lunes, 10 de mayo de 2010

Revisión, diagnóstico y recomendaciones

El Congreso nacional se conforma por medio de los resultados de tres actos eleccionarios distintos. Tres momentos que reflejan situaciones disímiles, más en Argentina donde cada vez más un año parece una era geológica. Esto es, en la actualidad, los comicios de 2005 (un tercio de los hoy senadores, los de Buenos Aires, Santa Cruz, San Luis, Jujuy, Misiones, San Juan, La Rioja y Formosa); los de 2007 (la mitad de los diputados y otro tercio de senadores); y, por último, los del reciente pero ya lejano (valga el juego de palabras) 28J09 (la otra mitad de los diputados y el último tercio de los senadores). El primero y último de dichos actos eleccionarios renovaciones parciales, y el de 2007 como parte de la elección general que consagró, además, a la casi totalidad de los actuales gobernadores (todos excepto los de Santiago del Estero y Corrientes, que por motivos internos tienen su calendario electoral interno desfasado del nacional).

Una primera lectura de todos esos resultados nos indica que se trata de una muy buena victoria del kirchnerismo –la de 2005; otra ídem pero mucho más rotunda aún -`07-; y lo de 2009 que es raro por demás. La narrativa dominante respecto del mismo instaló que “un setenta por ciento de la gente votó en contra del gobierno”. Conclusión a la que se arriba sumando la totalidad de alternativas (por así decirles) opositoras, cual si fuese posible y riguroso hacer tal cosa. No importa, es una mirada y es válida. Pero por otro lado, es igual de cierto decir que la sumatoria de las listas que se presentaron a las elecciones bajo patrocinio oficialista fueron las que más votos propios consiguieron, constituyéndose así en primera minoría. Toda esta ensalada le otorga al kirchnerismo una tropa propia bastante fuerte numéricamente hablando: sobre tres resultados posibles, dos lo favorecen, y acéptese que en uno perdió, por poco, pero perdió contra varios, lo que en política es lo mismo que decir que no ganó nadie. Ese “setenta por ciento de sufragios en contra del gobierno” no es directamente trasladable a la configuración del reparto de bancas.

Lo que sí es cierto es que el oficialismo fue derrotado, y claramente, en muchos e importantes de los grandes centros urbanos, de los cuales se nutre y sobre los cuales opera la orquesta mediática para construir humor social y/o agenda. Ahora, cuando uno revisa de nuevo los datos, descubre que tampoco en 2005 ni 2007 ganó en muchos de ellos, y eso no obstruyó la construcción de un poder político impresionante (el capital político con que asumió Cristina en 2007 fue el más grande desde la recuperación democrática en 1983, aunque luego se vio que la consolidación del mismo no era tan importante como su extensión).

Lo que sucede es que, tanto en 2005 como en 2007, las elecciones giraron en torno a la figura de Cristina Fernández (candidata a senadora en la primera, a presidenta de la nación en la segunda). Y como ganó y muy bien en ambas oportunidades, fue más fácil leer todo el resto de los números bajo la guía rectora de que el principio ordenador era la victoria de la principal figura en cuestión. Se sabe, todos buscan al ganador. Más en Argentina, más en el peronismo, más en época de híper fractura partidaria, más cuando ese que ganó tiene equipo, ideas y proyecto armado. Néstor versión veinte cero nueve, centró toda la expectativa alrededor del partido en la provincia de Buenos Aires, su partido, infundiéndole, para colmo, carácter plebiscitario. Perdió, por poquito es cierto, pero fue fácil ubicarlo como padre de la derrota.

Y la verdad es que el gobierno no quedó tan mal parado de lo que resultó de 2009. Era muy difícil que conservara lo que tenía, la victoria tenía que ser muy amplia, tarea no menor a seis años vista de iniciado un proyecto de gobierno. Más aún, el kirchnerismo había visto mermado el número que por derecho le correspondería ya antes de 2009. Es decir, si todos los legisladores nacionales hubieran mantenido fidelidad a los proyectos que los llevaron como candidatos, el gobierno tendría muchos menos problemas de los que hoy tiene. Cuenta con 87 diputados (sin contar aliados, así llega a cerca de 105) y 32 senadores (de nuevo, sin afines, con los que se estira a 35). Si de todos se exigiera lo mismo que se exigió a Borocotó en su momento, los números serían muy otros: 16 diputados más (llegaría a un más holgado casi 120 -y nombres importantes: Daniel Katz, Graciela Camaño, Jorge Obeid, Victoria Donda-); y otros 6 senadores (María José Bongiorno, Pablo Verani, Emilio Rached, Juan Agustín Perez Alsina, Juan Carlos Romero, Sonia Escudero; con los que llegaría al quórum propio, 38 -41 con aliados-). No por nada, en algún momento la estrategia fue intentar deslegitimar los resultados de 2005 y 2007 como caducos (lectura por demás antirrepublicana), tan válidos como los de 2009.

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Muy bien, tenemos los datos, vayamos por el análisis. La ciencia política suele teorizar (y angustiarse) acerca de los problemas que ofrece el llamado gobierno divido (cuando los poderes ejecutivo y legislativo son de distintos signos políticos). Algo así pasa hoy en Argentina. El kirchnerismo no tiene quórum propio en ninguna de las dos cámaras del Congreso. Pero, claro, una oposición en la que domina, fue dicho, nadie, no da pie con bola. En ese contexto, además, fueron dinamitados los puentes de acercamiento parlamentario. ¿Cómo se puede agitar la bandera del diálogo y el consenso, cuando es nada en realidad lo que se quiere acordar?

Desde principios de año se mueve el escenario político por el tema del pago de deuda con reservas excedentes del BCRA. Supuestamente el problema era la instrumentación de la operatoria por medio de DNU. Pues bien, se elaboró un proyecto de ley al respecto, y sin embargo los principales mascarones del conglomerado opositor en el Senado porfiaron igual su rechazo. Gerardo Morales, comandante en jefe del combinado –seguramente el político más incompetente de la primera plana-, insultó por lo alto al pampeano Carlos Verna y a su compañera de banca en plena sesión. Lo acusó de vender su voto al oficialismo a cambio de dinero para su provincia. Aparte de no reparar en que lo que se estaba discutiendo era un proyecto del propio Verna (quien a diferencia de Morales sí fue sincero en cuanto a su rechazo a las formas del Fondo de Desendeudamiento Argentino -FonDeA-), Morales se pegó un tiro en los pies: dinamitó la precaria supremacía opositora en la Cámara alta, uno cree que para la mayoría de las leyes que se discutan de aquí a 2011. Nadie prestó la debida atención que merece este suceso, no menor. Por otro lado, convendría revisar la distribución de comisiones hecha en el Senado, que fueron copadas por medio de una votación en la que se impuso un colectivo que hoy parece ya no existir, y esto de boca de sus propios integrantes. Que distinto hablaba Morales de los pampeanos, Menem y Roxana Latorre, cuando le sirvieron para asaltar el botín. En la Cámara de Diputados, el sometimiento para contra el oficialismo está mucho más asegurado. Con una cámara no alcanza ni para sancionar leyes, ni para rechazar DNU –la sanción está a cargo de presidencia-.

Adriana Bortolozzi mediante, sesiones habrá siempre. La estrategia de no dar quórum ya fue. Hay que entrar a la cancha a jugar, y se está jugando. Da la sensación de que le iba mejor a “la” oposición cuando el oficialismo faltaba al senado y tenía la chance de robar cámara en clave de ciudadano políticamente correcto. E indignado, por supuesto. Una vez adentro de la cancha, se han enmarañado: tratan mal a funcionarias de probada trayectoria, consiguen medias sanciones dudosas como en el caso de la ley del cheque o quieren imponer recortes a potestades constitucionales como las del artículo 99 inciso 3º -DNU- por medio de leyes comunes. Y el oficialismo todavía no tuvo que usar el veto, cuando se lo acusaba de que haría abuso del mismo casi como Macri ha hecho desde que asumió la intendencia de la Capital. Nada de eso, y más: se llevó la aprobación del pliego de Marcó Del Pont y la media sanción holgada de la ley que crea el FonDeA –holgadísimo 41 a 29 para los tiempos de cerrazón que se viven en el Congreso-, al tiempo que quienes le granjearon esa media sanción le aseguran el no rechazo al DNU hasta no ser ley la por ahora media sanción, alto blindaje jurídico.

Y el gobierno sigue haciendo brochettes de buenas noticias: los impresionantes primeros resultados que arroja la instrumentación de la Asignación Universal por Hijo (el diario Perfil intentó este fin de semana operar para opacar todo ello, nadie la dio mucha bola), calificada como “pronta a ser la medida social más importante en cincuenta años” y cuyo mecanismo de actualización está pronto a anunciarse; las reservas del BCRA que no paran de crecer aún abonados ya cerca de dos mil millones de dólares de deuda; el anuncio de CFK respecto de la problemática de las deudas provinciales.

El futuro está planteado entre lo que es una primera minoría más fuerte de lo habitual ( como dice José Natanson, sólida, estructurada, cohesionada, disciplinada, con horizonte de, al menos, mediano plazo y proyectos de futuro), y nadie enfrente, porque resulta ser que las boletas que se depositan dentro de una urna luego no gobiernan. Y este comentarista copia y pega algo dicho en un post anterior: Suponiendo que el kirchnerismo sea, como se dice, un 35 % de la población, ¿es lógicamente democrático pretender que ese 35 % intenso, sólido, coherente, cohesionado, estructurado en torno a un proyecto y un conductor, deba sentarse y callarse la boca ante un 65 % que no sabe ni a que ni a quienes responde, que es lisa y llanamente un berenjenal? Margarita Stolbizer también lo dijo y sin anestesia, “Kirchner conserva un liderazgo claro”. Convendría mejor revisar el concepto de mayorías en una democracia.

Una alternativa opositora hoy se define por la contraria, por la negativa de las iniciativas oficiales. Principalmente, a través de las tapas de Clarín -que como bien dice Juan Pablo Varsky están bajo emoción violenta-. O, un tono más abajo, aunque no diferentes en cuanto a sustancia, las notas y editoriales del diario La Nación, como en la que se quejan de la detención a Martínez de Hoz; o el editorial del último domingo, en la que cruzan rabiosamente el proyecto de reforma de la ley de entidades financieras abusando de palabras como “estatismo”, “intervencionismo”, “falta de confianza”, “ausencia de seguridad jurídica”. Absolutamente desbocados, parecen hacer ojos ciegos y oídos sordos a la crisis griega y la propia experiencia local de lo que fue la apliación del actual marco de regulación bancario, la 21526, nave insignia del tristemente célebre modelo económico de destrucción nacional ideado por Joe, impuesto a sangre y fuego por Videla y compañía, y del cual como se ve aún quedan resabios. Fuera de todo eso, no hay un soto.

Ni del Consejo de la Magistratura se habla ya en “la” oposición. Se ve que pegó duro el dato de que el 95% de las decisiones elaboradas por el organismo desde la reconfiguración de 2006, lo fueron por unanimidad.

Y es así nomás, a la evidencia cruda no hay, parece, con que darle. La estrategia del gato arañanando caído de espaldas, pero defendiéndose yendo al frente, parece estar dando resultado. Se recupera capital social al tiempo que lo pierden los muchos que no son nadie que exhiben nulos resultados, al tiempo que Cristina tiene una perspectiva de un año y medio de crecimiento, con repunte de los índices sociales y consolidación de un proyecto político de iniciativas constantes que constantemente están moviendo y reconfigurando el escenario.

El camino se va allanando, eso desde ya. Pero es tiempo de redoblar los cuidados y la cautela. En política, cuando no se tiene rival enfrente, no son pocas las veces que uno se termina pisando los callos solo. Remember resolución 125. La experiencia está ahí, con un aprendizaje para no ser desperdiciado. Las ganas, lo primordial a fin de cuentas, están intactas. A darle duro, pues.

3 comentarios:

  1. Buenísimo.

    Con respecto a Verna, creo que cuando Morales lo acusó fue porque ya sabía que no pertenecía más a ese colectivo remendado con curitas truchas (de esas que a los 5 minutos ya están despegadas) que es el Grupo A del Senado.

    ¿Y lo de Cabanchick ahora, reuniéndose con el mecenas de la blogósfera K?

    El horizonte en Senadores aparece más despejado. En Diputados, siempre que se sigan "robando las banderas" de la centroizquierda para imprimirle volúmen político, puede esperarse un panorama no tan desalentador. Ya no son Morales ni Carrió quienes conducen. Los editoriales domingueros del columnista estresha Morales Solá indican que quieren meterse en la pelea por tener voz y voto -a través de Duhalde, por ejemplo- en la interna peronista. Deben ver menos probable un gobierno republicano y consensualista en 2011.

    Ah, y yo ando sorprendidísimo con La Nación, que puso en tapa el jueves pasado (6) a la crisis griega. Y Clarín el domingo no le pegó a esos sucios kirchneristas (¡montoneros truchos!) sino que puso en tapa el plan de rescate europeo. Definitivamente el mundo se acaba antes del 2012. :P

    Abrazo.

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  2. No coincido Ricardo, te diré. Vos me vas a decir que la tengo con Morales, pero la verdad que no me parece que Verna hubiese abandonado ya el Grupo A. Y este, tarambana como siempre, se apuró, se fue al carajo, y ahora va a ser recordado como el que echó a perder el 28 de junio. A comerla.

    A propósito, estoy pensando en hacer una semblanza de Gerry, pero quiero tuopinión antes.

    Lo de Cabanchik es coherencia pura: si pedían diálogo, consenso, pues hay que dialogar y consensuar. Es la historia de siempre, los tipos libres son los que destraban este tipo de situaciones: lo eran los Sapag antes, hoy hay muchos más. Cabanchik no tiene partido -abandono a Lilita por autoritaria-, no tiene gobernador -es opositor al Intendente Macri-, por fín, no responde a nadie. Entonces se mueve cómodo y se permite estos lujos.

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  3. La tenés con Gerry. :P

    Yo creo que, en los papeles, el Grupo A del Senado ya no existe. No por lo menos como quisieron que sea. Aunque fue así desde el principio, ya que sólo pudieron juntar 37 para repartirse comisiones.

    A partir de ahora será proyecto por proyecto y ya algunos Senadores (Verna, Cabanchick, Bongiorno) vieron que pueden ganar más negociando con el oficialismo que con un Resto de Congreso -para usar tu terminología protosocialista troskoleninista obamista :P- que lo único que tiene para ofrecer son las tapas de Clarín. Ya no tienen tanto sex appeal las tapas del Oligopolio.

    Vos fijate que el proyecto más importante que tenían entre manos para obligar al Gobierno a ajustar -el pago de deuda sin uso de reservas-, lo perdieron estrepitosamente. Con números holgadísimos, como bien decís.

    Un abrazo.

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