domingo, 27 de diciembre de 2009

No es boludo, pero igual no sirve

Parece que al niño Maurizio le van soltando la mano (ver sino acá –Pagni, muy revelador-, acá –García, entre homofóbico y espantado-, acá –Grondona, decepcionado-).

Está claro, la versión empresaria de la política, es eficiente para vender, pero tiene limitaciones a la hora del barro. El “le pedimos disculpas, estamos trabajando”, de Rodríguez Larreta, puede servir cuando se trata de que no pudieron tapar un bache, o que un semáforo no funciona; pero se queda en pampa y la vía a la hora de la política en serio, profunda, estructural.

Un tipo que, como Posse, se animó a verbalizar lo que es el macrismo sin pedirle permiso a Durán Barba, exhibió los límites del relato macrista.

Y para peor, sus socios están en una encrucijada. Su niño mimado no puede, no sabe, y encima puso a uno que habló más de lo que debía. Los puso en evidencia: represión, mano dura, justificación de la dictadura (de esto ya hubo cuando el propio Macri vivó a Cacciatore). Y eso no conviene.

Sin embargo, le exigen a Macri algo más que el relato cool, edulcorado y buena onda de muchachos como Peña y Michetti, que hablan mal y hacen peor; y tampoco ya alcanza con un tipo que te acerca el libro de quejas y te toma el reclamo, como Rodríguez Larreta.

De modo que Macri está en un big problema. Ser de derecha, sin reconocerlo (o, al menos, sin hacerlo en su totalidad) pero a la vez encontrar un esquema, cualquiera sea, que exprese un plexo programático definido. Pero ya no empresarial, sino político.

Acá hace unos días se preguntaban si Macri era o no boludo. Claramente no lo es. Un boludo ahí no llega. Lo que tiene es una torpeza incomparable, propia de un flaco que no entiende de los obstáculos que la sociedad, el sistema, el esquema, o como se le quiera llamar, le impone a sus administradores. Así de fácil.

Para hacer política, hay que saber. Y Macri no sabe. O hay una parte que no la sabe, una de dos. Por lo visto, hay que reconocer que en campaña anda. Y quizá sea porque las campañas, marketing mediante, se asemejan al mundo de donde proviene. La gestión no, y ahí hace agua.

Porque no todos están dispuestos a pretender que nos podemos poner de acuerdo en todo, re lindo, re bien y sin problemas, porque nos queremos todos, como dice Gaby. Porque no nos queremos todos, porque peleamos por cosas distintas –y, a menudo, irreconciliables-.

Porque tampoco queremos aceptar que el estado significa una mesa de entradas tipo Mac Donalds, donde uno pide algo que sale automáticamente, desconociendo que cada decisión que se toma, por mínima que sea, implica asumir posiciones en un debate sobre la vida misma.

En eso anda Macri. Sin poder admitir todo lo de derecha que es. Pero sufriendo reclamos de socios que le van indicando que con un Durán Barba encuesta de imagen en mano, un “estamos trabajando para usted”, y cara de buena onda, no alcanza. O sea, anda en un lindo kilombo, del que tiene que salir cuanto antes si no quiere morir entre General Paz y Puente Pueyrredón. Pero, por lo visto, ni idea tiene de cómo hacerlo.

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