lunes, 14 de diciembre de 2009

Crispación, revuelos, convulsión, avances, y no tanto: 2 años de gobierno de CFK


Seguro que ni el más pesimista de sus militantes, ni el más optimista de sus detractores, imaginaban el contexto en que se han desarrollado esta primera mitad del gobierno CFK. Suponiendo que, como reza el Gran Relato impuesto, ese contexto sea malo.

Por fin, resulta evidente que se ha profundizado un clima de debate de temas que parecían zanjados o clausurados por lo que dejó el Consenso de Washington. Discusiones, todas estas, que vienen dándose con mucho vigor, de un lado y del otro del mapa dirigencial de la política argentina.

Se puede estar a favor o no de los modos en que transcurren estas pujas, lo indudable es que la perspectiva está más que abierta. Y entonces, e independientemente de la posición que se pueda adoptar respecto de las medidas que en ese marco de disputa toma el gobierno, surgen otro par de cuestiones sobre las que no cabe un alfiler de duda.

Uno, que la administración K está parada con mucha mayor certeza y decisión en un plexo programático definido y coherente. Esto le otorga la firmeza de la unidad, que dicha cohesión ideológica supone, vital para mantenerse ante la perdida de consenso social. Dos, que al margen de que se pueda considerar más o menos de izquierda a este gobierno, la oposición que más furibundo combate le propone es, claramente, de (rancia) derecha. Y eso, de por sí, moviliza adherirse a muchos de los productos K.

En resumen: tiene razón la oposición cuando dice que hay crispación. ¿Cómo no la habría? Valga lo dicho por Claudio Lozano, durante el debate por la ley de medios en diputados: que es lógico el ambiente crispado cuando se ponen en tela de juicio posiciones privilegiadas –máxime si esas posiciones implican intereses económicos-. El contexto convulsionado resta adhesión en el plano horizontal, pero robustece la militancia partidista, ergo se polariza la escena. Y ello tiene anverso y reverso. Se perdieron dos batallas importantes como retenciones móviles y 28J, más, paradojalmente, tras cada una de ellas el gobierno reaccionó con mayor iniciativa y agenda. Voluntad de acción política en ascenso.

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El gobierno de Cristina ha puesto en agenda, una tras otra, una serie de cuestiones coincidentes con el grueso del arco progresista. Y en ese sentido, construyó mayorías importantes para decisiones trascendentales como estatización de AA y fondos previsionales, ley de medios. Lo hizo, además, abriendo los proyectos originarios a las sugerencias de quienes se quisieron sumar a ese arco: PS, Proyecto Sur, SI, FORJA. Es decir, no hubo -salvo en el caso de las retenciones móviles, con el consabido mal resultado- lo que el sentido común mediático ha dado en denominar “aprobaciones a libro cerrado”, por el contrario el gobierno a través de un hábil cuadro y espada parlamentaria como Agustín Rossi, siempre mejoró sus proposiciones iniciales. Y en todos los casos triunfó con anchos márgenes de diferencia.

En cuanto al famoso futbol para todos y la universalización de las asignaciones familiares, el recorrido fue distinto, primando la premura el gobierno se valió de decretos para asestar golpes más bien estratégicos.

Las oposiciones a cada tema fueron construidas desde facciones extra poder, con posiciones sociales privilegiadas que defender legadas por la etapa neoliberal, quienes articularon con los grupos políticos famélicos de agenda propia, con ansias de rebatir poder al gobierno, y que no han tenido empacho en actuar de voceros y/o escuderos de posiciones que hasta son reñidas con sus propias historias (y eso, Carrio lo sinceró brutalmente).

El saldo dice, pues (y siempre en la visión de quien firma), que Cristina preside un gobierno con el mérito de que avanza en cuanto a la democratización del debate dialéctico por las políticas públicas, y el rol que en ellas le compete al estado. Por añadidura, se dieron cambios tangenciales en la configuración del modelo de país, el primero de los cuales (y quizá el más importante en lo económico) fue que se restó poder al sector financiero, una vez que el estado retomó las riendas de la administración previsional. Esto va en línea con la intención del kirchnerismo, nacida ya en tiempos de Néstor, de quitar poder a las corporaciones para devolverlo a la rosada. Allí mismo se inscribe, igualmente, la ley de medios.

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Cada uno tendrá su propia visión de cómo está el país; de cómo debería estar; de cuan buena –o no- ha sido la administración Cristina; de cómo debiera ser o haber sido.

En estas líneas, la conclusión es que, aún siendo cierto que heredó la mejor situación que a un primer mandatario le ha tocado para asumir desde 1983 a esta fecha, y eso es handicap, también se cree que, hasta aquí, su sucesor, surja o no del riñón oficialista, poco podrá quejarse de lo que reciba en 2011.

Y eso -anticipando los rebotes que pueda generar la conclusión- aunque, también es verdad, queda mucho por hacer.

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