miércoles, 18 de noviembre de 2009

Consensos, reflejos de consensos y construcción acerca de la construcción de consensos.

167-79 y 46-21; 141-78 y 45-22; 162-75 y 46-18; 136-109 y 42-26; 147-4 y 44-24; 220-215

Tantos números juntos no son porque sí. Tienen un sentido. Representan resultados de votaciones en el Congreso. Respectivamente, son los marcadores –en diputados y senadores- con los cuales el gobierno logró la sanción de la re estatización de AA, movilidad jubilatoria, retorno de la administración de fondos previsionales a gestión estatal, adelantamiento de las elecciones legislativas y la nueva ley de servicios de comunicación audiovisual. El último, corresponde a la media sanción que obtuvo Obama para su proyecto de reforma sanitaria.

Dejando de lado leyes como las de presupuesto, emergencia económica, delegación de facultades y otras que podrían ser calificadas, por decir, como de “mera gestión”, y focalizando en las mencionadas, más largoplacistas, surge palpable la falacia mediática respecto de que el kirchnerismo “no genera los consensos necesarios”. A simple vista uno comprueba que la totalidad de las mismas obtuvieron holgados márgenes de aprobación. No así el proyecto del primer mandatario norteamericano. Y cabe entonces preguntarse, cual lo hiciera Pichetto durante el debate por la ley de medios en el senado, si quienes se llenan la boca de horror cuando aluden a la ausencia de “grandes acuerdos” se creen en serio lo que dicen. O si en realidad saben que no tiene sentido, pero lo dicen igual simplemente en razón de su eterna disposición a oponerse como, porque y a lo que sea que presenta el gobierno. O, finalmente, si tal vez sea que desconocen lo que es la política, que incluye hechos tales como que la (también mencionada por Pichetto la ya gloriosa madrugada del 10 de octubre) ley de declaración de necesidad de reforma constitucional, nada menos, en Francia, que fuera aprobada por ¡un solo voto de diferencia! En cualquier caso, discursos tales asombran, enervan y provocan enorme impotencia.

Tambien se podría inquirir, ya que se citó el por ahora medio triunfo del Presidente estadounidense –respecto de una medida que, cabe aclarar, el que escribe comparte-, por que razón los multimedios, que tanto gustan de acudir a ejemplos de calidad institucional en las democracias de lo que ellos denominan como países serios, no hablan de erosión de la institucionalidad, victoria precaria o ausencia de consensos, cuando son en otros lares los resultados estrechos. Si victorias tan categóricas como las obtenidas por los K, a pesar de cumplir los requisitos constitucionales, nunca alcanzan, pues menos debieran alcanzar aprobaciones de dimensiones tan pequeñas como la obtenida por la administración Obama días pasados. Y ni que hablar del rechazo al proyecto de retenciones móviles “contra” el llamado “campo”, que luego de pasar diputados por 129 votos a 122, apenas si fuera rechazado con el nunca visto en la historia mundial de la política voto del vicepresidente Cobos en contra de su propio gobierno, tras lo cual hoy encabeza oposición en lo que significa, ese sí, el novedoso y mayor descalabro institucional de que se tenga memoria. Vaya cosa, si de aquella oportunidad se tomaran los votos de ambas cámaras en conjunto, las retenciones obtuvieron seis voluntades de diferencia en su favor, una más que las cosechadas por el amigo Barack. A nadie del oficialismo, sin embargo, se le ocurrió cuestionar la validez de dicha votación.

Quizá sea que se mida con distintas varas a unos y a otros. O, tal vez, se elige que sí y que no conviene ponderar o mancillar, según sea el caso, en la escala de valores institucional definida por los medios con arbitrariedad, y bajo parámetros desconocidos y muy cuestionables. Pero, ¿no era acaso que la realidad es una sola, y simplemente se transmite? ¿No es aquello de la construcción mediática, un mero cuento K?

Y bueno, será real nomás que simplemente vemos fantasmas por todos lados, y quizá los números que encabezan esta columna estarán dibujados por el INDEC.

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