lunes, 13 de julio de 2009

La cuestión es simple: juegan cuatro


Pasó otra Copa Davis. Pasó literalmente porque, para variar, este año tampoco el nombre del campeón será Argentina.

Esta vez en cuartos de final, el resultado no fue ni humillante ni tampoco, hay que decirlo, inesperado. Lo mas lógico era la derrota: sin Nalbandián en una pista rápida a la que, para peor, no están acostumbrados nuestras cartas (por fuera del Rey David) y con la endémica ausencia de un doble confiable. En ese contexto, lo mejor que cabía esperar era el 2-3 que finalmente se dio a favor del rival, República Checa.

Las causas son las mismas que aquejaban cuando la dependencia era sobre la figura de Nalbandián. Esta vez, solo Del Potro pudo asegurar eficacia. Ganó sus dos singles y el capitán decidió no usarlo en el doble. Sin caer en el diario del lunes, no estoy de acuerdo con haber guardado el sábado a Delpo, por la situación particular que lo tenía como único de los integrantes en un grado óptimo de confiabilidad. En la Davis puede suceder que se dependa de uno de los cuatro partícipes en tres puntos. No es lo ideal, pero circunstancias particulares pueden tornarlo cuasi imprescindible. Y creo que esta era una de esas ocasiones. Pero Vázquez parece inclinado a diversificar las opciones y apostar a la conformación de un doble independiente de los individuales. Habrá que ver como funciona este esquema cuando vuelva David, más proclive a estar presente, al menos, viernes y sábado.

Sucedió, entonces, bastante de lo que Tito tenía pensado. Del Potro ganó con suficiencia sus dos singles. Pero lo que faltó fue el puntito que no pudo aportar, a pesar de estar cerca contra Berdych el viernes, Pico Mónaco. Súmese a esto que el capitán daba por perdido el doble (aún con Del Potro, otra razón por la cual decidió guardarlo). Demasiado poco para afrontar una serie como esta. No se puede depender tanto de un solo valor, sea quien sea, antes David, esta vez Juan Martín, en un juego de cuatro tipos (y cinco puntos). El resultado termina siendo insuficiente. Y da amargura, porque se podía. Berdych se mostró vencible el viernes pero Pico lo dejó renacer después de jugar casi cuatro sets impecables. Del Potro, lo dicho, destrozaría fácil a Minar para cerrar en un buen y esperable empate la primera jornada. El doble fue un trámite para los checos, donde reapareció Stepanek en todo su esplendor junto con Berdych. La pareja argenta de Mayer (bien) y Acasuso, fue muy superada. Lo de Chucho fue bastante triste y habrá que pensar en si se puede contar con sus vaivenes anímicos decisivos, por lo visto, en su juego. El domingo, Del Potro borró también a Berdych y finalizó lo suyo aportando todo aquello cuanto de él dependía. Todo quedaba en manos de Mónaco, ante Stepanek, quién dejó atrás los rumores de lesión que lo daban de baja antes de la serie (y que efectivamente lo bajaron del primer día) y venció al argentino sin nada que decir, mas que felicitarlo.

Para el futuro queda, como viene sucediendo bastante seguido tras cada derrota en Davis, bastantes signos de esperanza. Eso que se llama “equipo”, va conformándose. El clima grupal indudablemente mejoró. Nalbandián deberá insertarse en el mismo sin alterar esa armonía. Porque es vital su aporte, decisivo y superador en cualquier superficie cual ha demostrado sobradas veces. Será necesario para que, junto con Del Potro y con un Mónaco que, pese a haber sido doblemente derrotado, dejó la sensación de que puede, conformen la necesaria y deseable estructura que trascienda los individualismos haciendo de Argentina el equipo temible que por nombres uno supone que debería ser.

Porque en la Davis, lugar común o no, juegan cuatro.

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