sábado, 29 de agosto de 2009

Que no copen la parada (Sobre la ley de medios v. I). No saben de que están hablando

Este comentarista, ya lo ha dicho hasta el hartazgo, es estudiante de derecho. Cursaba el jueves la materia Derecho Internacional Público. Se analizaba en ese encuentro la Carta de la ONU. Se desmenuzaba el instrumento, artículo por artículo. El intercambio docente-alumnado era incesante, divertido y fecundo. Punto por punto, se expresaban coincidencias y divergencias. Pero todo en base, se insiste, al articulado en mano y análisis del mismo. “Imposible, sino, expresar a su respecto opinión alguna”, razonará alguien en el sólo uso del sentido común. Para el final de la clase, había para todos los gustos: a favor y en contra de la Carta. Pero, eso sí, a nadie podría acusarse de no fundamentar su parecer.

¿Y que ocurre con el proyecto de ley de servicios de comunicación audiovisual? A ver…

A pocas horas de ser anunciado el envío del proyecto a mesa de entradas del Congreso nacional, la UCR emite un comunicado sobre el mismo. Uno supone, “bueno, en el comunicado se expresarán, a favor o en contra, tras hacer, siquiera, una ligera enunciación de los puntos que en particular les llamen la atención”. Pues no. Error. El comunicado no contiene ninguna referencia a una sola coma de las más de cien páginas que reviste el texto. ¿A qué es que se oponen?, cabría preguntarse entonces. Difícil de contestar. Funcionan como grupo de tareas, analogía para nada antojadiza una vez que se advierte su disciplinado sometimiento a la agenda y discurso impuesto desde la mass media dominante. Algo parecido ocurrió en ocasión del traspaso a manos públicas de la administración de los fondos previsionales. Aquella vez fue peor: salieron a oponerse previamente a la remisión del documento a mesa de entradas del congreso. Sin palabras.

No son los únicos, ojo.

Por la noche del mismo día, se presentan en el programa de Nelson Castro, programa de el grupo, dos personajes de otro sector político: Carlos Reutemann y Felipe Sola. El primero, a pura fuerza de ley de Goldwin, expresa que con este proyecto “nos estamos queriendo parecer a Chávez”. De Lole, uno los personajes favoritos de el grupo, se sabe que es un hombre de pocas palabras (y luces). Eso sí, no se sabía que era también de poca lectura. Hay que sospechar de eso en él, toda vez que, cuando se leen las citas a legislación comparada en el proyecto, se advierte que ninguna de ellas se inspira en la legislación bolivariana. Más aún: cuando el Presidente Chávez elaboró su instrumento de “responsabilidad social mediática”, la coalición madre del proyecto argentino tenía ya largo tiempo de vida. Pedirle al periodista que le preguntara en que fundaba el senador sus expresiones, hubiese sido demasiado, siendo que es un vasallo del emporio de la viuda. Allí acabaría ese tramo del programa, con sello puesto: son chavistas, y punto. Felipe fue aún más allá. Se quejó de que el tema no vaya a ser tratado por la conformación parlamentaria venidera. Pero no tardó en aclarar: “el proyecto no lo leí”. ¿Y entonces? “Usted, señor Sola, que aspira a tratar el asunto cuando le toque parlamentar a partir de Diciembre, ¿Cómo no está, ya, interiorizado del mismo?”. Es demasiado pedir una pregunta como esa, se insiste.

A acostumbrarse, entonces, a que así transcurrirá el debate más importante en veintiséis años de democracia. Frases hechas, instaladas con fuerza y valor de verdad. Críticas huérfanas de calificación técnica alguna. Posturas exageradas de horror e indignación (y eso que todavía no salió a chillar Carrio). Mentiras, por que no: Clarín, hoy, 29 de Agosto publica “cuatro puntos cuestionables de la ley”, todos incorrectamente fundamentados. En fin. Tienen los fierros y se defienden, una obviedad a esta altura.

Pero que no quepan dudas: señores, sus voceros son pésimos.

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