lunes, 14 de septiembre de 2009

El mejor rival


Hace unas pocas horas, ante la apoteosis generada por la facilidad con que se sacó de encima el trámite que resulto la semifinal ante Rafa Nadal, este comentarista se recuerda diciéndole a cada persona que se le cruzaba, que para Juan Martín Del Potro el mejor rival en la final del US Open era Roger Federer y no Novak Djokovic. A pocos minutos de consumada la consagración del tandilense en su (así dice él mismo) Gran Slam favorito, dado el desarrollo del juego y no solo del resultado, es difícil abstenerse de una prudente dosis de vanidad y no abundar en los porque de aquel pronóstico.

Teniendo en cuenta que se trataba de la final entre un pibe de 21 años y el mejor ser humano que haya jugado a este deporte: ¿alguien en su sano juicio hubiera podido recriminar una derrota a Del Potro? Dicho de otro modo, el argentino no tenía nada para perder en el partido ante un fenómeno de la raqueta (y de la vida también. Un tipazo con todas las letras), quién, por si fuese poco, atraviesa el mejor año de su carrera, con récords varios alcanzados: un certificado donde dice “mayor ganador de Slams de la historia”; más el único grande que le faltaba, Rolanga. Entonces, una buena porción de tranquilidad jugaba a favor de que Del Potro pudiese engrosar el repertorio de su juego. Con cualquier otro rival enfrente, la presión podía aumentar en proporción directa a que la distancia de jerarquías disminuía.
Y cuando amparado en la tranquilidad se encadena puntito tras puntito. Y con eso, game tras game. Y se anota un set. Y otro. El rival se va incomodando, pues no ve el cierre del partido tan rápido como creía. El juego propio crece. Junto con él, crece la garra –dos tie breaks ganados lo demuestran-. Lo antes utópico o imprevisible, se vuelve certero y probable.

Sin presión pues, Delpo fue edificando de a poco el triunfo, soltándose gradualmente, con el correr del match, a medida que sus palazos se hacían cada vez más duros, y el saque y el drive invertido se afianzaban. Con la paciencia de quien no se juega en el pleito más que el sueño del pibe. Que no es poco, ojo. Demasiado cálculo hay en todo rincón de cualquier deporte, viene bien que un tipo alguna vez haya puesto el alma en tratar de obtener un torneo, no el más reconocido ni el más importante, pero sí el más soñado por el protagonista de la noche de Flushing Meadows. Sana brisa de amateurismo. El dato a marcar de la ceremonia de premios, la humildad de un dios vestido de persona, que en español se llamaría Rogelio, y que, aún en un limbo, desciende para decir “me ganó el mejor”. Con la misma caballerosidad que exhibía después de cada derrota ante Rafa Nadal, cuando los tiempos le sonreían un poco menos que ahora.

Si JMDP perdía, seguramente se haría sentir el enfermizo exitismo argentino, siempre listo para asociar a cualquiera con heladeras o freezers. Solo el tiempo valoraría el significativo hecho que de ya por sí solo significaba una presencia argentina en la final de un slam, así como también un día se valorará de David Nalbandián ser el único argentino que pisó alguna vez la catedral de Wimbledon para disputar una final. Pero Del Potro ganó y con ello será, casi sin lugar a duda, el suceso deportivo argentino del año. Pensar que el año pasado, entre lágrimas, se le quedó ese galardón atragantado cuando España le quitó el que es su otro sueño, la Copa Davis.

A él, por estas horas, cualquier otro reconocimiento le parecerá secundario. Acaba de ganar lo que más quería, el resto es sólo para las estadísticas.

3 comentarios:

  1. "Si JMDP perdía, seguramente se haría sentir el enfermizo exitismo argentino, siempre listo para asociar a cualquiera con heladeras o freezers. Solo el tiempo valoraría el significativo hecho que de ya por sí solo significaba una presencia argentina en la final de un slam, así como también un día se valorará de David Nalbandián ser el único argentino que pisó alguna vez la catedral de Wimbledon para disputar una final."

    ¡Cuanta verdad!

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  2. Gracias amigo Martín. Es el exitismo que se le va a hacer.

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  3. ¿Y mi ídolo el Mago Coria?

    Y Del Potro puede apuntar a Wimbledon, ¿eh?

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