jueves, 27 de agosto de 2009

Clarín o la democracia

“Sin ellos no se puede gobernar”. “Atacan como partido político y se defienden con la libertad de prensa”. “Todos quieren ser sus amigos, pero ellos solo aceptan socios temporarios”.

No son pocos, ni pertenecen exclusivamente a este gobierno, los que han vertido definiciones sombrías acerca del poder de fuego de que goza el grupo de la viuda. El grupo es Clarín, y la viuda, su dueña, Ernestina Herrera de Noble.

Hoy en día son pocos los que dudan que Clarín sea el factor de poder corporativo que mayor capacidad de condicionamiento e incidencia tiene sobre el diseño de las políticas públicas. Justo será recordar que en ello han colaborado todos, absolutamente todos, los presidentes que supimos conseguir desde 1983 a la fecha: Raúl Alfonsín (les dio Radio Mitre), Carlos Menem (Canal 13, cables y apertura a los multimedios), Fernando De La Rúa (llegada a los diarios del interior), Eduardo Duhalde (devaluación con mas pesificación asimétrica y ley de bienes culturales) y, hay que hacerse cargo, Néstor Kirchner (fusión Cablevisión-Multicanal).

Pero nada de ello importa ya en esta fecha, 27 de agosto de 2009. Fecha que puede (o no) llegar a quedar marcada como hito, entre tantas otras de nuestra historia. Fecha en que la Presidenta de la República, Cristina Fernández de Kirchner, envía al parlamento a debatirse el nuevo proyecto de ley de servicios audiovisuales. Una ley nueva, de la democracia. Que viene del puño y letra de un mandatario (¡mandataria!) electo democráticamente, reemplazando las tristemente célebres firmas de Jorge Videla, José Martínez de Hoz y Albano Hargindeguy, Presidente, Ministro de Economía y Ministro del Interior de la dictadura mas sangrienta de nuestra historia bajo el amparo de la cual, Clarín llegó a ser todo lo que es hoy. El hecho de que Néstor haya otorgado algo más del poder a Clarín en su momento, no implica oponerse a que se discuta ahora un proyecto superador y de excelencia. Eso al decir, incluso, de muchos quienes no pertenecen (ni pertenecerán) a este gobierno. Bueno es saberlo: no siempre se avanza como se quiere, sino como se puede.

Para desmenuzar el texto de la ley en detalle, habrá tiempo. Sería bueno inundar la web de posts al respecto de la discusión que se avecina, para no quedar postrados ante lo que será, sin duda alguna, una feroz embestida orquestada desde el grupo. Maniobra que irá directamente a buscar el precio -y que se entienda textual esta expresión- de débiles voluntades, que las habrá, seguramente. Y he ahí el quid de este comentario.

La certera posibilidad de que se presione sobre hombres de las instituciones, viene a darnos noción de lo que puede significar el debate de un nuevo instrumento en esta materia: la chance de que los oligopolios mediáticos se disciplinen al poder de la democracia siendo lo que deben ser, un actor más, importante sí, pero que no merece los privilegios con que cuenta por estos tiempos. O bien, sino, se consolida la reivindicación de los mismos como factor corporativo, extrapoder o suprapoder –como son-, gravemente condicionante del accionar de los gobiernos democráticos –lo cual no significa eximir a los mismos de las barbaridades que han cometido en más de veinticinco años de gestión institucional-.

Estará en la conciencia de cada diputado y senador si han de servir a los intereses de los grupos (o mejor dicho, de ese grupo), o a la democracia que los galardonó con los puestos que ocupan. El debate que empieza, marca la chance de que finalicen su imperio las expresiones más importantes de la dictadura o se continúe en el marco de una democracia falopa.

Promesa de épica en puerta. Y, en cuanto al firmante respecta, promesa de que sea el primero de muchos posts que hagan a esta batalla que hoy comienza, y ojala depare victoria.

P.D.: Hasta el propio Carlo, padrino de la criatura con la famosa modificación al artículo 45 de la ley actual, dice hoy, “me equivoqué con eso. Y los medios se convirtieron en monopolio”. Pecó de ingenuo y un día Magnetto le dijo, cuando el riojano lo acusó de querer su puesto, “puesto menor el suyo, Menem”. Igual que cuando Álvarez, Chacho, oyó: “no te equivoques, el poder lo tenemos nosotros”. Quien quiera oír que oiga dice el dicho. Y que, con esto, se puedan oír más y, sobre todo, mejores voces.

1 comentario:

  1. Pablo, Me gusto mucho tu post, veo que el libro es util en el momento justo.
    Coincido con vos en que la actual ley de radiodifusion no puede seguir en pie, no es democratica ni beneficia al pueblo, solo a algunos pequeños (grandes) bolsillos como al de Ernestina.
    Espero que se llegue a buen puerto y que se den grandes cambios que nos puedan servir como herramientas para nuestro futuro.
    Brindo contigo por esto, y por mas y mejores voces!
    Te quiero, Besos!
    Ana.

    ResponderEliminar

Piense distinto, con pluralidad y objetivamente, aquí: