lunes, 7 de diciembre de 2009

Elecciones en River, 6-7-8 y el significado de la disputa por la nueva ley de medios

La previa de las elecciones en River brindaron un claro ejemplo de lo que, al menos a entender de quien escribe, significó el debate por la ley de medios audiovisuales.

El grupo Hadad (C5N, Radio Diez) y el grupo de Vila-Manzano (especialmente con el canal América como mascarón de proa), jugaron claramente a favor de D´Onofrio. Y volcaron en su favor los recursos más inverosímiles que se pudieran imaginar. El tema de las elecciones a Presidente de un club de futbol, como nunca, llegó a tratarse en el living de uno de los exponentes máximos de la incultura, el programa Intrusos de Jorge Rial. Hasta Enzo Francescoli, ídolo riverplatense y otrora tenido por tipo serio y sensato, llegó a estar en ese programa haciendo campaña por el candidato a quien acompaña como manager. Y se urdieron las más bajas operaciones de desprestigio en contra del candidato que mayor pelea podía presentarle a D´Onofrio, Daniel Passarella: se exhibieron videos del Kaiser confesando que de niño simpatizaba por Boca o informes respecto de evasión impositiva en la que alguna vez incurrió –por la cual ya cumplió condena-, entre otros.

Todo eso estaría muy bien si se ejerciera bajo el lema de la sinceridad. Y por sinceridad debe leerse reconocer, taxativamente, “nosotros apoyamos a D´Onofrio”. Muy distinto a hacer lobby como lo hicieron en nombre de “la objetividad”, “el sentido común”, o el “periodismo independiente”, y otras tantos meros sellos de goma, pero que suenan bonito.

Esto es lo que –vale reiterar, al menos en la visión de este teclado- representa la discusión de la pugna por los discursos, eje tangencial de la nueva ley de medios. No hay nada de malo en que determinados medios manquen determinadas posturas y/o de los actores que la representan. Lo que es inaceptable es que se pretenda hacer eso disfrazado de ascetismo. Ninguno de los medios arriba referenciados blanqueó sus preferencias. Para algunos no hizo falta, fue evidente, ostensible.

Días pasados, el gordo Lanata, espada si las hubo en la promoción y defensa -asumida- de la nueva herramienta reguladora de la industria info comunicacional, despotricó contra 6-7-8 por su indisimulado oficialismo. Pero 6-7-8, así como, en la vereda de enfrente, La Nación, son muy valorables en lo que su accionar respecta. Ambos, a su manera, sinceran a favor de quien bajan línea con lo que sus discursos, por ende, suenan mucho más auténticos. No hay por que aspirar a una objetividad que, es hora de reconocerlo, sencillamente no existe. Los hechos impactan en cada uno de nosotros en forma distinta; pasan por el tamiz de nuestras formaciones, historias, valores y creencias; y terminamos por devolverlos masticados por una subjetividad imposible de dejar de lado. Y no hay razón para demonizar eso.

Sería ideal que haya muchos 6-7-8 -de un lado- y La Nación -del otro-, repartiéndose el plano mediático por igual, confrontando verdades relativas, y que cada receptor pueda elegir donde situarse, que nada hay de malo en jugarse por algo o alguien cuando se revela una puja. Lo otro, lo de los “sacrosantos transmisores de la verdad” (definición robada al negro Raimundia, ejemplo de coherencia, durante la sesión en diputados por la LdSCA), es puro cuento. Y ya se está notando hasta en los ejemplos más burdos.

2 comentarios:

  1. Coincido 100%. Cada uno debería sincerar desde donde se planta para comunicar. La izquierda generalmente lo hace, la derecha se disfraza en el bien común.

    Posse, Tinelli, Mirtha, Susana, etc. siempre hablan por la gente. Dicen "todo el mundo piensa así". Son categoricos y tajantes. Muy buen artículo. Saludos

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  2. Sí, es cierto, y no sé por que. Porque a mi, al revés, me gusta cuando puedo construir, aportar, algo distinto a la media. Decir lo que dicen todos es muy fácil, pero buscar el rasgo distintivo, todo un desafío.

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