domingo, 21 de febrero de 2010

Antes que lo tergiversen también a Lula

Finalmente se confirmó que Dilma Rousseff será la candidata por el PT de cara a las elecciones presidenciales que darán el sucesor de Lula en Brasil.

El hecho en sí, es decir el análisis de la candidata de la izquierda, tendrá su tiempo. Quien firma no se siente aún en condiciones de abundar al respecto.

El objetivo de estas líneas es que no ganen la posta los que hace pocos días maniataron a su antojo el discurso de Pepe Mujica.

El recorte hizo que se enfatizara en como el ex guerrillero supuestamente habría entendido que debía domesticarse al poder económico, hecho que se trasluce en el “ponela acá, que acá no te la van a expropiar ni te van a doblar el lomo con impuestos”. Obviaron, descaradamente, el tramo donde hizo alusión a que la decisión de invertir implica tomar riesgos, para luego recordar que hubo demasiado de empresariado rentista en los últimos tiempos.

Para evitar que con Lula hagan lo mismo, a partir de la nota de Granovsky en Página (esta), algunas notas respecto de los dichos del Presidente brasileño.

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Dijo Lula, y es glorioso este concepto “En estos treinta años construimos el mayor partido de izquierda existente en un país democrático (…) en el Congreso no tenemos una pelea fácil, y además de ganar las elecciones hay que ayudarla a Dilma a gobernar.”. Dos cosas al respecto de esto. Primero, queda definitivamente confirmado que Lula no es un partidario del consenso alla Duhalde-Terragno-Cobos, proclive a la cuasi eliminación –antidemocrática, por cierto- de las diferencias programáticas entre las distintas fuerzas partidarias de un país. Lula no se anda con vueltas, soy de izquierda dice, y eso implica reconocerse en las antípodas de otro. Por demás, esto se refuerza en el llamado a ayudar a la candidata si es que triunfa, símbolo de que las peleas, habla de ellas, no son patrimonio exclusivo argentino. Segundo, y en relación a lo último del primer punto, Lula pone en el centro del debate que una fuerza como la suya puede llegar a sufrir complicaciones en el andar. Caramba, no son solo los kirchneristas los que ven piedras en el camino de los gobiernos de la nueva izquierda.

Otra, y a más de uno esta le va a pegar en el pecho diría Leo Mattioli: “Quiera Dios que en el mundo un presidente tenga un vicepresidente como el nuestro. En el 2005 no tuvo un milímetro de vacilación (...)”. Lula se refiere al momento en que las acusaciones por corrupción que sufriera su gobierno le llevaron puesto más de medio gabinete y casi a él mismo a él mismo al juicio político. Alencar, en lugar de jugarla de conspirador, se mantuvo a raya y a la suerte de su grupo. Sentido de pertenencia que le dicen. O coherencia, como el lector prefiera. En todo caso, muy distinto a aquella frase de Cleto Cobos “al campo nunca le fue mejor que ahora”, del 13 de marzo de 2008 (
acá), dos días después de lanzada la 125, cuando se iba armando la rebelión patronal más grande de la historia argentina. Estas sí, y no otras, son las cosas que hacen tener envidia de Brasil.

Luego, en la más contundente, sentenció que “Dilma es la candidata de un gobierno que extendió la mano a Evo Morales, a Hugo Chávez, que comprendió la diferencia con Paraguay y resolvió Itaipú, que tiene que extender siempre la mano solidaria y fraterna. Es la candidata a gobernar un país que no quiere crecer solo. Quiere que la Argentina crezca, que Uruguay crezca, que Paraguay crezca, que crezcan todos.” ¡Vade retro, Luis Inazio! La pregunta para los editorialistas que recomiendan “hacer lo que hace Brasil”, sería si en este ítem también recomiendan homologar estrategias. Siendo que se intenta hacer creer que en Sudamérica, va por un lado Brasil, liderando una corriente que incluye a Uruguay y Chile (se la describe virtuosa, liberal, de mercado, respetuosa de las reglas de juego, la seguridad jurídica, la libertad de empresa-prensa); y por otro Argentina –sería estatista, falto de seguridad para inversores, autoritaria y todo lo que ya sabemos-, junto a Venezuela, Ecuador y Bolivia. No hay tal, dice Lula con su relato. En Sudamérica, a excepción de Peru y Colombia, el proceso es sustancialmente el mismo, las diferencias responden a obvias particularidades que condicionan las estrategias de los distintos presidentes. Son, en general, procesos harto complejos, que la prensa dominante erróneamente intenta simplificar, cuando lleva un buen tiempo entender el tiempo político de indiscutida excepcionalidad y disputa que atraviesa la región. Lo más importante, es la ratificación de las intenciones de continuar andando el mismo camino. Pero mejor que lo clarifique el propio Presidente verdeamarelho, “(…) Nunca en la historia de América latina tuvimos un momento como éste, de candidatos que disputan elecciones y ganan las fuerzas populares, como Chile con Ricardo Lagos y Michelle Bachelet, como nuestra Argentina, nuestro Paraguay, nuestro Uruguay(…)”. No quedan dudas, pues: somos todos del mismo equipo.

Bonus track: “La gente que nació en una ciudad no sabe lo que es una familia levantándose sin agua corriente y acostándose sin luz. Dilma desmitificó la idea de que un país no puede crecer y distribuir.”. Activando sarcasmo: Lula, afloje con la crispación y deje de dividir, aplique diálogo y consenso. Y además, le recomiendo, señor Presidente, leer al Jefe de los diputados radicales, Oscar “Lobo” Aguad. Él vive repitiendo que primero se crece, luego se distribuye. Hágale caso, ¿o es que acaso usted sabe más que él de esto? Desactivando sarcasmo: vaya perogrullada, Lucho.

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En fin, el bloguero cree pertinente hacerse eco de una consigna clarinista, que reza algo así como “La realidad se puede tapar o se puede hacer tapa”.

Uno pide permiso, reformula el lema, y dice “La realidad se puede recortar”.

Saludable discurso de Lula, poniendo blanco sobre negro que estamos hablando de ideología, de política, de disputas concretas de poder. Es eso, y no otra cosa.

A juicio de este teclado lo más destacable, tanto de la ocasión de la elección de Rousseff como de las palabras de Lula, es el hecho de cómo está presente en el PT la política, pura y desplegada en acción concreta. Es bueno tener en cuenta el ejemplo de Lula y de todo el PT, pero en ese aspecto, y no en lo que se quiere hacer creer que son sus relaciones con el empresariado del establishment.Tal vez, o más bien, casi con seguridad, uno intuye que al gobierno le esté faltando más de lo primero que de lo segundo.

1 comentario:

  1. El problema de Dilma, según veo, es el de su presencia, por eso creo qeu va a ser determinante la actuación de Lula.

    A veces yo desco´nfío un poco de las aspiracions brasileras en el Continente, pero hay que decir que no son otras que las de cualquier país, con una sola diferencia, Brasil es quien relamente puede llevar el liderazgo en al Región, y por el bien de todos hay que favorecer eso y esperar que el PT vuelva a triunfar.

    Ojalá se de lo qeu lula sugirió de luego dedicarse a la Región.

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