domingo, 20 de septiembre de 2009

Que no copen la parada (Sobre la ley de medios v. VI). Reflejos de su impotencia, elogios a su incoherencia.

Cuando CFK anunció la veda al ingreso de las telefónicas al sistema de medios audiovisuales -en ánimos de arribar al ensalzado consenso con quienes tienen genuina voluntad de debatir-, desde esta columna la pregunta consistía en adivinar en que se iban a escudar los peones la viuda para continuar en el rechazo, una vez caído su principal argumento, sin que quedase expuesto tan brutalmente el objetivo de fondo: la sola defensa del statu quo de el grupo.

Solo atinaron a balbucear. Descalificaron al proceso popular de construcción democrática que desembocó en la redacción del anteproyecto (Fernando Iglesias y Norma Morandini, vomitivos, dieron cátedra en el ítem), pretendieron tomar de idiotas a todos con aquello del poco tiempo dado para analizar las modificaciones por ellos mismos solicitadas (no se muestran tan prudentes cuando de correr para bajar retenciones se trata) y, ya en sesión, buscaron forzar el reglamento, abusando de cuestiones de privilegios y demás yerbas. Reflejos de la impotencia para contener lo inevitable. La puja en diputados es, ni más ni menos, que lo dicho hasta el hartazgo: aquí se trata de eliminar una legislación monopólica y abrir el juego a la sociedad toda. El resto, es pura construcción mediática. Para ello, fueron loables los desempeños del SI, el PS, Lozano, Pino, radicales de la Concertación, Encuentro Popular, en fin, el arco progresista. Alejados del divismo, reflejaron madurez, acordaron, pidieron, obtuvieron, cedieron. Hubo voluntad de encarar una discusión necesaria alejándose de la coyuntura. Lozano lo expresó mejor que nadie cuando dijo que el proyecto significa “un mojón histórico en el avance de la experiencia popular”. Clarito. Separa lo principal de lo accesorio, y mantiene su visión respecto de los puntos que consideran perfectibles y que en particular no votaron, por caso, la ubicación orgánica de la autoridad de aplicación (aún cuando en casi toda la legislación comparada esta depende de los poderes ejecutivos). En definitiva, lo innegable es que el actual proyecto de ley, es superior al engendro dictatorial-menemista. Y sólo a esa cuestión hay que remitirse.

La corporación ya ha salido a denostarlos por el pecado de demostrar voluntad en algo con lo que los propios medios han venido machacando: negociar. Llegando al extremo de montar en torno a Binner y el PS sospechas de connivencia con el gobierno en base a supuestos y espurios manejes económicos, obviamente, sin prueba alguna de ello. Impresentables. Como si Binner y su partido no hubiesen actuado así siempre, con independencia de criterio, no oponiéndose automáticamente a todo cuanto tienen por delante. Más, siendo fieles a la declamada pero no practicada –por la oposición de derecha- actitud de republicanismo consensual. Raro o suspicaz hubiese sido si votaban en contra, teniendo en cuenta la ideología socialista, que mira con cariño toda regulación estatal y, sobre todo, una vez obtenido su objetivo de fondo: la salida de las telco. La agresión continua, gratuita e impune a la que acuden como defensa corporativista, ya no reconoce límite alguno. No dejan de causar cierta ternura, de todos modos. No todos los días se pierde un negocio tan fabuloso como el que han obtenido al amparo de los favores concedidos por manos manchadas de sangre inocente desde el año 1980.

Volviendo al Frente del Rechazo, se retiró, no votó. Hay que elogiarles la coherencia, finalmente: nunca han querido cambio alguno, ¿por qué suponer que iban a parlamentar? Tienen posturas que son insostenibles, apenas se les indagan argumentaciones. En todo caso, lo repudiable es la falta de coraje que demostraron al no querer asumir su voto en favor del instrumento firmado por Jorge Rafael Videla.

La democracia en sí, por la situación relativa hasta acá alcanzada, se ha anotado un poroto en la pelea contra las facciosas corporaciones del establishment extrapoder que la acosan desde 1976. Nunca se llegó, ni se imaginó poder llegar a este punto, independientemente del desenlace que pueda tener esta aventura. El primer paso, ha sido abrumadoramente contundente.

Las brisas de la inteligencia estratégica, por ahora, soplaron a favor del proyecto popular políticamente impulsado por el actual gobierno. Ojala no se nuble. Sería muy triste.

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