jueves, 13 de agosto de 2009

Felicitaciones a Martínez de Hoz

El dos de abril de 1976, el ministro de economía del gobierno dictatorial de Jorge Rafael Videla, José Alfredo Martínez de Hoz, recientemente ovacionado en la última exposición de la SRA, anunciaba las directrices del plan económico que guiaría al país en sus siguientes veinticinco años de vida. El lema, decía, era: “desandar la estatización socializante ineficiente y elefantiásica”. El mensaje estaba clarito: generar conciencia de que el estado regulador-democrático es, básicamente, un cáncer. Contando para esto con el apoyo de una horda de civiles, en su mayoría socios comerciales –y muchos otros que hoy pretenden hacerse los desentendidos-, que se prestaron a la configuración de un aparato estatal que operase a favor de sus intereses particulares. Todo ello determinó el desvío de funciones estatales, de regulador a favor de los menos favorecidos, a guardián de la rentabilidad los sectores dominantes. El abandono del patrón neo keynesiano y el pacto social capital – trabajo; de la matriz productiva, por otra especulativa – financiera; y la liberación de agentes de capacidades desiguales a su suerte, comenzando un brusco descenso en un índice en el cual el país supo dar cátedra: la igualdad. Este programa duró, con sus más y sus menos, hasta fines del año 2001. Y dejando de lado consideraciones respecto de los resultados concretos que haya producido, hay algo en lo cual no se puede negar éxito a los militares, la instalación del discurso. Hoy en día, no caben dudas que el estado no goza de buena reputación.

El veinticinco de mayo de 2003, con su asunción como Presidente de la República, Néstor Kirchner inició un proceso diferente. Intentó, a los ponchazos, hay que decirlo, con errores de diagnóstico, de ejecución y estratégicos, recuperar aquel rol que el estado desarrollaba previo al manifiesto de Martínez de Hoz: conducción de la vida social y de la economía, poniendo esta última al servicio de aquella en el deseo de un desarrollo comunitario equitativo. ¿Qué lectura tiene esto por un grueso de la sociedad? “Van por todo”; “otra cosa para chorearse”; “avances sobre la economía privada”; “nuevos conflictos innecesarios por la burocracia estatal rancia e ineficiente”. El discurso del ex ministro ha calado tan hondo que tiene la ponderación de un violador de menores. Muchos no dudan en llenarse la boca con insultos para contra el estado, ignorando que con ello se insultan a sí mismos. Derrota cultural, ha dado en llamarse. Resulta que nadie cuestiona el orden social desigual actualmente vigente, pero sí se critican las acciones del único actor con capacidad de transformar esa realidad cuando se decide cuestionar las causas de la desigualdad. Brillante.

El autor, como dijo arriba, se dispensa de desentrañar las minuciosidades de las consecuencias que económicamente arrastra este paradigma. Considera, para ello, que existen muchos mayor y mejor cantidad de personas duchas en el tema, que de hecho se encargan sobradamente de hacerlo, y muy bien. La intención de estas líneas es la de felicitar a Martínez de Hoz, por su capacidad de generar una cultura que, a mas de treinta años de pronunciadas aquellas palabras, sigue muy vigente en buena parte del inconsciente popular. Porque buena parte de ellos cree que diciendo “los milicos fueron unos asesinos hijos de puta”, la dictadura está superada. Bien por ellos, pero uno no se satisface y cree que el legado es mucho mas profundo. Y que cada quien se haga cargo de lo que crea que le corresponde de estas palabras.


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