martes, 19 de agosto de 2014

La natural convergencia entre FAUNEN y PRO

Cuando se lanzó el espacio FAUNEN, aquí se dijo que lo único que interesaba de todo ese experimento era si finalmente confluirá, o no, con el ingeniero Maurizio Macri.

Pasados casi 4 meses de aquello, se puede confirmar la tesis: no han discutido otro tema que los amagues de negociaciones en torno de la posibilidad de una alianza con el PRO. No se conoce que trasciendan con peso considerable por ninguna cosa que no sea ésa. La escena novelesca entre Fernandos Solanas y Elisa Carrió es sólo el último y, probablemente, definitivo capítulo de esta historia. En el post a que se hacía referencia en el párrafo de apertura, dijimos también que la, por así decirle, pata progresista de FAUNEN (que carece de electorabilidad) importa poco y nada en cuanto a ese debate. 

El vacío que le hizo Lilita a Pino es la escenificación letal de esa intrascendencia. El senador nacional porteño fue notificado de que su capacidad para imponer condiciones en la coalición es cero. Es consumidor y no productor de poder.

Esta vez, corresponde reconocerlo, Carrió se respalda en un razonamiento político impecable para conducirse: Pino se resiste a reconocer el territorio electoral que lo sustenta. Que comparte, de modo dominante, con el macrismo. Cuando quiso disputar el liderazgo de ese sector, en 2011, fue sopapeado. La competitividad del espacio pasará por no dividir ese voto a partir de la solución por la vía de las PASO de la carencia de un liderazgo que, per se, sintetice la pluralidad interna. Lo explicita el legislador porteño Gustavo Vera por estas horas: FAUNEN es una construcción antiperonista. Así es porque no tienen chance de ser otra cosa: expresan la representatividad que les da razón de ser en las urnas. Solanas insiste en un discurso ajeno al contrato que lo depositó en la Cámara Alta. Que, además, es propio de ciudadanía que hace tiempo le resulta refractaria.

De hecho, pocas han sido las diferencias sustanciales entre unos y otros en cuanto al programa inaugurado en 2003.

Es posible aventurar que el republicanismo se mueve en función de curarse de la testimonialidad. Fundamentalmente las estructuras radicales, que quieren frenar el drenaje que los desangra desde 2001: les queda una sola gobernación, no quieren perder también intendencias. No se trata apenas de agruparse, sino de ofrecer una idea de solidez alternativa

De movida, no hay peor cosa que creerse lo que no se es: uno corre riesgo de quedarse hablando sólo.

sábado, 16 de agosto de 2014

Legalízenla

La despenalización del consumo de estupefacientes significará --si es que finalmente se sanciona una ley al respecto-- un avance respecto del estado de situación actual, pero no solucionará el fondo de la cuestión delictiva vinculada a la principal.

Para ir rápido al punto central, existe delito asociado a la comercialización de droga debido al estatus de ilegalidad de la actividad; con lo cual, deviene necesario, para viabilizarla, montar una estructura criminal que permita superar las barreras que la legalidad, siempre arbitraria y producto de un desarrollo histórico determinado, dispone. Ello deriva, subsiguientemente, para peor, en un aumento sideral de los costos de producción: porque a una elaboración que, en sí, sería de lo más barata, hay que añadirle el sueldo del sicario que asesina al policía honesto, la coima para el funcionario que se corrompe, etc.

Nada de todo eso sería necesario de poder desarrollarse la industria igual que lo hace cualquier otra. 
El circuito de retroalimentación se torna crítico. En tanto no se domestique la demanda, la restricción construye, por lógica, un nicho para la corrupción o cualquier otra desestructuración por el estilo. La prohibición impide incluso experimentar con los narcóticos de modo tal de conservar los efectos que se consideran placenteros eliminando los perjudiciales. Y por supuesto, resulta trágico dar tratamiento de criminal a quien, en el peor de los casos, es un enfermo. Al que, además, se lo expone a tratar con organizaciones mafiosas para conseguir las sustancias; y se lo acerca al crimen por el incremento tarifario antes comentado, que hace inaccesible las dosis para muchos --o acuden a otras de menor calidad, y por ende más dañinas--. 

Despenalizar evitará los trastornos jurídicos del consumidor, pero no afectará lo restante, que es la semilla de la pudrición. Los avances en la Historia son, casi siempre, de tipo parcial. Fruto de relaciones de fuerza, de carácter en esencia dinámico. La pantalla se correrá si esto prospera, lo definitivo estará más cerca.

Pero conviene no ilusionarse con los resultados más allá de la perspectiva individual. Eso sí: peor sería nada.

viernes, 15 de agosto de 2014

Tragicomedias preocupantes

Los pocos detalles que hasta ahora se conocen sobre el asunto de la imprenta Donnelley alcanzan para calificar a la situación como de gravedad.

Pero más allá de lo adjetivo, resulta necesario comprender en toda su dimensión la complejidad de las redes de intereses que se tejen al interior de los distintos departamentos del Estado, en cualquiera de sus niveles, en los que hunden raíces. Que se organizan en torno de lo que políticamente puedan o quieran expresar determinados esquemas de negocios. E impulsan decisiones de gobierno, o generan situaciones que las interfieren, en forma irregular o, por lo menos, cuestionable. Desvinculadas, en principio, de los rumbos que decide la ciudadanía en las urnas.

Derivaciones del conflicto con los Fondos Buitre intervienen en el escenario cotidiano, sorprendiendo por su forma, pero no por el hecho en sí mismo, pues había expectativas de movimientos en tal sentido. De hecho, nosotros comentamos esa posibilidad en uno de nuestros últimos textos. Se trataría, pues, de la capacidad de las tropas de Paul Singer de operar sus múltiples membresías empresariales y sus respectivas complicidades para presionar, quiebra fraudulenta mediante, al gobierno nacional en función del diferendo judicial radicado en los tribunales de Nueva York a propósito del mínimo de deuda que aún permanece en estado de litigiosidad del default del año 2001 (culpas según la Historia, y no un fallo estrambótico, las asigna). 
Agitando opinión favorable a un acuerdo riesgoso sobre la base de una ficción enviciada.

Los laberintos judiciales dirán lo suyo, pero son de orden distinto a lo que debe resolverse en política. 
Aquí se juega no sólo la estrategia soberana del país en materia de endeudamiento externo, sino también la voluntad del Estado para encuadrar comportamientos empresarios en la letra de la ley donde le compete hacerlo. Conviene recordar que, a la misma hora, hay en análisis parlamentario iniciativas que quieren penar conductas de similar espíritu que se desarrollen en el mercado local. La denuncia de la presidenta CFK con fundamento en la ley antiterrorista significa mucho más que un expediente tribunalicio. Se está exponiendo al debate público la fractura que evoca una puja proyectiva profundísima. Así debe interpretarse una acusación por delitos que encubren un desafío de poder. Al que el kirchnerismo hace frente.

Todo esto en debate a, apenas, 18 meses de una sucesión presidencial que, según explican con frecuencia, incluirá también un fin de ciclo o una nueva Argentina, según la fórmula de marketing que se prefiera.

Frente a semejante cuadro, como ya expresáramos, quienes reclaman derechos al respecto persisten en su obstinación por no manifestar una toma de posición, siquiera mínima. Lo cual es especialmente llamativo cuando la trama implica definiciones que alcanzan incluso a lo que se considere que es o, en su defecto, debería ser el modelo productivo argentino. El silencio es, pues, una pista. Y viene también a poner en claro que la electoral 2015 no será una disputa de conductas éticas/morales: el mutismo lo es sobre una maniobra que difícilmente se podrá explicar en esos términos. No hay interés en la corrupción, sino en instrumentarla como método de impugnación al ingreso de nuevos actores y hojas de ruta en esos territorios. Habrá, el año que viene, que resolver lo mismo que está en crisis desde la rebelión de la patronal agraria de 2008: quién decide y qué.

Los dirigentes opositores, a esta hora, prefieren emular en la realidad lo que, parecía, eran sólo sketches televisivos graciosos (por así decirlo); o pegar afiches que simulan contadores de tiempo en las paredes de las calles. La mansedumbre.
Así, no requiere de mayores explicaciones la preferencia del establishment por ellos.

Tal vez lo mejor sea imitarlos en eso de cerrar la boca. Agregar algo sería redundante cuando, igual, se exponen brutalmente.

martes, 12 de agosto de 2014

Un rival a medida

A veces puede resultar llamativa cierta especie de dualidad que afecta los análisis referidos a la política interna de la Ciudad de Buenos Aires.

Por un lado, se exige de lo que se denomina poder central que se abstenga y “deje que los porteños, que son muy celosos de su autonomía, discutan tranquilos sus propios asuntos”. Casi como si un proyecto político tal debiera tener vedada la posibilidad de construir su expresión en un sitio determinado. Pero, al mismo tiempo, se presenta a los triunfos localistas como testimonio de cierta ciudadanía en función de adversar a un programa de gobierno nacional que, explican, los hostigaría. En suma, un reclamo de prescindencia que, luego, sin embargo, pretende ser proyectado allende sus fronteras. 

Casi como en cuanto a los expedientes de coparticipación: se solicita permanentemente el auxilio federal pero sin que ello habilite a opinar. Un adolescente mantenido cama afuera. Ponete, y callado la boca. Siempre con tonalidad indignada, de gravedad institucional/republicana y empalagada de moralina y pretensiones de cátedra ética, claro.

Todo esto se ha acentuado desde el surgimiento del PRO, la cúspide del autonomismo más logradamente entendido.
En cualquier caso, la ecuación se resuelve siempre igual: por el voto castigo. Sea como freno a las pretensiones intrusivas, sea como foco de resistencia al expansionismo voraz de Balcarce 50. Uno podría contentarse con responder señalando lo que, así expuesto, resultaría de una incongruencia feroz, y ya. Pero como la idea es superar el berretismo, conviene esforzarse por articular ambos postulados en una única tesis que despeje complejidades e incógnitas y ayude a la comprensión de que requiere sustentarse toda estrategia, en el campo que fuere.

En la Historia suele haber buenas respuestas. En este caso, ya desde la Revolución de Mayo.
La Primera Junta, con su limitada perspectiva de mero instrumento de los intereses de la burguesía comercial portuaria, organizó desde el vamos una grieta irresoluble: sometimiento de las provincias a la autoridad de la capital, o hacer la propia de frente al Atlántico (y de espaldas a Los Andes). Y fue más eso que otra cosa durante décadas. Hasta que la victoria militar de uno de los bandos saldara, según acertadamente expuso Salvador Ferla que intuyó José Artigas más de cuatro décadas antes de Pavón, cuando las tropas del general Bartolomé Mitre iniciaron el aniquilamiento del interior federal. Quienes intentaron conciliar, invariablemente fueron impugnados como autoritarios: Manuel Dorrego y Juan Manuel de Rosas.

Más/menos, a veces reconfigurada, otras tantas subalternada, la disyuntiva, si no principal al menos constante, jamás cesó.

Así, no son rivales para quienes compiten por la ciudad autónoma desde una lógica municipal, aquellos que lo hacen enmarcando la discusión de modo más amplio, explorando conjugar con el resto del territorio nacional. Al mismo tiempo, y toda vez que un jefe gobierno ejerce al mismo tiempo potestades de gobernador junto con otras de intendente, a Maurizio Macrì le va mejor con las segundas (Metrobús) que con las primeras (educación). Dijimos alguna vez que debido a que administrar provincialmente requiere de un nivel de integración regional cuyo despliegue se ve dificultado por las pretensiones, ya no autonómicas sino directamente separatistas, de su universo de actuación, especialmente el electoral.  

Todo siempre puede ser distinto; pero, por lo pronto, los antecedentes, la ley y la geografía constituyen límites espesos para la propuesta presidencial del hijo de Franco. Lo que hace de elevar su visibilidad, considerando la representatividad que disputa y sus dificultades de desarrollo territorial más allá de la convocatoria de celebridades, una jugada interesante.

Los ingredientes específicos que distinguen a toda coyuntura podrán (o no) indicar el resto.

miércoles, 6 de agosto de 2014

Es lindo y gigante ver que hoy hay tantos sintiendo el triunfo de Estela como propio

La política sirve cuando hace felices a las personas. Cuantos más, mejor.

Que Estela de Carlotto haya por fin podido encontrar a su nieto es, definitiva e indiscutiblemente, una noticia que genera felicidad. Ayer La Nación la llamaba como siempre lo hacemos nosotros: Estela. Cuando a alguien se le menciona por su nombre de pila a secas es porque cambió de rango. Porque adquirió una dimensión distinta, superadora. Y en cuanto al hecho en sí, significa que la causa ha generado una hegemonía que la fortalece en términos de futuro: tranquiliza, siendo que tanto se ha discutido en este país en torno al fin de ciclo y a la necesidad de dar vuelta la página, habida cuenta que la de la memoria harta.

También podemos preguntarnos por el tipo de alegría. 
Casi nunca es criticable ese sentimiento; salvo, claro, cuando se funda en la desgracia ajena. Pero sí hay algunas dichas mejores que otras, no hay que temer a la complejización de ese asunto. Hace poco escribí en Facebook que creo que una persona pasa de nivel en la vida, como en los videojuegos, cuando es capaz de sentir felicidad por la del otro. De seguro no soy original con ese planteo. Pero siento que eso es lo que viene sucediendo desde hace unas horas en las que, casi a modo de catarata, indetenible, empezaron a caer de todos lados expresiones de satisfacción por la buena nueva en la vida de esa abuela que ya es querida como la propia por multitudes. 
Más allá de las minorías odiosas de siempre, que igualmente esta vez fueron más marginales que lo usual.

Estela misma es, de hecho, un ejemplo de eso.
Para cada uno de los 113 nietos recuperados previos ella puso su rostro de sonrisa eterna e ineluctable, asumiendo con entereza su rol de liderazgo aunque nunca le tocaba a ella… hasta que llegó.

Y ni siquiera ahora, aclaró sin que hiciera falta, está dispuesta a darse por satisfecha.

En un homenaje a la memoria de Eva Perón que hace pocos días organizó la Secretaría de la Mujer del PJ (hoy a cargo de la diputada nacional Mayra Mendoza, militante de La Cámpora), la historiadora Araceli Bellota explicó que, a su ver, Evita es símbolo de la lucha por los derechos de la mujer mucho más que sus antecesoras, y aún a pesar de ello, debido a su acierto político en cuanto a la articulación de tal reivindicación sectorial en un proyecto colectivo. Porque, a partir de entonces, los distintos sectores se convertían en defensores de las razones todos los restantes, en reciprocidad; cobrando, pues, mayor fortaleza cada una de las partes, por el auxilio del conjunto. Lo que derivó en mayor cantidad de concreciones.

Eso hicieron desde 2003, salvando las distancias, las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo. Cuyas historias, por supuesto, anteceden y exceden, en mucho, al kirchnerismo. Y que, sin duda alguna, lo trascenderán. Pero la cuestión ganó, al cabo de una década de politización, en densidad. La que se expresa en este afortunadamente tan extendido júbilo por el otro. Todo esto es hoy más amplio y fuerte de lo que siempre fue.

Cuesta no ser redundante a la hora de hablar del tema DDHH. Yo elijo agradecer que la política, creo, esta vez decidió servir para ayudarnos a crecer como personas. 

Estela se lo ganó. Y muchos de nosotros, por haber elegido acompañarla, también.



martes, 5 de agosto de 2014

La medida de un desafío de época

Mariano Grimoldi escribió el domingo último un excelente post cuya conclusión es que el fallo Griesa coloca a Argentina en una situación histórica bisagra.

Más allá de las especificidades propias de toda coyuntura, es muy probable que en 2013 el kirchnerismo haya tropezado por haberse resentido su condición de agente disruptivo de la política argentina para una porción sensible de la ciudadanía (no para este blog). La comparación entre el país actual y el que recibió Néstor Kirchner arroja un balance positivo. Pero da la sensación de ser ésa una cuenta que se saldó con la victoria de 2011. Ganó espacio en la puja de tendencias sociales el reclamo por una agenda superadora de cuestiones que se consideran consolidadas desde 2003.

Hace poco, en medio de un debate en las redes sociales, este comentarista dijo que de la política internacional provendría la recuperación oficialista.

En la medida que el gobierno nacional consiga articular el rol que, según Grimoldi, le tocará en lo sucesivo a Argentina en el orden financiero mundial, con su funcionalidad representativa en el escenario político local y con la capacidad que conserva el frente externo de condicionar la marcha de los asuntos cotidianos del programa económico, tendrá mejores perspectivas de reconvertirse como oferta electoral. Decíamos la semana pasada, ya no sólo se trata de un asunto de pertenencia ideológica: por estas horas se discute, lisa y llanamente, la destreza intelectual y la fortaleza emocional que implica para un dirigente asumir la resolución de cuestiones de Estado. 

Así las cosas, más les convendría a los formadores de opinión opositora coincidir con la presidenta CFK en cuanto al carácter épico del diferendo buitre. Si ésta es una puja meramente administrativa y aun así les cuesta afrontarla, quién sabe cómo reaccionarían ante un expediente de proporciones.

Al fin y al cabo, todo relato, que no sólo existe uno en estos campamentos, supone algún costo.

jueves, 31 de julio de 2014

Grondona, a secas

Con Julio Humberto Grondona falleció un sistema de poder en sí mismo. Que su elemento único sea de tipo subjetivo no modifica ni en una sola coma el asunto. Las características que adquirió ese mecano, por ser las de su fundamento (es decir, Grondona), hacen que hablar del “vacío que generará su partida” no sea esta vez un lugar común. Lo cual no equivale a coincidir con aquellos que auguran el fin del grondonismo, ni mucho menos. Pero sí es cierto que semejante ausencia habilita a decir (que no a hacer) casi cualquier cosa sobre el futuro. También sucede que se habla tanto para ver si de ese modo se logra llenar un hueco, ya inmenso.

Lo más sensato es decir que Grondona operó con habilidad cuestiones que sucedieron independientemente de él. Que habrían ocurrido igual sin él al mando de AFA.

Tuvo suerte, también, claro, pues le tocó un contexto de colegas mediocres (y que no lo podían impugnar en términos de moralidad: no tienen con qué); en concreto, lo que produjo con su accionar fue una sistematización. Fue así que duró 35 años. Les dio proyección, discutible por supuesto, a los recursos que le tocó administrar. Dicho sencillo: construyó poder. 
Sí, ¿y qué tiene de malo eso? ¿Cómo se hacen cosas, si no? 

Nunca hubo una alternativa seria a lo suyo; con lo cual, su vigencia fue la de una gobernabilidad del fútbol argentino, inédita hasta su asunción. No se dura tanto sólo con amiguismo.

Por fuera de consideraciones deportivas, hizo un orden: ése es su mejor legado.

miércoles, 30 de julio de 2014

No hace falta buscarle nombre: se llama locura

"Tenes la licencia para envenenarnos (...) 
Tu negocio es muy dificil de explicar, y facil de enseñar."
[Es hora de levantarse, querido. (¿Dormiste bien?). Los Redonditos de Ricota.] 

* * *

Y llegó, finalmente, el sobreanalizado y tan temido 30J. Default, “default” o ¿default?, la cuestión es que no ha habido, en lo esencial, sorpresas en cuanto al trámite buitre.

Sólo se trataba de saber qué tan grande era la medida del nuevo trozo de las nociones de soberanía y democracia que es conceptualmente capaz de quebrar una sentencia judicial. Y en las primeras horas que seguirán a la ¿novedad?, será divertido adivinar cuánto más precarios pueden ser los dirigentes opositores argentinos cuando hablen a dichos respectos. 
No mucho más hasta nuevo aviso.

Entre lo malo y lo peor, un grupo de delincuentes legalizados, con la venia de un octogenario irresponsable que no se preocupa por el impacto que sus decisiones implican para el equilibrio de la gobernabilidad internacional (y que hasta periodistas del Grupo Clarín han calificado como incapaz para afrontar este expediente), pesan más que la opinión de opinión de casi un centenar de países y de más de una docena de organismos supranacionales de diversa índole, que se expresaron todos en igual sentido, por encima de diferencias filosóficas, de intereses e históricas que los separan en mayoría de otros asuntos, que no en éste. A favor de los Fondos Buitre, en tanto, no se oye mucho más que la prensa comercial dominante argentina, opositora al ocasional representante institucionalizado del Estado, y analistas económicos independientes locales.

Que se hable de fracaso jurídico, habida cuenta del resultado del litigio, vaya y pase. 
Al fin y al cabo, es cierto: fue una derrota. Pero, ¿es 'fracaso diplomático' la mejor forma de describir a una apilada tan contundente (por su cantidad y su transversalidad) de respaldos? La coalición de intereses más heterogénea que jamás se pudiera haber imaginado, y que alguna vez se haya reunido, da testimonio en contra de los mal denominados holdouts. Pero resulta ser que por aquí se editorializa que la postura de la presidenta CFK es poco profesional, soberbia e irracional: algo que no dicen ni siquiera The New York Times y el Citibank, que impugnan fuertemente a su señoría, el doctor Thomas Griesa.

Algún día sonará inverosímil que, en este marco, el 1,5% de acreedores del default más grande en la historia de la humanidad (el argentino del año 2001), por apenas U$S1.330 millones, hayan puesto en crisis de semejante forma al sistema económico/financiero globalizado. Incluso al punto de arriesgar la posición de Nueva York como plaza eje del esquema.

Pero está sucediendo. Ahora (y durará, por lo menos, cuatro meses). En medio de la incredulidad generalizada. Y de unos cuantos lamentables festejos puertas adentro del vencido en el pleito.

La ruta del resultadismo desemboca en las conclusiones más desopilantes. Y tristes, también.

lunes, 28 de julio de 2014

Señales inconvenientes

La política argentina no ha cambiado mucho desde que aquí hicimos un parate largo. Es cierto que el vicepresidente Amado Boudou ha sido procesado por los tribunales federales en la causa Ciccone, pero esa formalidad procesal no implicó ninguna variante crucial en el juego electoral. Los costos a pagar por ese asunto tramitan independientemente de su devenir judicial. 
Todo lo demás se repite casi idéntico.

Cuesta advertir hacia dónde derivará la trama, lo cual agrega espesor a la incógnita que, de por sí, supone una sucesión presidencial. En especial la de un ciclo histórico largo. Ese dato que falta, el de las tendencias sociales (“lo que quiere la gente”), es lo que determina un escenario de ballotage. No existe aún empatía, capacidad de expresar institucionalmente, porque no se puede construir representación en la incerteza. 
En la importancia de la necesidad de definir antes lo sistémico que lo subjetivo se coincide a ambos lados del mostrador.

Lo que sí ha generado un cimbronazo capaz de reformular la discusión 2015 es la sentencia de la justicia norteamericana que pone al país a elegir entre algo parecido a un default o echar a perder el desendeudamiento de 10 años y convertirse de nuevo en presa fácil de los mercados financieros.  

Al respecto, a excepción de Macri, que ya ha explicitado su opción por lo segundo, la oposición hace ruido con balbuceos. Lo cual genera legítimas dudas acerca de su capacidad para gobernar, si no atinan a opinar sobre un tema de Estado tan decisivo.

No se sabe, entonces, mucho acerca del futuro. Pero sí de lo que no debería ser.

domingo, 27 de julio de 2014

Brasil 2014, o cuando volvimos a ser competitivos

El Mundial 2014 será recordado, en cuanto a lo estético, como el mejor desde, por lo menos, el de México 1986. De hecho, cuenta la Historia que todas las Copas del Mundo habían sido buenas o muy buenas hasta la de 1990 en Italia. Y que a partir de allí, y en adelante, todas fueron malas o peores. Hasta que el torneo que acaba de finalizar rompió la maldición: fue de veras muy disfrutable el nivel exhibido en esta última edición (como no podía ser de otra manera en la tierra del jogo bonito, pese a que el local decepcionó vergonzantemente y fue humillado en semifinales). 

Pero Brasil 2014 quedará en el recuerdo, además, por haber traído modificaciones profundas en relación a lo táctico/estratégico.

Empezando por el campeón, Alemania, que a su juego de posesión, triangulaciones y construcción de huecos a partir del asociativismo, le sumó pinceladas de lo que fuera el fútbol total con que Holanda quebró conceptos en Alemania 1974, tal vez el primer Mundial en que alumbró una revolución (el restante acaso haya sido el de 1986, con el 3-5-2 de Carlos Bilardo). El germano es un bloque casi indivisible entre ataque y defensa, que presiona y hace transiciones de manera integral de modo que, vulgarmente, se puede concluir en que “van y vuelven todos”. Esto le permite, por ejemplo, hacer de un saque de banda rival una oportunidad de contragolpe, porque presionan contra el receptor casi de a once. Argentina, en la final, prefirió, en esas situaciones, retroceder el balón hasta su zaga, para evitar el riesgo de quedar mal parado. 

Holanda, México y Costa Rica, a caballo de un novedosamente extendido 5-3-2 que no resigna vocación de ataque, también hicieron del espacio la clave de sus respectivos planteos: atacándolos desde atrás, cayendo por sorpresa sobre ellos.

Todo cuanto se puede decir acerca de Alemania y su proyecto, que llega a rango de decisión estatal, los futboleros lo han leído mejor de plumas superiores a la de este comentarista; por ejemplo, la de Juan Pablo Varsky. Se trata, la Mannschaft, del ejemplo a seguir, por la cantidad de actores involucrados en un colectivo de largo plazo que no se dejó perturbar por la impaciencia de que el primer título haya llegado recién ahora, a 14 años de iniciarse, luego de varias frustraciones previas. Y también porque su partitura es agradable para lo que es el gusto promedio histórico argentino. Más de uno se fue preguntando, “¿Cómo se le gana a Alemania?”, a medida que el equipo teutón iba avanzando pantallas. Aunque a veces reguló de más y sufrió.

Al tiempo que todo esto iba sucediendo en el mundo del fútbol, con jugadores cada vez menos posicionales y cada vez más diversificados, la AFA vivía el peor momento de su biografía moderna (es decir, el lapso que va desde el ciclo de Cesar Luis Menotti hasta estos días). Se iba de Sudáfrica 2010 despedido por una paliza memorable a manos de, justamente, Alemania. Y unos meses más tarde, quedaba afuera de la Copa América 2011 en cuartos de final, ¡y de local!, tras no haber podido ni contra Bolivia ni contra Colombia (una inferior, que no la versión actual de José Pekerman), y clasificando a la fase final angustiosamente luego de un triunfo ante los juveniles de Costa Rica. Eso recibió Alejandro Sabella a fines de 2011. Un equipo que, fundamentalmente, parecía no poder competir. 

Quien esto escribe se recuerda comentado entre amigos el 3 a 0 con que Bayern Munich echó a Barcelona de la Champions 2013. Porque lo impresionó ver a Arjen Robben, el crack holandés, perseguir a Dani Alves cuantas veces hizo falta durante casi todo el PT, para, casi al filo del descanso, superarlo en velocidad en función ofensiva para enviar el centro del primer gol de su equipo. Se reitera: marcó con intensidad, al que (se supone, según los manuales de la antigüedad) debía vigilarlo a él, durante casi 35 minutos; y al ratito, nomás, igual le dio el cuero para desbordarlo decisivamente en el área opuesta. Eso es la integralidad del fútbol. Muchos dudábamos, y con motivos, acerca de la capacidad de los nuestros para afrontar tal desafío. A excepción de Ángel Di María. 

De modo que, o se pensaba algo, o se iba rumbo a nuevos papelones, porque se funcionaba en sintonía distinta a la impuesta por la coyuntura.

Sabella se puso, pues, a pensar. A trabajar. Frente a una coyuntura que hace de lo colectivo y --como se decía arriba-- los espacios conceptos esenciales, el DT argentino llenó su boca con esos términos; pero, sobre todo, los puso en práctica. Cuando se elogia del plantel subcampeón la entrega con que aderezaron cada planificación, habrá que retroceder a las discusiones que por determinados nombres propios hubo antes del certamen, que se tramitaron cual si una exclusión tal hubiese sido un drama de Estado. Y preguntarse si la respuesta hubiese sido la misma si el conductor no se hubiese hecho de tal compromiso de parte de sus dirigidos a partir de decisiones valoradas por el respeto que para con el futbolista y su bienestar implicaron.

Argentina, sentada la imposibilidad de hacer en tres años la reconversión que a Alemania le tomó una década y media, se propuso repeler virtudes ajenas. También el abordaje de las falencias rivales las digitó casi quirúrgicamente. Un equipo, el de Sabella, que nunca, bajo ninguna circunstancia, lució desbordado por sus ocasionales oponentes. Y es cierto: a medida que fue retrasando líneas se perdió de explotar mejor a su as de espadas, Lionel Messi --quien alguna vez merecerá el reconocimiento que cabe a su desprendimiento personal en homenaje al engranaje general--. Faltó, y falta tiempo. Sin dejar de recordar que otra versión argentina, con Messi en cancha y todo, cuando decidió jugar el golpe por golpe pareció mero sparring. El DT abordó el dilema: no creerse más de lo que se es.

En la edición especial que la revista El Gráfico publicó para homenajear a quienes devolvieron al fútbol nacional al primer plano, se destaca una frase de la crónica central: “Hay que recordar de dónde venimos para asimilar dónde estamos.” Claro que dolió, duele y dolerá el fantástico gol de Mario Götze que nos relegó a la plata. Pero conviene no olvidarse que hasta no hace mucho Bolivia nos había arrancado, de suelo nuestro, dos empates consecutivos o que se perdió contra Venezuela por primera vez en más de cien años de vida. Que se ha tratado, se insiste, del mejor campeonato en casi 30 años. Que las novedades de este deporte se han convertido en casi científicas.

Argentina encontró cómo. Y por eso resurgió. Partirá desde un sitio envidiable para iniciar la necesaria e impostergable renovación que se impone para volver a naturalizar estos rendimientos.

La evaluación popular de este trayecto augura acompañamiento. Sólo resta decidirse.