jueves, 30 de septiembre de 2010

Irse a la mierda

Voy a hacer algo que no me gusta para nada. Ya lo estoy haciendo. O sea, hablar en primera persona. En el post pasado dije que siempre fue norma en este país pedirle pulcritud en las formas a los procesos nacionales y populares –léase, el peronismo- pero no a los restantes partidos políticos. Algo de esto me surge como reflexión de lo que fue el acto en Plaza Lavalle para pedir la liberación de la Ley de Medios.

Quiero ser enfático, porque días pasados me acusaron de ser poco autocrítico: A mí, a Pablo Daniel Papini, no me gustó un carajo nada de lo que Hebe les dijo a los integrantes de la Corte. ¿OK? Un carajo. Eso que quede claro. Implicó el típico error de jugar a la política, en vez de hacerla verdaderamente. Pero, ¿saben qué? No puedo terminar de ser autocrítico del todo: Una semana antes de que decidiera en el Senado la suerte de la 125, en 2008, el vicepresidente de CRA, Ricardo Buryaile, dijo que si se aprobaba el proyecto del Gobierno, al Congreso había que disolverlo. Basta googlear “Buryaile + cerrar el Congreso” para verificarlo, si es que acaso alguien está falto de memoria.

Del mismo modo, en la previa de las elecciones del año pasado, el entonces candidato y hoy diputado por el Acuerdo Cívico y Social, Jorge Chemes, dijo que había que “cortarles las manos a los K” y, “como en la guerra, ir matando a los de la primera fila y seguir”. Yo puedo suponer que se refería a nosotros, los kirchneristas (porque yo soy kirchnerista), ya que estamos en la onda de andar haciéndose cargo de amenazas últimamente. También esto puede googlearse.

Todo esto pasó, y ninguno de todos los que ahora gritan horrorizados por los “ataques” a la “justicia” (debería decirse tribunales), a la institucionalidad, a la república, a la democracia, a la propiedad privada y al “periodismo independiente” dijo ni un cuarto de todo lo que están rompiendo ahora por lo que ciertamente fue una ida al pasto de Hebe. ¿Y Macri preguntándose "¿que habrán hecho?" los integrantes de la cámara que confirmó su procesamiento? ¿Y aquella vez que CFK fue increpada por ruralistas en un aeropuerto de Entre Ríos? ¿Y las cartas de Carrió a las embajadas? ¿Y Grondona y Biolcatti riéndose de la posibilidad de una renuncia anticipada de CFK -"eso te quería escuchar decir", dijo el dirigente patronal al ex colaborador de Onganía- para que asuma el vicepresidente Cobos (Biolcatti también alguna vez llegó a llamar a "descabezar" la gobernación de Buenos Aires)?

Tampoco escuché decir que fuera una presión al parlamento el acto de la Iglesia Católica en la Plaza de los dos Congresos el día anterior al debate por el matrimonio igualitario para casi exigirles a los senadores el rechazo al proyecto de Vilma Ibarra y Silvia Augsburguer (viene bien recordarlas porque mucho, demasiado, se insiste con que ese fue un proyecto K, cuando no era así, simplemente se utilizó la etiqueta para estigmatizar la iniciativa y que entonces resultara más fácil ponerse en contra de la misma con argumentos berretas como fue aquello de que había que esperar un poco más, para que los K no lo capitalizaran, bien que toda la vida se les va en evitar cualquier triunfo de los Kirchner –no se pudo oír, en todo el proceso de debate, una razón convincente de alguien que se opusiese-). ¿Y De Angelis exigiendo a los legisladores votar "en favor de la patria", confundiendo a esa, un todo, con su propio interés económico?

Ir a la calle está perfecto, es un derecho, en buenahora que se pueda hacer uso de él (también si es para reclamarle cosas a CFK, que vaya si se lo ha hecho en casi tres años de gestión), después de tanto que estuvo prohibido y/o estigmatizado hacerlo (ya salieron unos cuantos inteligentes a hablar de “gente arriada”, llevada –supuestamente- por los intendentes del conurbano en micros, lo cual resulta bastante raro en boca de quienes hace bastante vienen diciendo que los famosos barones han abandonado a Kirchner a su suerte). Los minúsculos intelectos de los suplicantes mediáticos insisten en no comprender que esta lucha, la de la Ley de Medios, trasciende, excede y antecede al oficialismo.

Tener una ley suspendida es a todas luces inconstitucional. Los perjuicios que los grupos mediáticos dominantes pudieran llegar a sufrir por tener que atenerse al plazo de desinversión de un año, todavía están pendientes de ser demostrados: Bien puedo suponer que como no saben como hacerlo, por eso acuden al híper cautelarismo.

Bueno en fin, se me hizo muy largo, y entonces ya me fui yo también al pasto. Y es que a todos puede ocurrirle eso alguna vez. Solo que parece que algunos no lo tenemos permitido, nada más.

Estoy un poco enojado: Recién vengo de jugar al fútbol y perdí. Y además estoy triste porque se murió Romina Yan, que marcó toda mi niñez y fue uno de mis primeros platónicos. Ustedes disculpen.

2 comentarios:

  1. Hola Pablo
    Básicamente coincido con vos. A mí tampoco me gustó un carajo lo que dijo Hebe (y prefiero cortarme la lengua antes de criticar a una Madre o a una Abuela, que quede clarísimo); por supuesto que recuerdo todo lo que mencionás de cada uno de esos personajes, y de otros, como Carrió y los Ceacescu, etc., pero justamente, me parece que si se fue al carajo, reconozcámoslo: se fue al carajo. Y punto.
    ¿O de nuestro lado nadie se equivoca?
    Te mando un abrazo

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  2. Tal cual. Pifiamos, y hay que reconocerlo. Ojalá algún día lo hagan los demás esto.

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