sábado, 5 de septiembre de 2009

Que no copen la parada (Sobre la ley de medios v. IV). Ahora dicen que se acuerdan del pueblo.

Una de las estratagemas utilizadas por el llamado Frente del rechazo, consiste en machacar con la necesidad de realizar audiencias públicas para debatir el texto de la nueva ley de medios.

Y que se requiere de dos a tres meses para realizarlas dejando satisfechos a todos quienes ellos suponen se debe satisfacer con su realización. Entre paréntesis, en ese lapso asumirán los legisladores electos en el mes de Junio, que harán todo para que no cambie nada.

¿Dónde estaban estos muchachos en el período marzo – septiembre, en el cual se realizaron numerosos foros a lo ancho y a lo largo de toda la república?

Fueron públicos y abiertos a cualquiera, se recibían aportes y de ellos surgieron varios cambios al articulado.

Claro que esos foros fueron ignorados por los grupos dominantes, no obstante no pueden los legisladores contreras justificar con ese argumento sus ausencias a dichos encuentros.

Cuanta incoherencia revelan los voceros del/los multimedios (ahora se sumó Vila a las quejas). Resulta que a aquello que en su momento ignoraron, hoy acuden en función de evitar la sanción del proyecto.

Señores, esto que -ahora- a gritos piden hacer, ya se ha hecho. Quien no haya participado de la discusión popular respecto de la ley, es porque no quiso o porque el grupo no lo dejó.

Debe ser la única ley sancionada en democracia que está casi completamente redactada por personas que no forman parte de poder formal alguno. La tan mentada “ley de medios K”, no es tal, porque entre los 21 puntos y los foros, el aporte de Néstor ha sido casi nulo.

En el grueso de “la gente” quedará la sensación de un debate apurado, metido a la fuerza, y en realidad viene discutiéndose desde hace casi seis meses. O, mejor dicho, hace veintiséis años, en cada uno de los cuales no faltó el clásico latiguillo de “no es el momento”. Igual que ahora.

Nunca será el momento si son siempre los mismos los que se creen en aptitud de determinar agenda y que es lo que existe o no –y en el caso de las audiencias parecen no haber existido-.

La gesta del actual proyecto estuvo en manos populares -situación que lo vuelve ofensivo per se para el grupo-. Manos que se decidieron a terminar con la ridícula teoría del momento apropiado, y que encontraron un gobierno dispuesto a darles empuje. Voluntad y oportunidad, por fin confluyeron. Por eso resulta increíble que, tras veintiséis años de despreciarlo, estos miserables apelen ahora al pueblo para defender un interés que no es sino el propio.

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