miércoles, 4 de agosto de 2010

A lo guapo

Dos circunstancias distintas (El hecho de que la facultad se tomó su tiempo para subir las notas a la web, y un accidente automovilístico del que zafé de milagro y que, sorprendemente para lo que fue la magnitud del palo que me pegué en compañía de amigos volviendo de un boliche –inconsciencia colectiva-, me legó apenas una internación de cuatro días por un pequeño neumotórax), confluyeron para que las memorias del primer cuatrimestre de 2010 de mi cursada en la Facultad de Derecho de la UBA, las esté publicando más cerca del inicio del segundo tramo del año que de la finalización del primero, como correspondería, teniendo en cuenta que es al que haré referencia.

Fue, aunque como todos, y aunque decir esto sea una perogrullada, un cuatrimestre distinto. Pero esta vez, quizá un poco más. El hecho de tener que afrontar dos materias, Comercial y Familia, de tres día de cursada cada una (las únicas de toda la carrera, por suerte) configuró algo a lo que habitualmente estaba acostumbrado. Eso incluyó: estudiar más los fines de semana (sábados y domingos de madrugar incluidos), por ende salir y/o dormir menos, y entonces, lógico, acumular tensiones, nervios y cansancio como nunca desde que empecé la facultad.

De esto, porque tardé en acostumbrarme y entonces en algún momento me compliqué con Familia (bochazo en el primer parcial, y recuperatorio del mismo que se me juntaba peligrosamente con la fecha del segundo de Comercial, poniendo en riesgo la aprobación de ambas), salí con tres elementos: guapeza (muy especialmente), esfuerzo y una buena dosis de inteligencia para tomar un par de decisiones estratégicas. Boludeses estratégicas, nada del otro mundo desde luego, como usar alguna posibilidad que me presentó de cambiar fechas de parciales u optar por algunas otras que me permitían tener más días para prepararlas, vital esto último, porque como ya dije: más días de cursada, menos tiempo para sentar el culo a tragar.

Ya fue inteligente, de por sí, haber aguantado Comercial hasta que pude cursar Familia. Junté las únicas dos materias de tres días de clases semanales cada una del llamado Ciclo Profesional Común (CPC), pasando, por esta vez, de las habituales y no menos exigentes programaciones de tres materias de dos días por semana cada una. Así, logré evitar que me quede un hipotético cuatrimestre de ir un día a la facultad a cursar una sola materia, lo cual hubiese sido mucho peor. Para esto, va de suyo que necesitaba aprobar ambas.

Todavía me sorprende, y la verdad que no me explico aún como lo hice, pero zafé de lo que fue la carnicería de Familia, que ya de por sí es uno de los cucos del CPC (exigencia de puntillosidad extrema en parciales de desarrollo) y el embotellamiento de mitad del primer cuatrimestre. Fue duro, pero lo logré: ambas adentro, ambas con 7.

No todos los períodos son iguales, esta vez se ganó sin brillar (ni golear, ni gustar). Pero se ganó. No está de más atender, alguna vez, a que no siempre las cosas serán color de rosas, tranquilas y sin dificultades. Bienvenido sea haber tenido que embarrase las patas.

Se viene el cierre de 2010. Con él, ojala, se cerrará el primer tramo de la carrera abogacía. Y también daré inicio a la segunda etapa, el llamado Ciclo Profesional Orientado (CPO). Arranca mi especialización en Derecho del Trabajo, los primeros "puntos" del CPO.

Y la verdad es que, en adelante, no puedo prometerme excelencia, virtuosismo, belleza. Las musas de la inspiración no siempre vienen cuando uno las invoca. De lo que estoy seguro, es de que esfuerzo, garra, pasión, es decir, todo aquello que no depende más que de mi voluntad -eso sí me auto juro que será inclaudicable-, no serán negociables. Esa es, seguramente, la moraleja del primer tiempo de 2010, que ya forma parte del baúl de los recuerdos.

1 comentario:

  1. Hola Pablo
    Me enteré de tu accidente por un comentario que hiciste el otro día, creo que en el blog de Ricardo. Veo que comenzaste a aporrear las teclas, lo cual es bueno.
    Un Abrazo

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