maestro.

    PD: después leo el post, je.

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  2. Hola, Pablo:

    Ahora sí leí el post.
    Te comento primero mis impresiones sobre tu incursión radial (no te agrandés ahora, ¿eh? je).
    Te felicito por tu claridad de conceptos, algo que ya conocemos tus lectores. Algo que no conocíamos era tu aplomo para expresarte en vivo y en directo -con todas las dificultades que implica-. Supiste hilvanar y expresarte con mucha claridad. Fue un gusto escucharte.

    Una pregunta nomás: ¿quiénes te entrevistaban? ¿No es un programa habitualmente político o sí?

    Con respecto al post, algo te decía en mi blog. No creo que estos tipos no sepan leer la realidad, creo que la conocen de sobra, pero su misión -para eso les pagan lo que les pagan y les dan la vidriera que les dan- es construir otra realidad, distinta, para venderles a su público y colocarles así antoejeras ideológicas que les permitan manipularlos luego.
    Yo lo voté a De la Rúa influído por el lanatismo y lo que leía en Clarín y La Nacion. Triste lo mío, visto ahora, pero bueno, la colonización es un mecanismo poderoso.

    Te mando un fuerte abrazo.

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  3. Gracias por lo primero. El programa no es habitualmente político. Toca el temas cada tanto, de costado. Fue pensado por dos tipos que soñaban hacer un programa tipo dos amigos charlando café o birra de por medio. La chica que habrás escuchado es hermana de una amiga mía. Yo hago imitaciones, dicen que bien, y bueno, un día me oyó y me dijo si me quería sumar cada tanto, o muy seguido, al programa y hacer imitaciones y cagarnos de risa. A la fuerza los fui llevando a hablar cada vez más de política. Pero, eso sí, ninguno es del palo, aunque sí muy respetuosos de mi militancia.

    Yo no dudo del poder de colonización y de hecho es materia casi fundamental, entre otras, de todos mis análisis. Pero ir de frente contra manifestaciones populares como las del otro día, implica que se apartan ya de los hechos en sí, con lo cual van a ir perdiendo asidero, porque una cosa es que nosotros interpretemos que el acto de Moyano en River es una manifestación popular impresionante de apoyo del Movimiento Obrero Organizado al Gobierno, y ellos como elementos clientelares. Otra muy distinta es salir del debate, no entrar, o negarlo ("la gente ayer siguió haciendo su vida", Morales Solá; "el Congreso es el lugar de las leyes, la Rosada de los DNU", Pepe Eliaschev sobre los por qué de donde una persona decidió velar a su familiar; "se nos fue de repente", Tenembaum, como si lo importante de todo esto fuera lo inesperado del hecho médico; las opiniones sobre el infarto de Nelson Castro que, ¿a quien demonios le importan?). Están entrando en una fase en la cual dejan de deformar para pasar a ignorar elementos que van a tener que analizar sí o sí aunque no quieran, so pena de caer en el ridículo y que se confirme que son mentirosos. Hasta se pierden la oportunidad de deformar.

    Saludos.

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