lunes, 25 de enero de 2010

Cuando La Nación se la jugó por un programa económico

Es muy recomendable –y sano, además- que cuando alguien dice algo uno vaya a ver porque lo dice, o desde donde. Porque todo posicionamiento, está motivado en algo. Y los que tienen que ver con la política y/o la economía más aún.

Este año se inició con el debate por el Fondo del Bicentenario para el desendeudamiento y la estabilidad, anunciado por CFK el 14 de diciembre de 2009. En esta puja se han puesto en tela de juicio cuestiones tales como el grado de independencia del BCRA, su ubicación en el sistema institucional en razón de la naturaleza jurídica de su carta orgánica, las posibilidades que tiene un Presidente de la Nación de remover al jefe del Central, y el grado de sujeción o no que este último le debe a aquel.

Muy en particular, el diario La Nación viene efectuando lo que alguna vez fue denominado como noble tarea de calentamiento de cabeza, en pos de que el oficialismo efectúe un ajuste sobre las espaldas populares (
acá, acá, acá, acá, acá) . Supuestamente, el gasto público estaría desorbitado. Asimismo, se cuestiona el hecho de que tanto la constitución del Fondo, así como también la remoción que la Presidenta intenta con Martín Redrado desde que este decidió desconocer la medida adoptada por el ejecutivo, hayan sido decididos por medio de sendos DNU.

Vale decir que el DNU es una herramienta consagrada por la CN, desde que a esta se le efectuó reforma en el año 1994, por medio del inciso 3º del artículo 99. Y que fue el kirchnerismo, con la sanción de la ley 26.122, quien saldó una deuda (de doce años) con dicho artículo de la Carta Magna, que manda trámite parlamentario para examen del DNU, a posteriori de su dictado.

Asimismo, si es que acaso el mercado puede ser tomado en cuenta como termómetro de las acciones que se toman, pues no podrán valerse de él quienes se oponen a la conformación de la herramienta para el desendeudamiento, siendo que cuanto indicador quiera uno observar desde el día posterior al anuncio de la Presidenta de creación del Fondo, hasta que se armó el Redrado gate, fueron altamente positivos.

Pero volviendo a La Nación, a este bloguero se le dio últimamente por revisar las ediciones correspondientes a aquellos días en que se anunciara uno de los más grandes ajustes de que se tenga memoria en Argentina: el plan López Murphy, durante el gobierno de la Alianza. ¿Qué dijo La Nación de todo aquello? De esto se trata.
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López Murphy fue designado el 4 de marzo de 2001, en reemplazo del quien fuese primer jefe de hacienda, José Luis Machinea, renunciado por reconocer que no podía hacer frente a la crisis recesiva que por esos días azotaba a Argentina.

La Nación anticipaba, en su edición del día del día lunes 5, que se esperaba del nuevo ministro
(acá): "De él se espera que tome la posta de las medidas que su antecesor, José Luis Machinea, anunció pero no pudo hacer realidad: disciplina fiscal, poniendo el acento sobre el déficit público generado por las administraciones provinciales y municipales; mejora de la competitividad empresarial por medio de reducciones impositivas y de cargas patronales; mayor apertura económica y desregulación, y aumento de la recaudación de impuestos”.

Y avanzaba con un concepto revelador: “la diferencia sustancial con Machinea es que los mercados lo ven como uno de los suyos, con mayor credibilidad y ejecutividad para concretar las reformas anunciadas. En cambio, los mercados jamás vieron al titular de Hacienda saliente como alguien del palo”. Ejemplo gráfico de quien realmente gobernaba en Argentina por aquellos tiempos.

Aquí, una radiografía de las voces a favor de su llegada. No obstante, ya se advertía que el socio principal de la coalición gobernante, el Frepaso, ponía reparos a la convocatoria del nuevo ministro, en razón de que, temían, ”lleve a la práctica otro ajuste en la administración pública, lo que no estaría alejado de algunas de sus afirmaciones del pasado (fue quien recomendó, en plena campaña presidencial, bajar los sueldos de los empleados públicos)”.

Pasó la jura del ministro, persistieron las dudas en torno a que respaldo político haría de plafón a lo era un secreto a voces:
se venían recortes. Y gruesos. ¿Quién lo pedía? El FMI, obvio. Días después de designar a Murphy, se producía también un cambio en Desarrollo Social, donde Meijide resignaba su cargo a favor de Marcos Makón. Crease o no, Makón, contador público de profesión, era designado en razón de que, ”es un experto en presupuesto. Optimizar el gasto público es una de sus especialidades. Es un hombre de confianza del ex vicepresidente. Cultiva el perfil bajo y no es un político tradicional, sino un técnico”. Todo un símbolo de aquellos días.

No llegaron las medidas en la semana de la asunción de López Murphy, no obstante. De todos modos, La Nación ya anticipaba lo que sería su postura en
este editorial, del que se destacan pasajes como: “Ha crecido por lo tanto el consenso sobre la necesidad de una reforma integral de la administración pública (…)”; “La reformulación del Estado, pues, debe instrumentarse cuanto antes. Lo mismo debe decirse respecto de la reforma del sistema de coparticipación federal de impuestos y de la revisión del pacto fiscal con las provincias, al que es necesario introducirle metas y condiciones más ambiciosas (...)”. Aquí, Grondona aportaba su inconmovible granito de arena, y aquí, se movía el piso para completar el menú con Cavallo en el BCRA (después del sismo generado por el plan LM, en la Alianza querrían meter a Mingo como Jefe de Gabinete, llevando a Colombo a Interior e intentando mantener al bulldog en economía). Lo que se intentaba era armar el equipo más potable para los mercados y el establishment financiero internacional.
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El lunes 12 asumía en su totalidad el equipo económico que acompañaría a López Murphy. Y en lo que es un sello de aquella época, la nota que evoca la ceremonia se titulaba “Temor por la influencia de la política”, en la que se menciona la opinión de diversos “notables”, a favor de los nuevos mandamases económicos (ver). En clave antipolítica, como no podía ser de otra manera aun tratándose de los finales del reinado del Consenso de Washington, con sus “logros” ya lo suficientemente evidenciados.

Seguíamos
con pedidos del FMI, tales como “volver a encarrilar el programa que le dio acceso al blindaje financiero”. En tanto la espera se hacía de chicle, y aparecían nuevas resistencias, como a la privatización del BNA. El rechazo de la oposición sería clave en los días siguientes. De La Rúa algo intuía, pero sin que desde el diario de Mitre lo tildaran de propiciar obediencia debida hacia dentro de sus propias filas.

Pero no tendría mucha suerte. Sus ministros y demás hombres de su gobierno ya aparecían poco dispuestos a jugarse por un plan de híper ajuste como el que se manejaba que presentaría López Murphy (
aquí y aquí se puede ver).

Un punto interesante de lo que se manejaba por aquellos días, es que entre los recortes a efectuarse figuraban las transferencias del poder central a las provincias. Tanto que hoy se habla de que el gobierno K “ahoga el federalismo”, en cambio las versiones que auguraban ajuste a los fondos que recibían por aquellos días las provincias recibían títulos ajenos a toda valoración:
“El ajuste en las provincias será de $ 1000 millones”.

El panorama pintaba flojo de apoyos para López Murphy y sus planes económicos desde casi cualquier costado del arco dirigencial. No obstante, La Nación prefería en aquel momento hacer oídos sordos al famoso consenso que requiere cualquier medida, según ellos, y poner todas sus fichas editoriales a festejar y recomendar el
futuro ajustazo.
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Llegaba el día en que se anunciarían las medidas. El viernes 16. Las noticias, tanto en la sección política como economía, seguían la misma línea discursiva: ajenas a toda valoración. En realidad, la larga espera hacía todo muy repetitivo. Todos los días se recrudecía el clima de tensión interna en la Alianza (1, 2 y 3) y el entonces ministro de educación, Hugo Juri, amenazaba con renunciar si se daba el recorte que finalmente se daría (acá). El editorial del día 16, en cambio, ubicaba la posible resistencia al nuevo plan en que “recelan de los efectos que una política de achicamiento y reorganización del sector público pudiera ejercer sobre el ánimo del electorado en los comicios de octubre próximo”. Agregaban que ”Los argumentos empleados por numerosos políticos para defender la permanencia de estructuras y presupuestos que son administrados directa o indirectamente por ellos mismos o por sus pares contribuyen a que la asignación del gasto público siga siendo desordenada, irresponsable y defectuosa”. El mejor resumen de sus consideraciones es este: “La Argentina necesita hoy, y con urgencia, aplicar una política que venga a enderezar las cuentas públicas. Parece posible (aunque no son muchas, a primera vista, las alternativas disponibles) discutir sobre la forma de hacerlo, pero no hay duda de que el crecimiento ilimitado de la deuda pública no es un camino accesible ni sostenible a mediano plazo, por muchas dispensas que conceda al país el Fondo Monetario”. Es decir que se dejaba de lado el hecho de que, a las ya menguadas cifras que en cuanto ítem social se quisiera uno imaginar se le pretendían imponer nuevas quitas. Se las vendía como el único camino posible, un clásico, y se desestimaba cualquier salida de la convertibilidad o que el ahorro se descargara sobre otros sectores que no fuesen los populares.

Pero hay algo todavía más curioso. Al inicio de este texto, se consignaba que uno de los motivos por los cuales recibe objeción la decisión de Cristina es que se haya tomado por decreto, puesto que en el sancionado presupuesto ya estaban incluidas las partidas a los fines de efectuarse dichos pagos. Pero resulta ser que el plan de López Murphy también se dio por decreto, y también ese decreto modificaba partidas aprobadas por el parlamento en el presupuesto. Sin embargo no merecía ninguna objeción en la
crónica del día 17 que informaba al respecto, titulada “Ajustan por decreto $ 1860 millones del gasto público”. Nada de caos republicano, avasallamiento a las instituciones, ni cosas por el estilo. Frases como ”Ante el incumplimiento de las metas fiscales del primer trimestre, se ejecutarán por decreto recortes en las partidas destinadas a las universidades nacionales, las provincias, la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE), el Congreso, programas de los ministerios de Economía y Salud, y las cajas previsionales de las Fuerzas Armadas, entre otros”, nos dicen que el doble estándar funcionaba a pleno: cuando de obedecer al FMI se trataba, el derecho constitucional (y Sabsay, Badeni, Loñ), no importan nada.

Una pluma siempre bien dispuesta a la justificación ideológica de la derecha, Roberto Cachanosky, sentenciaba, haciendo un
análisis de los anuncios, “aquí no hay ninguna posibilidad de un blindaje II y la reducción del gasto es inevitable”, y “Técnicamente el plan es viable, ahora el futuro depende del comportamiento de la dirigencia política”.

Otro valor vedette de los tiempos actuales, el famoso consenso, era también dejado de lado, en cuanto el viceministro de López Murphy, Daniel Artana –cuadro del grupo FIEL- declaraba que
“Un plan políticamente viable, mantiene la recesión”, dejando de lado, subestimando, menospreciando casi, la importancia de que las medidas recogieran más voluntades que las del propio gobierno.

La propia bajada del diario,
día 18 de marzo ya, era aún mucho más explícita:

- “Los sectores afectados por este inevitable programa de saneamiento de las cuentas públicas deben tener la suficiente lucidez para advertir que sin la ejecución de las reformas que el Gobierno ha resuelto instrumentar será imposible que la Argentina recupere la salud económica y vuelva a tener la competitividad y la capacidad productiva necesarias para reinsertarse en la senda del crecimiento”.

- “corresponde exigirle a los legisladores -cualquiera que sea la bancada de la que formen parte- que se coloquen a la altura de sus responsabilidades institucionales e históricas”.

Como se puede observar, según la particular mirada de LN, se pueden admitir las presiones de parte de un matutino a legisladores de la República, más no es tolerable que lo haga el Presidente de un partido político sobre los integrantes de dicha fuerza.

Más profundos, en el
editorial del día 19, cuando asomaba ya la incorporación de Cavallo (como Jefe de Gabinete, no como Ministro de Economía, donde planeaban mantener a López M), ofrecían una visión distinta de la que hoy tienen sobre los mal llamados superpoderes: “La posibilidad de que el Poder Ejecutivo reclame del Congreso una delegación de facultades -invocando la emergencia pública prevista por el artículo 76 de la Constitución- podría ser uno de los instrumentos adecuados para la dinamización de los cambios que se reclaman”. E insistían en que “sin una acción de reordenamiento fiscal como la que ha anunciado Ricardo López Murphy será muy difícil que la economía argentina consiga salir del estado de postración en que se encuentra”. Admirablemente, quemaban lanzas aún ante la monumental y generalizada crispación que habían provocado las medidas del ministro cara de perro. Claro está, quienes estaban crispados entonces no forman parte del seleccionado de protegidos por ese matutino.
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El resto de la historia es más conocido. López Murphy terminó renunciando, vacío de poder y consenso; Cavallo, tras desecharse su incorporación como Jefe de Ministros (con pase de Colombo a Interior y división de Economía en Hacienda y Producción bajo su control tácito), finalmente fue el nuevo Jefe de los números, permaneciendo Colombo en la cumbre ministerial, tras que De La Rúa se negase colocar allí a Chacho Álvarez. De más está decir que La Nación, editorial del día 20, llenó también de elogios al pelado de ojos claros que regresaba al cargo desde el cual había erigido el modelo neoliberal argentino, y que también bajo su mando moriría a fines de ese año. Y, pertinaces cual le critican a Kirchner, apretaban los dientes a por el sostenimiento del ajuste,

- “(…) es altamente saludable que el Presidente convoque para las más altas esferas del poder al economista que fue protagonista decisivo de los principales cambios estructurales de la última década y cuyos merecimientos son ampliamente reconocidos en el país y en el exterior”.

- “Al margen de que algunas medidas impulsadas por López Murphy puedan discutirse, sería irracional cuestionar los fundamentos y los objetivos de disciplina fiscal que contiene la propuesta de su equipo económico”.

- “Sería importante que los cambios en el gabinete de ministros no echen por la borda muchas de las ideas del equipo liderado por López Murphy para eliminar todo gasto público improductivo”.

El del día 21 ya rozó lo gracioso:

- “¿Acaso quienes resisten el ajuste pueden justificar que la Legislatura de una de las provincias más pobres de la Argentina, como Formosa, tenga un costo superior al del cuerpo legislativo de la provincia alemana de Baviera, cuya riqueza es 176 veces mayor a la del distrito argentino? ¿O están en condiciones de defender una estructura educativa que deriva un 29 por ciento de su presupuesto a tareas administrativas, cuando en los países de la OCDE tales erogaciones apenas promedian el 12 por ciento?”. Casi como niños lloraban porque sus ideas no eran comúnmente aclamadas, sino más bien todo lo contrario.

El día 22, un homenaje a Lopez Murphy:

- “(…) la renuncia de López Murphy, al igual que la de sus colaboradores, no debe ser considerada como un mero trámite administrativo. Por el contrario, representa un genuino acto de servicio que es de esperar que sea reconocido y valorado por la ciudadanía cuando el tiempo y la historia permitan formular un juicio desapasionado sobre los vertiginosos acontecimientos vividos recientemente”.

Y la justificación de la concentración de poder:

- “(…) nunca como ahora, el Ejecutivo se "juega" en cada decreto y en cada nombramiento”.

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Este escribidor ha dicho por aquí muchas veces que el diario La Nación es merecedor del mayor de sus respetos. Lo reafirma, ahora, en base a las mismas razones que siempre ha esgrimido para sostener tal cosa: La Nación juega a favor de una ideología. No la va de –Carlos Raimundi dixit- sacrosanto transmisor de la realidad, sino que se asume militante a por la defensa de un modelo determinado. No se la da de objetivo o ascético como Clarín, no se para en el centro, sino, bien definido, en determinado lugar. Es una derecha que no tiene vergüenza de decirlo. Intelectualmente honesta. Tanto que Mitre lo fundó para ser “una tribuna de doctrina”. Y es desde ese lugar que vive hace más de cien años. No es poco. Y está perfecto que así sea.

Este trabajo lo que ha intentado no es denostar el ideario que guía cada letra que se escribe en la tribuna de la derecha. Sino, más bien, a lo efectos de intentar aportar elementos a favor de quienes postulamos que nadie escribe o dice algo porque sí. Que los hechos pueden ser vistos desde más de un lugar, y que pueden, y de hecho son, construidos en base a los principios rectores que cada uno trae desde previo.

Ya vemos que La Nación, cuando está convencido de que determinadas medidas son convenientes, y es respetable que piensen así, no duda en ofrecer toda su batería argumentativa en cuanto pueda ofrecerle a favor a las mismas. O en ocultar lo que, ahora, con decisiones que le resultan desagradables, presenta como avasallamientos constitucionales, legales y/o morales insalvables.

La objetividad, por fin, es algo que no existe. Pura utopía. Queda claro también porque, con todo el derecho del mundo, se oponen a cuanta medida propone el actual gobierno nacional. Y mucho más ostensible, aún, que todo lo que hubo antes del kirchnerismo y los tiempos actuales, no es lo mismo.

8 comentarios:

  1. No tengo ningún otro comentario que decirte: excelente trabajo! (Aunque me salió tipo maestra de cuarto grado, jeje) Salu2!

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  2. Para pararse y aplaudir el post, che.
    Excelente.

    Debe haber sido un viaje, además, transitar nuevamente la historia de esas dos semanas. Todavía recuerdo la tensión que viví en esos momentos.

    A mi también me parece respetable la posición de La Nación, con un ideal claro, aunque no lo comparta. Eso sí, sacan chapa de respetuosos de la Constitución y las formas republicanas pero cuando las transgresiones de forma no van dirigidas en su beneficio.
    Si en lugar de Redrado se hubiera atrincherado, ponele, Moreno en su oficina lo tratarían de subversivo mtpista que atenta contra la democracia, mínimo. Y si mañana los congresistas de la Oposición decidieran "autoconvocarse" y sesionar, sería en defensa de las instituciones y las sacrosantas reservas.

    Un abrazo, Pablo.

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  3. Resentido Común: Gracias, no importa como quedó el comentario, basta la intención.

    Ricardo: Gracias, me lo rompí bastante la verdad para hacerlo. Desde que terminó la facu y ando al divino botón que me vengo sumergiendo en las ediciones anteriores de los diarios de esos días. Es increíble y muy rico el período de la Alianza para los que nos cabe estudiar las disputas de poder: constantes cambios ministeriales, formarciones y reformulaciones de alianzas de poder, predominio de la economía en cuanta desición se tomase. Vos fiajte el primer gabinete, cuatro economistas: Machinea en la propia cartera de números, Lopecito ¡¡¡en Defensa!!!, Llach ¡¡¡en educación!!!, Giavarini en cancillería -esto es más normal, aunque yo no concuerde el criterio. Después sumaron a Colombo en la JGM -igual a Colombo lo banco, hizo lo que pudo, casi lo más rescatable de ese engendro que fue la Alianza-; quisieron poner ahí a Cavallo y pasarlo a Colombo a Interior; Bastos en Infraestructura; Caro Figueroa vicejefe de gabinete. Apasionante período, más neoliberal que Menem, admirables, no cualquiera logra eso. Recorte y recorte, descuentos en desarrollo social a un cuarto de su presupuesto, querían pasar educación a desarrollo social, justicia a interior. Increíble. Pensar que si tenían huevos y devaluaban quizá aún los teníamos dando vueltas.

    LN no es ni más ni menos que un actor con intereses, respeteble por sincerarlos, que construye su discurso de respeto institucional como le conviene. Si yo acepto que derecho, mi carrera, nadie tiene la verdad (el famoso fifty de biblioteca para cada postura) no puedo no aceptarles que interpreten la CN en cuanto les convenga. Eso sí, que no me nieguen a mi, a vos, a quienes no coincidimos, a lo mismo.

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  4. Pablo,

    Me pareció un buen resumen de lo que fueron esos 15 días. Sin embargo pienso que muchas de las propuestas que planteaba LM eran y siguen siendo necesarias para la reconstrucción del Estado. LM propuso un recorte de 2000 millones dólares. Si si hubiese cumplido a raja table la peor crisis de nuestro país podría haberse evitado. Cavallo luego propuso 6000 millones y volamos en pedazos. La historia debería darle revancha a un republicanocomo López Murphy, decente, capaz e inteligente. Una cosa es gobernar con el viento a favor, y otra muy disitnta es gobernar luego de 10 años de menemismo, el país sin crédito, y el viento de frente. Hay que reflexionar un poquito más con LM.
    MAX

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  5. Maxi: Son formas y formas de ver las cosas. Yo, particularmente, pienso que para lo único que sirivieron ambos, LM y Mingo, fue para hacer más dolorosa de lo que fue la devaluación que terminó por llevar a cabo -desordenadamente- Duhalde. Y lo de republicano lo podemos discutir largo y tendido. Aparte de lo que aquí recuerdo, el ajustazo por decreto, tenemos su participación en las elecciones de 2007. En aquella ocasión, dudó hasta último momento entre, además de presentarse como candidato a Presidente, postularse a senador por la Ciudad de Bs. As. o -lo que finalmente hizo- diputado por la provincia de Bs. As. O sea, no solo doble candidatura (lo cual necesariamente implica que una de ellas sea "testimonial"), sino que, también, implicó un doble juego distrital, tanto que se preocuparon algunos por la residencia con la candidatura de Néstor para diputado por la Provincia de Buenos Aires.

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  6. Pablo, En el 2007 Carrió le ofreció hacer una alianza a López Murphy. LM debía bajarse de la presidencial para ir como primer candidato a senador porteño. Ese era el ofrecimiento de Carrió, con la obligación de que LM terminara su relción con Macri, y se meta de lleno en su territorio político, la Capital.
    Por una cuestión de principios, de lealtad, de valores, LM no hizo el acuerdo con Carrio -que claramente lo favorecía- y mantuvo su palabra con Macri. Luego, despúes de todas las maniobras de Macri, LM terminó su alianza con el PRO post elecciones. Prefirío cumnplir con su palabra, cavar su tumba política, en lugar de obtener un resultado mucho más importante. Hoy se´ria Senador y uno de los principales referentes de la oposición.

    Por otro lado, seguís sin entender el plan de López Murphy, que no sólo era de recorte, sino que fue el último intento de hacer un reforma del Estado seria en la Argentina. Propuso anular las jubilaciones de privilegios de dipútados y senadores!!! jajaj y lo comparas con Mingo? En el próximo post paso el verdadero Plan del 2001, no el que publicó Clarín, que al contrario de La Nación, le luchó y le jugó en contra.

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  7. Con respecto al Plan de López Murphy sobre el recorte presupuestario contra partidas del Ministerio de Educación –como se difundió periodísticamente- es falso. Recomiendo leer las págs. 20 y 21 del libro “Impuestos y Pobreza” del Dr. Antonio I. Margariti, que trae el siguiente esquema sobre el mencionado Plan:

    Ajuste de Gastos Públicos Presupuesto 2001

    1. Eliminar becas y subsidios otorgados por diputados y senadores nacionales.
    2. Abolir, salvo invalidez, las pensiones graciables otorgadas por legisladores.
    3. Traspasar al Tesoro Nacional el aporte a diversos “Entes cooperativos”
    4. Cancelar partidas destinadas a operaciones políticas de la SIDE
    4. Reducir aportes del TN. a la Caja previsional de las FF.AA
    5. Derogar programas superfluos en el Ministerio de Economía de la Nación
    6. Suprimir transferencias de fondos políticos al rectorado de la UBA
    7. Hacer incompatible el cobro simultáneo de sueldos y jubilaciones en el Estado.
    8. Anular subsidios y transferencias a los privatizados Registros Automotor
    9. Pagar en 12 cuotas el retroactivo de las altas jubilaciones
    10. Terminar con las cajas políticas del Anses y del Pami
    11. Ceder al TN las utilidades de la Administración General de Puertos.
    12. Liquidar programas superfluos en el Ministerio de Salud
    13. Racionalizar la estructura burocrática del Ministerio de Educación
    14. Rebajar envíos discrecionales y políticos de ATN a las provincias
    15. Extinguir el subsidio al gas patagónico
    16. Endosar al TN el fondo especial de Salto Grande
    17. Afectar al presupuesto escolar el subsidio a la industria del tabaco y las naftas patagónicas
    18. Declarar la emergencia jubilatoria, eliminando jubilaciones de quienes falsificaron antecedentes, no hicieron aportes o no tenían la edad requerida
    19. Establecer un salario mínimo para percibir asignaciones familiares
    20. Eliminar exenciones en ganancias especialmente derechos de autor en CBA, utilidades de cooperativas y fundaciones políticas.

    Este plan hubiese cambiado la historia de la Argentina. Me llama la atención que defiendas la devaluación -65% de pobres en 2 meses-, porque recuerdo perfectamente a Néstor Kirchner defender la convertibilidad, la estabilidad económica y política del gobienro de Menem. EL más menemista de todos!! Y nos hizo creer que estaba en contra de Menem y del FMI, cuando Parrilli, Critina, compañía, votaron la venta de YPF. Yo no me comí el sapo

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  8. Pablo me parece que Maximiliano te cerró el pico. Ojo, a mi también!

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