lunes, 12 de octubre de 2009

Que no copen la parada (Sobre la ley de medios v. XI). Manos a la obra.

Cuando el 27 de agosto empezó esta aventura, lo primero que a uno invadía era la incertidumbre. Aún con el entusiasmo que el envío del proyecto de ley de medios a debate significaba, por el solo hecho de que iba a ocupar agenda un tema largamente escondido de la misma. La falta de certezas aludida giraba en torno al conteo matemático de voluntades que se estimaba, a priori, pudieran o no acompañar la sanción de la ley.

Pero pasados los días, las discusiones, los textos que se suscitaban para tratar el tema, la sensación cambió. Y fue reemplazada por otra, más fría y analítica, que hizo entender que, más allá de que pudiere ser aprobada o no la ley, todo lo hecho era ya demasiado, medido en términos de lo que relativamente se había podido al respecto durante 26 años. 26 años durante los cuales, no sólo se pudo juzgar y condenar -para después liberar- genocidas; no sólo fue posible desregular –y luego re regular- las leyes laborales; no sólo se remató el patrimonio nacional –para más tarde iniciar, de modo desprolijo, el camino de recuperación-; sino que, mucho más importante, hubo la posibilidad de oír loas y reproches para todos los gustos y de todo calibre, respecto de cualquiera de dichas medidas, en sus marchas y contramarchas. Lo único que no había recibido objeción alguna era la propiedad de los medios y el fabuloso esquema de concentración a que se había visto sometido el mapa comunicacional, tras 26 años de desvaríos legislativos en la materia. Directamente, no se tocaba el tema. Y eso, algo quiere decir. Hasta la iglesia se comió, en ese lapso, piñas y puteadas, lo cual ya es decir mucho. Entonces, que al parlamento hubiera arribado el tema generando –como bien apuntó, por ejemplo, el diputado Raimundi- la bajada a la sociedad de discusiones tales como monopolios, construcción de realidad, imposición de agendas y demás, constituía una victoria. Claro que luego uno se entusiasmaba con la posibilidad de obtener la sanción del proyecto. Pero si así no hubiese sido, en un futuro los que sentíamos la necesidad profunda de dar esta discusión, recordaríamos estos días como un antecedente de mucho peso. Porque nada sería igual. A dios gracias, en la madrugada del sábado, y ante la presencia de muchos que aguardaban expectantes y enfiestados un voto positivo (muchos más que los que días atrás se congregaron por el No), la ley salió.

Mirar la gesta del proyecto de LdSCA desde una mirada un poco más distante, alejada de las pasiones, ayuda incluso a valorar más el hecho de su sanción. Porque ni la nueva ley significa que, mágicamente, serán amordazados todos los espíritus libres que pululan por TN, ni mucho menos que a partir de mañana se hagan de voz todos aquellos que, hasta acá, efectivamente no la tienen. Significa, nada más, pero nada menos, que la democracia pudo torcer el brazo, desde lo simbólico –aunque esta vez no solo- a uno de tantos factores extra poder que no cesan en el intento de condicionarla. Quizá el que mas, quizá el único que le restaba disciplinar. Pero atención. Así como muchos se equivocaron al creer muerto a Néstor Kirchner después de ser derrotado el 28 de Junio, equivocando la dimensión de actor político que el ex Presidente tiene, lo mismo puede ocurrir a todos quienes forjaron este escenario durante 26 años de militancia silenciosa e inclaudicable si se dejan estar. Ahora está la herramienta que faltaba. Será cuestión de que, igual de maduro que el ímpetu puesto en la consecución de la ley, sea el espíritu que guíe la utilización de la misma para poder construir un escenario democratizador en serio. Porque de lo contrario, siendo el enemigo, como es, de fuste, y teniendo en cuenta que no está muerto (ni nadie, al menos no quien esto escribe, quiere que así sea, más sí que admita competencia), sino que está groggy, puede reaccionar en cualquier momento y mucho más si el cambio obtenido termina siendo caótico.

Las palabras finales, no pueden sino ir para la mujer que fue la única, desde recuperada la democracia, con la valentía para empujar esto: Cristina. Quedará para la historia su nombre y su decisión de dar apoyo político a todo el movimiento pujante que, por debajo y desde antes de nacido el kirchnerismo, existía. Y que muchos subestimaron, porque podían hacerlo, hasta que la política cambió de preferencias. A ella y a otros políticos que merecen ser destacados por su papel protagónico en la cruzada, como Silvia Vázquez (de pie, señores, que pedazo de cuadro esa mujer), Gustavo López, Gabriel Mariotto, Claudio Morgado, Carlos Raimundi y el resto del SI, Proyecto Sur, Hermes Binner –y con él, todo el PS-; también a periodistas valientes como Victor Hugo, Lanata y, en general, los de P12 y Crítica, que supieron meterle alternancia al unicato discursivo; a muchos que son olvidados en esta reflexión (y disculpas por ese olvido); a nosotros mismos por haber dado, cada uno desde su lugar, la pelea necesaria. A todos, gracias. Pero a seguir remando, que está todo por hacerse, y recién estamos en el punto de partida.

1 comentario:

  1. En mi criterio lo del Diego tuvo un propósito, que es desprestigiar a ése periodismo. Y lo logró, sobre todo por el apoyo que le dio Grondona. Elipticamente ambos apoyan la Ley de medios recientemente sancionada... por aquello de que "El enemigo de mi enemigo es mi amigo"...
    Y supongo que le aportó satisfacción, porque dijeron en la radio que un periodista en Francia mandó a sus cuestionadores, a hacer lo mismo que dijo "el filósofo argentino Maradona"!!! jajaja... si hubiera ganado un premio de literatura no habría tenido tanta difusión!!!

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