domingo, 11 de julio de 2010

Un equipo acorde a la competencia

Está claro que la Copa Davis nunca pudo -ni nunca podrá- analizarse con la lógica que rige en el circuito abierto. En ella, el tenista más pintado se le anima a hacerle (y de hecho le hace) partido a otros que arriban precedidos de mejores desempeños coyunturales y mayor trayectoria en sus carreras individuales. Siempre ha sido así. La localía, la presión de la gente que se encolumna detrás de su equipo nacional en toda gesta deportiva, las superficies poco habituales, en fin. Un sinnúmero de cuestiones inciden en cada serie que se disputa.

Hoy, a diferencia de otros años, Argentina tiene menor cantidad y calidad de jugadores a los cuales acudir para formar su equipo, muy lejos de aquellos días en que los cuartetos los integraban cuatro top ten. Y sin embargo, ha obtenido sendas victorias ante Suecia y Rusia como visitante, sorprendiendo a muchos, porque en ambos casos iba de punto.

A pesar de todo esto, no deja de sorprender el triunfo de Argentina frente a Rusia en los cuartos de final de la edición 2010 que acaban de disputarse en Moscú este último fin de semana, en el que, más que festejando lo que sin dudas es un triunfo histórico del equipo de tenis (le quebró a los rusos un invicto de quince años como locales en Davis, logrando el sexto arribo a semis en nueve años desde el ascenso en 2002 al grupo mundial), uno suponía estar comiéndose las uñas con la selección de fútbol en los últimos días de competencia mundialista.

Con un David Nalbandián soberbio (ganó sus dos singles), sobre quien ya huelga abundar en mayores elogios de los que se le han hecho cuando se habló del triunfo en primera ronda ante Suecia. Su compromiso innegociable con el equipo de Davis, un fenómeno contracultural (le importa más eso que su carrera individual); su talento, una constante; su espíritu amateur, conmovedor; sus huevos, grandes como la ensaladera de plata.

Con un capitán, Tito Vázquez, que se revela muy pillo para armar las estrategias para afrontar cada serie, mover las fichas de que dispone (administra la mayor escasez de talento y ranking individual desde el retorno del equipo a la elite), e infundir a sus elegidos la necesidad de sentirse igual de importantes que sus competidores de mejores andadas en el circuito.

Vázquez piensa en un equipo, una estructura, en la cual todos puedan aportar algo: he allí la idea de armar un dobles sin David. Es muy necesario eso, no se puede ganar esta competición sin el concurso de los cuatro elementos que componen el equipo, solo con Nalbandián no alcanzará jamás. Valga como ejemplo que, igual que en esta serie, en la final de 2006 también ante los rusos, y en el mismo escenario, David ganó igual que ahora sus dos singles. La diferencia fue, esta vez, que hubo otro/s (Zeballos-Schanwk, los integrantes del dobles; como ante Suecia lo había sido Leonardo Mayer en uno de los singles del primer día), capaces de aportar el granito de arena que faltaba, que faltó aquella vez, los cinco centavos pa´l peso que vienen negando el sueño de la ensaladera.

Tan paradójico es todo en materia de Copa Davis, que teniendo este año un sorteo mucho menos favorable que en aquel fatídico 2008 -todas las series de local-, aquella vez no hubo ningún triunfo tan cómodo como pudiera pensarse, y se perdió la final contra España luego de haber hecho cambio de sede y superficie para complicarle la vida al rival en aquella serie (cosa que, pese al resultado, fue correcta, nadie podía prever la lesión de Nadal, en contra de quien se elucubró la maniobra principalmente. Ferrer, el otro singlista, sufrió a lo perro el primer single, no así Verdasco y Feliciano, más aptos para pistas rápidas). Y este año, en cambio, con todos los astros que parecían en contra de Argentina, por mandarla a todas canchas cerradas y rápidas, de repente los cáminos se empiezan a abrir: una nueva camada sin tanto miedo a las frías carpetas, por ejemplo.

Ahora vendrá Francia, nuevamente de visitantes, como en todas las series de esta edición 2010. Puede que reaparezca Del Potro, sumará jerarquía para el single número dos (el uno, independientemente de lo que digan los ranking, es David Nalbandián). Habrá que ver, pero de todas formas, vale decir que este presente en la Davis, se parece mucho más a la estructura de un equipo copero, independientemente y más allá de lo que específicamente dice la inmensa trayectoria en el ítem de su cada vez más soberbio (en el buen sentido de la palabra) as de espadas.

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