jueves, 2 de julio de 2009

Cambios de gabinete, ¿solución para la gilada?

Es la vedette del momento. Lo pide la oposición, lo piden los periodistas. La Presidenta lo niega. La sensación de que "se viene" es casi inevitable. El cambio de gabinete, señores, anda rondando.

En un sistema presidencialista (el argentino en especial porque está híper potenciado) se supone que los ministros son fusibles, pues pueden cambiarse (para muchos, deben cambiarse) ante cualquier indicio negativo del rumbo de gestión y que carguen con el muerto. O ante una caída parlamentaria, como la sufrida por el gobierno el ya tristemente célebre 28J. La idea sería que cambien los ministros, que no tienen mandato definido, a fin de preservar, oxigenar la figura del Presidente. Con la creación del Jefe de Gabinete de Ministros se intentaría reforzar esta tendencia puesto que el JGM sería quien reciba los palos por los avatares administración. Por razones varias, esto último no se ha dado mucho.

En la historia reciente, Carlos Menem tuvo siempre a mano los cambios de gabinete en su primer período llegando a tener, en algunas carteras, un ministro distinto por cada uno de sus seis años de gestión. En su segunda etapa optó por mayor estabilidad. Para Raúl Alfonsín y Fernando De La Rúa, en cambio, las variantes se manifestaban como reacciones ineludibles ante los sacudones con que la coyuntura golpeaba sus figuras. Se imponían los cambios por obligación más que por decisión del mandatario. Kirchner dominó más que ninguno la situación, cambiando simplemente cuando algún ministro era electo en el congreso. Contó con el gabinete más estable que se recuerde y menos decisivo también, en su afán de no depender de ninguno de ellos (como le ocurrió a Menem con Cavallo). Eso, sin embargo, puede resultar un arma de doble filo. Cristina, hasta aquí y como en muchos otros rasgos, ha elegido similar línea.

Ahora, con la derrota parlamentaria y hasta que los vencedores tomen posesión, ha cobrado fuerza el reclamo/exigencia a la Presidenta de que el mensaje eleccionario la obliga a cambiar sus asesores. ¿Es tan necesario? Veamos…

Por supuesto, desde cualquier lógica, es de esperar que un gobierno, cualquiera este sea, se nutra de asesores igualmente eficientes y leales, para que la gestión ofrezca excelencia y cohesión. Hasta acá, lugar común. Pero como decía arriba, en el kirchnerismo los ministros han tenido un lugar de muy relativa o escasa preponderancia. ¿Alguien recuerda alguna política `03/`09 que haya sido iniciativa de un ministro y no de los propios Néstor y/o Cristina? Lavagna en los comienzos tuvo bastante poder; Alberto Fernández, quizá el Jefe de Gabinete que preponderancia logró desde la creación del cargo, aunque eso en razón de integrar la informal mesa chica del kirchnerato, donde se tomaron siempre las grandes decisiones (Néstor, Cris, Alberto y Zanini). Pero ninguno más. Se sabe que Tomada tiene ascendencia y gran trato con el sindicalismo, que Aníbal es respetado en los círculos judiciales y en la Corte, que Randazzo es un fino operador político, que Massa es eficiente y tiene carisma mediático. Pero en todos los casos son meros delegados de las iniciativas del poder matrimonial. Las decisiones vienen dadas de arriba y los ministros guardan el papel de ejecutores. Es un modo de gobernar. Nótese que quienes mas independencia (relativamente hablando) de poder han tenido no integran precisamente la formalidad del gabinete: Echagaray (AFIP), Redrado (Banco Central), Boudou (ANSES). Pero lo que hubo desde 2003 es una centralización de las expectativas en la mano del “Gran Jefe”, que no hizo más que determinar que no se pudieran proyectar los fracasos a terceros. Las testimoniales legislativas son hijas de esa forma de ejercer el poder.

Lo que quiero decir con toda esta cantinela (no-destituyente) es que el tema acá no es si Carlos Fernández es bueno o malo (es malo igual). El cambio servirá solo si los ministros pasan a ganar algún grado de relevancia en la definición de la agenda. Obviamente, muchos de los que están son irremplazables y mas lo serán si obtienen espacios decisivos. Pero mas que de nombres, el cambio debe ser de estilo. Igual que respecto a las ideas. Lo importante, como dice Sabbatella, es corregir errores de forma, para solidificar el fondo. También en el tema ministerial. Porque tirar nombres a la parrilla, será solo para la gilada. Y no es nuestra costumbre hacerle monerías a esa gilada.

5 comentarios:

  1. "..¿Alguien recuerda alguna política `03/`09 que haya sido iniciativa de un ministro y no de los propios Néstor y/o Cristina?.."

    Yo recuerdo una, y fue en gran medida el desencadenante de todo esto... La propuso un lindo pibe, ministro de economía....

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  2. Si, es cierto eso. Pero, según se cuenta, esa medida en lo grueso estaba tomada. Y la cuestión de la movilidad y toda la bola es lo que fue invención de Lousteau. Pero está muy bien, te doy la derecha.

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  3. Dame la izquierda mejor :p.

    Che, felicitaciones por el blog. Buena suerte y el mejor de los éxitos! ;)

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  4. si, y a ese lindo pibe no se le tendría que haber soltado la mano (digo ahora, con los resultados post 28j). la medida, de 1°, (limitación a la expansión de la soja), fue el desencadenante. bienvenido sea en ese sentido. o no queremos cambios estructurales en la distribución del ingreso?
    pablo d: te gusta el cambio de gabinete posterior a tu post? a mi me encanta
    y vamos x más
    refresh, botox, y a sostener el modelo duro y puro, mas con un cambio de cara
    y cristina d protagonista

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  5. No, no me gusta el cambio de gabinete. Sobre todo con lo de Aníbal, a quien banco, pero no en ese puesto. Yo quería a Agustin Rossi allí, pero bueno.

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