jueves, 6 de mayo de 2010

Como argumentan los legisladores (sobre la sesión en diputados por el matrimonio gay)

La media sanción a la reforma del Código Civil para extender a los homosexuales la posibilidad de contraer matrimonio se inscribe en la misma narrativa que guiaron anteriores cambios (equiparación de hijos naturales a los matrimoniales, otorgamiento de la plenitud de ciudadanía a la mujer, divorcio vincular): extensión de derechos a amplias franjas de personas que no podían, hasta entonces, considerarse iguales a sus ciudadanos.

La Constitución Nacional está –o debería estar- por encima de cualquier criterio. Para los legisladores, de mínima. Y la Constitución tiene consagrado, en su artículo 16, un principio llamado “igualdad”. Claro que se permite efectuar distinciones y otorgar privilegios, pero solo en tanto que dicha diferenciación esté sentada sobre criterios razonables. A partir de allí uno se tiene que preguntar bajo que guía rectora se justifica negar a una categoría equis de individuos los derechos que nacen de determinado instituto, que por mucho de origen canónico que tenga ha sido receptado por el Código Civil, adquiriendo por tanto status jurídico y obligado, luego, atenerse a lo prescrito por la Constitución Nacional, que es norma superior a la ley civil. Establecer otro instituto para dotarlo de todas y cada una de las propiedades del matrimonio, implicaría un ridículo abundamiento de legislación.

Bien dijo Agustín Rossi, "No era lo mismo unión civil que matrimonio, era seguir estigmatizando, seguir diciéndoles: son distintos, pueden hacer hasta acá, el resto, las otras cosas están reservadas para nosotros". No es ese el espíritu que la Constitución Nacional quiere consagrar.

La mayoría de los diputados que se opusieron al proyecto de Vilma Ibarra, lo hicieron apoyándose en convicciones personales o religiosas. Grave error, los legisladores están sometidos (o deberían estarlo) a la Constitución Nacional, no a fueros íntimos ni a corporación alguna.

Y esto no quiere decir que haya que votar de una forma determinada, y solo esa. Pero a la hora de fundamentar uno espera de legisladores nacionales argumentos de mayor fuste que un simple “tengo muchos amigos gays” o “no puedo fallarle a mi iglesia”.

2 comentarios:

  1. Realmente patetéticos los argumentos de muchos diputados. Lindantes con la ignorancia más pura algunos, y tremendamente discriminadores todos los que se opusieron.

    Googleando un poco se podían obtener fuentes inobjetables para aprobar la reforma. ¿No tienen asesores? No. Se trata, como decís, de obediencia debida a sus pastores quienes, al "ovejizarlos", los encarrilan por la senda de lo religiosamente correcto.

    Hablar de "naturaleza" -en la acepción eclesiástica del término, porque la naturaleza de estática no tiene nada- y, como dijo Pinedo, desconocer el efecto de la adopción homoparental, es seguir mostrando que no son tipos preparados para llevar adelante ni siquiera una sesión legislativa.

    Una gran victoria para la igualdad de derechos y para tener una sociedad cada vez más democrática e inclusiva.

    Abrazo.

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  2. No es que sea obligatorio votar en favor. Eso sería una locura. Pero hay que exigirles que argumenten basados en ley, porque sino se legitima esta fábula de que el Congreso es una reunión de espíritus libres, y la verdad es que se tratan temas bastante jodidos para que se estén manejando con esa liviandad. A mi no me importan un carajo los amigos gay de Michetti, que los usa para cubrir lo que Bergoglio le mandó votar Quiero que ella se haga cargo de su desición y que esta sea fundada. Lo más lamentable, de todas formas, fue lo de Carrio, de Michetti ya se sabe que es una imbécil.

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