viernes, 30 de abril de 2010

Miedo a que

El escenario político está en disputa, eso está claro. Los medios de comunicación no son ajenos a esa situación, eso también está claro.

Se está agitando con demasiada liviandad la bandera del miedo, de la reaparición de dictaduras y de censura. Y la liviandad tiene que ver con que buena parte, o mejor dicho, una gran mayoría de quienes se atreven a travestir el sentido de esos términos, cuando en este país había miedo de verdad, porque se mataba, se secuestraba, se censuraba y había dictaduras de verdad, miraba para otro lado, o directamente aplaudían.

Nunca los medios son ajenos al fragor de las luchas políticas, no tendrían por que serlo, no lo han sido jamás en ningún lado del mundo. Pero en pocos lugares como en Argentina hay una historia negatoria de esta situación.

Ante todo, quien esto escribe está en contra tanto de afiches callejeros anónimos (aunque tengan mucho olor a Pearl Harbour criollo, pero eso no importa), como del acto político montado por Hebe de Bonafini “enjuiciando” periodistas cómplices del Proceso (esto es más difícil de entrecomillar). No se puede estar a favor porque, en tanto acción política, su aporte a la construcción es nula, tiende a cero. Es uno de esos casos donde vale la pena apelar a aquel dicho de Evelyn Hall, “No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta con mi vida tu derecho a decirlo”.

Ahora, tan claro como eso, es que nada ocurrirá en términos de violencia física con los allí "enjuiciados". Nada, es puro agite. Esta disputa lleva tiempo, y allí están cacareando todavía, en subestimar se pasan de rosca. El solo recuerdo de lo que le ocurrió a Rodolfo Walsh, mientras ellos escribían notas complacientes, debería hacerles la bocota a un lado.

¿No será, en realidad, que tienen temor a los conceptos que, en esos afiches y esa plaza, estuvieron insertos? Se mostraron con pelos y señales ejemplos sobrados de complicidad y colaboracionismo de parte de los “juzgados” para con la banda de asesinos que encabezó Jorge Videla, dos de cuyos máximos exponentes, Martínez de Hoz y Bignone, han recibido sendos reveses judiciales en los últimos días. Enhorabuena.

Juan Pablo Varsky trazó, en su programa, hoy por la mañana, un concepto que este post hace suyo (con el debido permiso al gran JPV), y es que se ha caído el velo de inmaculados transmisores de realidad que creyeron tener puestos sobre sí muchos periodistas. Se acostumbraron a ser intocables, a que sus verdades fuesen indiscutibles, a recoger para sí todo lo que la descomposición del 2001 hizo saltar por los aires, a monopolizar la posibilidad de ejercer construcciones sobre la realidad. Y hay algo que cambio.

Está naciendo una nueva forma de ciudadanía que ha tomado en sus manos la tarea de horizontalizar la comunicación para robustecer, así, el verdadero sentido de la libertad de expresión, que es mucho mejor en tanto en mayor cantidad de manos sea depositada. Asumido sea que todos construimos pasando los hechos por el cariz de las subjetividades –la objetividad, un mito-, pues mientras más puedan construir, mejor. Sino, se queda preso de una sola porción, quizás significativa sí, pero porción al fin.

Lo que se autodenomina “periodismo independiente” ha de entender que se terminó su época de incuestionables, que de aquí en adelante serán interpelados sus posicionamientos –desde donde dicen, por que, con que antecedentes- cuestión que se pueda decodificar mejor que los lleva a decir tales o cuales cosas. Que el llamado periodismo de periodistas, en definitiva, llegó para quedarse. ¿Y que hay de malo en ello? El gobierno está obligado a velar por la seguridad personal de todos y cada uno de los periodistas, en tanto son seres humanos. A lo que no está obligado es a garantir la credibilidad de los mismos. Si sus discursos han perdido llegada, pues mala suerte.

Pero entonces salen a hablar de que los nuevos actores de la comunicación están, estamos, “rentados”. Si uno les contara la miseria que gana por su trabajo part time de procurador –la mayor paga es el aprendizaje, pero igual se siente- y las horas de desvelo metiendo dentro de la cabeza interminables libros de derecho, seguro pensarían mejor lo que dicen. ¿No? Quizás se peque de ingenuidad, en todo caso, que la mamen.

Es disparatado por donde se lo mire afirmar que en Argentina siquiera corre peligro la libertad de expresión. Justo en tiempos del gobierno que eliminó la figura calumnias e injurias del Código Penal: nadie más en la vida irá preso por abrir su boca. Datito, al paso nomás: el PRO entero votó en contra de ese proyecto. Es difícil recordar una época del país en que, como en esta, la mayoría de lo que se tiene por analistas políticos de primer nivel, formadores de opinión, comos se quiera llamarle, hayan estado tan en bloque en contra de un gobierno. Y tienen ocupado en ello, la mayoría de las páginas de los diarios, emisoras radiales y de televisión. Siete días a la semana, trescientos sesenta y cinco días al año. No tiene, dicha acusación, ni pies ni cabeza. Y mucho menos, lo tiene pretender que un gobierno, este o cualquier otro, no ejerza su defensa, los contradiga, los evidencie desde donde tenga lugar.

Defienden sus teorías basados en informes de la SIP, la cámara patronal interamericana de empresas infocomunicacionales. Esa que calla ante los crímenes contra periodistas en la Honduras dictatorial, tal como calló respecto de los ciento veintiséis desaparecidos que el gremio sufrió entre 1976 y 1983 en Argentina. Organismos con muchos menos intereses, como la relatoría de libertad de expresión de la ONU –ejercida por Frank La Rue, aquel que dijo que la nueva ley de medios argentina es un ejemplo para el mundo- o Reporteros Sin Fronteras, piensan bastante diferente a la SIP.

No pueden escapar a lo que se ha vuelto evidente: todo lo que dicen y escriben responde a algo. Para muestra vale un botón, el pago de deuda con reservas que el gobierno intenta por estos días, tiene un antecedente casi exacto, en 2005. Por entonces se aplaudió, hoy se abuchea. ¿Cómo es posible cambiar tanto respecto de lo mismo, sino porque se ha tomado partido en una disputa por poder?

También es saludable que se abran nuevos espacios, para que algunas, dígansele inexactitudes, que las hay a montones, sean derribadas a tiempo. Se dijo, por ejemplo, en los últimos tiempos, que Kirchner había pactado con Menem que, en tanto el riojano le hiciera favores al oficialismo en el Senado, la justicia lo dejaría tranquilo en sus muchas causas. Pero, caramba, resulta que en la última semana Menem fue procesado de nuevo, y quedó al borde de un juicio oral.

Y como ese ejemplo se podrían dar, ¿Cuántos? Cientos, miles, millones tal vez. No alcanzaría una resma de hojas para llenarlas de farsas.

Y tienen derecho, vale reiterar, a seguir haciendo ese periodismo, de tan baja calidad a juicio del firmante. A lo que no tienen derecho, es a patalear cuando alguien se los marca.

1 comentario:

  1. Estaría bueno que Mierdalena explique cómo fue que la enganchó el corralito de la banca off-shore de Islandia con casi 7 millones de coronas:

    http://file.wikileaks.org/file/kaupthing-claims.pdf

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