sábado, 31 de octubre de 2009

Esperanzas y cautela

Cuando se hace luz sobre una demanda social mayoritaria que venía signada por la oscuridad, existen dos posibilidades. La buena es la puesta en agenda de un tema que no era contemplado. La mala es la posible sobreestimación respecto de los posibles efectos que la adopción de la medida pueda proveer.

Esa lógica atraviesa por igual la ya célebre discusión por la ley de servicios de comunicación audiovisuales, y el más reciente anuncio de CFK de universalizar las asignaciones familiares. Saludables avances haber dado los debates, pero cautelosos futuros. Son, ambas cuestiones, nada menos, pero nada más, que herramientas, puntos de partida de recorridos que claman por mayor frondosidad.

Será bueno si se insiste en lo que la propia Cristina remarcó en el anuncio: las nuevas asignaciones no solucionarán la pobreza, para eso se requiere una acción mucho más abarcadora y estratégica que ataque la fabricación de pobreza: infraestructura, generación y formalización de empleo, expansión de los servicios públicos, reforma tributaria. Todas esas cuestiones son a menudo dejadas de lado por la oposición que cae en la sobre dimensión de las bondades de las asignaciones universales, llegando al ridículo extremo de querer incluirla como artículo 1º del proyecto de reforma política. La ¿líder? Opositora Elisa Carrio, suele caer en desvaríos tales cuando afirma que la sanción de un proyecto de ingreso básico ciudadano significará la salida del clientelismo. Asombra la liviandad con que se pretende instalar por concluida la tarea de la salida de la pobreza con la sola adopción de una medida, evitando la profundización antes mencionada, quizá porque ello importe tocar intereses hoy indemnes.

No obstante, el bloguero, que no sabe de de cálculos y números –por eso quiere ser abogado-, reconoce que no hace falta mucha erudición para validar que al suma 180 pesos, aún lejísimos del objetivo de pobreza cero, representarán un paliativo para la furia de un momentismo implacable con el dolor de estomago, mientras se encara una estrategia más global. Y, por añadidura, multiplicarán el consumo, y con ello la actividad, y con ello la demanda de empleo, aunque sea en un volumen pequeñito, pero nada despreciable en un contexto recesivo.

Con el anuncio el gobierno juega una buena carta táctica porque le quita discurso a la oposición, evita que aquella se haga de un relato que la pueda situar en un espacio que el oficialismo reclama para sí, y mantiene viva la llama de la iniciativa política y el control de la agenda pública. Y, en cuanto a actualidad se refiere, aniquila las excusas esgrimida por el coro del obstruccionismo para no tratar la reforma política.

Es muy bueno lo que dijo Artemio López en el diario Crítica respecto de la decisión de la Presidenta: ideas pueden vociferar muchos, pero actuar actúan pocos. Mientras la oposición se pierde en escuchar las estupideces que siempre tiene para decir la iglesia, con la simple firma de un decreto Cristina mostró lo fácil que era el asunto. Por eso es este gobierno indudablemente superior en capacidad de acción a todos sus contrincantes.

El kirchnerismo volvió a hacer suya una demanda social de larga data, a impulsarla (caramba, igual que con la ley de medios, todo tiene que ver con todo). Así es como y cuando suele irle mejor. A seguir, entonces, por ese camino, que falta largo trecho por recorrer.

1 comentario:

  1. Muy bueno el análisis.
    Sobre todo que es, además de todo lo que es, una carta táctica que deja a la oposición en offside.

    Lei en muchos blogs que se reclamaba universalidad universal, por decirlo de alguna manera, argumentando que eso permitiría distribuir más y mejor el ingreso porque quita la necesidad de aparato y burocracia.
    Eso puede ser así. No dispongo de datos ni conocimiento al respecto. Pero me parece injusto que los hijos de Macri o De Narváez reciban lo mismo que cualquier hijo de vecino.

    ¡Saludos!

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