martes, 5 de enero de 2010

Sincerar el debate entre lo público y lo privado

La estrategia de una nación en materia económica, debe –o debería- ser decidida por el pueblo, a través de sus representantes democráticamente elegidos. El posteante supone que no hay –o no debería haber- discordancias en torno a ese punto.

En función de ese rezo, los distintos gobiernos habrán de considerar las formas en las que el estado (al cual transitoriamente representan) interviene, a los fines de encauzar el rumbo determinado.

Si es un modelo de gestión directa, si es un modelo de gestión privada, si se opta por regular más o menos a las fuerzas que intervienen en determinado mercado (o más importante, a que fuerzas); todo será definido en base a un objetivo previamente establecido. Por todo eso, lo primero que se debe encarar es la elección del tipo de modelo que se quiere configurar.

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Alguna vez, Raúl Alfonsín, en diálogo con Daniel Hadad, le decía al periodista que si uno consultara al mercado sobre si había que construir casas para pobres, el mercado diría que no, pues lógicamente eso no era rentable. Pero, no obstante –continuaba el extinto líder radical-, el estado no puede dar la espalda a todos aquellos a quienes el mercado de la construcción de casas no contempla.

Esa es, quizá, una buena forma de empezar el debate. Determinar las prioridades a atender, y preguntarse si esas prioridades están siendo lo debidamente contempladas, antes de definir si el estado va a intervenir, y como, en la marcha económica.

Durante la campaña previa a las últimas elecciones legislativas, el Jefe del estado capitalino, Maurizio Macri, abogó por la re privatización de numerosas empresas prestatarias de servicios públicos (AA, entre otras, pero también el sistema previsional). Su punto era que el saldo deficitario que estas arrojaban, generaban un desquicio de gasto público (en sus palabras), que tornaban imposible abarcar debidamente el gasto social y el saneamiento de las cuentas públicas.

Quien mejor le contestó, a juicio de este escriba, fue el sociólogo Pablo Alabarces, quien se preguntó por que debían las empresas del estado generar plusvalía. Agregó, en ese sentido, que con ese pretexto debieran privatizarse también hospitales, escuelas, tribunales.

Es que Macri colocó el debate en un punto falaz. Más allá de que alude a un caos que no existe como tal en las cuentas públicas nacionales. El ¿líder? PRO seguramente dirá “pregúntenle a ´lagente´ si está de acuerdo en gastar ocho millones por día en avioncitos mientras hay 40% de pobres”. Claro, induce indebidamente. Esa no es la pregunta. Desde luego que cualquiera en su sano juicio optaría por destinar tamaña cifra en acabar con la pobreza y la indigencia.

Pero Macri sabe muy bien que la adopción de un modelo de gestión privada no significó que el dinero que se ahorraba fuera redireccionado a encontrar la solución al hambre. Más bien todo lo contrario: pocas veces en la historia se conoció una construcción de pobreza peor que la de los años en que imperó la gestión privada de los servicios. ¿Entonces? Hay que preguntar de otra forma: “¿usted estaría de acuerdo en que el estado se quede de brazos cruzados mientras la gestión privada de aviación elimina destinos de sus programas de vuelo solo porque ellos no son rentables?”.

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Sería interesante encauzar el debate entre lo público y lo privado desde una mayor sinceridad. Reconociendo, por ejemplo, que la dicotomía público-privado, no es falsa. Aquí no se ha dado respuesta alguna, sino que se ha intentado ofrecer un marco básico de discusión más intelectualmente honesto.

Sería sano, además, no vender falsas expectativas. Una cosa es aspirar a una gestión económica sana. Otra, muy distinta, incitar a que la acción del estado opere en función de los intereses mas fuertes que participan en la economía. Proponer su retiro de la economía, al tiempo que se pide dejar el libre juego entre iguales que no lo son, sin que le quede más por hacer que encargarse de la seguridad de determinados intereses (patrimoniales), está bastante alejado de aspirar a la mejora de la vida social. Y es también una cuestión, esa, ni más ni menos que de ideología.

2 comentarios:

  1. Naturalmente la pregunta correcta es Cual de las alternativas o que proporción de mix aporta en forma mas efectiva al bienestar general.

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  2. Sin duda, Pablo D, de que se trata de una postura ideológica: ¿a qué tipo de intereses responde el rol de un Estado que se hace cargo de una empresa de aviones -con sus millones de pasivo a cuestas- y no es capaz de desarrollar políticas a largo plazo de distribución? ¿Por qué no se ocupa de nacionalizar los puertos, gravar las finanzas, reducir los impuestos regresivos, por ejemplo? Ahora, si el debate se trata de ser más izquierdistas que Macri... Saludos! Germán.

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