martes, 27 de julio de 2010

Un futuro nada promisorio

Lo echaron sin decirle estás despedido. No se sostiene decirle a un DT que se puede quedar, si quiere, pero que le va a ser armado su cuerpo técnico. Del mismo modo, Maradona debería haber renunciado cuando quiso sumar a Ruggeri y no se lo permitieron.

Y no se trata aquí de que Maradona pueda o no hacer lo que quiera, sino de que un DT, cualquiera sea, tiene que trabajar con quien más cómodo se sienta. Si hay un problema con alguien de su cuerpo técnico, pues también lo hay con él, y entonces mejor que se vayan todos.

Lo que pasó con Diego, cuyo ciclo tuvo –como él- muchas idas y vueltas, y fue –igual que él- contradictorio por demás, nos pone en vereda de la crisis que vive el fútbol argentino, tema del que ya hemos hablado en Segundas Lecturas, y que venimos, sin éxito, pidiendo que se encare desde los más altos niveles.

Como en lugar de eso, se habla de "la equivocación de Maradona en visitar a Chávez", de si estuvo bien o mal cuando mandó a los periodistas a mamársela, o de que tipo de relación mantiene con "La Claudia", pues entonces seguirán habiendo los mismos problemas que exceden y anteceden a Maradona, que fueron la causa del fracaso en Sudáfrica 2010, como lo vienen siendo de los fracasos de los que la Selección no escapa hace más de veinte años y lo serán de los próximos, que seguro los habrá a montones, en tanto se persista en tan equivocada línea.

Ya se está buscando nuevo DT, y el proyecto de largo plazo (esa frase con la que a muchos les gusta llenarse la boca), bien gracias. Mientras, sigue sin haber laterales como la gente, sigue sin haber volantes centrales como aquellos a partir de los cuales Alemania nos pintó la cara y España se hizo grande, y solo siguen (y seguirán) saliendo jugadores de metro veinte de estatura, entre otros tantos males que nos aquejan.

Pero claro, el componente snob de mucho periodismo/dirigente/espectador bienpensante, se sentirá satisfecho de que se haya echado (pero sin hacerse cargo de haberlo hecho) a un tipo con toda la sintomatología del “negro de mierda”. Y creerán que con eso, con echar a alguien que se instaló que “no puede dirigir nada” (a pesar de que fue quien hizo la mejor campaña de la Selección en mundiales desde Italia `90), estará todo solucionado. Allá ellos.

En Segundas Lecturas fuimos y vinimos con Diego. Lo puteamos al principio; reconocimos sus mejorías, luego; al final, asumimos su defensa casi que contraculturalmente, en el peor de los momentos, conscientes de que a ninguno le hubiese ido mucho mejor, porque la podredumbre es bien profunda.

Por eso, cabe concluir que, si todo se remite a un simple cambio de figuritas, pues nada bueno cabe esperar de una decisión que, encima, se toma de una manera por demás cuestionable. Que así no sea.

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