jueves, 1 de abril de 2010

Fallos sobre reservas – Boudou vs. Morales – Un año sin Alfonsín

“(…) carencia de aptitud cognoscitiva del juez, que reviste una gravedad tal que vulnera las garantías constitucionales del debido proceso (…)”. Pavada de reprimenda le pegó la Sala IV de la Cámara en lo Contencioso Administrativo a la pareja del juez Marinelli, la Dra. Rodríguez Vidal. Decidió, la juez de primera instancia, haciendo extensiva una medida, ya de por sí ilegal –no se pueden decretar cautelares, ergo inmovilizar, recursos del estado, según el artículo 165 del Código Procesal Civil y Comercial de la Nación-, sobre un decreto que ya estaba derogado. Como si un juez hoy decidiera sobre la base de la Constitución peronista del 49, ya derogada.

Burra, en otros términos, más elegantes, propios de sus investiduras, le dijeron los camaristas a la pareja del juez Marinelli. Y este comentarista adhiere. La cámara hizo lo que debía, cero consideraciones sobre oportunidad, mérito y conveniencia de la medida adoptada por la Presidenta. Competencia, la calificación de las bondades de la iniciativa, que correspondía a los legisladores, eso debieron haber hecho en vez de ir a correr a refugiarse bajo las faldas del/la juez que les sea más conveniente. Porque también aludió la Cámara a las maniobras que urden los opositores para saltear los sorteos de causas. Tanto que machaca la derecha con como la Presidenta esquivó las (horrendas) resoluciones judiciales, no dicen lo mismo de sus propias gambetas.

Algo similar viene pasando con la ley de medios, veremos por cuanto tiempo, el nueve de abril en la calle se va a hacer sentir el malestar del pueblo de verdad para con ese tema también. ¿Cómo era que dijo CFK? Se puede ser minoría parlamentaria, pero mayoría popular, en las calles. Por ahí va la cosa.

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Boudou le pegó un baile de novela a Gerardo Morales el martes en el senado. Lo paseó como se le ocurrió, lo dejó como un principiante. O más bien, lo reveló como tal. Desde Segundas Lecturas hace tiempo venimos sosteniendo que gran parte de los éxitos del kirchnerismo en el senado en contra se deben a que la comandancia del conglomerado opositor la ejerce el tipo más incompetente que se recuerde en años, de la política argentina. Casi al nivel de su jefe en 2001, experiencia que también le recordó el ministro de economía.

La idea era discutir el uso de reservas, pero eso es cada vez más visiblemente indiscutible. Por ende, Resto del Senado intentó por todos los medios embarrar la cancha, yendo a temas que no hacían a la cuestión para la que fue citado. Empezando por la típica, el ya característico ADN de esta nueva derecha, la amenaza judicial, penal en este caso.

Baja el riesgo país, suben los bonos, el canje avanza en proporciones mayores al canje anterior, el supuesto déficit legal saldado. Con Carrió en Punta del Este –que raro-, no parecen sobrar los opositores en aptitud de imitar los frecuentes desvaríos mentales a que acude la ¿líder? de la Coalición Cívica para tratar de seguir frenando una medida que, a todas luces, se sigue revelando de excelencia. Si hasta Luis Juez manifestó haber cambiado de parecer respecto del uso de ese dinero que está al gas en el ex Vaticano argentino.

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Un año de la muerte del político que más levantó el dedo para discursear en la historia reciente del país. Una pena que los correligionarios intenten construir una figura de Alfonsín que no fue tal: hombre de diálogo y consenso, solo para oponer esa figura a la del actual gobierno nacional. Alfonsín fue hombre de verba inflamada, de puño crispado, de discurso ideologizado al mango y polarizante al extremo, militante como pocos, político de raza.

El que acusó, en público, a la Rural de lo que son, golpistas, cuando la basura de Alchourron se creyó con derecho a indicarle como gobernar. El que dijo que Clarín era ejemplo de contra que debían luchar los argentinos. El que contestó en la cara a prelados y a Reagan en la mismísima Casa Blanca. El que sancionó la ley de divorcio y juzgó a las juntas, aún cuando le falló en Congreso Pedagógico y se dejó vencer con toda una plaza a su favor para impulsar la Obediencia Debida y el Punto Final. El que decía el pueblo, y no el odioso la gente. El que se desvivió por liberar a la política, el estado y la gestión pública de las presiones de los poderes fácticos. El que fue y vino, pero, a quien esto escribe al menos, le dejó un gran recuerdo.

Desde ya que rosqueó y acordó muchas veces, como el Pacto de Olivos, que nos legó la mayormente estupenda CN versión 1994. Curiosamente, en aquel momento, quienes hoy le ponderan, lo sometieron a una carnicería pública, por supuestos “pactos espurios” con el menemismo. Pero pintar si figura en tonos moderados es, por lo menos, chistoso.

Quizá no sea uno el más indicado para hacer un resumen correcto de Alfonsín. Pero, al menos, estas palabras carecen del inocultable sentido de utilización que de su figura se está haciendo desde que hace 365 días abandonó la vida.

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