lunes, 14 de diciembre de 2009

Gracias, Posse, muchas gracias

Abel Posse es sapo de otro pozo en el macrismo. No por la esencia de su pensamiento, brutalmente expresado en estos últimos días. En ese sentido esta hermanado con el Jefe de Gobierno. No obstante, las distancias con el resto de PRO, y con el propio Macri, no son para nada despreciables.

Podríamos fundamentarnos en que, guste o no, y a diferencia de la casi totalidad de sus nuevos compañeros, Posse es un tipo instruido, leído, formado.

Pero es otra la cuestión en la que difieren macrismo y Posse: el estilo para expresar lo jurásico de su tronco intelectual.

En el macrismo se hacen denodados esfuerzos por llegar a los mismos objetivos represivos y antidemocráticos desde una construida fundamentación de “sentido común”, ascética y –por ello- presuntamente más ejecutiva. Para muestra vale un botón, revindicar a Cacciatore porque hizo una autopista, como si el hecho de que formara parte de una banda de asesinos y rematadores del estado formara parte de una circunstancia menor. “No es que nos guste más o menos lo que hacemos, es que no hay otro modo de hacerlo. Es esto lo racional”, podría rezar un panfleto imaginario redactado por Jaime Durán Barba. Posse, en cambio, se asume partidario de su pensamiento a partir de la repugnancia que le causan las posturas contrarias a la suya. Es decir, Posse asume que hay otro mundo, un mundo que Macri pretende ignorar o hacer como si no existiera, mientras que el nuevo ministro pretende destruirlo.

Por otro lado Posse es capaz de sostener su pensamiento retrogrado y cavernícola sin que se le inmute un músculo de su adusto rostro; sin filtros ni defecciones de ningún tipo; y, sobre todo, sin que nadie le indique ni una coma de su relato.

Todo lo contrario de los impostados gestos de cachorro abandonado de Gabriela Michetti, quien ostenta la proeza de haber llegado adonde llegó sin mayores méritos que el de mostrarse “piola”, “buena”, “canchera”. Y sobre todo, usufructuando hasta límites insospechados una lamentable desgracia personal, que parece blindarla, hacerla inmune a cualquier crítica que pudiera hacerse a su nulo talento político o intelecto.

Que decir de del niño Maurizio, incapaz de aparecer frente a una cámara sin previamente consultar a su alma mater Durán Barba. Sediento de las respuestas de casette que el ecuatoriano hábilmente confecciona y que el alcalde estudia al pie de la letra: resulta vergonzoso presenciar sus apariciones, donde es ostensible que recita de memoria.

Cabe dudar, entonces, cuanto pueda durar Posse en su nuevo cargo. Ideológicamente, representa casi el ideal al que Macri aspira. El problema es que Posse no niega que lo suyo es ideológico, ni los conflictos, esos con los que ya amenazó a los sindicalistas docentes. Demasiado para un gobierno como el porteño que aspira a funcionar como oficina de atención al cliente, donde no cabe la más mínima posibilidad de agitar confrontación, prueba de ello las innumerables marchas y contramarchas casi sello de la gestión iniciada en 2007.

Si tan sólo Posse pudiera encontrar una forma de limitar su incontinencia militante para, en silencio, intentar articular lo que por ahora son meras expresiones de deseo, otro sería el cantar. Pero no. Él -y esto hay que decirlo, gracias a dios- forma parte de una derecha pre muro: orgullosa de serlo. Macri en cambio forma parte de una derecha que siente vergüenza de serlo, y que cree poder engañar disfrazando de criterio empresarial sus declaraciones de principios.

Afortunadamente existen tipos como Abel Posse que ponen, blanco sobre negro, que no existe una verdad única. Que no somos todos amigos, ni pensamos igual, ni tenemos por que hacerlo. Que estamos en veredas distintas. Que el cuento de la gestión eficiente es eso, puro cuento. Que Macri es de derecha. Y sólo por eso, hay que agradecerle.

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