jueves, 4 de marzo de 2010

Argumentaciones II

“El fondo lo sacan por DNU porque ahora tienen al congreso en contra”. La afirmación no es una declaración de principios republicana, revela intencionalidad. Da a entender que, de antemano, la oposición (en adelante, “Resto del Congreso”) se opondrá a cuanto proyecto presente el oficialismo.

El Jefe de los diputados radicales, Oscar Aguad, manifestó que la UCR no apoyaría ninguna ley que implique tomar reservas del BCRA a los fines de saldar la deuda externa. No obstante, no faltan aquellos que dicen no escaparle al debate del uso de las reservas, pero que el problema es que el oficialismo lo plantea por decreto y no por ley.

¿Desde que lugar se clama por diálogo y consenso, cuando se anticipan posicionamientos previo al planteo de cada debate? La lógica que atraviesa el escenario político actual dista bastante de ser la panacea a la cual Resto del Congreso dice aspirar. Es binaria y polarizante, aparecer pegado al/o pragmar con el kirchnerismo, equivale al escrache mediático de quien se atreva a tal paso. Se reclama por apertura al diálogo a quien primero se excluye del mismo. El antecedente inmediato al respecto es el debate por la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (en adelante, “LdSCA”). Hubo, durante el mismo, dos tipos de planteos, uno leal y otro desleal. El leal lo encabezó el interbloque SI/Proyecto Sur: plantearon, a instancias de Pino Solanas y Claudio Lozano, veinticinco modificaciones al proyecto original arribado a diputados, el oficialismo cedió diecinueve de ellos y consiguió el apoyo de ese sector, once claves voluntades. Similar decurso eligió el socialismo, para terminar apoyando, en ambas cámaras, una consigna que venía impulsando desde los tiempos de Guillermo Estévez Boero en el Consejo para la Consolidación de la Democracia. Tanto a unos como a otros les cupieron acusaciones por lo “sospechoso” de acordar con el oficialismo, desmereciendo el proceso de negociación. Aún cuando sostuvieron ciertas objeciones en la votación en particular. Enfrente, uno habla de deslealtad en razón de la búsqueda de uno tras motivo para sustentar el rechazo al proyecto, obstinación pertinaz siendo que el oficialismo se empeñó en derribar todas esas dudas. Desde que el parlamento no era legítimo para tratar leyes antes de la renovación de diciembre, pasando por el lema de “Ley Telecom”, se terminó por hacer foco en la madre de todos los rechazos, el artículo 161 que contenía la famosa cláusula de desinversión. Era vergonzoso asistir a la búsqueda infructuosa de cualquier resquicio que les valiera la obstrucción a la iniciativa. Se pudo oír que el proyecto en tratamiento no respetaba los 21 puntos elaborados, como marco de referencia, por la Coalición Por Una Radiodifusión Democrática. Curioso: la movilización que hizo el aguante a los legisladores en las afueras del Congreso la noche en que se discutía la norma en el Senado, a punto de sancionarse, fue convocada por la propia organización. Solo faltó que se dijera que también ellos estaban pagos.

La lógica parlamentaria de Resto del Congreso ha sido siempre la misma: de lo que proponga el oficialismo, ponerse en contra. El ítem Fondo del Bicentenario es uno más, siempre ha sido igual, con cualquier tema, aún si formaban parte de las agendas de las distintas minorías hoy agrupadas. Dar y ceder nunca formó parte de las aspiraciones de Resto del Congreso: en la actual conformación senatorial, no son ocho exactamente los lugares que le tocan para las comisiones. Sin embargo, fueron por ocho en todas ellas, aún las de gestión, vendiendo la zanahoria de que en ellas cedían la presidencia –cargo menor en comisiones- al kirchnerismo. Pichetto había reclamado mayoría en solo seis de las doce que comisiones que Resto del Congreso dio en calificar “de gestión”. Nada le dieron. Buscan imponer agenda propia, cosa que no ocurre ni en las repúblicas parlamentarias, en las que la casi totalidad de las leyes surgen a propuesta de los integrantes del ejecutivo.

Si se quiere, se podría homologar el cuadro arriba descrito al debate por la re estatización del sistema previsional, cuando Elisa Carrió batió todos los récords anunciando por TV -indignadísima como es de rigor- su oposición a un proyecto que ni siquiera había sido ingresado en mesa de entradas del parlamento.

Al lado del reclamo por la sanidad de las formas, está el menosprecio por los “levanta manos” del oficialismo. El Senador cordobés Luis Juez, siempre preocupado por aparecer ocurrente, dijo que los senadores “K” parecían modelos de una famosa marca de desodorantes. Curiosamente, el hecho de que Carrió mande a Prat Gay a votar por la continuidad de Redrado al frente del Central –que, a propósito, mereció el aplauso de este comentarista, incorregible devoto de la disciplina partidaria-, no mereció objeción alguna. Alfonso venía con todas las ganas de mandarse un consejo de volteo para con el Golden Boy, a quien tenía entre ceja y ceja, viejos celos de niños que pelean por los pocos mimos que reparte el establishment. Para completar el cuadro, la CC, a instancias de su jefa política, denunció a todo el directorio del BCRA, el cual encabezaba su defendido Redrado, y más que nunca, siendo que había recibido cuantiosas facultades delegadas de parte de sus colegas.

Otro de los vicios de Resto del Congreso, es el de asignar ribetes espurios a cualquier intención oficialista. Y de nuevo viene el efecto espejo con la LdSCA. Aquella vez se deslizó que el oficialismo compró la voluntad de la entonces senadora Dora Sánchez, en una votación que terminó ganando… ¡44 a 24! ¿Cuál hubiera sido la imperiosa necesidad que guiara al oficialismo a hacerse de un voto non sancto, con el consecuente escándalo mediático, vista la comodidad que auguraba el trámite? Ahora se habla de trampas, de que se prometía discutir con amplitud el tema, y resulta que se esgrimen argumentos propios de la doctrina neoliberal para, siempre solapadamente, justificar que se oponen al uso de reservas que es “el ahorro de la gente”. Sin perjuicio de ello, siempre el primer espacio de las quejas es ocupado por los vicios formales en que el oficialismo incurriría. Y ello, cual si en el dictado de un DNU, Resto del Congreso fuera a quedar sin arte ni parte.

Suben los bonos y la bolsa, baja el riesgo país, pero esos indicadores son menospreciados cuando dan bien. Hay las ganas de proseguir en la senda de disminuir la relación PBI/deuda que, a propósito, hasta la (en otras veces) tan ponderada democracia norteamericana, a través de Hillary Clinton, concedió como logro de los últimos años. Se anuncia la coordinación de estrategias entre el BCRA y Economía, para que sea posible continuar con la inyección de dosis virtuosismo al ciclo de crecimiento económico. Resto del Congreso inserta esta polémica en su agenda de tinte gris y aparentemente desapasionada, que uno cree no es tal. Lo ideal, a juicio de este comentarista, sería que se transparentaran las intenciones, los trasfondos filosóficos, que no son reprochables, ni de un lado ni del otro. Pero un reclamo de diálogo y debate sanos, no debería estar alimentado de ningún tipo de falsedades.

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