domingo, 7 de marzo de 2010

El tenista con espíritu futbolero


Si la serie ante Suecia pintaba peluda aún cuando no se habían bajado Del Potro, Mónaco y Nalbandian, cuando las distintas lesiones obligaron a Tito Vázquez a diagramar un equipo sin ninguno de los tres, hay que decir que el triunfo sonaba lisa y llanamente utópico. De visitantes, en una superficie híper rápida (al final no era nada del otro mundo) y ausentes los tres mejores hombres disponibles: parecía que el destino repechaje era ineludible.

Schwank, Mayer, Zeballos y el junior Delbonis, podrán tener buena proyección, pero lo cierto es que contaban con nulos antecedentes para enfrentar a tipos con mucha mayor experiencia en este tipo de competencias y de escenario. Suecia tiene, además, a Soderling, un top ten que viene en ascenso. No mucho más que eso, según el ranking, pero lo suficiente como para justificar amplio favoritismo.

De repente, se dieron dos movimientos que terminarían por cambiar la serie. Suecia decidió nominar al terrible sacador Joachim Johansson y a Argentina le cayó del cielo un Nalbandian que se dio de alta solo de una lesión en su abductor, y llamó a Vázquez para decirle que si quería estaba dispuesto a irse para Suecia aún contrarreloj. Y la verdad es que ambos ingresos resultaron claves para el resultado final de la serie. Porque Johansson cayó casi como el principiante que no es ante un Mayer que, con una sola serie de Davis sobre el lomo, le hizo sentir el peso de una inactividad que al sueco le resultó imposible disimular, carente -como lo es- de mayores argumentos técnicos que el de su saque de mula.

Pero por sobre todas las cosas, influyó el hecho de que David dejara aparecer sobre el frío sueco su estirpe copera, y bagaje técnico, que no se agota ni aún con la larga inactividad que lleva a cuestas. Esa combinación lo hace el jugador argentino de mejor historia en el rubro.

Solo por lo primero se comprende como superó los dolores (y temores de quedar out por lesión en alguno de los dos puntos que disputó, ya que Argentina no tenía margen de nada) y las desventajas físicas: un inagotable repertorio de genialidades que le dieron al dobles la jerarquía para nivelar las desventajas ya mencionadas y del que se valió para tirarle la historia encima a un Vinciguerra que nunca -salvo en los primeros tramos del definitorio quinto partido- encontró como dañar desde el ritmo, donde -aunque pocas veces- se vio que se hallaba por encima del as de espadas argentino.

Desde lo segundo, desde la inquebrantable voluntad de David por tener la ensaladera en las manos -cosa que le importa más que cualquier Slam-, se explica que haya arriesgado su físico en el imposible que resultaba esta serie de Davis: por el viaje, por el rival, por el poco entrenamiento con que arribó y que pudo tener en suelo sueco. Está empeñado en ganar este título más que cualquier otro, raro, siendo una meta de corte grupal en un deporte de matriz individualista. No se ve muchas veces esto. Y a más de uno de quienes alguna vez se le escapó la lengua en su contra, debería entender la dimensión de lo que significa la abnegación que tiene Nalbandian por el equipo nacional.

Casi sin pensarlo Argentina se vio 1-1 el sábado. Visto el nivel de Vinciguerra, uno intuye que a Mayer le hubiera costado más él que Johansson. Schwank, por su parte, se la hizo a Soderling más difícil de lo que es deseable un viernes para cualquier candidato. En dobles Argentina jugó casi perfecto, curioso siendo que era la primera vez de la pareja como tal. Ya en domingo, Mayer lo tuvo a Soderling más a tiro de lo que indica un resultado de derrota en sets corridos. Y sobre el cierre, en el quinto punto, llegó la enésima coronación del Rey de Unquillo.

Fue un partido que David podía ganar o perder solo en base a su cabeza. Algunas veces se lo vio corriendo de menos, y eso se debía menos a una imposibilidad física que a los temores de quedarse en un pique, y que en él se quedaran también las ilusiones argentinas. Fuera de ese detalle, Nalbandian hizo todo como para dejar en claro quien de los dos contendientes era el que contaba con una envidiable historia de protagonismo en el circuito y en la Davis. Cuando pudo (la mayor parte del match) sacar la muñeca a mostrarse, no hubo partido, hubo monólogo. Y el sufrimiento se estiró un poquito solo en base a los ya señalados pellizcos físicos.

Argentina ganó un partido de los que construyen campeones. No hay que adelantarse, pero no es poco pasar de estar pensando en un repechaje a soñar con el pase a semis, empresa esa que contará con el aval del retorno de Del Potro. Nuevamente parada muy chiva, pero lo ocurrido este pasado fin de semana invita a ilusionarse con una nueva épica.

Nalbandian sumó otra serie heroica, y van… Empecinado en que el destino de la Davis, el suyo y el de la Selección, confluyan de una vez por todas. Y no estaría de más reclamarle a ese destino, mayor justicia para con el Rey David. Ese que, cada día, es un poquito más grande.

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