viernes, 25 de junio de 2010

No pasarán

Resto del Congreso consiguió la aprobación del proyecto para la eliminación de lo que ellos mismos han dado en bautizar superpoderes, fieles a su estilo de no utilizar el lenguaje que corresponde sino el más efectista, siendo que el eje de su construcción política se rige por el minuto a minuto de los estudios televisivos porteños -que es donde mejor les va-, servidos de la complicidad de ponemicrofonos complacientes.

La situación es graciosa. Diputados que fueron parte de gobiernos que crearon lo que ellos denominan superpoderes, se oponen a la limitación de los mismos. Y más, los quieren eliminar para atar de pies y manos al gobierno nacional, impedirle que pueda tener una herramienta de administración absolutamente necesaria como lo es la reasignación de partidas, que sirve para mover dinero de donde no se lo está utilizando, para asignarlo a la cobertura de distintas necesidades coyunturales e imprevistas. Los mal llamados superpoderes, aparte, son detentados en sus propios pagos por tipos cuyos partidos políticos en el Congreso Nacional se hacen los republicanos consensualistas: mandan a sus representantes nacionales a votar exactamente al revés de lo que luego les piden a sus legisladores locales. Macri, Binner, Das Neves, todos ellos opositores, cacarean en contra de los "superpoderes" de Aníbal Fernández, pero no quieren saber nada con largar los propios. Doble standard que le llaman, todo favorecido por la censura democrática que ejercen determinados conglomerados mediáticos omitiendo "detalles" como estos.

Siempre será bueno recordar, en este caso tanto como en el de los DNU, que los gobiernos kirchneristas no se han valido de eso que Resto del Congreso llama superpoderes para ajustar -a tales fines es que fueron concebidos en el pasado-, o para darles duro a los más necesitados (como en el pasado argentino y el presente europeo), sino para, por ejemplo, darle el 0,6 por ciento del presupuesto nacional a los más humildes, tal el caso de la Asignación Universal por Hijo.

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Néstor Kirchner se equivocó diciendo que si fuera Presidente vetaría una hipotética ley que elimine los superpoderes. El veto, está más que claro, es una facultad conferida a los presidentes de la nación en la Constitución Nacional. En las escuelas y en las facultades de derecho se enseña, muchas veces, mal: se dice que el proceso de aprobación de las leyes requiere de la aprobación de ambas cámaras (senado y diputados) del Poder Legislativo. A eso habría que agregarle que se requiere también el concurso del jefe del Poder Ejecutivo. Por lo tanto, los chillidos ante un hipotético veto (recurso que de todas maneras no ha sido necesario utilizar desde que Resto del Congreso copó de mala forma el Congreso), no cuentan, no valen, son propios de cotorras y urracas.

Y se equivoca Kirchner, porque muy probablemente no vaya a ser necesario para el oficialismo vetar la ley, sino que, claro que esto dicho muy a priori, entre la fortaleza de la conformación peronista y su estrategia defensiva en el Senado (con más su proyección de alianzas), y el descalabro de la Santa Alianza Obstruccionista en esa cámara (que entre otras cosas, este año ha dado media sanción a la también mal llamada ley del cheque, conseguida en forma inconstitucional), no sería raro imaginar un fácil torpedeo al engendro aprobado en diputados, lo cual derivará en que por un año el tema no pueda volver a tratarse con lo que Resto del Congreso, lejos de sacar su objetivo de máxima -impedir al gobierno que gobierne-, no logrará siquiera lo que podía ser una instancia de mínima -reducir los porcentajes de posibilidad de uso al 5%, aunque desde que las facultades le fueron otorgadas al gobierno, en 2006, nunca las ha utilizado ni cerca de ese monto-.

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José Natanson viene diciendo que a "la" oposición lo que le ha hecho mal para no parar de acumular derrotas desde "su" "victoria" del 28J, es el detalle de ser conducida por sus integrantes menos dispuestos a negociar (léase Carrió, pero no solo, y vale agregar que son, además, los que no ganaron nada aquel frío junio), que no han parado de apostar al todo o nada. Eso genera una situación en la cual salta a la vista la incoherencia entre discurso y acción: dicen querer diálogo, pero no dialogan nada; dicen no querer entorpecer la administración CFK, y ninguna de sus intenciones parece tener otro propósito (parece no, no lo tiene).

"Lagente", uno cree, ha probablemente percibido esto, la discordancia relato-acción de los dirigentes opositores, como ya había hecho con el estado de situación del país que pintan las "grandes" caras de los oligopolios mediáticos.

Desde Segundas Lecturas hemos sostenido que en la percepción de que no todo es el caos que se quiere pintar está la semilla del cambio de clima social en general, de la valoración acerca de la gestión del gobierno nacional en particular (esto reconocido hasta por la encuestadora Poligarquía), y de la impresionante manifestación humana que copó la Atenas porteña durante los fastos del Bicentenario.

A esto cabría agregar cuanto pesa el hecho de haberse dado cuenta, quienes dentro del electorado se encuadran en una postura de oposición leal, de que sus elegidos –al contrario de lo que decían- finalmente sí tenían (tienen) malas intenciones; y por parte del bando de los mas iracundos, de que los dirigentes opositores no son más que una horda exaltada de inútiles y malos actores que no han podido, en seis meses, lograr la sanción de una sola ley, ni siquiera parar la designación de lo que consideran una intrusa en el BCRA. En Resto del Congreso no hay un solo cuadro o dirigente con capacidad de meter miedo al oficialismo, ni por las buenas ni por las malas. Ni hablar de ofrecer un trazo alternativo al modelo actual, más allá de meros balbuceos de los que más se infiere, se adivina, de lo que en concreto existe. El más flojo oficialista, cualquiera este sea, le pinta la cara sin despeinarse al mejor de los opositores, en formación intelectual, en capacidad argumentativa y, claro está, en cuanto a rosca.

En la cuestión de los mal llamados "superpoderes", hay otro ejemplo más de todo eso.

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Y será lindo ver como se desenvuelve el tema. Como se acercan posiciones en la enorme grieta que se abre entre las distintas posturas al respecto.

Sería lindo, también, ver como harían los que hoy despotrican contra "superpoderes", DNU´s y demás, para gobernar el día de mañana en el muy hipotético caso de que llegasen a algo sus paupérrimas formaciones políticas en las elecciones de 2011.

El que firma se reiría mucho de lo difícil que se les haría no contradecirse, escapar de los tapes de TVR / DDD / 6-7-8 marcando dichas contradicciones, y, en definitiva, poder gobernar si logran configurar el escenario jurídico con que pretenden maniatar al kirchnerismo.

Sería muy divertido.
Pero no pasará. Porque no pasarán.

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