lunes, 28 de diciembre de 2009

Merecidísimo. Otra no cabe


Va, viene. No se queda quieto. Tiene la vista clavada en el suelo, ¿Qué carajo se le habrá perdido? Agarra la botellita de agua, bebe. Piensa. Se agacha. Y se vuelve a parar.

Rutina invariable la del hombre. Es idéntico y a la vez muy diferente a la mayoría de los amantes del futbol. Obsesivo, precavido, valiente, provocador, humilde y respetuoso. El personaje de esta historia tiene nombre, apellido, y un apodo que le queda como anillo al dedo: Marcelo Alberto Bielsa, “loco”.

El ex entrenador de la selección vive horas de gloria, de revancha personal. Clasificó a la selección de Chile para Sudáfrica 2010, donde buscará la revancha del doloroso fracaso que en Corea-Japón 2002 vivió con Argentina, cuando se marchó en primera ronda. Goza del reconocimiento unánime de la prensa trasandina. Y ahora, además, sumó al incorregible panqueque argentino, que añora su calidad de organización y estratega, ante el descalabro que vive la albiceleste al mando del mejor futbolista de la historia, Diego Maradona, a quien su actual tarea le queda muy grande. La prensa argentina especializada, que se cansó de denostarlo, ahora titula sus matutinos con pedidos de regreso.

Esta semana Bielsa recibió un merecidísimo homenaje de parte de quienes nunca perdió el cariño, el pueblo de Newell´s Old Boys, y el estadio de ese club, de aquí en adelante, llevará su nombre. “No lo merezco”, fue la respuesta del tipo, que no cuenta entre sus virtudes la originalidad. Nadie que lo conozca podría haber arriesgado que diría otra cosa que esa, enfundado en su clásica ropa deportiva, esa que no abandona ni para participar del cierre de campaña de su hermano Rafael, el ex canciller y candidato a diputado porteño kirchnerista.

En la cabeza de Bielsa no caben homenajes, que generalmente correspondieron a los tocados con la varita mágica. Loco Marcelo, en cambio, solo conoció el éxito como producto y a base de puro esfuerzo, trabajo, dedicación, constancia. Y alguien de esas características solo entiende cada victoria como un pequeño paso, y nuevo punto de partida hacia el siguiente objetivo. Los homenajes representan un tarea cumplida que este hombre no es capaz de aceptar.

Cuando se hacen este tipo de reconocimientos invaden la memoria los hechos y recuerdos, que evocan como llegó el personaje a los niveles de merecer ponderación. Y en cuanto al rosarino son varios. El título con Newell´s en cancha de Boca. El campeonato con Vélez. Aquellas brillantes eliminatorias para llegar al mundial 2002. La dignidad con que sobrellevó el mal trago en aquella cita, para la que tanto y tan bien se preparó. La medalla de oro olímpica en Atenas 2004, casí al mismo tiempo que aquella Copa América que se escurrió como agua entre los dedos, a poco de final, y luego en los penales. Los memorables duelos dialécticos mantenidos con periodistas que ferozmente lo criticaban, todos mantenidos desde el concepto, el respeto por la disidencia, pero desde la fortaleza de la pertenencia ideológica. El hecho de que condujo una selección que, gustara más o menos, salía a ganar en todas las canchas del mundo, y sabiendo como quería hacerlo.

Es imposible, asimismo, dejar de lado frases memorables, por la riqueza y también lo ingenioso que dejaron. Aquel, “no hablo de su incapacidad de entenderme, sino de la mía de expresarme”, cuando debatía con un periodista. “Entiendo el resultado como consecuencia y no como accidente”, durante una charla con empresarios. “¡Apachel!, ¡la oferta de la recepción tiene que ser vertical!”, indicación a Tevez durante un partido con la sub-23. “Ayudame. Tengo que explicarle un concepto a Ortega, que no te atiende más de 4 o 5 palabras, y no puedo en menos de 20”, a su hermano, durante un fin de semana de descanso en Rosario.

En fin. Es el maestro del relato en el mundo del fútbol, a juicio de quien firma, gran admirador de este rosarino que está a unos meses de la oportunidad de su vida: ir a buscar su revancha en la cita máxima del fútbol. Allí donde un hombre como él debería recibir el premio, porque el mundial es el lugar donde la organización, el rigor, la constancia y el trabajo, mandan, o deberían mandar. Que así sea.

Mientras tanto, por muchas palabras y frases que le queramos recordar, por esta vez más vale retener la imagen de nuestro hombre en Rosario al recibir la distinción. Emocionado, a su manera, por una reverencia que bien merecida tiene.

domingo, 27 de diciembre de 2009

No es boludo, pero igual no sirve

Parece que al niño Maurizio le van soltando la mano (ver sino acá –Pagni, muy revelador-, acá –García, entre homofóbico y espantado-, acá –Grondona, decepcionado-).

Está claro, la versión empresaria de la política, es eficiente para vender, pero tiene limitaciones a la hora del barro. El “le pedimos disculpas, estamos trabajando”, de Rodríguez Larreta, puede servir cuando se trata de que no pudieron tapar un bache, o que un semáforo no funciona; pero se queda en pampa y la vía a la hora de la política en serio, profunda, estructural.

Un tipo que, como Posse, se animó a verbalizar lo que es el macrismo sin pedirle permiso a Durán Barba, exhibió los límites del relato macrista.

Y para peor, sus socios están en una encrucijada. Su niño mimado no puede, no sabe, y encima puso a uno que habló más de lo que debía. Los puso en evidencia: represión, mano dura, justificación de la dictadura (de esto ya hubo cuando el propio Macri vivó a Cacciatore). Y eso no conviene.

Sin embargo, le exigen a Macri algo más que el relato cool, edulcorado y buena onda de muchachos como Peña y Michetti, que hablan mal y hacen peor; y tampoco ya alcanza con un tipo que te acerca el libro de quejas y te toma el reclamo, como Rodríguez Larreta.

De modo que Macri está en un big problema. Ser de derecha, sin reconocerlo (o, al menos, sin hacerlo en su totalidad) pero a la vez encontrar un esquema, cualquiera sea, que exprese un plexo programático definido. Pero ya no empresarial, sino político.

Acá hace unos días se preguntaban si Macri era o no boludo. Claramente no lo es. Un boludo ahí no llega. Lo que tiene es una torpeza incomparable, propia de un flaco que no entiende de los obstáculos que la sociedad, el sistema, el esquema, o como se le quiera llamar, le impone a sus administradores. Así de fácil.

Para hacer política, hay que saber. Y Macri no sabe. O hay una parte que no la sabe, una de dos. Por lo visto, hay que reconocer que en campaña anda. Y quizá sea porque las campañas, marketing mediante, se asemejan al mundo de donde proviene. La gestión no, y ahí hace agua.

Porque no todos están dispuestos a pretender que nos podemos poner de acuerdo en todo, re lindo, re bien y sin problemas, porque nos queremos todos, como dice Gaby. Porque no nos queremos todos, porque peleamos por cosas distintas –y, a menudo, irreconciliables-.

Porque tampoco queremos aceptar que el estado significa una mesa de entradas tipo Mac Donalds, donde uno pide algo que sale automáticamente, desconociendo que cada decisión que se toma, por mínima que sea, implica asumir posiciones en un debate sobre la vida misma.

En eso anda Macri. Sin poder admitir todo lo de derecha que es. Pero sufriendo reclamos de socios que le van indicando que con un Durán Barba encuesta de imagen en mano, un “estamos trabajando para usted”, y cara de buena onda, no alcanza. O sea, anda en un lindo kilombo, del que tiene que salir cuanto antes si no quiere morir entre General Paz y Puente Pueyrredón. Pero, por lo visto, ni idea tiene de cómo hacerlo.

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Alto mix de fin de año. De las visitas virreinales al "caos reinante", pasando por fallos a gusto del consumidor

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Desilusiones e inseguridad jurídica

El que esto escribe fue uno de los tantos que confió en lo que fue el “fenómeno Obama”. Un poco de retórica convocante, más una errónea percepción de que los poderes fácticos gozarían esta vez de menor poder de limitación, muy evidenciados por su clara responsabilidad en el descalabro financiero de las subprime. Ambas en combo crearon la falsa ilusión. Rápidamente el castillo se demostraría de arena. Este estudiante de derecho se recuerda hace apenas dos meses haciendo una apuesta con su profesor de Derecho Internacional Público. Ya desencantado con Obama, e indefectiblemente irreverente, apostaba con el educador –que aún confiaba en el bueno de Barack- una pizza a que el Presidente de EEUU mantendría el embargo a Cuba en la asamblea anual de ONU que se aproximaba. Los hechos le dieron la razón al estudiante, aunque nunca recibiría su paga.

Analizando el plano macro, la no regulación de la orgía financiera persiste (y encima se la premia con suculentos paquetes de salvación); la histórica política pro golpista yankee, ídem; las guerras que inició Bush gozan de buena salud (o peor, las justifica en ocasión de recibir un inexplicable premio Nóbel de la paz). Por demás, es un inútil que ni siquiera ha podido resolver sus propios problemas, como la desocupación que crece entre el pueblo norteamericano. Todos estos hechos, confirman que Obama no ha querido encarar un camino diferente, como engañó en la campaña. Y en aras de no diferenciarse de los antecedentes que lo nutren, días pasados envío un simpático virrey a este, otrora su patio trasero: don Arturo Valenzuela.

El amigo Valenzuela, como no podía ser de otra manera, vino a decirnos que con Menem estaba todo mejor. Y no mintió. Después de todo representa los intereses de sus nacionales en nuestro estado. Claramente, esos intereses durante los `90 se sentían más satisfechos. Para expresar sus chillidos, no dudo en apelar al caballito de batalla por excelencia de los sectores empresarios: la (falta de) seguridad jurídica. De tan obvio, sonó redundante. A los efectos de estas líneas, y obviando que ese concepto es poco –por no decir nada- abundado en las cátedras de filosofía del derecho, cabe aclarar que de lo que señores como Valenzuela hablan cuando refieren a la seguridad jurídica, es a que un estado no regule ni cambie las reglas, en tanto no sea en favor de la rentabilidad empresarial. Genéricamente se designa que el estado deje libre la economía, pero más bien lo que hace es operar fuertemente, solo que en beneficio de los sectores más fuertes que en ella intervienen. Entonces, es lógico que en 1996 los que le fueron a llorar a las faldas a Valenzuela se sintieran más atraídos a invertir, siendo que el gobierno de entonces produjo importantes modificaciones legales, que incluyeron, entre otros, tabla rasa con los derechos laborales y remate del patrimonio público nacional. Distinto camino el que, desde 2003, aboga por intervencionismo estatal y recuperó gruesas porciones de los derechos laborales arrasados por el menemato, con beneplácito judicial. ¿Cómo esperar de Valenzuela y sus secuaces otras declaraciones que las que hizo?

Tocó en Argentina comprobar como Obama resultó apenas una brisa de ilusión, más de lo mismo. No llaman la atención, entonces, aquellas declaraciones de Gabriela Michetti “a Obama no le llego ni a los talones”. En orden a los ideales que el sucesor de Bush ostenta, Michetti, que los comparte, está aún varios escalones debajo, como no.

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Los fallos Clarín

Se desató en las últimas semanas una andanada de fallos contra la nueva ley de servicios de comunicación audiovisual. Era de esperarse que el grupo Clarin fuera por este camino, siendo que la ley gozó de la friolera de un 146-3 en diputados y 44-24 en senadores. Resultados abrumadores pero extrañamente disociados del valor vedette de estos tiempos, consenso. Lo cual no deja de llamar la atención cuando sí mereció ese calificativo el rechazo a la 125, definido por apenas un voto de diferencia en la cámara alta.

Entre los que prestaron su firma a los deseos de Magnetto, se encuentran
un ex asesor de gabinetes dictatoriales, que además se dio el lujo de censurar programas de TV y películas en democracia; y una señora que no tuvo empacho en prohibir la llegada de Canal 7 a su provincia, Mendoza. Es decir, todos valores de la libertad de prensa. De la que Clarín sostiene, claro.

Pero no hay que valerse del ad hominem, o los auspiciosos antecedentes de los magistrados. La ridiculez de lo que han decidido lo hace innecesario. Como no podía ser de otra manera optaron por aplicar un freno al artículo nodular de la ley, el 161, el que impone en un año el plazo de desinversión a partir de que la autoridad de aplicación se conforme y dicte los pliegos que establezcan como se hará dicha desinversión. Es decir, este artículo aún no opera. Las cautelares sirven para detener la ejecución de una acción observada que pueda desvirtuar el objeto de una demanda una vez que llegue la sentencia. La cautelar no procede pues no hay nada en curso que detener. Conclusión, el juez es un burro. O está comprado. Una de dos. De mínima un ignorante del derecho, de máxima un corrupto. Grave, en cualquier caso.

Justo es reconocer que en la votación en particular, en ambas cámaras, el artículo 161 mereció menos votos que la votación en general. Incoherentes los que lo hicieron. Lo allí dispuesto es crucial para que el resto de la trama tenga algún sentido. Si no se desactiva el esquema actual, que es lo que se quiere mejorar, todo esfuerzo será nulo. Y no hay forma de desarmar un mercado oligopólico si no se agreden las formaciones distorsivas y disfuncionales de la competencia. Muchas que, incluso, estaban en falta con la difunta 22.285. Un año –a partir de decididos los mecanismos por la autoridad de aplicación- es suficiente, y siempre vale recordar el tiempo dado por el estado más neoliberal del mundo, EEUU, a Microsoft para que ésta realizase las desinversiones necesarias a los fines de adecuarse a la sana competencia de mercado: tres meses. Es decir, un tercio de lo aquí otorgado. Más tiempo es más aire para operar las adecuaciones necesarias, y entonces nada cambie.

También mereció objeciones el artículo 41, que impide transferir licencias sin permiso de la autoridad de aplicación. Hay que recordar que las licencias otorgadas en materia audiovisual representan concesiones, y no ventas. Y sobre concesiones las facultades no son (ni pueden ser ni deben ser, ni acá ni en ningún lado del mundo civilizado) ilimitados, porque la propiedad es del estado, que pasado el tiempo de la concesión recupera el ejercicio pleno del derecho, cuyo imperio nunca cede ni pierde. Con lo cual, es perfectamente lógico y razonable que se vigile la suerte de la licencia durante el tiempo que se concede su disponibilidad. Y punto.

En ocasión de evocar la reciente sanción de la nueva ley, este comentarista dijo que el camino recién empezaba, y que nada de lo hecho garantiza aun el triunfo. Los hechos son los que demuestran lo certero, aunque amargo, de aquel juicio.

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Crispación y progresismo

Es comidilla de los últimos tiempos (y políticamente rentable) hablar de la necesidad de bajar las dosis de crispación, supuestamente fogoneada por el kirchnerismo, aunque son los opositores quienes no dejan de llenarse la boca de frases tremendistas y terminales. Por ejemplo, anunciar un default que nunca llegó, o que en 2009 no se venderían ni doscientos mil autos, cuando el dato final habla de más de quinientas mil unidades.

También, y a raíz de los alineamientos dados en la sesión preparatoria del 3 de diciembre en la nueva cámara de diputados, se volvió a debatir sobre el significado de la palabra progresismo, y la mayor o menor pertenencia del actual oficialismo a ese espacio.

Hay que partir de la base de que el denominador común de todos quienes se dicen progresistas (exceptuando al gobierno nacional), son las intenciones de cambiar cuestiones del estado actual de la cosa pública. Por fin, quien esto firma cree que el rasgo diferencial del progresismo pasa por la apertura de debates que los `90, enmarcados en el contexto mundial de fin de la historia y las ideologías, pretendió dar por terminadas. Debates necesarios, independientemente de quien sea que los proponga. En el gesto de echar luz a lo que estaba oscurecido, hay una evidente profundización democrática, una apertura.

Ahora, cuando se ataca un statu quo determinado, sea quien sea que del mismo goce, indefectiblemente surgirá la tan mentada crispación. Pero no es quien promueve las imperiosas discusiones institucionales quien incita la irritación, sino más bien quien se pone en postura de defensa de los intereses creados a raíz del orden anterior. Y para ello, vale repetir, basta revisar el veneno que destilan las declaraciones de los impresentables cuyos intereses han sido cuestionados, y/o sus voceros dirigenciales (UCR, PRO, CC, entre otros).

Nada de lo acontecido en Argentina, en un marco de tensión con el establishment, debería sorprender. ¿O acaso alguien pretende que estas cosas se puede discutir en paz y tranquilidad? Maquiavelo ya decía que el hombre más rápido olvida la muerte de su padre que la pérdida de su patrimonio. Más actual,
Lozano durante el debate por la ley de medios razonó lo lógico del estado de emoción violenta clarinista, pues el congreso se disponía legislar en contra de sus irregulares privilegios. Raro en boca de quienes también, en aquella oportunidad, aludieron a quienes “nada quieren cambiar”, los mismos con quienes hoy comparte grupo “A”.

Entonces: de un lado están quienes, con todas las limitaciones que se le pueden marcar del caso, han abierto una agenda de ítems sobre los que en un futuro cabrá adoptar medidas tildadas de progresistas –si es que se considera que el gobierno no la ha hecho-, cuando en el pasado no estaba permitido siquiera mencionar dichos asuntos. Y del otro, muchos que de boquilla ostentan calidad de progres, pero que no dudaron en hacer el juego a quienes en su momento no dudaron en calificar de
oposición consentida o conservadora.

A la luz de estos antecedentes, cada cual podrá sacar sus conclusiones de cuales son los alfiles del proyecto progresista dentro del actual escenario político argentino.

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La yapa: el adiós del dinosaurio

Cuando terminaba de escribir esta columna, el blogero recibe la noticia, feliz a su juicio, de la renuncia de Abel Posse al ministerio de educación porteño. Lo reemplazará Esteban Bullrich, quien finalmente,
y como acá se advertía, ha sido un diputado testimonial, con apenas doce días de mandato cumplidos sobre cuatro años. Igual que Michetti, pero al revés, pues de ella en su momento se dijo que era razonable el abandono de su cargo, ya que saltar del ámbito local al nacional era avanzar. Excusa no válida para Bullrich, quien ahora emprende un camino inverso. Todo sin la condena mediática, que en otras ocasiones se mostró horrorizada.

Es glorioso que abandone la escena pública un
animal capaz de reclamar por mayor represión policial a la juventud, culpando a ésta de todos los males sociales, justo en tiempos que un pibe acaba de morir por excesos de ese tipo. O que apela a lo peor del pasado, macartismo puro mediante, como la defensa de los torturadores/represores/secuestradores/apropiadores/violadores. Que no vaciló en agitar fantasmas tales como el supuesto troskoleninismo de los K. Y ni que hablar de la ridiculez de identificar la delincuencia con el fanatismo por el rock, a cuyos recitales tildó de escenas fascistas (muchos a veces vociferan lo que ven en un espejo). Pensar que quien esto firma recibió mensajes de adhesión al personaje departe de confesos admiradores de Rolling Stones, suena increíble, pero pasó.

Hablar de inseguridad cuando se encabezaba la cartera de educación -sin contar que promovió recetas probadamente fracasadas- era todo un mensaje. Nefasto, por cierto. La (justificada) resistencia que su designación provocó instantáneamente,
fue abrumadora. Y tanto se movió el piso, que se terminó con el retorno del pasado en su peor expresión. Aunque cuidado, porque Posse es pura esencia PRO, y de aquí en más hay nueva policía. Michetti y Posse son lo mismo, a no engañarse. Victoria de la resistencia popular y los DDHH a la designación de un personaje violento, básico, rudimentario. Muestra cual es el camino a seguir. Y no es aventurado concluir que esta renuncia, es el mejor regalo que muchos chicos reciben en navidad, a pesar que ellos en su mayoría no comprenderán la dimensión de lo que representa.

viernes, 18 de diciembre de 2009

Debate con Argumedo y con Varsky sobre la sesión preparatoria

En esta nota, Alcira Argumedo explica la posición de Proyecto Sur respecto de la ya célebre sesión preparatoria en diputados, la que para muchos es el principio del fin de la dictadura.

Quien firma había tratado de no subirse al encendido reclamo que hubo para con la centroizquierda por haberse aliado a la derecha, en ánimos de revisar conductas propias y no ajenas. Prefirió centrarse,
acá, en lo que considera fueron gruesos errores de Néstor K, evidente producto de su inexperiencia legislativa. Y, además, claramente indicativo de que el timón allí debe seguir en manos del más ducho y dúctil Agustín Rossi. Sin embargo, la lectura de las explicaciones de Argumedo, citadas por JPV en “No somos nadie” (desde llegaron a estos oídos), llaman a expresarse.

Argumedo dice que lo hecho implica una mera alianza estratégica para que se respete el cambio de mapa que la votación del 28J produjera. JPV coincidió, y dijo que no le cabía al oficialismo quejarse de que Proyecto Sur rosquee ahora, ya que el Kísmo ha rosqueado -y mucho- con diferentes fuerzas políticas según la ley que se estuviere tratando. Y que lo que hizo Proyecto Sur es válido en tanto escalar posiciones de poder (que, vale decir, en buena ley ganó).

No se comparte. ¿Por qué? Porque el gobierno necesita rosquear. Es vital en función de mantener la iniciativa e imponer la agenda de gestión. Más, se diría que es su obligación hacerlo, porque es su obligación defender la gobernabilidad. Las obligaciones del día a día imponen un difícil equilibrio a los oficialismos de turno.

Proyecto Sur no consiguió mucho más que la presidencia de la comisión de energía a favor de Pino. Ahora, hecho eso, ¿está seguro de contar con las firmas de sus compañeros del Grupo “A” para elevar dictamen en algún proyecto que estatice tal o cual recurso? ¿Alguien imagina las apelaciones de PRO, o del Lobo Aguad, a la tan mentada seguridad jurídica si Pino se propusiera, por ejemplo, estatizar YPF?

Proyecto Sur, y el resto del centroizquierda, se destacaron por el hecho de ser fieles a una agenda histórica respetada independientemente de la coyuntura que envolviera las distintas iniciativas gubernamentales. En ese contexto, no le podrá negar al gobierno el haber impulsado varios componentes de dicha agenda. Ahora, en cambio, han optado por hacer avanzar en la cámara a quienes (coincidiendo, por ejemplo, con lo dicho por el ex diputado Raimundi) de haber ostentado poder antes, jamás se hubiesen preocupado por impulsar todo aquello que la propia centroizquierda ha venido acompañando. Y no se trata solamente de la ley de medios.

Está claro que en la cámara por número las matemáticas aún indican que la centroizquierda y el kirchnerismo unidos reúnen número como para abordar cuestiones similares a las que antes los han juntado. El tema es que antes hay que pasar por comisiones, allí donde ahora han cobrado fuerza posturas obstruccionistas, de las que no participa desde ya la centroizquierda, pero que sí contribuyó a agigantar.

Y para agravar el cuadro, se han ganado que los critiquen por panqueques si en un futuro deciden volver a coincidir con el kirchnerismo. “Han desandado el acuerdo cívico y republicano al que se arribó aquel 3 de diciembre, defraudando a la gente que los votó”, puede imaginarse tales letras de molde o los gritos de los dirigentes de la derecha (que no son lo mismo, pero cada vez se nota menos la diferencia).

No se trata, vale reiterar, de llorarle la carta a los ex aliados que nunca lo fueron tanto. Sino de evaluar -y en esta postura, negativamente- una estrategia política. La centroizquierda ha ganado posiciones de poder, es cierto. Pero que de poco le servirán si quiere mantener fidelidad a su propia historia, pues sus compañeros de grupo jamás avalarán sus proyectos. Si uno les cree que anhelan una agenda progresista de verdad, flaco favor le han hecho a la misma, aliándose con quienes han hecho, hacen y harán lo imposible por denostarla. Y por si fuera poco, le dieron aire a la derecha en la pelea de poder, en la que se quisieron meter ellos también, pero de la cual poco han obtenido para sí, negocio entonces que no se entiende.

lunes, 14 de diciembre de 2009

Crispación, revuelos, convulsión, avances, y no tanto: 2 años de gobierno de CFK


Seguro que ni el más pesimista de sus militantes, ni el más optimista de sus detractores, imaginaban el contexto en que se han desarrollado esta primera mitad del gobierno CFK. Suponiendo que, como reza el Gran Relato impuesto, ese contexto sea malo.

Por fin, resulta evidente que se ha profundizado un clima de debate de temas que parecían zanjados o clausurados por lo que dejó el Consenso de Washington. Discusiones, todas estas, que vienen dándose con mucho vigor, de un lado y del otro del mapa dirigencial de la política argentina.

Se puede estar a favor o no de los modos en que transcurren estas pujas, lo indudable es que la perspectiva está más que abierta. Y entonces, e independientemente de la posición que se pueda adoptar respecto de las medidas que en ese marco de disputa toma el gobierno, surgen otro par de cuestiones sobre las que no cabe un alfiler de duda.

Uno, que la administración K está parada con mucha mayor certeza y decisión en un plexo programático definido y coherente. Esto le otorga la firmeza de la unidad, que dicha cohesión ideológica supone, vital para mantenerse ante la perdida de consenso social. Dos, que al margen de que se pueda considerar más o menos de izquierda a este gobierno, la oposición que más furibundo combate le propone es, claramente, de (rancia) derecha. Y eso, de por sí, moviliza adherirse a muchos de los productos K.

En resumen: tiene razón la oposición cuando dice que hay crispación. ¿Cómo no la habría? Valga lo dicho por Claudio Lozano, durante el debate por la ley de medios en diputados: que es lógico el ambiente crispado cuando se ponen en tela de juicio posiciones privilegiadas –máxime si esas posiciones implican intereses económicos-. El contexto convulsionado resta adhesión en el plano horizontal, pero robustece la militancia partidista, ergo se polariza la escena. Y ello tiene anverso y reverso. Se perdieron dos batallas importantes como retenciones móviles y 28J, más, paradojalmente, tras cada una de ellas el gobierno reaccionó con mayor iniciativa y agenda. Voluntad de acción política en ascenso.

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El gobierno de Cristina ha puesto en agenda, una tras otra, una serie de cuestiones coincidentes con el grueso del arco progresista. Y en ese sentido, construyó mayorías importantes para decisiones trascendentales como estatización de AA y fondos previsionales, ley de medios. Lo hizo, además, abriendo los proyectos originarios a las sugerencias de quienes se quisieron sumar a ese arco: PS, Proyecto Sur, SI, FORJA. Es decir, no hubo -salvo en el caso de las retenciones móviles, con el consabido mal resultado- lo que el sentido común mediático ha dado en denominar “aprobaciones a libro cerrado”, por el contrario el gobierno a través de un hábil cuadro y espada parlamentaria como Agustín Rossi, siempre mejoró sus proposiciones iniciales. Y en todos los casos triunfó con anchos márgenes de diferencia.

En cuanto al famoso futbol para todos y la universalización de las asignaciones familiares, el recorrido fue distinto, primando la premura el gobierno se valió de decretos para asestar golpes más bien estratégicos.

Las oposiciones a cada tema fueron construidas desde facciones extra poder, con posiciones sociales privilegiadas que defender legadas por la etapa neoliberal, quienes articularon con los grupos políticos famélicos de agenda propia, con ansias de rebatir poder al gobierno, y que no han tenido empacho en actuar de voceros y/o escuderos de posiciones que hasta son reñidas con sus propias historias (y eso, Carrio lo sinceró brutalmente).

El saldo dice, pues (y siempre en la visión de quien firma), que Cristina preside un gobierno con el mérito de que avanza en cuanto a la democratización del debate dialéctico por las políticas públicas, y el rol que en ellas le compete al estado. Por añadidura, se dieron cambios tangenciales en la configuración del modelo de país, el primero de los cuales (y quizá el más importante en lo económico) fue que se restó poder al sector financiero, una vez que el estado retomó las riendas de la administración previsional. Esto va en línea con la intención del kirchnerismo, nacida ya en tiempos de Néstor, de quitar poder a las corporaciones para devolverlo a la rosada. Allí mismo se inscribe, igualmente, la ley de medios.

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Cada uno tendrá su propia visión de cómo está el país; de cómo debería estar; de cuan buena –o no- ha sido la administración Cristina; de cómo debiera ser o haber sido.

En estas líneas, la conclusión es que, aún siendo cierto que heredó la mejor situación que a un primer mandatario le ha tocado para asumir desde 1983 a esta fecha, y eso es handicap, también se cree que, hasta aquí, su sucesor, surja o no del riñón oficialista, poco podrá quejarse de lo que reciba en 2011.

Y eso -anticipando los rebotes que pueda generar la conclusión- aunque, también es verdad, queda mucho por hacer.

Gracias, Posse, muchas gracias

Abel Posse es sapo de otro pozo en el macrismo. No por la esencia de su pensamiento, brutalmente expresado en estos últimos días. En ese sentido esta hermanado con el Jefe de Gobierno. No obstante, las distancias con el resto de PRO, y con el propio Macri, no son para nada despreciables.

Podríamos fundamentarnos en que, guste o no, y a diferencia de la casi totalidad de sus nuevos compañeros, Posse es un tipo instruido, leído, formado.

Pero es otra la cuestión en la que difieren macrismo y Posse: el estilo para expresar lo jurásico de su tronco intelectual.

En el macrismo se hacen denodados esfuerzos por llegar a los mismos objetivos represivos y antidemocráticos desde una construida fundamentación de “sentido común”, ascética y –por ello- presuntamente más ejecutiva. Para muestra vale un botón, revindicar a Cacciatore porque hizo una autopista, como si el hecho de que formara parte de una banda de asesinos y rematadores del estado formara parte de una circunstancia menor. “No es que nos guste más o menos lo que hacemos, es que no hay otro modo de hacerlo. Es esto lo racional”, podría rezar un panfleto imaginario redactado por Jaime Durán Barba. Posse, en cambio, se asume partidario de su pensamiento a partir de la repugnancia que le causan las posturas contrarias a la suya. Es decir, Posse asume que hay otro mundo, un mundo que Macri pretende ignorar o hacer como si no existiera, mientras que el nuevo ministro pretende destruirlo.

Por otro lado Posse es capaz de sostener su pensamiento retrogrado y cavernícola sin que se le inmute un músculo de su adusto rostro; sin filtros ni defecciones de ningún tipo; y, sobre todo, sin que nadie le indique ni una coma de su relato.

Todo lo contrario de los impostados gestos de cachorro abandonado de Gabriela Michetti, quien ostenta la proeza de haber llegado adonde llegó sin mayores méritos que el de mostrarse “piola”, “buena”, “canchera”. Y sobre todo, usufructuando hasta límites insospechados una lamentable desgracia personal, que parece blindarla, hacerla inmune a cualquier crítica que pudiera hacerse a su nulo talento político o intelecto.

Que decir de del niño Maurizio, incapaz de aparecer frente a una cámara sin previamente consultar a su alma mater Durán Barba. Sediento de las respuestas de casette que el ecuatoriano hábilmente confecciona y que el alcalde estudia al pie de la letra: resulta vergonzoso presenciar sus apariciones, donde es ostensible que recita de memoria.

Cabe dudar, entonces, cuanto pueda durar Posse en su nuevo cargo. Ideológicamente, representa casi el ideal al que Macri aspira. El problema es que Posse no niega que lo suyo es ideológico, ni los conflictos, esos con los que ya amenazó a los sindicalistas docentes. Demasiado para un gobierno como el porteño que aspira a funcionar como oficina de atención al cliente, donde no cabe la más mínima posibilidad de agitar confrontación, prueba de ello las innumerables marchas y contramarchas casi sello de la gestión iniciada en 2007.

Si tan sólo Posse pudiera encontrar una forma de limitar su incontinencia militante para, en silencio, intentar articular lo que por ahora son meras expresiones de deseo, otro sería el cantar. Pero no. Él -y esto hay que decirlo, gracias a dios- forma parte de una derecha pre muro: orgullosa de serlo. Macri en cambio forma parte de una derecha que siente vergüenza de serlo, y que cree poder engañar disfrazando de criterio empresarial sus declaraciones de principios.

Afortunadamente existen tipos como Abel Posse que ponen, blanco sobre negro, que no existe una verdad única. Que no somos todos amigos, ni pensamos igual, ni tenemos por que hacerlo. Que estamos en veredas distintas. Que el cuento de la gestión eficiente es eso, puro cuento. Que Macri es de derecha. Y sólo por eso, hay que agradecerle.

jueves, 10 de diciembre de 2009

Feliz cumple democracia


Sin mucho más que decir que un simple "te quiero mucho. Como siempre, como nunca. Y cada día un poquito más".

Dejo las sentidas palabras de Ignacio Copani en el tema Riesgo país, que evoca perfectamente, a mi entender, los girones que has venido dejando en estos 26 años en lo que, a pesar de todo, nos hiciste un poco más felices que antes. Y dejo también, las imágenes de quienes entiendo que mejor te han defendido. Por muchos, muchísimos más. Salud.

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En una oficina hay un pobre infeliz,
que se siente un genio cuando califica,
poniéndole nota de riesgo a un país,
que ignora en qué parte del mapa se ubica.

En una oficina muy lejos de aquí,
a los consultores ¨todopoderosos¨ les sugeriría:
pregúntenme a mi
qué lado del mundo se ve más riesgoso.

Por mucho que digan,
que es muy peligroso,
prefiero arriesgarme,
en mi propio país.

Yo me arriesgo con cada canción,
a pasar al arcón del olvido,
a la moda jamás le he vendido,
ni un solo latido de este corazón.

Y se arriesga el que va a trabajar,
a pesar de lo poco que gana,
sin saber si tropieza mañana,
con el telegrama que lo va a quebrar.

En una oficina hay un hombre tan vil,
que cuando lo ordena el imperio del norte,
diseña la mortalidad infantil,
que aquí se agiganta con cada recorte.

En una oficina que yo nunca vi,
como no vi nunca lo que me han prestado,
calculan la deuda que siempre sufrí,
y quieren cobrarla unque ya la he pagado.

Qué más van a hacernos,
si aquí nos plantamos,
el riesgo es mayor,
si seguimos así.

Arriesgando todo el porvenir,
arrastrándonos torpes a oscuras,
sin valor, dignidad, ni cultura,
tragando basura, enseñando a mentir.

Arriesgate a no ser infeliz,
a buscarle un porqué al optimismo,
a negarte a caer al abismo,
que impone el cinismo del riesgo país.

lunes, 7 de diciembre de 2009

Elecciones en River, 6-7-8 y el significado de la disputa por la nueva ley de medios

La previa de las elecciones en River brindaron un claro ejemplo de lo que, al menos a entender de quien escribe, significó el debate por la ley de medios audiovisuales.

El grupo Hadad (C5N, Radio Diez) y el grupo de Vila-Manzano (especialmente con el canal América como mascarón de proa), jugaron claramente a favor de D´Onofrio. Y volcaron en su favor los recursos más inverosímiles que se pudieran imaginar. El tema de las elecciones a Presidente de un club de futbol, como nunca, llegó a tratarse en el living de uno de los exponentes máximos de la incultura, el programa Intrusos de Jorge Rial. Hasta Enzo Francescoli, ídolo riverplatense y otrora tenido por tipo serio y sensato, llegó a estar en ese programa haciendo campaña por el candidato a quien acompaña como manager. Y se urdieron las más bajas operaciones de desprestigio en contra del candidato que mayor pelea podía presentarle a D´Onofrio, Daniel Passarella: se exhibieron videos del Kaiser confesando que de niño simpatizaba por Boca o informes respecto de evasión impositiva en la que alguna vez incurrió –por la cual ya cumplió condena-, entre otros.

Todo eso estaría muy bien si se ejerciera bajo el lema de la sinceridad. Y por sinceridad debe leerse reconocer, taxativamente, “nosotros apoyamos a D´Onofrio”. Muy distinto a hacer lobby como lo hicieron en nombre de “la objetividad”, “el sentido común”, o el “periodismo independiente”, y otras tantos meros sellos de goma, pero que suenan bonito.

Esto es lo que –vale reiterar, al menos en la visión de este teclado- representa la discusión de la pugna por los discursos, eje tangencial de la nueva ley de medios. No hay nada de malo en que determinados medios manquen determinadas posturas y/o de los actores que la representan. Lo que es inaceptable es que se pretenda hacer eso disfrazado de ascetismo. Ninguno de los medios arriba referenciados blanqueó sus preferencias. Para algunos no hizo falta, fue evidente, ostensible.

Días pasados, el gordo Lanata, espada si las hubo en la promoción y defensa -asumida- de la nueva herramienta reguladora de la industria info comunicacional, despotricó contra 6-7-8 por su indisimulado oficialismo. Pero 6-7-8, así como, en la vereda de enfrente, La Nación, son muy valorables en lo que su accionar respecta. Ambos, a su manera, sinceran a favor de quien bajan línea con lo que sus discursos, por ende, suenan mucho más auténticos. No hay por que aspirar a una objetividad que, es hora de reconocerlo, sencillamente no existe. Los hechos impactan en cada uno de nosotros en forma distinta; pasan por el tamiz de nuestras formaciones, historias, valores y creencias; y terminamos por devolverlos masticados por una subjetividad imposible de dejar de lado. Y no hay razón para demonizar eso.

Sería ideal que haya muchos 6-7-8 -de un lado- y La Nación -del otro-, repartiéndose el plano mediático por igual, confrontando verdades relativas, y que cada receptor pueda elegir donde situarse, que nada hay de malo en jugarse por algo o alguien cuando se revela una puja. Lo otro, lo de los “sacrosantos transmisores de la verdad” (definición robada al negro Raimundia, ejemplo de coherencia, durante la sesión en diputados por la LdSCA), es puro cuento. Y ya se está notando hasta en los ejemplos más burdos.

viernes, 4 de diciembre de 2009

Desinteligencias (algunas anotaciones sobre la sesión preparatoria en diputados)

La jugada de no bajar al recinto a dar quórum en la sesión preparatoria constituyó un error estratégico de grueso calibre.

Ante todo porque con ese movimiento lo que hizo el oficialismo fue dejarse contar las costillas. Las imágenes son más fuertes que las palabras. Es sabido que la oposición está lejos de ser un colectivo homogéneo, y que será difícil que pueda encarnar una perspectiva programática común. Pero demorando el ingreso al recinto el oficialismo forjó una foto absolutamente indeseable, la de dos bandos, uno mayor que el otro.

Por demás, el oficialismo cantó algo con lo que más le hubiere valido especular, esconder: el número total de voluntades que lo componen, insuficiente a la hora de reunir quórum.

Por otro lado se resignó uno de los mayores capitales políticos con que contaba, como lo era el hecho de poder achacar a la oposición más dura sus más que usuales huidas o ausencias en debates de importancia. Ya no se podrá decir “nosotros siempre bajamos a dar el debate”, se quemó una carta valiosa.

Importante: Eduardo Fellner y el chivo Rossi son dos tipos de importancia medular para lo que viene, duchos ambos en la tarea de acercar posiciones. El Frente del Rechazo los reconoce, circunstancia que quedó evidenciada en las loas cantadas a Fellner cuando éste reasumiera la presidencia de la cámara. Convendría no esmerilarlos, van a ser importantísimos.

En resumen, el oficialismo se compró una derrota de entrada, en una ocasión en la cual no cabían ni vencedores ni vencidos. Mejor acuerdo que el alcanzado, difícil. No se advierte, entonces, el porque aparecer rompiendo todo para terminar luego aferrado a lo mismo que ya se había concertado, pero cual si se estuviera cediendo en vez de presentarlo como decisión conjunta. Y menos cuando no había perspectivas de lograr nada más que lo alcanzado.

Se le dio de comer a las tapas que ansiaban un retroceso, cualquiera fuere, del oficialismo. Claro que los grandes medios también podrían haber presentado el acuerdo como una derrota, aún si se lo respetaba en todo momento. Pero en ese caso, hubiese sido terreno fértil para apuntarles a esos medios como utilizan de manera hipócrita los clamores por diálogo y consenso.

El escenario obtenido no es ni por asomo el peor de los mundos. Si hasta acá se pudo acordar cuestiones tangenciales con el centroizquierda, el dato que esta ayer haya aparecido granítica con el conservadurismo (neoliberal y) popular y la derecha (supuestamente) republicana no quiere decir que a futuro no se pueda arribar a acuerdos similares. Es vital mantener la calma en estos momentos, lejos del infundado nerviosismo exhibido el jueves en diputados.

Párrafo aparte para Néstor. A ver, está clarito que haga lo que haga, y diga lo que diga, la demonización le resultará ya ineludible. Su ferocidad discursiva va a venir bien para cuando haga falta encolumnar voluntades dudosas en debates candentes. Hasta ahí, de acuerdo. Ayer no había batalla donde mostrar los dientes ni necesidad de, con ello, ganarse la unanimidad insultante y la personalización de la (autoimpuesta) derrota. Error no forzado.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Sudamérica, andarás toda junta o no andarás


Pepe Mujica será el nuevo Presidente de Uruguay, y una sensación similar se adueña del cálido corazón de los militantes y de la más fría cabeza de los analistas. Es que, en tiempos pasados, en Sudamérica pasaban las mismas cosas. Hoy, en cambio, sus países se proponen andar el mismo camino. Puede parecer lo mismo, pero no lo es. No solo porque antaño las cosas simplemente “pasaban” (o las “hacían pasar”), mientras que los tiempos actuales son conducidos por hombres y mujeres que quieren ejercer con autonomía. Encabezan procesos que se inscriben en la no sujeción a los postulados de Washington, de triste memoria.

Lo sabido, han recuperado el rol del estado regulador de la economía, reavivaron las presuntamente difuntas discusiones ideológicas y decidieron meterse de lleno en la gestión concreta para derribar los muros que les valían las críticas de las derechas por las distancias que separaban al idealismo de la práctica. Los Presidentes sudamericanos no avizoran proyectos revolucionarios, sino que más bien se dedican al pragmatismo del día a día, pintándolo a su imagen y semejanza.

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El repaso histórico dice que en Sudamérica, cuando hubo dictaduras, las hubo todas juntas. Y cuando tocó neoliberalismo, ídem. Esos procesos configurarían una moraleja: Sudamérica andará toda junta, o no andará. El lastre de diferentes versiones derechistas dejaron como legado, además, un escenario de importantes condicionantes para lo que intentan ser independientes diagramas de políticas públicas, dato imposible de dejar de lado. Por supuesto existen matices: Uruguay, Brasil y Chile no se permitieron tanta entrega de patrimonio como sí ocurrió en Argentina, cuyos mandatarios, a su vez, siempre gozarán de mayores márgenes de acción (en tanto quieran usarlos) que sus pares uruguayos o chilenos, por la mayor potencialidad de diversificación de sus economías.

Pero en general todas las actuales gestiones sudamericanas (excepto Colombia y Perú) se inscriben en lógicas similares. Y han potenciado los espacios de construcción conjunta, desde los cuales se permiten mostrar los dientes ante cada amenaza a la soberanía. Así fue con Bolivia y Paraguay; así es con Honduras. Los alaridos desencajados de Lula en la ONU casi exigiendo la restitución de Mel Zelaya son un canto de sirena para enrostrar a cuanto analista y político derechista repta por Argentina queriendo fagocitar al Presidente obrero. Ni que hablar cuando le achaca a Obama su hasta ahora decepcionante andar, o le recuerda al Consejo de Seguridad de la ONU que el recibe a Ahmadinejad para intentar arrimar una solución, cosa que el Consejo, desconociendo sus obligaciones, omite emprender.

El estilo verborrágico de Lula es otro sello distinto de lo que José Natanson ha calificado brillantemente como “La nueva izquierda”. Se trata de mandatarios desacartonados en sus discursos, con mucho contenido y lejos de fórmulas protocolares. Moviliza oírlo a Mujica llenarse la boca de pueblo en vez del frío gente, tan común entre las huestes liberales. Es todo expectativa el tiempo que separa su victoria del día de asunción. Y también, el rol que jugará en la región, que actualmente tiene en Lula a su líder indiscutido, secundado por Cristina y, más atrás, Bachelet. Pero ante la no tan probable victoria de los candidatos del PT y la Concertación, Pepe puede llegar a verse jugando un papel crucial si las derechas, de menor o nula vocación integracionista, llegan a recuperar espacios en los vecinos.

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El horizonte de cambio que a priori asoma tanto en Brasil como en Chile marca quizá el mayor déficit del proceso de construcción conjunto, cuyo mayor reflejo es UNASUR. No se logró un chasis jurídico que preserve la integración por encima de lo que deparen las coyunturas locales. UNASUR es un avance respecto del MERCOSUR. Pero aún vuela bajo, y sobre todo lento. Nadie dudaba de cual sería la respuesta de los líderes regionales ante los bochornosos sucesos de Honduras, que culminaron con un carnavalesco montaje de votación. Pero eso tiene más que ver con Lula, CFK, Bachelet y Chávez que con Brasil, Argentina, Chile y Venezuela. Si algún pacto comprometiese rechazo regional a los golpes – ensayos, otro sería el cantar, más no lo hay. Y como ese pueden pensarse muchos otros ejemplos.


En realidad, como en todos los campos, ha habido avances importantes, aperturas de escenarios de discusión enormes. Teniendo en cuenta que se venía del fin de la historia y la muerte de las ideologías, el cambio es revitalizante, refrescante. Genera la sensación de que en el único lugar donde pasa algo, políticamente hablando, es en esta parte del continente. Y como dijo la propia CFK alguna vez, de que estos mandatarios se parecen a sus representados como nunca.

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Con todo, el claroscuro Sudamericano (gobiernos no taxativamente izquierdistas, pero sin más que la pared o un precipicio a su siniestra) se sigue anotando porotos. Uno de los suyos volvió a ser reelecto, como a su tiempo les tocó al PT, la Concertación, el Frente para la Victoria, Correa, Chávez, y como casi con seguridad lo hará Evo. Tabaré, igual que en su momento Lagos y Néstor Kirchner, se retira del poder con mayor ponderación social de la que ostentaba a su llegada al poder. Pavada de logro para proyectos que tienen peludas oposiciones en los intereses enquistados hace medio siglo –o más- en la zona.

Vaya sino como ejemplo los embates de descrédito que, por su pasado Tupamaro o sus particulares modos de actuar, debió sufrir Mujica en la campaña por parte de Lacalle, quien a último momento hasta debió apelar a las ridículas promesas de eliminar impuestos a la renta personal y cargas patronales. Cualquier parecido de todo esto último con la cotidianeidad local no es mera coincidencia, y la teoría del principio que se repite.

martes, 1 de diciembre de 2009

Confirmaciones

El lunes supe que había metido las tres materias que cursé en el segundo cuatrimestre. Con ellas se termina un año que es el mejor en lo que va de mi carrera. Y que, además y a la distancia, resulta crucial en función de mi continuidad en ella. Tan mala había sido la segunda parte de 2008 –raro, después de un auspicioso arranque-, tan duro el golpe de dos bochadas con sendos “2” en Administrativo y Reales, que hasta llegué a replantearme si seguir o no en este camino. Nunca lo había dicho hasta ahora, con las convicciones nuevamente asentadas, bien vale la confesión, más que nada como descarga.

Sentí que había perdido mi capacidad de estudiar, de sentarme, concentrarme y ponerme a comprender un texto, cualquiera sea. Afortunadamente solo fue un traspié sobredimensionado quizá por el hecho de que era la primera vez que me ocurría algo como eso. Bochado en primer parcial y de mala forma. El verano, y fundamentalmente Brasil, me sirvieron para relajarme.

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En el primer cuatrimestre, re cursé Administrativo, completé la segunda parte de Penal –lo único que pude rescatar de la tétrica segunda mitad de 2008- y conocí lo que tal vez sea la especialidad de mi carrera: Derecho del Trabajo. Tanto Administrativo como Trabajo no podrían haberme resultado mejores. Conocí al Dr. José Said, que me guió en la primera, y a los Dres. Gianibelli y Tribuzio, profesores de la otra. Todos ellos ejemplos de excelentes profesionales, me infundieron mucho de concepto y de ideas, en iguales porciones. En Trabajo, por demás, me hice compinche de los ayudantes del Dr. Gianibelli, unos copados de quienes tomé el gustito por ejercer en pos de los derechos laborales, aparte de envolvernos en apasionantes charlas políticas. Sobre todo de Eduardo, militante del PO, que a pesar de que me vive peleando con Néstor y que quiere hacer la revolución del proletariado y eso es imposible, es un gran pibe. Ambas las cerraría con ocho. Fueron fortísimas para mi autoestima, me demostré que podía, y que había pasión detrás de lo que se puede aprender.

En Penal la cosa se complicó un poco sobre el final, con un aplazillo en el último parcial. No podía ser de otra manera ahora que pienso, proviniendo de donde provenía el inicio de la materia. Para colmo me enteré de esto en cama por gripe en tiempos que nos querían vender que la porcina era un peligro fatal para la humanidad. Yo no tuve la A, pero con gripe al fin y al cabo, sentí la impotencia de enterarme por teléfono que no podía siquiera protestar. Todo quedaba para la vuelta a clases en agosto, y algunos viejos fantasmas volvían a agitarse

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Para la segunda mitad del año, Reales –la segunda de las aplazadas en 2008-, Derecho Internacional Público y Finanzas Públicas y Derecho Tributario. Antes de eso, tuve que torear con Penal que estaba pendiente. Y pude nomás, con siete en el recuperatorio, completaba con cien por cien el primer cuatrimestre.

Este fue un cuatrimestre distinto, con DIP cargado de TP´s, tests y un parcial más de lo habitual; con Reales y un modo raro de evaluar, choices con descuento por respuesta negativa lo que me valió, por desconocimiento del sistema, un reprobado más –que, sin embargo, iba a poder sobrellevar-; Finanzas, mucho más tranquila, pero también con un TP jodido. Por lógica toda segunda parte de año carga con mayor lastre de cansancio. Y encima la carga de actividades no ayudaba. Por demás, dos parciales un mismo día tres veces en el transcurso del cuatri (y uno de ellos recuperatorio de Reales, definiendo si quedaba nuevamente out o no). Pero, así como con Penal, el toreo iba a ser una constante en mí esta vez. Apreté tiempos como siempre, le metí duro como nunca. Me ayudó mucho mi experiencia Blogger, ahora estudio mejor, más puntual y redacto más yo mismo, optimizando. Superar DIP fue una prueba de fuego, en lo que significó un verdadero tiro al pichón del cual no me quejo.

Nuevamente conocí gente muy piola, esta vez en todas las materias. El Dr. Fajre y la Dra. López en Reales, mucha onda para la materia más aburrida de lo que llevo en la carrera; el Dr. Caccia (un loco lindo, el profesor hippie) y la Dra. Contarini en DIP, que hicieron una materia muy interesante (como en general lo es la política internacional), abriendo espectaculares espacios de debate, que mejor que aprender así, en el intercambio; y el Dr. Germán Krivocapich en Finanzas, que nos hizo cagar de risa todo el cuatrimestre, y vaya si ayuda eso. Con seis en las dos primeras, y siete en la restante. Y fue todo a lo guapo. Viene bien la variante, no todo será siempre color de rosa y tuve dosis de suerte, sería de necio negarlo.

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En conclusión, un muy buen año. Después de las dudas, hoy puedo decir que me siento más seguro que nunca de lo que estoy haciendo, volví a confiar en mis capacidades, no es poco. Que tengo muchas ganas de mejorar. Que conservo el sueño de servir con mi profesión, y por eso tengo decidido especializarme en Derecho del Trabajo, dado que es donde mejor voy a poder conjugar mis otras pasiones, la política y lo social.

Tengo ganas, estoy muerto de cansancio pero entero. Y contento. Supongo que es lo importante, lo que cuenta. Satisfacción por el deber cumplido que le llaman. No se si deber, siendo que es algo que amo, pero suena lindo, sobre todo para cerrar.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

La inseguridad es concepto, no números.

La inseguridad gana la agenda cada tanto, cuando no existe otra cosa más importante de que ocuparse. Pero no por eso deja de existir o pasa por períodos de mejoras circunstanciales. Y mucho menos, el hecho de su utilización (que es cierto, se la utiliza, se la deforma, y da asco que se lo haga) puede valer como excusa para no ocuparse del tema, minimizarlo o postergarlo. No solo porque, en sí, esta mal, sino además porque revela una estupidez política, pues dejándolo de lado no se logra más que otorgar argumentos a otros para que roben discurso en función de su propia construcción de alternativa. Esto le está pasando al gobierno.

A ver, está claro que Argentina no es Colombia. Está claro que en materia de inseguridad seguramente exhiba mejor salud que otros lugares de Sudamérica. Pero igual de claro es que tampoco se vive un ideal. Ni una cosa ni la otra. Ni “no se puede salir a la calle”, ni “no pasa nada”. Quienes sostienen a rajatabla que la inseguridad no ha crecido deben aceptar al menos la posibilidad de que es cierto que así sea, y viceversa. No es muy seguro asegurar ninguna opinión al respecto: una persona puede ser asaltada y no denunciarlo. Eso muere para las estadísticas, pero no deja de existir. Es decir, el dato numérico debe tomarse con pinzas. Bien que es cierto que en el país no se vive una situación terminal o de guerra interna, tampoco puede estarse de brazos cruzados ante un estado de situación que lejos está de ser aceptable o tolerable.

Y es que, en realidad, tal vez lo mejor sea abandonar la discusión acerca de si los hechos delictivos han crecido o no. Zlotogwiazda escribía hace poco
en su blog que Noruega ostenta un índice perfecto de homicidios, 1 cada 100.000, y que Argentina, con 5 cada 100.000 “no está tan mal” (no revela la fuente de sus datos, pero al no ser Zloto oficialista, puede tomárselo en cuenta). De acuerdo, pero ¿Cómo se le explica la supuesta satisfacción por los números a ese habitante de Noruega que le toca ser el uno asesinado? Y si allí es difícil, como será en Argentina, que está cinco veces o 500% peor que ese país europeo. O sea, es agresivo hablar de un estado satisfactorio de cosas en una cuestión tan sensible. Daña a las víctimas, sean estas cuantas sean, siquiera la sola mención de la palabra satisfacción o conformidad. Por supuesto que un gobernante debe tener a mano cifras y estadísticas, siendo que de ellas se vale para graduar sus movimientos. Pero más valdría que se evitaran consideraciones públicas al respecto. E igualmente, debieran abstenerse aquellos que equipararon, como fue dicho, a Argentina con Colombia, que sufre 60 homicidios cada 100.000. Pero el gobierno es el gobierno, tiene más responsabilidades, su prudencia discursiva debe crecer y no le cabe contestar del mismo burdo modo en que es -seguro injustamente- atacado. Y sobre todo, adoptar algún discurso será bueno para todos aquellos que abogan por soluciones que no tengan que ver con la mano dura -entre quienes se cuenta el que esto escribe- dado que deja abierto el espacio para que lo ocupen las posturas represivas o ridículas como las que viene adoptando Scioli, como las que ojala nunca llegue a concretar tal cual las tiene pensadas Maurizio Macri, o como las que vienen siendo insistente y vergonzosamente buena parte de la colonia argentina de “artistas”, si es que así se puede denominar, por ejemplo, a denominadas divas que no cuentan entre sus habilidades el don del canto, el baile, la actuación, en fin, ninguna dote artística.

Con todo, hay algo que quienes claman por endurecimiento de las penas deberán aceptar. Y es que el grito desesperado (sincero o no, no importa a estos efectos) a por la represión no conllevará la pretendida solución del flagelo. No hace falta hacer mucha memoria. En 2004 las demagógicas leyes Blumberg se encargaron de mancillar el Código Penal a fuerza de endurecer, de manera desorganizada y al voleo, cuanta disposición allí hubiese (http://www.clarin.com/diario/2006/08/31/um/m-01262881.htm). Luego de ello, reza un consenso generalizado de que la situación se ha puesto cada vez peor. Entonces, tenemos que luego de un endurecimiento general de penas, nada ha mejorado, más bien todo lo contrario. O esa no es la solución, o no es cierto que haya más inseguridad, una de dos. La verdad es que ningun remedio llegará de la mano de una ley, aún cuando no puede siquiera concebirse la peregrina idea de vivir sin código penal. El castigo, sea mayor o menor, no provocará efecto alguno si aquel que es destinatario no percibe que pueda llegar a perder con el mismo, sea de la cuantía que sea. Si no se siente que uno será privado de algo por uno, dos o mil millones de años, toda ley importará muy poco. Lo que indica que “la solución” vendrá de la mano de generar en cada persona una situación de vida que quiera conservar, cuidar. Muy lejos de este presente en el que muchos sienten que les da lo mismo vivir adentro, afuera, o no vivir. Ni que hablar de la pena de muerte: se podrá matar a muchos, pero si siguen naciendo otros tantos que van al mismo deplorable futuro, pues mal augurio. En resumen, es un error pensar que si las promesas de castigo son más duras se logrará disuadir a los potenciales delincuentes. Y no es cierto que ellos sepan que “se entra por una puerta y se sale por la otra”: las cárceles rebalsan, eso sí, en general de personas una misma clase, la baja. Se sabe, castigar al que roba una gallina es fácil, no así al gran evasor impositivo, al que tiene sus empleados en negro, al que se cargó la vida de militantes sociales sólo por tener ideas “subversivas”.

Por ende, el camino es y sigue siendo lo social, la búsqueda por encontrar la forma de mejorar la vida de lo que algunos gustan denominar “los negros de mierda”. Los derechos humanos, también, que sí importan más allá de lo que diga alguna supuesta estrella que tiene su cabeza (a diferencia de sus piernas) muy cerrada. A figuritas tilingas como esa, que son capaces de decir que en EEUU no se permite cortar una calle, habrá que recordarle que tampoco se permite contrabandear autos o promocionar a sacerdotes proxenetas. No se puede esperar nada bueno de personajes oscuros que crecieron en dimensión popular al calor de la dictadura más sangrienta, haciéndole todo tipo de favores a la misma y al sistema de desguace social que perpetrare (ver sino http://www.youtube.com/watch?v=-2Zgqi1QVes&translated=1). Pero el hecho de que la baja cultura farandulesca tenga vela en este entierro no responde a otra cosa que estar llenando un hueco que el gobierno no ha sabido ocupar como le cabía.

No es casualidad que todos estos males hayan aflorado tras veinticinco años de destrucción del tejido social creado por el primer peronismo, ese que supo hacer de Argentina, al 24 de marzo de 1976, el país más igualitario y la sociedad mas integrada de Latinoamérica. No cabe la sorpresa, lo que ocurre es la lógica, y se podría estar aún peor. Y no se trata de asociar la inseguridad a la pobreza en modo simplista. Es más profundo, tiene que ver no con la caída de ingresos por debajo de tal o cual número, sino con el desprecio mismo del otro, del menos afortunado, en fin de la vida. La violencia misma que irradia una sociedad no solo que genera pobres, sino que no lo asume como problema propio, que lo toma como algo natural y que estigmatiza al que sufre la falta de amparo casi al punto de llegar a afirmar que está allí porque quiere estarlo no puede más que configurar un cuadro que ya ha dejado de llamar la atención por el mero hecho de un robo o un homicidio aisladamente analizado: hay que ver la saña con que se lo comete. Eso algo está indicando. Da la sensación que la gran mayoría de quienes hoy delinquen no ven la diferencia entre tener “éxito” en su objetivo, caer en prisión o terminar acribillado. Le da lo mismo su vida, tanto como la de las víctimas. Y para peor, se aprovechan del caos generado buena parte de profesionales de la delincuencia, pues bien dice un dicho “a río revuelto, ganancia de pescadores”.

Es tiempo de tomar la acción en las manos, antes que sea demasiado tarde y veamos como la represión gana de nuevo las calles. Sería muy triste.

Por eso, basta de números.

viernes, 20 de noviembre de 2009

¡A sortear, a sortear!

El periódico español Marca dio a conocer el supuesto modus operandi que guiaría el sorteo de grupos del próximo mundial a disputarse en Sudáfrica 2010. Más allá de que esto no está confirmado aún, suena bastante lógica la hipótesis efectuada por Marca.

A ver, pasamos en limpio. Estarían confirmados como cabezas de serie: Sudáfrica, Brasil, España, Italia, Alemania, Inglaterra, Argentina y el más polémico de los clasificados: Francia. Esos van al bombo 1 (lo llaman bombo, es una palangana mas paqueta en realidad). Primer dato, no es sorteo libre: Sudáfrica va a estar seguramente asignado al grupo A e Italia, último campeón, en el F, pues la intención es evitar que se crucen al menos hasta la final.

Al bombo 2 van todos los equipos europeos no designados cabezas de serie. Segundo dato a, ese respecto: en ese bombo estarán Holanda y Portugal, equipos que bien pudieran encabezar. Y viene siendo costumbre que esos les toquen a Argentina: en 2002 fue Inglaterra, en 2006, Holanda. Brasil, mientras tanto, suele gozar de amabilidades del azar. No da para creer en conspiraciones, máxime si a Argentina lo ha complicado hasta Perú eliminado y en el Monumental, en tanto que Brasil suele descollar de punta a punta, contra el peor de Asia o el europeo mas temible. Pero antecedentes son antecedentes. De entre Holanda, Portugal, Eslovenia, Grecia, Eslovaquia -único debutante entre los 32 mundialistas-, Dinamarca, Serbia y Suiza, entonces, saldrá el primer rival argentino.

En el tercer copon, luego, todos los africanos (menos, claro, Sudáfrica) y Sudamericanos (excepto Brasil y Argentina). Acá empiezan las restricciones: a Sudáfrica no le puede tocar ninguno de los africanos, y a Brasil y Argentina ninguno de los sudamericanos, pues FIFA evita choques de equipos del mismo continente en primera fase, salvo con Europa por la mayor cantidad de representantes con que cuenta. Ergo, tocará también algún africano: Costa de Marfil, Camerún (los más duros), Ghana (muy digno papel en 2006), Nigeria (lejos de glorias pasadas), Argelia (a priori, el peorcito).

Finalmente, en la cuarta palangana, los equipos de Asia (Japón, las dos Coreas y, seguramente el más duro, Australia), Oceanía (Nueva Zelanda) y Concacaf (México, EEUU y Honduras). Nadie da certezas respecto de si pueden equipos de Concacaf compartir con sudamericanos o no. Hasta el último mundial, no hubo restricciones de ese tipo: en 2006 tuvimos Ecuador y Costa Rica juntos; en 2002, México y Ecuador, y Brasil y Costa Rica; en 1998 Argentina jugó vs. Jamaica. Olé aseguró que existiría dicha excepción. La página de FIFA no dice nada del sorteo. Cabe decir que llevar a cabo tal restricción sería bastante complicado, puesto que importaría excluir de la repartija a los cinco grupos que, a ese momento, ya estén albergando sudamericanos. Pero todo puede imaginarse en el maravilloso mundo Blatter, por lo que no desestimemos la versión.

Ahora, dicho todo lo reglamentario, algunos apuntes:

I. Quien esto escribe piensa que es ridículo que las bolillas que contienen los nombres de los equipos sean extraídas con la mano. Si quieren evitar suspicacias, empezar por un bolillero tipo lotería no vendría nada mal.

II. Quedó dicho, Argentina suele recibir “grupos de la muerte” y Brasil otros mucho más benevolentes. Otro que viene ligando en sorteos: España. No obstante, frase hecha: para ser campeón hay que ganarle a todos. O estar en condiciones de poder hacerlo.

III. Los locales son otros que reciben ayuditas. No da que queden afuera en primera fase. Si a Sudáfrica le va a tocar un sudamericano y un europeo / y su nivel, se vio en la Confederaciones, es bajo / sean cuales sean esos dos, ya serán pesada competencia. Entonces, JPV dice que le van a “asignar” a Nueva Zelanda (agrega el comentarista: ¿u Honduras?). Futurismo. Y/o no tanto.

IV. Respecto del anterior: ¿le convenía tanto a Argentina ser cabeza de serie? ¿No era mejor ser vice de los locales junto a otros dos blanditos que completaran?

V. Vista la clasificación de algunos ejemplares (Argentina incluido), de algo no quedan dudas: 32 equipos es una exageración. Devalúa la calidad de la competencia, nivela para abajo, se ven menos clásicos. Sugerencia: menos pero mejor negocio (partidos).

VI. Van a estar todos los campeones de la historia de los mundiales, esa es buena noticia.

VII. Diego, contra España nueva obra del terror. ¡Manos a la obra, papá! Por favor. Gracias. Hagan sus apuestas.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Consensos, reflejos de consensos y construcción acerca de la construcción de consensos.

167-79 y 46-21; 141-78 y 45-22; 162-75 y 46-18; 136-109 y 42-26; 147-4 y 44-24; 220-215

Tantos números juntos no son porque sí. Tienen un sentido. Representan resultados de votaciones en el Congreso. Respectivamente, son los marcadores –en diputados y senadores- con los cuales el gobierno logró la sanción de la re estatización de AA, movilidad jubilatoria, retorno de la administración de fondos previsionales a gestión estatal, adelantamiento de las elecciones legislativas y la nueva ley de servicios de comunicación audiovisual. El último, corresponde a la media sanción que obtuvo Obama para su proyecto de reforma sanitaria.

Dejando de lado leyes como las de presupuesto, emergencia económica, delegación de facultades y otras que podrían ser calificadas, por decir, como de “mera gestión”, y focalizando en las mencionadas, más largoplacistas, surge palpable la falacia mediática respecto de que el kirchnerismo “no genera los consensos necesarios”. A simple vista uno comprueba que la totalidad de las mismas obtuvieron holgados márgenes de aprobación. No así el proyecto del primer mandatario norteamericano. Y cabe entonces preguntarse, cual lo hiciera Pichetto durante el debate por la ley de medios en el senado, si quienes se llenan la boca de horror cuando aluden a la ausencia de “grandes acuerdos” se creen en serio lo que dicen. O si en realidad saben que no tiene sentido, pero lo dicen igual simplemente en razón de su eterna disposición a oponerse como, porque y a lo que sea que presenta el gobierno. O, finalmente, si tal vez sea que desconocen lo que es la política, que incluye hechos tales como que la (también mencionada por Pichetto la ya gloriosa madrugada del 10 de octubre) ley de declaración de necesidad de reforma constitucional, nada menos, en Francia, que fuera aprobada por ¡un solo voto de diferencia! En cualquier caso, discursos tales asombran, enervan y provocan enorme impotencia.

Tambien se podría inquirir, ya que se citó el por ahora medio triunfo del Presidente estadounidense –respecto de una medida que, cabe aclarar, el que escribe comparte-, por que razón los multimedios, que tanto gustan de acudir a ejemplos de calidad institucional en las democracias de lo que ellos denominan como países serios, no hablan de erosión de la institucionalidad, victoria precaria o ausencia de consensos, cuando son en otros lares los resultados estrechos. Si victorias tan categóricas como las obtenidas por los K, a pesar de cumplir los requisitos constitucionales, nunca alcanzan, pues menos debieran alcanzar aprobaciones de dimensiones tan pequeñas como la obtenida por la administración Obama días pasados. Y ni que hablar del rechazo al proyecto de retenciones móviles “contra” el llamado “campo”, que luego de pasar diputados por 129 votos a 122, apenas si fuera rechazado con el nunca visto en la historia mundial de la política voto del vicepresidente Cobos en contra de su propio gobierno, tras lo cual hoy encabeza oposición en lo que significa, ese sí, el novedoso y mayor descalabro institucional de que se tenga memoria. Vaya cosa, si de aquella oportunidad se tomaran los votos de ambas cámaras en conjunto, las retenciones obtuvieron seis voluntades de diferencia en su favor, una más que las cosechadas por el amigo Barack. A nadie del oficialismo, sin embargo, se le ocurrió cuestionar la validez de dicha votación.

Quizá sea que se mida con distintas varas a unos y a otros. O, tal vez, se elige que sí y que no conviene ponderar o mancillar, según sea el caso, en la escala de valores institucional definida por los medios con arbitrariedad, y bajo parámetros desconocidos y muy cuestionables. Pero, ¿no era acaso que la realidad es una sola, y simplemente se transmite? ¿No es aquello de la construcción mediática, un mero cuento K?

Y bueno, será real nomás que simplemente vemos fantasmas por todos lados, y quizá los números que encabezan esta columna estarán dibujados por el INDEC.

sábado, 31 de octubre de 2009

Esperanzas y cautela

Cuando se hace luz sobre una demanda social mayoritaria que venía signada por la oscuridad, existen dos posibilidades. La buena es la puesta en agenda de un tema que no era contemplado. La mala es la posible sobreestimación respecto de los posibles efectos que la adopción de la medida pueda proveer.

Esa lógica atraviesa por igual la ya célebre discusión por la ley de servicios de comunicación audiovisuales, y el más reciente anuncio de CFK de universalizar las asignaciones familiares. Saludables avances haber dado los debates, pero cautelosos futuros. Son, ambas cuestiones, nada menos, pero nada más, que herramientas, puntos de partida de recorridos que claman por mayor frondosidad.

Será bueno si se insiste en lo que la propia Cristina remarcó en el anuncio: las nuevas asignaciones no solucionarán la pobreza, para eso se requiere una acción mucho más abarcadora y estratégica que ataque la fabricación de pobreza: infraestructura, generación y formalización de empleo, expansión de los servicios públicos, reforma tributaria. Todas esas cuestiones son a menudo dejadas de lado por la oposición que cae en la sobre dimensión de las bondades de las asignaciones universales, llegando al ridículo extremo de querer incluirla como artículo 1º del proyecto de reforma política. La ¿líder? Opositora Elisa Carrio, suele caer en desvaríos tales cuando afirma que la sanción de un proyecto de ingreso básico ciudadano significará la salida del clientelismo. Asombra la liviandad con que se pretende instalar por concluida la tarea de la salida de la pobreza con la sola adopción de una medida, evitando la profundización antes mencionada, quizá porque ello importe tocar intereses hoy indemnes.

No obstante, el bloguero, que no sabe de de cálculos y números –por eso quiere ser abogado-, reconoce que no hace falta mucha erudición para validar que al suma 180 pesos, aún lejísimos del objetivo de pobreza cero, representarán un paliativo para la furia de un momentismo implacable con el dolor de estomago, mientras se encara una estrategia más global. Y, por añadidura, multiplicarán el consumo, y con ello la actividad, y con ello la demanda de empleo, aunque sea en un volumen pequeñito, pero nada despreciable en un contexto recesivo.

Con el anuncio el gobierno juega una buena carta táctica porque le quita discurso a la oposición, evita que aquella se haga de un relato que la pueda situar en un espacio que el oficialismo reclama para sí, y mantiene viva la llama de la iniciativa política y el control de la agenda pública. Y, en cuanto a actualidad se refiere, aniquila las excusas esgrimida por el coro del obstruccionismo para no tratar la reforma política.

Es muy bueno lo que dijo Artemio López en el diario Crítica respecto de la decisión de la Presidenta: ideas pueden vociferar muchos, pero actuar actúan pocos. Mientras la oposición se pierde en escuchar las estupideces que siempre tiene para decir la iglesia, con la simple firma de un decreto Cristina mostró lo fácil que era el asunto. Por eso es este gobierno indudablemente superior en capacidad de acción a todos sus contrincantes.

El kirchnerismo volvió a hacer suya una demanda social de larga data, a impulsarla (caramba, igual que con la ley de medios, todo tiene que ver con todo). Así es como y cuando suele irle mejor. A seguir, entonces, por ese camino, que falta largo trecho por recorrer.

jueves, 29 de octubre de 2009

Que no copen la parada (Sobre la ley de medios v. XIII). El significado de esta pelea y la pelea por los significados.

(Nota del autor: la presente nota ha sido publicada en la revista de la JP La Matanza del mes de octubre)

El período K se ha caracterizado por la apertura de un inmenso escenario de disputa en el que florecieron numerosas discusiones de fondo respecto del diagrama de nación deseado. Peleas que había que dar -y que hay que seguir dando- en orden a generar una democracia mucho más profunda que la construida desde 1983, y una república que esté al servicio de los más (necesitados) y no de los menos. En ese marco, fue posible desafiar determinadas “verdades” impuestas por el neoliberalismo que supo imperar en Argentina desde el no tan lejano 24 de marzo de 1976: desregulación del estado de bienestar para favorecer a los sectores extranjerizantes, aniquilación de tejidos sociales y laborales, resignación de la soberanía nacional, muerte o convergencia de las ideologías, claudicación de las luchas populares. En fin, entierro del ser nacional argentino forjado desde la época del primer peronismo, que había sabido llevar a Argentina a ser país líder con un proyecto nacional, popular y de rumbo productivo bien definido, configurando la sociedad mas justa de Latinoamérica.

Pero, ¿como fue posible lograr la aceptación, por parte del pueblo, de semejantes despropósitos? ¿Por que tanta resignación al relato de la derecha conservadora? Fue un proceso muy elaborado cuyo análisis en completo no es objetivo de estas líneas, pues sólo se centrarán en el papel, no exclusivo pero si tangencial, llevado a cabo por los grandes grupos mediáticos orquestados al son de la ley 22.285 –y sus posteriores empeoramientos-, en la eficaz tarea de la construcción del sentido pretendido. La mencionada ley iba a resultar vital para la conformación de fabulosas empresas mediáticas que, a cambio de obtener enormes negocios con la posibilidad de concentrarse que el texto otorgaba, se lanzaron a la propaganda del modelo derechista. Desde las páginas de los diarios, las voces de las radios y las imágenes de TV se propició un discurso único a favor de las soluciones pretendidamente neutrales del neoliberalismo. Medidas “racionales”, “únicas posibles”, que disfrazaban de ascetismo lo que no era sino una visión de país excluyente. Fue el travestismo discursivo de la derecha. Se colonizó la subjetividad popular, se la adormeció, se la convenció de permanecer inmovilizada. Las voces no serviles al proyecto fueron ridiculizadas, atacadas o, lisa y llanamente, proscriptas de los medios que, cartelizados y en conformaciones oligopólicas, tuvieron la aptitud de efectuar verdaderas listas negras, donde a determinados personajes, con más lo que simbólicamente representaban, no se les dio lugar. Al tiempo que moría la redistribución del ingreso, fenecía igualmente la redistribución de la palabra. Porque nada más alejado de la libertad de expresión, que la concentración de voces.

Lo increíble resultó ser que mientras el elenco de gerentes políticos de la entrega pasaba los voceros quedaban al punto que, aún hoy, la gran mayoría de ellos siguen allí dando vueltas, mientras los políticos de turno pasan y pasan al olvido. Y no sólo eso, sino que dichas vocerías cada vez acumularon mayor capacidad para condicionar gravemente a los poderes constituidos de la democracia y regar de descrédito la política, que a aquella representa. Hay que entenderlo: los medios son poder. Y no importa si cuarto, décimo o centésimo segundo. El orden es lo de menos. Un poder tal que se ha llegado al extremo de tornarse vital contar con su apoyo para poder gobernar, toda vez que un tema, cualquiera sea, existe o no dependiendo del tratamiento que los medios le den en sus espacios. Poder de imposición de agenda mediática, que le llaman. El cuadro derivó en miedo al enfrentamiento con los medios, o la tentación de aliárseles en la cual cayeron absolutamente todos los presidentes argentinos desde Raúl Alfonsín para acá. En ello cayó, incluso, Néstor Kirchner, quien hoy con tanta rabia ha decidido enfrentarles. Uno tras otro hicieron concesiones que, al contrario de lo que creían, recortaba antes que engrosar sus propios márgenes de acción, toda vez que quienes adquirían más aire eran grupos corporativos extra poder, que crecían, incluso, con ramificaciones negociales por fuera de lo estrictamente mediático, deviniendo con eso menores los espacios para la democracia. Y el beneplácito multimediático -devenidos megacorporaciones- supeditado en tanto y en cuanto la garantía de nuevos negocios persistiera. Actuaban -actúan- de modo mafioso. No todos, claro, pero si la gran mayoría de entre los que “cortan el bacalao”. Todas esas concesiones, fueron obtenidas por medio de las maniobras más oscuras de que se tenga memoria. Bastante alejadas del republicanismo y la transparencia tan declamada. Solo declamada.

El camino para democratizar las expresiones, así como en otras gestas era -y de hecho solo fue- posible de la mano de la participación popular movilizada. Así nació el proyecto de ley de servicios audiovisuales (PdLSCA). Participaron de su creación, desde organizaciones especializadas como la Coalición por un Radiodifusión Democrática y sus celebres 21 puntos, pasando por dirigentes y organizaciones sociales, académicos de prestigio y largas trayectorias en la materia, y mucha pero mucha militancia “de a pie”, que no cesaron jamás en la puja y ahora ve reflejados sus valientes esfuerzos. Tanto incomodaron y metieron el dedo en la llaga que fue necesario obviarlos, hacer como si no existiesen: los medios ignoraron el tránsito del ante proyecto por los foros públicos que para debatirlo se organizaron a lo largo y a lo ancho del país, hasta su desembarco en el congreso. Esas organizaciones comprometidas fueron también vilipendiadas por la mass media de forma muy baja. Es indudablemente conmovedor pensar que hoy Argentina tiene una ley en cuyo seno puede existir aunque sea un artículo redactado por un ciudadano común con vocación militante. Un grado nunca visto de intensidad democrática. Pocas veces ha habido un debate tan profundo, tan diverso, tan abierto y tan largo. Durante más de seis meses (¿o debiéramos decir veintiséis años?) estuvo puesto en la más evidente exposición para quienes al mismo quisieran subirse. Era cuestión de tener ganas de hacerlo, pequeño detalle.

El mérito que cabe al gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, lejos de los derechos de autor, es el de haber hecho suya la lucha para dar el decisivo empuje político a quienes se atrevían a discutir el poder cambiando, por primera vez, el eje de alianzas hasta aquí conocido. Se les otorgó voz y se les abrió el escenario al cual se hacía referencia al inicio de este editorial. La política, esta vez, logró para ellos lo que los medios no podían negar a un gobierno: la difusión de su accionar. Pero la movida, la única que todavía no había podido ser discutida entre las mencionadas cuestiones intocables, nació mucho antes de Néstor y de Cristina. Y se la peleó en las condiciones mas desiguales que se recuerden. Por eso merecía la victoria.

Llamó la atención que la orquesta mediática haya elegido defenderse con escuderos tan lamentables (Bonelli, Sylvestre, Bullrich, Guidici, Moráles). A todos ellos les resultó imposible efectuar una sola critica fundamentada a la ley y entonces apelaron a todo tipo de mentiras, falacias y deformaciones para ofender. El más ostentoso de dichos embustes, a juicio del comentarista, fue aquel de la cerrazón y la falta de tiempo de que supuestamente habría adolecido el debate. Ridículo cuando se la coteja, no solo con la ya mencionada enorme cantidad de tiempo transcurrido entre la presentación del proyecto y la fecha de su sanción, sino también con el inmenso proceso de discusión que dicho proceso conllevó. Todo fue muy burdo, evidente, al punto que mucha dirigencia opositora cayó, no sólo en no leer el proyecto presentado por la Presidenta de la República, sino tampoco los propios, esos por los que nunca tuvieron la valentía de pelear, la mayoría de los cuales iban en similar o casi idéntico sentido al mal llamado K. La tentación por estar del lado de los oligopolios los pudo. Llegando al extremo de huir cuando las intentonas obstruccionistas no se les daban. Incapaces como estaban de discutir el fondo de la cuestión, agitaron fantasmas plagando el debate de subjetividades solapadas y adjetivaciones irrespetuosas.

Echaron mano los obstructores, también, a la sacrosanta libertad de prensa, valor ese presuntamente atacado por el PdLSCA, y cual si la libertad de prensa fuera más importante que la más abarcadora libertad de expresión, un valor no perteneciente a los medios, y menos que menos, para ejercerlo en exclusividad u otorgárselo a la sociedad cual dadiva del poderoso. La libertad de palabra no es sólo para periodistas, sino para hasta el último ser humano que quiera habitar el suelo argentino. Los medios, en Argentina como en cualquier lado del mundo, juegan a favor de determinados ideales. Porque responden a los intereses económicos y empresariales que lo sostienen. Están parados, siempre, en un lugar determinado y no como quieren hacer creer, por encima, propalando una “verdad objetiva” que no existe. Y no está mal que un medio construya su realidad –que es el concepto usado en las carreras de comunicación en Europa, y no la famosa libertad de prensa-, su relato, con libertad. Es válido y legítimo. Pero siempre y cuando eso se haga reconociendo que se está en determinada ala ideológica, vale decir, ejercer el ideal con sinceridad. Nada tiene que ver esta ley con la libertad de expresión, la cual no toca. Sí con dar la posibilidad de que muchos más intereses que los hoy representados puedan hacerse oír. Y lo que los oligopolios defendían es, ni más ni menos que una posición privilegiada, no sólo en el mercado de la comunicación en sentido estricto, sino en lo potente que ese privilegio vuelve a quien lo ostenta para la interacción con otras ramas de la vida social y económica. Sería inimaginable, pues, que no naciesen roces, dada la enormidad de intereses que se afectan con la apertura ofrecida por la nueva regulación.

El proyecto fue aprobado por un arco de alianzas muy importante, con un gobierno que esta vez fue hábil para articular y consensuar posiciones con quienes más podía hacerlo: la centroizquierda que optó por no rehuir de sus trayectorias ideológicas y se decidió acompañar cuando advirtió la voluntad de negociar del oficialismo, con las más de cien modificaciones ofrecidas a la redacción original, entre las cuales la famosa veda al ingreso de Telecom fue la más ruidosa, pero no la única. Se decidieron, estos sectores, abonar al saldo de una deuda histórica de la democracia: Partido Socialista, SI, Proyecto Sur, Encuentro Popular y Social, FORJA. Todos ellos, podrán dormir con la conciencia tranquila que la coherencia histórica supone. No como la UCR, por la cual Alfonsín debe estar llorando desde arriba, una vez comprobado que sus sucesores defienden en la actualidad a quienes en el pasado no pararon hasta ver a Raúl echado de la rosada.

El resultado de las alianzas construidas es el de una ley moderna, superadora de la del paradigma neoliberal en cuanto a apertura. Que consagra a la comunicación como derecho humano. Que abre el organismo de aplicación (como no pasaba hasta ahora, y como pocos modelos concebidos en los proyectos opositores y otras leyes del mundo) a otros grupos políticos y organizaciones públicas no gubernamentales. Que asegura lugar y voz a sectores históricamente postergados. Que agrede de frente a la actual concentración (y las posibilidades futuras de que se repitan). Que cuotifica alcances de abonados para las empresas de cable. Que se pone al hombro la producción cultural nacional, fomentándola, con lo que resulta un interesante avance en cuanto a impulsar trabajo genuino para nuestros artistas: ¿Será por eso que la enorme mayoría de ellos apoyaron el proyecto oficial?. Que, fundamentalmente, garantiza el federalismo comunicacional y remueve la preponderancia porteña actualmente existente.

Las caras que defendieron al proyecto, al lado de las que lo defenestraron, hablan a las claras de las bondades del mismo. Tipos como Lanata, Victor Hugo Morales, Alejandro Dolina, Adolfo Pérez Esquivel, con fama de incorruptibles e insospechados de kirchneristas, apoyaron la ley haciendo fuerte hincapié en que, al contrario del sentido común impuesto, se ampliaba antes que reducirse el espacio de discursos. Si hasta la ONU a través de su relator especial en la materia, Frank La Rue, se deshizo en elogios.

¿Perfectible? Obviamente. Pero cabe dudar de que vaya a haber otro momento mejor que este para, al menos, sancionar algo que es mejor que la 22.285. No era ni es seguro tener confianza en todos aquellos que nunca propulsaron esta jugada por complicidad con los poderosos. Muchos de quienes, además, son partes interesadas en el asunto.

¿Qué todo se motivó en rencores personales? Puede ser. Mejor dicho, es altamente probable. Pero no debe importar eso ahora. Ellos no han reparado en nada para cometer atrocidades, ¿por qué detener, por las formas, una lucha valiosa que busca profundizar la democratización?

¿Qué hay cosas mas importantes de que ocuparse? Pensemos que sin un lugar para dar esas discusiones que, es cierto, urgen enormemente, será imposible encararlas. Pensemos si resulta probable que quienes tienen que ceder algo a fin de alcanzar todas esas metas a las cuales se hace referencia, que son los mismos que monopolizan los lugares de difusión, sean tan gentiles de otorgar espacios para que sea puesta en evidencia su gula. Por ende, para que tengan cabida las cuestiones pendientes en la agenda, y la oferta de alternativas populares era, es y será imprescindible pelear por las palabras y sus significados. Sin callar a los intereses contrapuestos, ni mucho menos. No resultaría lógico imitarlos. Acá no se trata de que nadie se calle, sino de que se sinceren las posiciones y se favorezca la competencia leal. De lo que se trata, es de ir a pelear sentidos, discursos, de igual a igual. Y que cada quien elija. Pero que existan oportunidades, que hasta esta fecha no hubo, para todos.

Pero esa, es una cuestión de todos los días. La sola sanción de una ley, no va a hacer hablar automáticamente a los actualmente postergados, ni menos dejará en ridículo los discursos dominantes, que por cierto ya lo son aunque no están lo suficientemente evidenciados.

Si acaso alguien cree que la tarea ya está cumplida, no entendió nada. La criatura apenas ha nacido. Ahora, de todos depende cuidarla.

viernes, 23 de octubre de 2009

Que no copen la parada (Sobre la ley de medios v. XI). “Tapando la realidad”; o, “A la realidad le pongo la tapa”; o, “Destapando la realidad"

Se recordará que uno de los spots que más repitió Clarín durante la batalla por la ley de medios, rezaba algo así como “la realidad se puede tapar, o se puede hacer tapa”. Dicho lema intentaba dar el mensaje de que, por medio del proyecto de ley, el gobierno descargaba su irritación con El Grupo, debido al pertinaz objetivo de este último en transmitir la realidad de las cosas.

Esta última semana se asistió a un gran número de sucesos políticos, que novedad. Tres de ellos no merecieron mención alguna por parte del llamado “gran diario argentino”: el diputado De Narváez aseguró que se le agradecía –no se sabe muy bien quien- haberle “roto el culo” a la Presidenta de la República y a su esposo; el Presidente de Brasil, Lula, tan caro a los afectos de un periodismo que intenta contraponer su estilo al del actual oficialismo, consideró a CFK como “una gran Presidenta”; por último, la organización Reporteros sin frontera, elogiaron la calidad de libertad de prensa en Argentina, nada menos.

Curioso estilo de recorte, que opta por omitir una grave falta de respeto a la Jefa de estado; deja de lado una declaración del país hermano después de semana de metralla con cada pelo y señal de la gestión del mismo; y elude la consideración de un organismo mundial verdaderamente independiente y de renombrada trascendencia en materia de periodismo, justo en momentos en que el tema está tan en boga.

Si se toma por cierto el espíritu del spot al que se hace mención en el primer párrafo, habrá que concluir en que la capacidad abarcativa para oficiar de (parafraseando la alocución de Carlos Raimundi durante la sesión en diputados) “sacrosantos propagadores de la verdad” del diario de mayor tirada del país, es bastante pobre.

Si por el contrario se adopta el espíritu mayoritario, y que inconmoviblemente se sostuvo, entre muchos otros lugares, desde esta columna durante la disputa por la nueva herramienta radiodifusora, en cuanto a que la realidad no es algo que se recoge de los arboles y se difunde, sino más bien una construcción subjetiva, no por ello menos válida, se entenderán mejor tales “olvidos”.