lunes, 31 de agosto de 2009

Que no copen la parada (Sobre la ley de medios v. III). ¿Ese malvado estado?

Uno de los puntos más controvertidos del proyecto en boga, desmentida ya la canallada acerca de los supuestos “dos años de plazo para la revisión de las licencias otorgadas”, es el que se propone dividir en tres partes iguales el espectro radioeléctrico entre estado, ONG´S y gestión privada, con falta envido para cada uno.

El argumento de la armada mediática, y de sus aliados, vasallos y/o subsidiarios es que, en realidad, el gobierno apretaría por quedarse con el tercio correspondiente a lo se denomina ONG´S y, por ende, primaría en espacio de dominio. Como si no fuese útil y provechoso que universidades, sindicatos u organizaciones sociales tengan su lugar. Y, además, sin que nada impida que la Fundación Noble, por dar un ejemplo, sólo a cambio de exenciones impositivas para nada deseadas, colabora con los carenciados, tal su constante, inalterable e inconmovible costumbre, acceda a dichas licencias. Todo ello sazonado con un llamativo cambio de tinte en la ideología editorial -sobre todo de aquellas sin firma- acerca de lo que debe ser el papel del estado, por ejemplo -pero muy especialmente-, en materia económica.

Debe hacerse un esfuerzo bastante grande para dejar de lado la tentación de hacer apología de lo incierto y aventurar lo que, hipotéticamente, diría el viejo Noble respecto de este viraje ideológico de su criatura, otrora desarrollista y militante por el fortalecimiento del estado en todos sus wines. No debe irse tan lejos. El archivo aún está fresco, apenas siete años. En aquel tortuoso 2002 –tortuoso para el pueblo, no para ellos que se hicieron un festín de canalladas negociales- los muchachos de la viuda se llevaron en un pack: devaluación con más pesificación asimétrica (la mas monumental transferencia de ingresos de ricos a pobres de que se tenga memoria, que licuó gigantescos pasivos acumulados durante los `90 por los grandes grupos económicos, entre ellos el grupo); modificación a la ley de quiebras y una yapa: la llamada “ley de bienes culturales” (las famosas leyes Clarín que completaron la gambeta al “hundimiento del Titanic” que se venía, imposibilitando la colonización de los endeudados por parte de sus acreedores extranjeros).

Entonces, surge la pregunta inevitable: ¿pensaron siempre igual del monstruo estado? ¿O las balas se desenfundan únicamente en ocasión que éste no es puesto al servicio de sus propios intereses?

Posdata, y en clave samaritana, vaya una reflexión que, quizá, les aplaque un poco ese impostado pánico que les invade:

No se justifica tanto terror por el tercio que quedara en manos del estado si, como dicen, el único político iracundo, irracional e irreflexivo con quien nada se puede consensuar, se llama Néstor Kirchner. De cara a 2011, no aparece, a excepción del mencionado ex Presidente, otro dirigente, con proyección presidenciable, que sea capaz de resistir la indecible tentación de sucumbir, una vez más, a servir de gerente de los intereses monopólicos hoy amenazados. Entonces, no resulta tan seguro que, a posteriori del futuro recambio presidencial, esa tercera parte no vaya a ser puesta nuevamente a la entera disposición de sus manejos. Porque de aprobarse esta ley, por sí sola no cambiará nada. Es, nada más ni nada menos, que una herramienta. El uso que se de a esa herramienta, es tema de otra discusión.

En esto como en tantas otras inmundicias discursivas, la mascara se les cae fácil y se impone citar, como cierre, la frase que dejó Aliverti este sábado último en su espacio radial: no quieran, encima de todo, hacer los goles con la mano.

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