lunes, 5 de julio de 2010

Prueba Nº 5. El dolor de ya no ser. Argentina 0 - Alemania 4

Las cosas son más profundas de lo que parecen. Sí, ok, acá se pide desde que empezó el mundial privilegiar y valorar la presencia de Verón. Y el hecho de que Mascherano estuviese muy solo el sábado, y que Schwensteiger y Khedira tuvieran diez segundos cada vez que la agarraban para pensar la jugada, uno intuye que otorgan la razón a Segundas Lecturas.

Pero eso, a lo sumo, hubiera aportado otro episodio como el de la derrota de 2006 por penales. O si en penales se ganaba, un placebo si no se tomaba como punto de partida de las necesarias mejoras que se requiere encarar. Con la tranquilidad de haberlo dicho hace ya unos meses (
acá), se reitera, la Selección Argentina tiene problemas que exceden en autoría y anteceden en el tiempo a Maradona y a cualquier otro DT que uno quiera poner en su lugar.

Diego y cualquiera de sus antecesores asumen para lidiar con numerosos problemas, que uno nunca hubiera imaginado que tendría que afrontar un DT de selección argentina. Bastante hizo llegando a cuartos con todo el lastre con el que debe cargar cualquiera que ocupe el cargo. A otro no le hubiese ido mejor. No seguramente, al menos.

A ver, un ejemplo siempre lo hace todo más sencillo. Argentina no tiene un marcador de punta confiable por ninguno de los dos costados. No hablemos de un Maicon o un Dani Alves, prodigios de la naturaleza. Hablamos de un Lahm, que es un jugadorazo por concepto y oficio, aún sin todas las cualidades técnicas de los mencionados brasileros.

Estuvimos discutiendo si Zanetti sí o no. Pupi, un tipazo, tiene 37 años, edad de DT en muchos casos, y hace largo rato ya que no juega de lateral, sino de mediocentro en Inter. Eso ya marca algo, y nada bueno. Ahí Diego, como antes Pekerman, tuvo que improvisar con marcadores centrales, porque la cruda realidad es que no quedó nadie fuera de la lista que te rompa la cabeza, en ese como en otros puestos.

Si no tenés dos buenos laterales, no tenés ningún equipazo. Así de simple. ¿Que culpa tiene Maradona de que acá no salga un marcador de punta desde hace tantos años? Y no sólo eso: no tenemos otro Verón, no tenemos Podolskis ni Mullers (o sea, volantes que hagan los cien metros, confiables, que jueguen y marquen con igual categoría).

Messi, Tevez, Agüero. Todos mediapuntas de un metro setenta. Juegan un montón, de acuerdo. Pero no pueden estar todos juntos en cancha, y en otros sectores de la misma no tenes ni uno solo que de la talla. Cortamos clavos para que Mascherano ni se resfríe.

Habrá que empezar todo de nuevo, de abajo literalmente. Que en inferiores de diversifique la demanda, de puestos y de físicos. No hay que tener miedo a contar con Mertesackers, Alemania tiene varios e igual nos pintó la cara. Después de todo, uno de los mejores nuestros fue Gabriel Iván Heinze (dicho su nombre completo a modo de merecido homenaje a su performance mundialista, que lo reivindicó ante público y medios que siempre le dieron duro injustamente).

Hay que encarar una tarea larga, fundacional. Con o sin Diego, el debate pasa por otro lado. La selección tiene que volver a ser prioridad, juveniles y mayores, todos bajo la misma guía, la misma idea rectora.

Urge abandonar posturas facilistas, que quieren simplificar lo que irremediablemente se ha complejizado, al margen de que nos guste o no. Asimismo, aquellos que se suben siempre de modo oportunista a la crítica porque tienen la pala y el cajón preparado según convenga al negocio: Fantino se acuerda ahora de pegarles a los dirigentes del futbol argentino, como si esto no se arrastrara desde mas o menos cuando él empezó a ejercer de periodista –si se puede concederle que lo sea-.

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Brasil se ha enriquecido, Alemania también. Unos eran el jogo bonito, la libre inspiración, hacer un gol más que el rival, jugar sin defensores. Los otros eran pura disciplina, rigor táctico y disciplinario, tipos inclaudicables que nunca se daban por vencidos (de allí aquello de que el fútbol “es un juego de 11 vs 11 donde siempre gana Alemania), pelotazos para los dos tanques.

Hoy los dos han sumado lo bueno que tenía el otro. Crecieron sin perder el capital con que ya contaban. Un Brasil con un mediocampo formado por un lateral y dos 5 era hace años tan impensado como una Alemania con casi cuatro delanteros como está en este mundial. De allí que sigan en la pelea. Es cierto, Brasil también se fue temprano, pero por otros motivos, Dunga ha plantado la semilla de la necesaria refrescada que se debían los verdeamarelhos.

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Con todo el dolor del mundo, varias cosas de las que ocurrieron el sábado ante Alemania, lo de Verón lo expresamos en el primer párrafo, las anunciamos en el post de la victoria vs. México. Casi como una expresión de deseo, titulábamos “Para seguir creciendo, observar las luces amarillas” (
ver).

A partir de la victoria ante Alemania en el amistoso de febrero, Diego aprendió casi de golpe, o mejor dicho se animó a ejercer de DT (
ver , ver, ver, ver y ver). Puso los pies sobre la tierra de que corría en desventaja. Armó una base sólida con la que logró llegar con expectativas al mundial.

Una vez allí tomó la sabia decisión de agregar a Tevez, la facilidad de los rivales de primera fase lo permitía, no tenía sentido desplegar el esquema probado en febrero desde el debut ante Nigeria. Hasta envolvía al equipo con una siempre necesaria dosis de saludable entusiasmo que de afuera se le brindaba por la alegría que contagiaba su apuesta ofensiva.

Maradona parecía demostrar capacidad de leer en cada partido las complicaciones que el rival de turno presentaba. Contra Nigeria mete a Maxi y a Burdisso y cierra el siempre necesario triunfo inicial. Ante Corea lo define con el ingreso de Agüero que despabiló el ataque. Frente a Grecia preservó lo que debía preservar. Ya post griegos pedíamos a gritos por Verón, Diego optó por persistir en el golpe por golpe contra México. Ante los aztecas también acertó con Otamendi por Jonás, que venía no dando pie con bola como 4. También post México nos preguntábamos si frente a Alemania era lógico seguir en el golpe por golpe.

La dura realidad, muy a pesar de todos, nuestro incluso, algo de razón nos dio. Hubiese preferido este comentarista, mil veces, tenerla adentro y ahora estarse desdiciendo de todas las advertencias. Fueron hechas de buena fe. Uno entiende que el partido del sábado, era muy similar al de 2006. Aquella vez, Argentina controló perfectamente a los teutones con un embudo en mitad de cancha. ¿Qué le faltó? Explosión. La que ahora podían otorgar los aquella vez ausentes Messi e Higuaín. Incluso Tevez, si como uno cree se sacrificaba a volantear a la Eto´o en Inter, de modo que no fuese necesario retirarlo del once.

Por alguna razón, Diego abandonó su tendencia a ir trabajando el equipo, optó por insistir en los once que no habían superado holgadamente a México. Y sucumbió frente a una Alemania que es un verdadero equipazo. Muy lejos de su historia, han agregado técnica, variantes, en fin, todo lo que Argentina, y no por culpa de Maradona, no ha hecho: sumar sin necesidad de resignar lo que ya se tiene.

Diego sabrá porque eligió lo que a fin de cuentas resultó ser un suicidio. De todas formas, nada de lo que nosotros recomendamos aseguraba la victoria, pues de hecho se la aseguró a Pekerman en 2006, aunque uno gustó más de aquel planteo.

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No deja de dar vueltas por la cabeza, como cada eliminación. No hace falta hablar de cada uno en específico, más allá de las loas que por otros motivos le fueron cantadas a Heinze. Individualizar, focalizar en alguno/s iría contra el sentido de esta desorganizada pero sentida columna. En ese espíritu, el conmovedor recibimiento que el pueblo brindó ayer a la selección, reconforta el ánimo. Si no hay triunfalismo, hay buena base para arrancar lo mucho que hay que hacer. La pelearon con todo, contra muchas cosas, merecen reconocimiento. Fueron, sobre todo, dignos en la derrota, cosa no fácil ante un 0 a 4 en contra.

Es tiempo de pensar en lo grupal, en lo conjunto. Sobradas muestras de que el sábado ganó un equipo que entiende muy a las claras ese concepto, sustentan la decisión.

2 comentarios:

  1. Pablo, me parece que no era tanto un problema de nombres como de todo lo que se arrastra desde hace mucho.
    Para mi el desequilibrio del equipo, con la inclusión de Tevez, era una apuesta. Salió mal. Pero 4 a 0 no es la medida que hay que tomar, me parece.

    Brasil se podría haber comido 5 con Holanda si los marihuaneros de Amsterdam esos hubieran resuelto las que tuvieron al final del ST. Y, en ese caso, el avión que trajo a Elano y compañía tendría que haber aterrizado en medio del Matto Grosso para que no le prendieran fuego.

    Es cierto lo que señalás de los laterales. Y absolutamente cierto lo que señalás sobre Zanetti. Igual creo, poniendo nombres, que Verón no era la solución y yo creo que igual nos hubiéramos comido 4 con el pelado de barbita candado en la cancha.

    Alemania tiene casi el mismo equipo que hace 4 años en su tierra. Argentina no. El promedio de edad de nuestra Selección, si sacamos a Palermo y Verón no debe llegar a los 25 años. Me parece que es un dato a tener en cuenta: los mejores nuestros son todos sub-23.

    Bueno, ya eliminados, te mando un abrazo y un gusto haber compartido, aunque sea blogueando, este Mundial con vos.

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  2. Primero, coincido que el 4-0 fue excesivo. Despúes, tambíen coincido en los problemas de arrastre, es el sentido del post marcar tal cosa. Está muy bien que haya creido en lo que le había dado resultado con Tevez, solamente marco que yo ya desde el post México no creía en seguir ese camino.

    Seamos buenos, de todas maneras, es cierto que Holanda se comió un par de contras después del 2-1. Pero la verdad es que el primer tiempo de Brasil se había acercado a la perfección. Se autodestruyó, como dice Varsky, pero Brasil creció conceptualmente y es valorable.

    Yo no digo que específicamente Verón fuera la solución, ni que de haber estado en cancha hubiésemos ganado indefectiblemente. Sólo digo -y la victoria de España que a falta de dos pone tres "5" sin por eso resignar vocación ofensiva ni protagonismo me parece que representa bastante bien lo que intento decir-, que el camino me parecía y me sigue pareciendo que era robarse la pelota, esconderla, tenerla, ir durmiendo el ritmo, y con Messi en los últimos treinta metros, meter el sorpasso. Eso se hizo frente a Alemania, pero en el amistoso de febrero, y muy bien. Propongo reincidir en tal camino.

    El último párrafo de lo que decís, es riquísimo, y cuasi vertebral en este debate.

    Otro abrazo para vos, capo. Nos seguimos hablando.

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