lunes, 12 de julio de 2010

Un campeón a la medida del nuevo fútbol

Justo en el peor mundial de la historia (en cuanto a nivel de juego y/o disfrute de los partidos, cabe aclarar), sale campeón el mejor equipo (también en lo que a estética se refiere) desde aquella Francia campeón 1998, y aún lo supera. En realidad, vienen siendo malos los mundiales desde Italia `90 -antes, generalmente, fueron todos muy satisfactorios-, y cuesta no asociar el descenso en el nivel de juego con la ampliación de participantes que la FIFA ha ido disponiendo -de 16 a 24 primero, de allí a 32 hasta el día de hoy- en razón de que sus distintos presidentes paguen los favores que países menos desarrollados le hacen votándolos período tras período, países, la mayoría de ellos, no aptos para la gran cita.

El mundial en sí, dejó poco y nada. Mayormente se jugó feo, aburrido. Pero no necesariamente mal, porque hubo equipos con planteos interesantes y bien desarrollados, lo cual es justo destacar: además del campeón, Alemania, Holanda, Uruguay, Paraguay. Es decir, pusieron en práctica un plan que pudieron llevar a cabo en cuanto tenían previsto. Eso es jugar bien. Si gusta o no, ya pasa a un plano subjetivo de la discusión, desde el cual nadie merece ser interpelado. Hay que decirlo: cualquier sistema sirve si está bien ejecutado.

La mayoría de los jugadores llamados a ser las figuras de este torneo que acaba de terminar, fracasaron: Rooney, Cristiano Ronaldo (estos dos decepcionaron muy por sobre todos), Kaká (muy golpeado físicamente), Messi (hizo hasta donde pudo fuera de su puesto, hasta que enfrentó a un rival que le hizo sentir el estar lejos de la zona donde mejor rinde), Niño Torres (este zafó porque al menos levanto la copa, pero no pudo festejar ningún gol, tal cual el nueve titular de Francia campeón modelo `98, Stephane Guivarc´h).

Entre todos ellos, hay un denominador común: por una u otra razón, estaban requeridos de ser “héroes”, tipos que sacaran a relucir sus virtudes individuales cuando los funcionamientos de sus equipos cayeran. Salvadores, en definitiva.

Y por el contrario, destacaron jugadores que fueron útiles como parte integrantes de una estructura que era más importante que cada una de sus piezas: Muller –que dejó la posición de mediapunta por el centro, para ir al extremo derecho-, Sneijder –jugador de toda la cancha, ataca y defiende con una intensidad que asombra-, Forlan –se sacrificó varias veces a dejar el área, hizo jugar a los suyos-, Schweinsteiger, Xavi e Iniesta –vitales todos ellos en el primer toque, por eso son mencionados juntos-, David Villa –igual de útil como puntero por izquierda metiendo la diagonal, que como nueve arrastrando marcas-.

Esos fueron los más destacados, y hubo otros que merecen menciones honoríficas, por sus muy loables sacrificios de brillantez propia (la que demuestran en sus equipos) al servicio de una causa superior, el andamiaje de la cosa: Dirk Kuyt –muy por sobre todo el resto, tipo que juega siempre de lo que ponen y nunca por debajo del aprobado, bien que tampoco será figura seguido-, Lucas Podolski –corre a los rivales cual si fuera el primer defensor-, Luis Suárez –primer marcador uruguayo, incansable generador de espacios-.

Otros a mencionar y destacar son los arqueros Casillas y Neuer –de Alemania-; los defensores Ramos, Puyol y Piqué de España (cada uno en la suya: Ramos por juego y proyección; Pique por su solvencia y sobriedad; Puyol por su fiereza), el brasilero Maicon (el mejor lateral derecho que vio este comentarista en su vida), otros buenos laterales como el uruguayo Fucile y el alemán Lahm (como extraña argentina laterales siquiera de estas módicas habilidades); Los mediocampistas defensivos Diego Perez de Uruguay –sabe todo, marca y juega, una especie de Sneijder uruguayo-, Khedira –un cincazo que Alemania sacó de sus juveniles- y Sergio Busquets –José Nunca Una de Más-.

Del repaso de los nombres que fracasaron y de quienes triunfaron, surge el nuevo paradigma que se impone en el fútbol: el todo por sobre la suma de las partes; el colectivo por sobre lo individual; la maniobra de conjunto y asociada por sobre la aventura del crack. Incluso el holandés Robben, más de llevarla pegadita al pie y buscar la gambeta hacia adentro, encontró contención en el armado y supo encajar: por ejemplo, su gol de cabeza a Uruguay, Martín Caceres ese día le controló bárbaro cada pie a pie que propuso el zurdo de Bayern Munich. Todo eso no porque sí. Llegó el 4-2-3-1 como número telefónico para el dibujo inicial -lo usan campeón, subcampeón y tercero-. Esto permite juntar varios hombres ofensivos y de buen pie: uno de los dos volantes centrales, los tres hombres de enlace y el punta de referencia (Xabi Alonso, Xavi, Pedro, Iniesta y Villa en España; Van Bommel, Robben, Sneijder, Kuyt y Van Persie en Holanda; Schweinsteiger, Muller, Ozil, Podolski y Klose en Alemania). Requiere, además, un cinco limpia parabrisas, casi libero delante de la línea de cuatro del fondo, de la cual parten los laterales constantemente para apoyar el juego en los costados de la mitad del campo. Para sumar tanta gente que piense más en el arco de enfrente que en el propio, para albergar dentro del mismo once tanto atacante junto, hace falta que todos y cada uno de los elegidos, sean capaces de servir a un ideal superior. Cumplir una función complementaria, si fuera necesario, cuestión que posiblemente conspire contra su lucimiento personal. Entonces vemos delanteros corriendo a su marcador cuando es necesario que así sea (Bielsa lo planteó ya en su ciclo con la orden a Ortega de perseguir a Roberto Carlos), mediocampistas de toda la cancha, "5´s" goleadores, centrales como Pique y Puyol, que apoyan y oxigenan el armado de juego.

Así las cosas, el fútbol que se vio en Sudáfrica 2010. Así las cosas quien ganó este mundial. España llena el formulario descrito en el párrafo anterior la perfección, y más también, porque agrega a la cuestión táctica/estratégica una partitura futbolera de desarrollo agradable, al menos a los ojos de este bloguero –uno a veces cae en la tentación de calificar como bueno lo que es meramente un gusto-. El tema está en que España utiliza eso en función de algo y no como mero Tiki-Tiki. España tiene en su buen trato del balón y paciencia para hacerlo como medio y no como fin. Le falta profundidad, a veces se entretiene más de lo conveniente, pero sacó una luz de ventaja sobre el resto, en cuanto que su idea siempre logró maniatar a la de sus rivales.

Otro ítem que queda como enseñanza es la conveniencia de la apuesta a largo plazo. España mantuvo su idea desde obtenida la Euro 2008, pese a que cambió a Aragonés por Del Bosque en la banquilla; Alemania y Holanda son casi las mismas de 2006 (los teutones arrancaron su proceso en 2002, con subcampeonato; y ahora llevan dos bronces consecutivos; y hoy su plantel está formado por un tercio de valores surgidos de sus seleccionados juveniles). Brasil, a pesar de la increíble derrota que sufrió contra Holanda en cuartos de final (luego de jugar lo que, a juicio de este escriba, fueron los mejores 45 minutos de un equipo en este mundial, bailaba a los naranjas y le ganaba 1-0, que bien pudieron ser tres o cuatro), sembró la semilla de cambio por la misma senda, relegando un poco jogo bonito, apostando a sus juveniles.

Teléfono para todo el fútbol argentino, no solamente para Diego Maradona, al que ahora todos quieren endilgarle males que le exceden y anteceden.

Las enseñanzas que deja Sudáfrica 2010 pueden ser el punto de partida de la refundación del fútbol argentino, si se toma en cuenta el ejemplo para trazar un camino nuevo. Mal empezamos si pretendemos buscar un único culpable, o si buscamos las causas de la frustración –la menor, de todas formas, desde el mundial `90- en donde no van a encontrarse, como en las supuestas peleas de los jugadores: Boca campeón del mundo versión 2000 casi tiene una pelea a trompadas entre sus jugadores y sin embargo a las veinticuatro horas se consagró igual. Se trata del juego, los proyectos, el planeamiento, estúpidos –no va esto ni para los veintitrés del plantel ni para el cuerpo técnico-.

Nos guste o no, cada vez más esto se ha vuelto elaboración, estudio, planeamiento, interdisciplinar. Y sin embargo, puede aparecer alguien que alegre la vida, como lo hizo el ahora campeón del mundo.

Salud, joder, ¡y olé!

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