martes, 16 de marzo de 2010

Están groggies

En fútbol cada tanto se arman amistosos de exhibición, donde uno de los equipos que participa se denomina Resto del Mundo. Conformado por estrellas de los distintos países, suele generar altas expectativas por la incertidumbre que despierta saber como funcionará fulano, “que es un fenómeno”, combinado con mengano, “que no para de meterla”. Pero como todas esas estrellas no forman parte de una idea común, no trabajan juntos, no son complementarios, todo ello suele terminar en bostezos varios.

Algo así pasa con lo que se ha denominado “la oposición”, nombre que aspira a una homogeneidad que no existe. Por ello, y aún cuando está claro que los integrantes de los partidos obstruccionistas distan de poder ser calificados como estrellas (lo que funda tal bautismo, es el impresionante nivel de desorganización y amateurismo que cunde en ella), desde Segundas Lecturas hemos dado en bautizar como Resto del Congreso al rejuntado que conforman los más de veinte grupos políticos que pululan por las cámaras legislativas.

En la campaña previa al 28J, Resto del Congreso batió en demasía el parche con promesas presuntamente institucionalistas y lenguaje pretendidamente republicano. Lo conocido: diálogo, consenso, división de poderes. Habría un congreso mejor, decían. Se nota. Todo para terminar rogando, semana tras semana, que no falte a las votaciones… ¡Carlos Menem! Como ya dijo alguien por AP, un grupo cada vez más nutrido de senadores se está dando cuenta de que su participación es imprescindible en la frágil construcción de la derecha, como para estar recibiendo ordenes de la corporación mediática, de una desequilibrada mental como Elisa Carrió o de un incompetente como Gerardo Morales. En ese marco se entienden las decisiones de María José Bongiorno y Roxana Latorre.

Así las cosas, los últimos editoriales reprochan a ciertas “figuras” opositoras por no asumir el mando del conglomerado. Advierten la necesidad de que prime una figura que amalgame una heterogeneidad que, para colmo, está atravesada por más de una decena de aspirantes presidenciales. Han decidido tirar al tacho de la basura la batería de críticas que propinaron a modelos de liderazgos políticos fuertes -teoría que servía para denostar a Néstor Kirchner y su férreo modo de conducir-, y ahora dicen que hace falta una mano firme para llevar la tropa.

No debe llamar la atención el modo en que panquequean las opiniones, es su costumbre. Arriba se dijo de cómo se machacó en campaña con las formas, y resulta que decidieron dejar de lado el más mínimo vestigio de respeto procedimental cuando debieron repartirse las comisiones en la cámara de senadores y a momentos de evaluar el pliego de Mercedes Marcó del Pont. Se obviaron lógicas de mayorías y minorías y tradición parlamentarias en el primer caso, y nada menos que el derecho de defensa en el segundo.

Sin mayores precisiones que un intento de proyecto de plan de estado a largo plazo –el redactado por Duhalde y Terragno (absolutamente liviano, carente de precisiones, se lee en un par de minutos para pretenderse generador de políticas de estado)-, se infiere su derechismo solo cuando se oponen continuamente a la decidida voluntad de avanzar del gobierno de CFK. Poco para competir ante una minoría intensa (así la definió José Natanson), seria, con propuestas y cohesionada a su interior. Así hasta lo han reconocido desde las redacciones de los matutinos, llegando incluso al extremo de –en una nueva contradicción- marcar que no es pecado la capacidad de conjunto que exhibe el oficialismo, y que este no tiene culpa de las falencias de sus gerentes políticos. Preparan el terreno para el cambio de discurso, para la nueva embestida, asumiendo que la hasta aquí encarada solo sirvió para repartir cargos.

Entretanto, una multitud en Chaco, otra en Ferro y una más en Plaza de Mayo. Tres en tres días consecutivos, hacen pensar en si no está cambiando algo. Si no es momento de empezar a meterle duro con propuestas que dinamiten la precariedad de Resto del Congreso, que ya de por sí pende de un hilo ahora que las vanidades están a flor de piel entre todos los actores/políticos (en ese orden) antikirchneristas. Si con lo poco encarado, se llevan como se llevan, meterlos en una tras otra discusión de fondo, va a traslucir a las claras los sentidos, los partirá al medio. Y a río revuelto, ya se sabe.

3 comentarios:

  1. Efectivamente, para terminar con esta santa alianza destituyente nada mejor que obligarla a enfrentar sus propias contradicciones mediante propuestas progresistas.

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  2. Es muy triste el papel de la oposición y es muy triste el circo en el que se transformó el congreso. El congreso es hoy un escenario de puja de poder político y una traba para la gestión del ejecutivo.
    Respecto al poder judicial, hoy muchos critican a Cristina por sus declaraciones al respecto, pero se olvidan, que era un desastre y ella lo acomodó previo a ser presidente.
    Bueno, un abrazo grande.

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  3. Muy buena reflexión, Pablo.
    A mi me causa gracia el estado actual del revoltijo opositor, cuando prometían que a partir del 10 de diciembre el Congreso "empezaría a funcionar".
    ¡Buenísimo les está saliendo el chiste!

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