martes, 13 de enero de 2015

Si ves al futuro, dile que no venga

En diálogo vía Facebook con María Esperanza Casullo, a propósito de su excelente columna en Nueva Ciudad en la que propone repensar lo que fue el fenómeno de la Alianza, este comentarista le señaló a la politóloga que, respecto del texto, disentía apenas en cuanto a que 2015 no alumbrará --a diferencia de lo que ella entiende-- nada diferente, sino un cuarto período del kirchnerismo. A lo que la autora respondió que, aún en la hipótesis de un futuro gobierno de Florencio Randazzo o bien de Sergio Urribarri, el futuro será distinto, dada la incidencia que, inevitablemente, aún en dosis mínima, tienen las improntas personales de los candidatos en la cuestión.

Aun coincidiendo en parte con MEC, a nuestro criterio, como saben de sobra los pocos lectores habituales de este espacio, lo definitorio a la hora del análisis político no pasa por las características particulares de los protagonistas, sino por la arquitectura de los espacios políticos en que se desarrollan. 

La excepcionalidad del kirchnerismo --o su nota distintiva respecto de las administraciones que lo precedieron desde 1983, si se prefiere-- reside, según aquí entendemos, en que ha conseguido (porque se lo ha propuesto, detalle no menor) independizar el diseño de su programa de gobierno de la influencia que pretenden sobre su confección distintos intereses sectoriales de la vida nacional. La referencia no es exclusiva al empresariado, de lo que puede dar testimonio Hugo Moyano, en tanto agente de una parcialidad que, por no haberse entendido tal, acabó expulsado de la liga oficial apenas consumada la reelección de la presidenta CFK. Argentina ha sabido de ciclos históricos distintos, en los que los gobiernos no eran más que meros ejecutores de esquemas definidos fronteras afuera de la juridicidad vigente, a la salida de la última dictadura, cuando se consolidó un bloque que conservó enorme capacidad de intervenir en los cursos decisorios nacionales durante dos décadas. 

Incluso, la fractura de ese conglomerado, dolarizadores versus devaluadores, se saldó a sangre y fuego a fines de 2001. 

En su asunción a cargo interinamente del PEN, el ex senador Eduardo Duhalde dijo que cada dirigente argentino debía funcionar como lobbysta de los --por llamarlos de algún modo-- empresarios locales, en lo que tuvo a Raúl Alfonsín como partenaire. En relación a Carlos Menem resulta ya imposible abundar. El kirchnerismo es originariamente un desprendimiento del devaluacionismo, pero a partir del conflicto con las patronales agrarias resolvió acelerar en su vocación de independizar las potestades que le son legalmente acordadas a los actores institucionales. Va de suyo que éste ha sido un proceso no exento de matices, sinuosidades y contramarchas. Pero son los propios beneficiarios de las antiguas fórmulas quienes, en sus berrinches mediatizados, exhiben la distancia que hoy les impone la Casa Rosada. 

Con el kirchnerismo no pueden elaborar más que acuerdos circunstanciales. Se trata de la diferencia entre representación, que no incluye otorgar las herramientas estatales de resolución; y la conversión en sucursal de lo que se intenta expresar. 

Es alrededor de esta novedad que todavía construye la etapa inaugurada en 2003 que se tramitarán la discusión sucesoria de 2015, en primer término; y las características del próximo gobierno, en paralelo. Lo que es parecido, pero no idéntico. Maurizio Macrì lo entiende hace rato, y polariza en tal sentido con el oficialismo nacional. Consciente del descuadre que le supuso la ancha avenida del medio para su carrera hacia la presidencial, Sergio Massa profundiza su perfil opositor, ahora con la incorporación de Francisco De Narváez. Al interior del oficialismo, el déficit de Daniel Scioli es su dificultad para somatizar esto en su diagrama de campaña. De todos modos, la relación de fuerzas en el Frente para la Victoria, más allá del candidato, cuenta con recursos para sostener la actual dinámica de gobernanza. Que, por tratarse del elemento singular del mercado electoral, lo hace competitivo aunque cargue con más de una década agitada en el gobierno.

A veces se presumen novedades que no lo son tanto si se las observa a la luz de las estructuralidades, que se continúan.

viernes, 9 de enero de 2015

Cuanto peor, peor

Desaconsejables como son en política los dogmas, Argentina, por suerte, y debido a que toda regla requiere de alguna fortísima excepción para ser tal, se ha nutrido de uno valioso, producto de la fractura expuesta que aún significa la última dictadura. En sintonía con el quinto mandamiento cristiano, un pueblo que durante demasiado tiempo se distrajo de esa enseñanza (tanto como lo hicieron los operadores locales de tal credo, y justamente por ello mismo) hoy puede sentirse orgulloso de exhibir una altísima intolerancia para con la violencia, más cuando hay política involucrada.

El asesinato de Kosteki y Santillán, por caso, alteró los rumbos del juego electoral tras el crack de 2001. Más acá en el tiempo, cualquier esbozo de siquiera mínima comprensión de los linchamientos que fueron debate a principios de 2014 fue a parar al tacho de la irrelevancia. Quienquiera que pretenda valerse del salvajismo como herramienta de acción corre riesgo de devenir consumo irónico.

Y ello aún cuando existen porciones significativas (no que sean cantidad en sí, sino por la calidad de tratamiento que reciben en relación al que --dado esto-- merecen) de ciudadanía que adolecen de pulsiones animalescas: eso existe, y hay que asumirlo para resolverlo. Pero, también, rápido despeñan hacia el ridiculismo, fulminados mayoritariamente como incalificables.

Una dualidad compleja e interesante, como todo matiz, con saldo felizmente positivo.

* * *

Desde esta perspectiva, la reflexión a propósito de la masacre a Charlie Hebdo no puede ser otra que la que la enunciación aquí escogida avisa. No se mata. Nada lo justifica. Toda la contextualización que se quiera y se pueda hacer a propósito de la cuestión musulmana y de la política imperial norteamericana en Medio Oriente luce, prima facie, desubicada frente a 12 víctimas de discusiones religiosas y/o políticas (que se mezclan al punto de resultar imposible discernir fronteras entre ambas) pésimamente tramitadas. Sobre todo, cuando sobran evidencias de que terminan resultando meros pretextos de meros internismos facciosos. Pero aún si se optara por la ruta analítica el resultado será el mismo: el pueblo musulmán, que es el débil en esta historia, no obtendrá de este episodio más que un incremento entre sus víctimas y pesares. 

Nada pueden aquí todos los peros que efectivamente caben al asunto principal, porque en esta ocasión sólo logran dar pasto a bestias como Marine Le Pen, quienes logran que el temor a las derivas no implique tremendismo.

Los detalles acerca de cada una de las diagonales y de los incontables particulares que se cruzan a través de este litigio, se encontrarán mejor explicados en otros lados que en este espacio, en el que apenas quisimos aparecer para reafirmar una postura que uno esperaría se convierta en algo más que pose en los centros decisorios a nivel global. Se trata, presumiblemente, de una esperanza vana. Así lo confirman los antecedentes más recientes, que de todos modos no sirven para desmentir la tesis que organiza este comentario. Así no se hacen las cosas. Quizá sea lo único rescatable de todo esto, examinado a partir del tal vez más chabacano, aunque también gratamente saludable localismo: más que nunca, Argentina mira azorada y ajena estas idas y venidas de fundamentalismos desbordados de (preocupante) inhumanidad aclimatada.

Si es que acaso uno se propone aprender aún de lo peor, téngase de esto que en un tema sensible se es ejemplo.  

martes, 6 de enero de 2015

Expediente DOS

“Cuando Clarín opera supuestos apuros en el peronismo en procura de cerrar una definición en el ex motonauta, uno puede y debe alertarse por esa manifestación de preferencias del establishment. Pero, también, comprender que se trata de una confesión derrotista del universo adversario que, convencido de que le será dificultoso vencer con candidatura propia, aspira a intrusar el elemento que presume victorioso.”

Esto dijimos el pasado 14 de noviembre, en ocasión de comentar la alternativa de un mega cierre del Frente para la Victoria, en su totalidad en torno a la candidatura presidencial de Daniel Scioli sin PASO de por medio. Raúl Degrossi coincide hoy con aquello. Clarín inauguró el año con una columna de Julio Blanck, vocería cúspide del monopolio, en este sentido.

La presidenta CFK anunció, durante la celebración por el día de la democracia, que la disputa sucesoria se organizará según la lógica de la polarización. Cuenta con recursos para forzar tal diseño. La perspectiva al interior del FpV se encamina definitivamente hacia una PASO competitiva, que ha permitido contener electoralmente la diversidad del peronismo, con el antecedente inmediatamente previo de la reconstitución jurídica de los PJ nacional y de la provincia de Buenos Aires. Estas novedades, posibles en el marco de una recuperación del control de las variables de la gobernabilidad que construyó el gobierno nacional, impactan muy especialmente en las planificaciones de Scioli.

Convencido el gobernador bonaerense, como dice María Esperanza Casullo en el último número de El Dipló, de su capacidad para fungir como punto de reunificación para el peronismo más alejado de la conducción de Cristina Fernández, jugó durante bastante tiempo a la singularidad. Pero, superada la mitad de 2014, la hipótesis de un acuerdo que lo beneficiase como postulante sin necesidad de internas, en paralelo con la consolidación --de la que pocos jugadores del tablero ocultan tener registro a juzgar por sus comportamientos-- del espacio oficialista como primera fuerza política nacional, lo indujeron a una kirchnerización creciente, en la que se destacó su encendida respuesta al programa de derogaciones legislativas masivas que todos los segmentos opositores prometen desde fines del año pasado como gracia a cambio de favores corporativos.

Se dijo que debido a consejos de Jorge Telerman; lo concreto es que se trató de una correcta observación panorámica.

Si su reciente visita a un evento del Grupo Clarín indica un nuevo giro, o no, estará por verse. Lo que en modo alguno podrá perderse de vista, a los fines de ese análisis, es que surge a partir de la resurrección de la indudable habilitación que CFK hizo a favor del método PASO como fórmula para la designación del aspirante efepeveista 2015.

Y no se trata aquí de sobredimensionar a Clarín. Como varias veces se ha dicho, aún con eso en contra, CFK revalidó en 2011 con records históricos varios incluidos. Pero una lectura fina indica aquí entender que uno de los integrantes del sujeto disruptivo del escenario político argentino, presumiblemente por déficit de construcción territorial para afrontar una primaria peronista, decide hacer un guiño hacia el territorio de una cosmovisión antagónica en la que ya varios (Maurizio Macrì, Sergio Massa y la catástrofe de FAUnen) experimentan las dificultades de la sobreoferta. Aspirando, de tal modo, al diferencial que le otorgue el triunfo a través de una sociología que, es muy probable, está demasiado sobreestimada. Y, por ende, también analizada y publicada (mediáticamente hablando, que se entienda) en exceso. 

Ya Artemio López se ha ocupado de explicar, mejor de lo que podríamos hacerlo aquí, los riesgos que suponen los intentos de seducción de lo ajeno en detrimento de la consolidación de lo propio, que es altamente estimable: 35% de piso histórico.

Por lo demás, es perfectamente entendible, válido y natural que cualquiera, no sólo el kirchnerismo, estipule como mejor le parezca las reglas de admisibilidad a su universo. No la han pasado bien, por caso, quienes han tenido gestos, no digamos amigables, siquiera de mero respeto para con la administración central. Nada quita, eso sí, que uno aspire a una competencia civilizada en lo que queda de cara a la cita de agosto próximo. El rupturismo, a esta altura, conviene a nadie.

Pero, ojo, el dato está: es la derrota de la tesis de la inevitabilidad lo que induce a las diferenciaciones en comentario.

miércoles, 31 de diciembre de 2014

El hecho maldito goza de buena salud

El primer post de 2014 fue titulado de manera contundente: La derrota más dura en una década (...). Ello a propósito de la devaluación que el gobierno nacional dejó correr --en enorme proporción, alrededor de 23%, para un sólo saque-- a principios de año.

Hubo entonces una pequeña discusión, que pareció semántica pero no lo es en absoluto, sobre la calidad de aquella situación cambiaria: la presidenta CFK había decidido devaluar o se vio forzada, como aquí definimos, a habilitar ello aún contra su voluntad, dado que la alternativa en esa coyuntura se había vuelto definitivamente peor. Y valía la pena dar ese debate porque, se insiste, iba, y va, más allá de cuestiones de mera idiomática: hacen, por el contrario, a la voluntad política. Éste es el primer dato. Dicho de otro modo: sentado que es casi unánime la convicción acerca del recupero de terreno del oficialismo de cara al 2015 que ya se inicia, conviene destacar que eso fue posible sin ceder a cantos de sirena moderacionistas.

Evidentemente, 2014 fue el peor año en lo socioeconómico del proyecto inaugurado en 2003. Pero ello fue debido a déficits de gestión, que por otro lado aquí nunca negamos, y no programático. Tal como ocurriera en 2010, el kirchnerismo recobra impulso desde sus convicciones. No es un tema menor. De hecho, es la polarización ideológica lo que gana espacio como territorio de disputa de la sucesión que asoma. A esta altura, algo que a pocos les escapa.

En ese marco, y restando tan poco medido en relación a lo que 2001 significó en términos de despliegue para las fuerzas políticas nacionales que ya no lo son, que el único instrumento electoral con desarrollo federal satisfactorio esté además definiendo las coordenadas en que se jugará el partido implica un cierre muy por sobre la expectativa inicial. Y es que aunque este año haya sido peor que los dos anteriores del segundo mandato de la presidenta CFK, resulta fundamental destacar que esta vez se ha quebrado la tendencia: el gobierno nacional no finaliza 2014 en retirada ni apagando incendios, como se le auguraba/operaba ya desde fines de 2013, y aún antes también. Por caso, se registran corridas desde apenas reelecta CFK.

Por si todo fuese poco, se trata de un ciclo histórico que lleva más de once años ejerciendo poder no de forma cómoda.

Así las cosas, esto que seguramente será adjetivado como conformismo, por el contrario supone la enormidad de mover a adversarios a modificar planes de acción a casi nada de la hora decisiva, porque habían dibujado las partituras originales sobre la base de presupuestos que no se verificaron. Para un oficialismo, máxime uno que asume a gusto el rol de tal, las cosas son siempre más fáciles. 2014 dejó, con la reelección de Dilma en Brasil, esa moraleja, pese a enormes dificultades.

Se verá, pero se está en la lucha. Lo que, vale reiterarse, esta vez no es poco.

lunes, 29 de diciembre de 2014

Acuerdo Cuba/EEUU: triunfo del populismo

El acuerdo, o principio de tal, que anunciaron en conjunto Raúl Castro y Barack Obama, como era de esperarse, disparó muchos análisis desde lo geopolítico. Aquí nos motivó a decir algo acerca de las estructuralidades de los sistemas políticos. Los marcos al interior de los cuales surgen decisiones.

Alguna vez escribimos aquí ya sobre estos asuntos, a propósito de las protestas estudiantiles que se sucedieron en Chile durante el gobierno de Sebastián Piñera, y también de la relación entre la crisis socioeconómica española y la agonía de la capacidad de respuesta del Pacto de la Moncloa como método de viabilización política de las demandas ciudadanas.

En buena parte de los países del globo, por no decir la mayoría de ellos, los sistemas políticos tienden a, por llamarlos de algún modo, cierres programáticos y representativos, institucionalmente definidos. Esto es, la construcción de recetarios de políticas públicas que se sostienen independientemente del partido que ocupe la conducción del Estado, con márgenes mínimos para variaciones meramente cosméticas. Lo que, a la larga, deviene en soldaduras de electorados: existen ciudades al sur de EEUU en las que resultan inimaginables triunfos demócratas; y, viceversa --aunque con menor intensidad--, sitios al norte de dicho país que le son hostiles al republicanismo. Con, como siempre, todos los matices y salvedades que corresponde efectuar sobre cuestiones de este tipo. Pero para muestra basta un botón: a los gobiernos norteamericanos se les denomina, en jerga, administración. Eficaz imagen del acotado menú de opciones que esos tableros admiten.

El éxito de pactos tales tiene un carácter necesariamente acotado en tiempo. Lo imponen las mismas sociedades. Que son, en esencia, inestables, máxime si conocen de avances en términos de prosperidad. Lo que lleva a reactualización y, por ende, complejización de reclamaciones. La obstinación en sentido contrario implica desconocer la naturaleza eminentemente histórica de toda construcción humana. Conveniente, por tanto, para situaciones específicas, determinadas.

Al principio hacíamos referencia a España y Chile. Otros ejemplos clásicos de lo que se viene referenciando en este post.

En la madre patria, el descontento ha estallado hacia la novedad de Podemos, luego de momentos de inicial violencia callejera y acción directa. Afortunadamente, la ruta de escape fue diseñada políticamente. No obstante lo cual, la caducidad de la Moncloa es irremediable, aun cuando el recambio presidencial venidero quede en manos de la angosta bifrontalidad PP/PSOE; que, se insiste, tanto da. Por este camino, es cuestión de tiempo para que la formalidad acompañe a los hechos, que hace rato se salieron de cauce. En Chile, las dificultades que exploraron Michelle Bachelet --en su primer turno-- y Piñera --más tarde-- con distintos sectores excluidos (estudiantes, usuarios del transporte público, trabajadores) del pretendidamente ineluctable modelo de desarrollo pospinochetista, derivaron en una segunda experiencia mucho más ‘a la izquierda’ de la jefa de la Concertación, que incorporó a su actual alianza social de poder a varios de los emergentes de aquellas protestas. 

La abstención electoral de 50% en su triunfo 2013, comparado con el apenas 12% de la victoria 2005, es suficientemente demostrativa de lo que supone la pérdida de representatividad cuando el esquema partidario se cierra a novedades.

* * *

Hablamos de las rupturas populistas. Ese instante que, según Ernesto Laclau, se produce cuando los sistemas institucionales en vigencia se revelan inhábiles en la atención de requerimientos para cuya atención no fueron diseñados.

La Venezuela del Pacto de Punto Fijo (vaya nombre para el tema que estamos comentando), estirada hasta el imposible, dio luz al chavismo. En mayor o menor medida, todos aquellos países que sufrieron fracturas de orden social fueron hacia el populismo. Y en Argentina siempre ha existido el peronismo, que tiene incorporado en su hoja de ruta lo que Alejandro Dolina ha denominado como capacidad de frenar en cada esquina a preguntarse si está en lo correcto. De ese modo, logra procesar los devenires de la heterogeneidad y la mutabilidad social. Uruguay, que aún con el nuevo principio de hegemonía electoral del Frente Amplio tramita su historia de manera muy acompasada, hacia el final del mandato de José Mugica está conociendo avances legislativos mucho más transgresores que lo habitual. Y resulta interesante pensar en el todavía presidente uruguayo, aunque acá somos defensores de la centralidad de otros asuntos a la hora del análisis político. 

Mugica es un hombre que va de salida de la vida pública. Aunque será senador durante el próximo período presidencial, su edad le inhabilita mayor futuro, y otro tanto podrá decirse del nuevo mandatario electo, que vuelve, Jorge Tabaré Vázquez, cuando acabe su segundo turno. Y llegamos al punto: tal vez podría pensarse la decisión de Obama en parte desde su actual condición de producto vencido en el mercado político estadounidense. No tiene reelección, que en ese país la hay por un sólo lapso, y consecutivo. Se abrió, de tal manera, un hueco a partir de un elemento que caminará todavía durante un tiempo más en el circuito, porque aún tiene mandato vigente, pero ya con un pie afuera. Las tan evocadas innovaciones económicas y productivas que impulsan el entendimiento no podían ser gestionadas por el statu quo vigente. No hace falta detallar la centralidad que el bloqueo a Cuba ocupó en la agenda norteamericana del último medio siglo.

¿Existe, entonces, ruptura populista en EEUU? No. Y tal vez ni siquiera se esté cerca de ello. Es muy probable que los resortes privilegiados del poder permanente intenten domesticar la nueva dinámica en sentido conservacionista. No obstante ello, acaba de producirse, sí, una herida apta para explicar una forma de construir innovaciones disruptivas.

Y conviene recordar que las cicatrices son útiles, pero incapaces de volver las cosas idénticas a antes de la lastimadura.

martes, 23 de diciembre de 2014

Ya nadie escucha tu remera

A principios de diciembre fue tema, una vez más, el mal llamado impuesto a las Ganancias. Ese gravamen se ha convertido en el eje casi único de las maniobras de Hugo Moyano desde que quebró su alianza con el kirchnerismo a fines de 2011. 

A través de su problematización intenta tender puentes que lo proyecten más allá de su ámbito de pertenencia. Ha intentado convertirlo en eje de alguna posibilidad de convergencia opositora. Hemos dicho aquí ya infinidad de veces que la apuesta del moyanobarrionuevismo no puede ser impugnada sino desde su efectividad, habida cuenta que no está en discusión la legitimidad de su juego. 

Y los resultados son magros. Constatables en ya muchas medias plazas vacías.

Se anunció una huelga general si no había decisiones del gobierno nacional al respecto. El mismo día, más tarde, fue exceptuado el aguinaldo de tal carga. Ergo, de inmediato se desactivó el paro. Ésa, así, fue la secuencia de hechos.

Para la CGT blue, la resolución oficial fue producto de sus presiones. Dicen otros que fue en cambio la presidenta CFK quien, estratégicamente, aguardó que la amenaza llegara antes de efectuar ella cualquier movimiento, para dejar en evidencia el actual raquitismo programático del gremialismo opositor. Sería difícil adivinar cuál de entre ambas versiones es la correcta. Pero sí es verificable la centralidad, para la agenda de Moyano, de un asunto marcadamente de minorías (Ganancias involucra a, apenas, 10% de los trabajadores). La cuestión social, pareciera, se agotó una vez solucionada la urgencia en cuanto al tributo sobre los ingresos. Va de suyo que no, pero lo cierto es que este activismo reivindicativo no explora otros expedientes que los de sus segmentos menos necesitados. Dicho políticamente: han elegido resignar representatividad.

Desde hace algunas semanas, la rosca electoral 2015 ha atrapado la mayor parte de los espacios de este blog, y en general de la discusión política nacional. Y ya sea que se admita la tesis de la hegemonía en paridad de la trilogía Scioli/Macrì/Massa, o bien que se estimen en más variables alternativas, en ningún caso resultan ya relevantes para las numerosas conjeturas que se arriesgan los pareceres de Moyano al respecto. Entre el desprecio natural que le dispensan sectores a los que no puede ofrecer más que un servicio acotado de veloz consumición --cuya amortización, por ende, tiende a cero--, y su abandono del plexo de mayor perentoriedad, se despeñó violenta y velozmente a una intrascendencia que costaba imaginar hace tres años.

En 2013, a Camioneros le tocó fiscalizar el 5% de votos de Francisco De Narváez en PBA. Julio Piumato, su más leal recluta, no llegó al 1% en CABA; es decir, ni superó las PASO. Ninguna de las listas triunfadoras incluyó tropa moyanista. 

Nada hace suponer que eso no empeorará el año que viene. Y resulta cualquier cosa, menos sorprendente.

lunes, 22 de diciembre de 2014

Diciembres y diciembres

El neoliberalismo se terminó en el estallido de su propia inviabilidad lógica los días 19 y 20 de diciembre de 2001. Es en el modo de ese epílogo que debe rastrearse la imposibilidad actual de reconstitución electoral de lo que gobernó Argentina, ininterrumpidamente, entre 1976 y De La Rúa (no sólo, sí principalmente).

Para el establishment no se trata simplemente de que finalice el mandato de la presidenta CFK, cosa que inevitablemente sucederá --en términos jurídicos-- el 10 de diciembre de 2015. Pero ese separador institucional no equivale a un ídem políticamente considerado, porque Cristina dejará el gobierno en una situación sensiblemente mejor de la que recibió Néstor Kirchner en mayo de 2003. Y lo traspasará con normalidad. Lo que la hará referencia ineludible durante, por lo menos, otra década más a partir de su egreso del gobierno nacional dentro de 12 meses.

Y es por ello que los ideólogos, ejecutores y beneficiarios del modelo de cuya finalización acaban de cumplirse 13 años necesitan operarla, aún cuando ella ya no tenga reelección disponible. Les hace falta un cierre caótico, que habilitaría mejores condiciones para definir un programa de gobierno en pleno refutatorio del populismo actual. Dicho sencillo: requieren la demostración de la imposibilidad de tramitar una sociedad a través de los formatos definidos por la ortodoxia peronista en funciones, así como el crack aliancista selló el fracaso del mercado como regulador esencial de la vida pública.    

La paz social, así las cosas, debe ser un valor innegociable a la hora de la gobernanza.

lunes, 15 de diciembre de 2014

Kirchnerismo 2015: sin beneficio de inventario

Así como sucede en las últimas semanas con las candidaturas al Parlasur, por cuyo anuncio hubo revuelo en las filas opositoras a propósito de una hipotética lista de unidad para enfrentar una amenaza de postulación de la presidenta CFK, el discurso de la jefa de Estado del último sábado, que tiró a dos bandas sobre la coyuntura del juego político, intenta intervenir lo que será la dinámica del debate por la sucesión 2015. No fue casual que Cristina pusiera en palabras el recorrido del proyecto político inaugurado en 2003 por Néstor Kirchner. No suponía mera recordación histórica: instrumentó conceptualidad para la discusión que nos envolverá durante los próximos meses.

Para empezar, delimitó los contornos según los cuales aspira a que tramite el asunto: esto es, polarización. 
Dividió el territorio a través del programa que enunció, advirtiendo que no existe margen más que para tomarlo o dejarlo, en bloque. Como paquete cerrado. No hay en disponibilidad gran número de variantes, agregó. Recogiendo el ejemplo de las elecciones presidenciales en Brasil de este año en las que fue reelecta Dilma Rousseff, que discurrieron de tal modo. 

Esto impacta de lleno en las líneas de flotación del diputado nacional rejuntador en uso (de facto) de licencia Sergio Massa, quien surgió a la escena nacional sobre la base de un mensaje de pretendida bifrontalidad, que aspiraba a recoger frutos de ambas agendas, la oficialista y la opositora, generando una tercera vía de alternativa electoral. Como a Marina Silva, en su momento muy festejada por el pensamiento massista, esa prédica le angostó espacio de existencia hasta quitarla de la contienda, el propio Massa salió a anunciar que se daba por notificado de la novedad construida por CFK lanzándose a la caza de voto visceralmente antikirchnerista, mediante una declaración en la que copió insultos que Maurizio Macrì había destinado, previo a él, a la causa de los DDHH, a su vez fuerte y centralmente reivindicada por el alegato presidencial.

A Macrì le cuesta menos asumir la agenda gorila. Y, a su vez, los beneficiarios de aquella le retribuyen mejor en confianza.

Por otro lado, esto se entiende hacia adentro del espacio kirchnerista como indicativo de la cosmovisión que deberá guiar, no sólo la campaña del que termine resultando el candidato designado/elegido, sino también su eventual gobierno. Así deben entenderse las alusiones a la flojedad de los sustentos que pueden cosecharse por fuera del dispositivo del Frente para la Victoria para el devenir más allá de 2015. Cristina no será sólo referencia de consulta durante los próximos cuatro años, sino líder en ejercicio de una coalición en aptitud de condicionar. Cuestiones que aquí ya hemos comentado, se trata de poner en valor la capacidad de apoyatura que todos los precandidatos presidenciales del peronismo aspiran a heredar.

Así, entonces, quien quiera que fuere el encargado de portar los estandartes efepeveístas el año que viene deberá asumir íntegramente la agenda de la profundización modélica, descartando corrimientos centristas donde ya abunda oferta.

Por último, Cristina demuestra funcionar en su propia sintonía, desestimando las interferencias con que se intenta dificultar la finalización de su mandato como forma de facilitar una reconfiguración programática profunda luego del recambio presidencial, que además --no es lo mismo-- se lo pretende de ciclo histórico. Las ignora, lisa y llanamente, en su curso de acción.

Demasiado firme sostiene todavía el timón la que, dicen, va de salida y ya no cuenta, pero que no deja de hacerlos bailar.

jueves, 11 de diciembre de 2014

El laberinto de la representatividad opositora

La semana se inició con bastante tela para cortar en cuanto a rosca política.

Martín Insaurralde, finalmente, y luego de estirarla más de la cuenta, develó uno de sus misterios: renunció a la Cámara de Diputados de la Nación, y regresará a la intendencia de Lomas de Zamora. El análisis de esto es que, como lo hecho a destiempo es siempre malo, ya sus movidas interesan más bien poco: no hay más quien derrame lágrimas por su permanencia dentro del Frente para la Victoria, sino más bien todo lo contrario. Tampoco ahora domina mucho los tiempos ni los modos respecto de su hipotético salto al Frente Renovador, donde difícilmente lo reciban de buena gana. Allí también ocurre casi 180° al revés de lo que pretendería. 

Abusó de nervios y juego de indefinición; ergo, perdió cualquier sorpresa. Y con ello, dominio de las acciones que lo involucren.

Sergio Massa, que de él también hablamos, quedó, por su parte, envuelto en un juego, a la vez inverosímil y pornográfico, de operaciones y presiones mediáticas que intentan ser políticas. Y que, de hecho, lo son: sólo que de muy baja calidad. Se confirma lo que Sergio Ranieri advierte hace ya rato: el FR cree estar dominando a la UCR, que en realidad se debate entre funcionar como herramienta de la candidatura presidencial de Maurizio Macrì y jugar la propia en distintos niveles subnacionales en los que aparece con buenas perspectivas. Julio Cobos es la última barrera, más o menos seria, que debe derribar el jefe partidario Ernesto Sanz para conciliar ambas diagonales. El resto de FAUnen no cuenta.

Massa, que apuesta a, por lo menos, la PMDBización radical (que se repartan entre él y Macrì) para desplegarse federalmente, termina siendo apenas el profiláctico con que Cobos agita sus porotos en la interna mendocina, que también comparte con Sanz y con otro pesado, el intendente de Godoy Cruz, Alfredo Cornejo, otro macrìfilo. Ése es todo el rol del massismo en Mendoza: ninguno, o instrumental de ajenidades --que vendría a ser lo mismo, sólo que aún más humillante para quien amenazaba pedantemente estar por comerse a los chicos crudos hace nada--. Igual le sucede en Córdoba, Santa Fe, Entre Ríos y CABA. Demasiado. Necesitado de demostrar algo de músculo, el diputado nacional rejuntador (en uso, de facto, de licencia) apeló a los intereses concurrentes de sus aliados del Grupo América, Daniel Vila y José Luis Manzano, otros mendocinos, que añoran la permeabilidad de Cobos para otorgar negocios petroleros en la provincia. 

Pero no es a través de Jorge Rial, y menos en modo matón, que se intenta intervenir sobre un dirigente que tiene, cuando menos, algún recorrido. Y que conserva restos de territorialidad sobre los que pararse para responder. Massa quiso hacer creer que era él quien movía las palancas de la rosca radical mendocina, y termina, una vez más, viéndola desde la platea.

A todo esto, la todalidad de la oposición pasó, en paralelo con los vaivenes del humor clarinista al respecto, del rechazo liso y llano a la posibilidad de competir por la legislatura mercosuriana, a envalentonarse con la probabilidad de una lista única que aglutinase a toda la oposición para competir contra una supuesta candidatura de la presidenta CFK en ese territorio en 2015. Elisa Carrió, que está chapa pero sabe que la electorabilidad de cada trozo del archipiélago se resentiría en una mega confluencia, hizo volar esa verónica, que apenas despuntaba, por los aires. Hace política: parte escenarios y escoge un pedazo para sí. Y mientras tanto, la presidenta CFK, por cuya futura y ni siquiera anunciada candidatura regional sucede todo este revuelo, no hizo más que callar al respecto. No obstante lo cual, todos bailan al compás del minué que de ella surge. 

Extraño fin de ciclo, éste, con semejante centralidad de aquella que, según se cuenta, ya va de salida. 

Es todo un tema el debate sobre la calidad de este tipo de procedimental político. Cuando dejó una silla vacía en el programa de Bernardo Neustadt durante la campaña presidencial de 1989, Carlos Menem enseñó, con brutalidad, que la hiperactividad de un candidato desnuda sus carencias. Y a decir verdad, a esta hora la jefa del Estado luce bastante calma, casi sobrandola.

Resta, entonces, determinar las razones de las dificultades de posicionamiento en la oposición que se observan a hoy.

* * *  

En el blog Cartoneros de San Telmo se radiografiaron perfectamente las implicancias de la denuncia por evasión, fuga y lavado al HSCB, más allá de sus vericuetos jurídicos. Se trata de un forzamiento operacional del establishment, al límite de lo legal o tal vez aún más allá de ello, sobre el programa de gobierno, a los fines de recuperar la centralidad que otrora se le dispensara en ese distrito: el Estado ejerciendo como gendarme de su rentabilidad; aquello que Cristina prometió no hacer ya el día de su asunción en 2007, disputa que la circunda --no con pocas dificultades-- desde entonces. No ha lugar a la cantinela de las inconsistencias del plan económico, que las hay: cuando no las había, era --el que por estos días es objeto de tramitaciones en tribunales que... las esquivan-- un comportamiento legal. 

El objetivo es recuperar eso que consideran normalidad. Y que, se insiste, alguna vez lo fue. Raúl Degrossi lo sintetizó como tensión entre Estado y mercado, con las derivaciones que en términos de democracia supone: quién define qué se hace. En esta disyuntiva se organiza dominantemente la batalla por la construcción de representatividad. 

Y quienes han intentado abstraerse de ella, fueron absorbidos por una dinámica que los excede como para domesticarla.

Artemio López define al kirchnerismo como “encuadramiento de las fuerzas populares vertebrado en torno a pobres de toda pobreza, sectores medios empobrecidos, minorías diversas, cuentapropistas, la clase trabajadora formal e informalizada, pequeños y medianos empresarios y comerciantes”. Es decir, cuenta con sustento sobre el que expresarse, aún cuando en ocasiones se complique en cuanto a la reactualización de demandas que naturalmente se sigue de sucesos previos. Y resulta que en el dilema arriba comentado se litigan salarios, jubilaciones, hospitales, escuelas; es decir, el bienestar ciudadano. Maurizio Macrì resuelve con un tanto mayor de facilidad este inconveniente: asumiendo como propias las demandas de la cosmovisión involucrada en el enchastre HSBC, plenamente refutatoria de la del oficialismo.

Los votos hay que ir a buscarlos entre los beneficiarios de varias de las políticas que impugnan los soportes materiales del accionar antagonista al kirchnerismo. Pavada de enredo. También... como para no andar a los bandazos.

viernes, 5 de diciembre de 2014

Representación, territorialidad y demagogia

El pacto de representatividad que sustenta el contrato institucional de cualquier sociedad, y cuya construcción (en pugna) es la sabia de que se nutre la disputa política, es el gran problema que atraviesa la vida pública argentina desde 2001.

Pero nunca desde entonces como en 2013 ese dilema formó parte tan explícitamente de la agenda de debate electoral, en un proceso que promete acentuarse en 2015.

Hay que reconocerle a Sergio Massa tanto su decisión de problematizar el asunto como temática en sí misma, cuanto la de elaborar su construcción en función del abordaje de tal. El problema es cómo se hace eso. Los massistas explican al Frente Renovador como emergente de los cacerolazos de 2012. En efecto, se hizo sentir entonces el default que en términos de expresión adolecía la estructura partidaria nacional: el gap del triunfo de Cristina Fernández en 2011, los casi 40 puntos que la separaron de sus competidores, generaron una sensación de irreversibilidad en quienes no se sienten contenidos por el programa del Frente para la Victoria.

Pero la representación, en los términos que venimos comentando, y en los de la mayor parte del arco dirigencial opositor, más bien se asemeja a una mera vocería del descontento en la que no media siquiera el mínimo procesamiento que impone la necesidad de articular el reclamo con otra numerosa cantidad de dimensiones que integran la compleja trama de la acción de Estado. Es válida, obvio, la mimetización a la hora de la prédica de campaña. Pero en el caso de Massa esto se vuelve peligroso porque se está poniendo, de puño y letra, el qualunquismo en proyectos de ley. Así, por caso, con sus adefesios alternativos de pago soberano de deuda en sede local, en que garantizaban a los fondos buitre el cobro del 100% de sus acreencias por una ley previa al vencimiento de la cláusula RUFO --ergo, disparándola--; y de Código Procesal Penal de la Nación, en el que se arrasa sin más con las garantías constitucionales del debido proceso. 

No sorprende: ya a principios de año, cuando se presentó el anteproyecto de Código Penal de la Nación elaborado por una mesa pluripartidaria de expertos en la materia, se podía leer al massismo digital reconociendo que el escándalo que al respecto armó el diputado nacional rejuntador en uso de licencia tenía únicamente que ver con la construcción de electorabilidad. No se trata de reprochar la posibilidad de abastecerse del descontento. De hecho, Néstor Kirchner bebió de la fuente del “que se vayan todos”. No obstante ello, jamás dio curso a, por ejemplo, el asambleísmo barrial que allí se clamaba como solución al crack neoliberal. La materia prima debió ser elaborada para convertirse en producto competente: le llaman política.

Y conviene tener presente que lo útil a la hora de las urnas, quizás no lo sea tanto para gobernar si ello resulta de la significación de exigencias a las que se acostumbra a no convivir con elementos que son ineludibles en la administración.

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La propuesta inicial del FR era el, digamos, retorno a 2006. Un kirchnerismo nestorista, suponiendo que eso hubiese existido como tal. De ahí la convocatoria a notorios colaboradores del gobierno de Néstor Kirchner, eyectados conforme avanzó la profundización del programa oficialista a posteriori del conflicto con las patronales agrarias en 2008. Momento, dicen algunos, en que el gobierno nacional habría abandonado “la agenda de la gente”, debido a la construcción de lo que se conoce como “la grieta”, fuera de la cual quedan requerimientos ciudadanos sin atender por la distracción que supone. La apuesta, entonces, era a por la reconstrucción de la alianza de mayorías que había sustentado al kirchnerismo, por medio de un quiebre de la territorialidad bonaerense que buscaría capturar el enojo antes descripto con la oferta de una construcción partidaria potente. 

Todo esto como verónica previa al intento futuro de desplazamiento de CFK de la conducción del peronismo.
Sucede que las boletas del FpV conservaron en 2013 su piso histórico nacional de votos, 35%, igual que en 2009 pero sin Néstor Kirchner, y en un contexto de dificultades socioeconómicas similares pero con mayor cantidad de años de desgaste a cuestas. Ello obligó a una reconfiguración en la estrategia de los renovadores, en la que se subordinó a los instrumentos pejotistas y ganó mayor espacio el discurso republicano de sus integrantes con menor cantidad de votos. 

Manuel Barge comentó acerca de las incomodidades que eso supone para los compañeros que ahora militan en el FR.
Los garrochazos desde el FpV se frenaron (también gracias a la reconstitución del PJRA y el PJPBA). Y la pesca de distritalidad opositora en funciones, que exploran como nueva apuesta para cubrir el déficit de despliegue nacional, implica una competencia más concurrida. La UCR oscila entre la preferencia por Maurizio Macrì como mascarón de proa de sus restos y jugar la propia, habida cuenta que los niveles nacionales no afectan el desempeño propio en lo local.

La arquitectura que Massa había logrado dibujar luce inadecuada para las nuevos escollos que le impuso la realidad. Pero es, a la vez, su mejor soporte. Un verdadero callejón. Conforme la distancia temporal con 2015 se acorta sin novedades satisfactorias para el desarrollo federal del FR, la deriva neustadtista de su discurso escala en frecuencia y densidad.

La demagogia es el salvavidas al que apela en busca de una sociología a la que no logra enamorar.