viernes, 25 de septiembre de 2009

Que no copen la parada (Sobre la ley de medios v. VIII). Para Daniel Vila: un par de preguntas y un pedido.

Con una extraña parábola discursiva, Daniel Vila, presidente de Grupo UNO (el segundo multimedios en importancia del país, detrás del Grupo Clarín) justificó el golpe del `76. Palabras más, palabras menos, dijo que esa etapa -la cual, para compensar, calificó como la más nefasta de nuestra historia-, fue forzada por la violencia montonera. Palo por elevación, de paso, a los montoneros autores del proyecto, con el cual “intentan lesionar la democracia” por la grandeza de la cual él manifiesta pelear. Agradecer, ante todo, al señor Vila por los servicios prestados.

Ahora, tomando por ciertas las afirmaciones de Vila, que no lo son pues a la fecha del golpe el accionar montonero estaba prácticamente aniquilado, cabe hacerle algunas preguntas. Si esos señores cometieron el error que cometieron en el sólo animo de combatir subversivos: ¿Cuál es la conexión de esa necesidad con la de cambiar la matriz productiva nacional a una especulativo-financiera?, ¿qué tenía que ver la violencia subversiva con la generación de una hipótesis de conflicto con Chile por no acordar con un laudo arbitral, al que el país estaba voluntariamente sometido, en la cuestión del Beagle?, ¿qué aportaba al declamado objetivo de fondo, la generación de un sentimiento de aversión por la democracia de partidos políticos y toda la práctica militante que ella conlleva?, ¿era necesario para combatir a la guerrilla sancionar vergonzosas leyes de medios y de entidades financieras, entre otras?, y, lo más importante ¿el plan de combate a los facciosos, implicaba embarcarse en una alocada aventura bélica, a sabiendas perdida de antemano, ante uno de los ejércitos mas poderosos del mundo, armados con nada y enviando pibes al muere?

Todas estas preguntas esperan de sus respuestas, señor Vila, junto a un gesto, más importante, que debe exigírsele en base a sus interpretaciones históricas: si aquella dictadura encabezó, a su decir, la etapa mas patética en casi doscientos años de patria, devuelva entonces todo los beneficios económicos que obtuvo al amparo del nefasto instrumento pseudo legal que habilitó que eso fuera posible, creación insigne de esos señores que, parece, tanto pesar le provocaron. Solo así se lo podrá tomar en serio.

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