miércoles, 26 de agosto de 2009

¿Tienen que ver el faso, Scioli y Cromañón?

El fallo de la Corte despenalizando la utilización de marihuana para consumo personal tiene múltiples aristas.

Desde lo jurídico se presenta irreprochable. Muchos de los que habitamos el derecho, en los pasillos de universidades o tribunales, veníamos bregando por lo que, al decir de la propia CSJN, es un retorno a la doctrina sentada alguna vez en “Bazterrica”, que volteó la Corte de Carlo en los noventa y que, a juicio de este estudiante jurídico, es la que mejor honor hace al artículo 19 de la Constitución Nacional, bien citado por los cortesanos en el fallo.

Luego, dos cosas que vienen siendo constante de esta Corte. La primera, jerarquizar los Tratados Internacionales de DDHH: el fallo hace reiterada mención a los documentos internacionales y el sentido que éstos dan a la cuestión de limitar las atribuciones de ingerencia del estado en la vida privada e intimidad de las personas, y el no-establecimiento de un modelo de vida o determinada pauta moral. Por otro lado, se ubica como poder del estado y actúa hasta el límite de sus posibilidades en cuanto exhorta al legislativo y ejecutivo la adopción de las acciones políticas que vuelvan palpables lo que ellos defienden en sus fallos. A menudo se olvida que la Corte es la que pone a salvaguarda los derechos consagrados en la CN. Y a diferencia de otras composiciones del tribunal, la actual no se contenta con escribir un tratado de derecho por cada decisión que toma, sino que dice “esto es lo correcto que haga, pues háganlo”.

Toman el tema, se involucran y operan en dirección a buscar su solución. Lejos de las críticas que le llueven, generalmente desde la derecha, los actuales integrantes de la Corte no establecen una posición “garantista” (las comillas van destinadas a crear en el lector el sentido socarrón que le imponen los sectores reaccionarios al vocablo. El ser garantista es una aspiración de todos quienes somos del palo), sino que han dado el puntapié en lo que es el cambio de paradigma en lo que debe ser el combate al flagelo de la droga. Así como en el tema inseguridad, opinan determinados sectores con el de la masificación de la droga: cortar, vía represión, por donde no se debe, es decir, por el resultado y no por su origen. Y en ambos casos, es lo mismo. La aniquilación de las estructuras sociales ocurridas al compás del neoliberalismo, es la madre de estas criaturas. En todo caso, cuesta creer como se escandalizan determinados sectores, toda vez que la mayor expansión del tráfico y el consumo de drogas ha sido en épocas de reinado de una doctrina distinta a la ayer recuperada: la persecución al eslabón final de la cadena: el enfermo, el adicto y su criminalización. Mientras tanto los traficantes, igual que Al Capone mientras duró la ley seca, hacen enormes ganancias porque a ellos no se los combate, sino que se persiguen perejiles. Y hasta Fayt se ha dado cuenta.

En algo parecido anda Scioli y su intención de acabar con la violencia en los boliches mediante adelantar el horario de salida de los locales. Loable lo de Scioli y sus ganas de hacerse cargo de algo que existe: quien anda la noche, sabe que la cosa viene calentita y no puede mirarse para otro lado. La violencia existe y es jodida. El alcohol juega en todo ello. La droga también. Pero ojo, creer que es determinante o causa fuente de las peleas, es por demás incorrecto. El contexto violento opera con independencia de otros temas que no hacen más que agravarla. Quien esto escribe, suele salir y beber: acaba de cumplir veintitrés años sin peleas en sus espaldas. El que reacciona violentamente ante determinadas situaciones, lo hace como uno más de los aspectos de su vida habitual. No es el alcohol lo que hay que quitarle, sino garantizar su desenvolvimiento en un medio que no lo convierta en hostil. Y el horario de salida, ni hablar. Significa adelantar el horario de las piñas, y punto.

El fallo recaído en Cromañón, a diferencia de “Arriola”, no fue analizado por este comentarista. Arroja algo indudable: el dolor de las víctimas no puede, ni debe, ser discutido. Frente a ello los análisis se rinden. Lo grave es que se socializa el discurso de que existe impunidad, o que “la justicia está ausente”. Es bueno repetir, que uno no ha leído el expediente, bastante complejo, como para opinar científicamente y con ventaja a su respecto. Pero, justamente por ello, debiera mediar la mayor prudencia de parte de los comunicadores. ¿O alguien supone que alguno de los periodistas de las grandes ligas está en condiciones de evaluar calificadamente la tarea del tribunal? Respecto de Cromañón debe decirse que la justicia actuó: hubo condenados -coincida uno o no con quienes y/o la cantidad de-, fue relativamente rápida su puesta en marcha, se oyó todo lo que se debía oír, hubo marco de estricta legalidad. Pero aún si las sentencias hubiesen sido, textual, lo que “la gente” quería: ¿Qué se solucionaba, con ella, a futuro? Suponer que no habrá mas Cromañones en virtud de un pronunciamiento judicial es, cuando menos, y a juicio de quien firma, una ingenuidad. Por ello resulta repudiable el enganche de parte de quienes debían aportar sapiencia y no hicieron más que aprovecharse de la entendible bronca de los familiares.

Y aquí viene el ensamble con los dos temas anteriormente analizados. Es que, finalmente, debe uno caer en la cuenta de que nadie –de entre quienes no han sufrido en carne propia una desgracia- clama por justicia (o por la acción de los restantes poderes) en función de solucionar “dramas sociales”. Lo que juega es una cuestión de lo que se llama “prevención especial negativa”: mantener al reo adentro, cuestión que “ese, a mi, que no me joda, y el resto me importa poco y nada”. Individualismo en su máxima expresión.

En fin, son temas confusos. Juegan susceptibilidades y muchas. Lo de Scioli quedó en la nada; lo de Cromañón está en veremos. Y los dramas que los envuelven, siguen ahí nomás, fresquitos.

En cuanto a lo que originó esta nota, el fallo despenalizador de la CSJN, una reflexión: el marco mejoró, y está todo por hacerse. El artículo 19, ya está a salvo. Pero no será ese artículo, ni ningún otro, el que vaya a combatir al narcotráfico. A tenerlo en cuenta a la hora de, en un tiempo, ponderar correctamente que significó el fallo en la vida del país.

1 comentario:

  1. Pablo, mucho de lo que se habló sobre la despenalización hasta ahora es como decían en un capitulo de Friends: "Moo talk". Es decir, opinaron como vacas...
    Ahora que ya está el fallo quizás (y solo quizás) puedan hacer un análisis utilizando el "celebro".

    Y con respecto a la idea de Scioli, a mi me parecen políticas regresivas y paternalistas.
    Aca en Tucumán rige desde hace un tiempo el "4 am". Los boliches cierran a esa hora y a llorar a otro lado.
    ¿Que paso? Aparecieron los "afters" clandestinos donde la droga corre como agua.
    Cualquiera con dos dedos de frente sabe que los quilombos no se arman por culpa del alcohol que uno ingiere desde las 4 hasta las 6 de la mañana.
    Mi impresión del tema es que acortar el horario sirve para que la vieja en chancletas diga: "Ah, pero que bien. Están haciendo algo para cuidar a `nuestros´ chicos".
    Creo que salir a las 4 y no de día, como antes, aca en Tucumán, hace que sea mas peligroso. Menos frecuencia en los colectivos, oscuridad, gente que igual sale hasta la mano...
    En fin... ¡Saludos!

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