jueves, 31 de julio de 2014

Grondona, a secas

Con Julio Humberto Grondona falleció un sistema de poder en sí mismo. Que su elemento único sea de tipo subjetivo no modifica ni en una sola coma el asunto. Las características que adquirió ese mecano, por ser las de su fundamento (es decir, Grondona), hacen que hablar del “vacío que generará su partida” no sea esta vez un lugar común. Lo cual no equivale a coincidir con aquellos que auguran el fin del grondonismo, ni mucho menos. Pero sí es cierto que semejante ausencia habilita a decir (que no a hacer) casi cualquier cosa sobre el futuro. También sucede que se habla tanto para ver si de ese modo se logra llenar un hueco, ya inmenso.

Lo más sensato es decir que Grondona operó con habilidad cuestiones que sucedieron independientemente de él. Que habrían ocurrido igual sin él al mando de AFA.

Tuvo suerte, también, claro, pues le tocó un contexto de colegas mediocres (y que no lo podían impugnar en términos de moralidad: no tienen con qué); en concreto, lo que produjo con su accionar fue una sistematización. Fue así que duró 35 años. Les dio proyección, discutible por supuesto, a los recursos que le tocó administrar. Dicho sencillo: construyó poder. 
Sí, ¿y qué tiene de malo eso? ¿Cómo se hacen cosas, si no? 

Nunca hubo una alternativa seria a lo suyo; con lo cual, su vigencia fue la de una gobernabilidad del fútbol argentino, inédita hasta su asunción. No se dura tanto sólo con amiguismo.

Por fuera de consideraciones deportivas, hizo un orden: ése es su mejor legado.

miércoles, 30 de julio de 2014

No hace falta buscarle nombre: se llama locura

"Tenes la licencia para envenenarnos (...) 
Tu negocio es muy dificil de explicar, y facil de enseñar."
[Es hora de levantarse, querido. (¿Dormiste bien?). Los Redonditos de Ricota.] 

* * *

Y llegó, finalmente, el sobreanalizado y tan temido 30J. Default, “default” o ¿default?, la cuestión es que no ha habido, en lo esencial, sorpresas en cuanto al trámite buitre.

Sólo se trataba de saber qué tan grande era la medida del nuevo trozo de las nociones de soberanía y democracia que es conceptualmente capaz de quebrar una sentencia judicial. Y en las primeras horas que seguirán a la ¿novedad?, será divertido adivinar cuánto más precarios pueden ser los dirigentes opositores argentinos cuando hablen a dichos respectos. 
No mucho más hasta nuevo aviso.

Entre lo malo y lo peor, un grupo de delincuentes legalizados, con la venia de un octogenario irresponsable que no se preocupa por el impacto que sus decisiones implican para el equilibrio de la gobernabilidad internacional (y que hasta periodistas del Grupo Clarín han calificado como incapaz para afrontar este expediente), pesan más que la opinión de opinión de casi un centenar de países y de más de una docena de organismos supranacionales de diversa índole, que se expresaron todos en igual sentido, por encima de diferencias filosóficas, de intereses e históricas que los separan en mayoría de otros asuntos, que no en éste. A favor de los Fondos Buitre, en tanto, no se oye mucho más que la prensa comercial dominante argentina, opositora al ocasional representante institucionalizado del Estado, y analistas económicos independientes locales.

Que se hable de fracaso jurídico, habida cuenta del resultado del litigio, vaya y pase. 
Al fin y al cabo, es cierto: fue una derrota. Pero, ¿es 'fracaso diplomático' la mejor forma de describir a una apilada tan contundente (por su cantidad y su transversalidad) de respaldos? La coalición de intereses más heterogénea que jamás se pudiera haber imaginado, y que alguna vez se haya reunido, da testimonio en contra de los mal denominados holdouts. Pero resulta ser que por aquí se editorializa que la postura de la presidenta CFK es poco profesional, soberbia e irracional: algo que no dicen ni siquiera The New York Times y el Citibank, que impugnan fuertemente a su señoría, el doctor Thomas Griesa.

Algún día sonará inverosímil que, en este marco, el 1,5% de acreedores del default más grande en la historia de la humanidad (el argentino del año 2001), por apenas U$S1.330 millones, hayan puesto en crisis de semejante forma al sistema económico/financiero globalizado. Incluso al punto de arriesgar la posición de Nueva York como plaza eje del esquema.

Pero está sucediendo. Ahora (y durará, por lo menos, cuatro meses). En medio de la incredulidad generalizada. Y de unos cuantos lamentables festejos puertas adentro del vencido en el pleito.

La ruta del resultadismo desemboca en las conclusiones más desopilantes. Y tristes, también.

lunes, 28 de julio de 2014

Señales inconvenientes

La política argentina no ha cambiado mucho desde que aquí hicimos un parate largo. Es cierto que el vicepresidente Amado Boudou ha sido procesado por los tribunales federales en la causa Ciccone, pero esa formalidad procesal no implicó ninguna variante crucial en el juego electoral. Los costos a pagar por ese asunto tramitan independientemente de su devenir judicial. 
Todo lo demás se repite casi idéntico.

Cuesta advertir hacia dónde derivará la trama, lo cual agrega espesor a la incógnita que, de por sí, supone una sucesión presidencial. En especial la de un ciclo histórico largo. Ese dato que falta, el de las tendencias sociales (“lo que quiere la gente”), es lo que determina un escenario de ballotage. No existe aún empatía, capacidad de expresar institucionalmente, porque no se puede construir representación en la incerteza. 
En la importancia de la necesidad de definir antes lo sistémico que lo subjetivo se coincide a ambos lados del mostrador.

Lo que sí ha generado un cimbronazo capaz de reformular la discusión 2015 es la sentencia de la justicia norteamericana que pone al país a elegir entre algo parecido a un default o echar a perder el desendeudamiento de 10 años y convertirse de nuevo en presa fácil de los mercados financieros.  

Al respecto, a excepción de Macri, que ya ha explicitado su opción por lo segundo, la oposición hace ruido con balbuceos. Lo cual genera legítimas dudas acerca de su capacidad para gobernar, si no atinan a opinar sobre un tema de Estado tan decisivo.

No se sabe, entonces, mucho acerca del futuro. Pero sí de lo que no debería ser.

domingo, 27 de julio de 2014

Brasil 2014, o cuando volvimos a ser competitivos

El Mundial 2014 será recordado, en cuanto a lo estético, como el mejor desde, por lo menos, el de México 1986. De hecho, cuenta la Historia que todas las Copas del Mundo habían sido buenas o muy buenas hasta la de 1990 en Italia. Y que a partir de allí, y en adelante, todas fueron malas o peores. Hasta que el torneo que acaba de finalizar rompió la maldición: fue de veras muy disfrutable el nivel exhibido en esta última edición (como no podía ser de otra manera en la tierra del jogo bonito, pese a que el local decepcionó vergonzantemente y fue humillado en semifinales). 

Pero Brasil 2014 quedará en el recuerdo, además, por haber traído modificaciones profundas en relación a lo táctico/estratégico.

Empezando por el campeón, Alemania, que a su juego de posesión, triangulaciones y construcción de huecos a partir del asociativismo, le sumó pinceladas de lo que fuera el fútbol total con que Holanda quebró conceptos en Alemania 1974, tal vez el primer Mundial en que alumbró una revolución (el restante acaso haya sido el de 1986, con el 3-5-2 de Carlos Bilardo). El germano es un bloque casi indivisible entre ataque y defensa, que presiona y hace transiciones de manera integral de modo que, vulgarmente, se puede concluir en que “van y vuelven todos”. Esto le permite, por ejemplo, hacer de un saque de banda rival una oportunidad de contragolpe, porque presionan contra el receptor casi de a once. Argentina, en la final, prefirió, en esas situaciones, retroceder el balón hasta su zaga, para evitar el riesgo de quedar mal parado. 

Holanda, México y Costa Rica, a caballo de un novedosamente extendido 5-3-2 que no resigna vocación de ataque, también hicieron del espacio la clave de sus respectivos planteos: atacándolos desde atrás, cayendo por sorpresa sobre ellos.

Todo cuanto se puede decir acerca de Alemania y su proyecto, que llega a rango de decisión estatal, los futboleros lo han leído mejor de plumas superiores a la de este comentarista; por ejemplo, la de Juan Pablo Varsky. Se trata, la Mannschaft, del ejemplo a seguir, por la cantidad de actores involucrados en un colectivo de largo plazo que no se dejó perturbar por la impaciencia de que el primer título haya llegado recién ahora, a 14 años de iniciarse, luego de varias frustraciones previas. Y también porque su partitura es agradable para lo que es el gusto promedio histórico argentino. Más de uno se fue preguntando, “¿Cómo se le gana a Alemania?”, a medida que el equipo teutón iba avanzando pantallas. Aunque a veces reguló de más y sufrió.

Al tiempo que todo esto iba sucediendo en el mundo del fútbol, con jugadores cada vez menos posicionales y cada vez más diversificados, la AFA vivía el peor momento de su biografía moderna (es decir, el lapso que va desde el ciclo de Cesar Luis Menotti hasta estos días). Se iba de Sudáfrica 2010 despedido por una paliza memorable a manos de, justamente, Alemania. Y unos meses más tarde, quedaba afuera de la Copa América 2011 en cuartos de final, ¡y de local!, tras no haber podido ni contra Bolivia ni contra Colombia (una inferior, que no la versión actual de José Pekerman), y clasificando a la fase final angustiosamente luego de un triunfo ante los juveniles de Costa Rica. Eso recibió Alejandro Sabella a fines de 2011. Un equipo que, fundamentalmente, parecía no poder competir. 

Quien esto escribe se recuerda comentado entre amigos el 3 a 0 con que Bayern Munich echó a Barcelona de la Champions 2013. Porque lo impresionó ver a Arjen Robben, el crack holandés, perseguir a Dani Alves cuantas veces hizo falta durante casi todo el PT, para, casi al filo del descanso, superarlo en velocidad en función ofensiva para enviar el centro del primer gol de su equipo. Se reitera: marcó con intensidad, al que (se supone, según los manuales de la antigüedad) debía vigilarlo a él, durante casi 35 minutos; y al ratito, nomás, igual le dio el cuero para desbordarlo decisivamente en el área opuesta. Eso es la integralidad del fútbol. Muchos dudábamos, y con motivos, acerca de la capacidad de los nuestros para afrontar tal desafío. A excepción de Ángel Di María. 

De modo que, o se pensaba algo, o se iba rumbo a nuevos papelones, porque se funcionaba en sintonía distinta a la impuesta por la coyuntura.

Sabella se puso, pues, a pensar. A trabajar. Frente a una coyuntura que hace de lo colectivo y --como se decía arriba-- los espacios conceptos esenciales, el DT argentino llenó su boca con esos términos; pero, sobre todo, los puso en práctica. Cuando se elogia del plantel subcampeón la entrega con que aderezaron cada planificación, habrá que retroceder a las discusiones que por determinados nombres propios hubo antes del certamen, que se tramitaron cual si una exclusión tal hubiese sido un drama de Estado. Y preguntarse si la respuesta hubiese sido la misma si el conductor no se hubiese hecho de tal compromiso de parte de sus dirigidos a partir de decisiones valoradas por el respeto que para con el futbolista y su bienestar implicaron.

Argentina, sentada la imposibilidad de hacer en tres años la reconversión que a Alemania le tomó una década y media, se propuso repeler virtudes ajenas. También el abordaje de las falencias rivales las digitó casi quirúrgicamente. Un equipo, el de Sabella, que nunca, bajo ninguna circunstancia, lució desbordado por sus ocasionales oponentes. Y es cierto: a medida que fue retrasando líneas se perdió de explotar mejor a su as de espadas, Lionel Messi --quien alguna vez merecerá el reconocimiento que cabe a su desprendimiento personal en homenaje al engranaje general--. Faltó, y falta tiempo. Sin dejar de recordar que otra versión argentina, con Messi en cancha y todo, cuando decidió jugar el golpe por golpe pareció mero sparring. El DT abordó el dilema: no creerse más de lo que se es.

En la edición especial que la revista El Gráfico publicó para homenajear a quienes devolvieron al fútbol nacional al primer plano, se destaca una frase de la crónica central: “Hay que recordar de dónde venimos para asimilar dónde estamos.” Claro que dolió, duele y dolerá el fantástico gol de Mario Götze que nos relegó a la plata. Pero conviene no olvidarse que hasta no hace mucho Bolivia nos había arrancado, de suelo nuestro, dos empates consecutivos o que se perdió contra Venezuela por primera vez en más de cien años de vida. Que se ha tratado, se insiste, del mejor campeonato en casi 30 años. Que las novedades de este deporte se han convertido en casi científicas.

Argentina encontró cómo. Y por eso resurgió. Partirá desde un sitio envidiable para iniciar la necesaria e impostergable renovación que se impone para volver a naturalizar estos rendimientos.

La evaluación popular de este trayecto augura acompañamiento. Sólo resta decidirse.

jueves, 17 de julio de 2014

"¡Blancos de mierda, seguro que tienen trabajo!"

El domingo último, luego de la final del Mundial, y de que unos pocos imbéciles empañaran el festejo popular en el Obelisco, Facebook y Twitter se llenaron con mensajes de una multitud que, con pretensiones sociológicas --aunque, claro, sin molestarse para ello en formarse debidamente en Sociología--, nos explicaba la indiscutible y evidente basura que somos los argentinos (en especial, determinado sector de nuestra ciudadanía: beneficiarios de asistencia estatal y negros, generalmente "de mierda"), incapaces de celebrar nada sin convertirlo en pura barbarie.

Ese extraño desprecio (tan violento como el de quienes vandalizaron el centro porteño) por lo propio, el inexplicable amor y anhelo por lo extranjero, organizaban reflexiones (por así decirles) que, en realidad, no deberían sorprender en un país cuyo periodista de mayor audiencia anda por la vida afirmando, lo más campante, que este país "es una mierda".

Ocurrió, para desgracia de la intelectualidad xenófila, que, apenas unas horas después, episodios similares, pero peores, se repitieron durante la recepción que Alemania dio a sus campeones. Que incluso le costaron la vida a una persona. Y no se trata, acá, de conformarse con que 'mal de muchos, consuelo de tontos'. Nada de eso. Sino de dejar en claro que el fundamento de la violencia nunca, ni ahora tampoco, se puede rastrear en la nacionalidad. Así como tampoco en la pertenencia social de alguien: en Alemania el nivel de vida es altísimo, y sin embargo sucedió quilombo lo mismo. Y, por supuesto, mucho menos interesa la filiación ideológica de un gobierno determinado.

Situaciones casi calcadas tuvieron lugar en comunidades y estructuras socioeconómicas y políticas diametralmente opuestas. ¿Entonces?

Por desgracia, hasta el momento, ninguno de los sabios que el domingo a la noche dictaban clases de ética y moral por las redes sociales (y también, desde luego, en los medios de comunicación) han considerado necesario ilustrarnos sobre las miserias de la sociedad alemana. Ni hay que tener esperanzas en que lo hagan, porque en verdad no les interesaba nada lo que estaba ocurriendo en la capital argentina, sino, como siempre, tener oportunidad para insultar políticamente.

Las cosas por su nombre. Que somos pocos, y nos conocemos todos bastante.

viernes, 16 de mayo de 2014

Siempre habrá plazas vacías

El pasado 10 de abril, alrededor del paro general organizado por Hugo Moyano y Luis Barrionuevo quedó una duda flotando en el aire: ¿había sido exitoso realmente? Esto es: ¿había expresado el sentir de un sujeto social de modo masivo?

Conviene recordar que, a diferencia de lo que usualmente se estila, aquella jornada de protesta concluyó sin una movilización que permitiera mensurar la adhesión a la misma por fuera del bloqueo. La foto del acto que el miércoles pasado armó el mismo dúo dirigencial vino a saldar, un mes después, aquel debate. La huelga a que hacemos referencia fue contundente debido a la hábil construcción táctica de que la proveyó el moyanobarrionuevismo. Fundamentalmente, a través de la incorporación a la movida de gremios del transporte. Y, en menor medida, también gracias al piquetazo con que se sumó el trotskismo.

Dicho sencillo: no importó cuántos pararon sino dónde se paró.

Sin embargo, ahora queda claro que la convocatoria hubiera sido escasísima de no haber sido porque también se plegaron a ella los trabajadores transportistas. No se trata de alegrarse por el fracaso político de Moyano, que es de rango estruendoso, sino de impugnarlo como conductor en grandes ligas. Su extravío estratégico, el de un gremialismo que adversa con gobiernos y no con sectores patronales (a los que, por el contrario, les abre las puertas de la CGT, como sucede habitualmente con el empresario del agro Eduardo Buzzi), ha derivado en la anulación del movimiento obrero organizado como factor de relevancia a la hora de medir relaciones de fuerza. En la actualidad, media Plaza de Mayo les queda enorme. Lógica consecuencia de quien se ha encaprichado en negar la contradicción esencial de su función: capital/trabajo.

El sindicalismo que, por su eficacia en la agregación de masas, hasta 2011 discutía espacios en la institucionalidad estatal, por imágenes como la que acompaña a este post (de las que Moyano colecciona ya por decenas desde que giró al antikirchnerismo) pasó a, apenas, fiscalizar las urnas de Francisco De Narváez en las elecciones legislativas 2013. Bien a tono con las consignas crecientemente reaccionarias que, cada vez con mayor frecuencia, pueblan el discurso del ex secretario general de la CGT. Que en los últimos dos años ha hablado de "planes descansar", de "dádivas para juntar gente" y de la necesidad de manifestarse “sin banderas partidarias".

Y que coronó su deslizamiento llamando a marchar contra la inseguridad al lado de... Juan Carlos Blumberg.

Pero, fundamentalmente, la derrota moyanista responde a su abandono de la agenda social más urgente, que ni de cerca pasa por ser la del impuesto a los altos ingresos mal llamado Ganancias. Así las cosas, las evidentes intenciones de condicionar a los vencedores de 2015 --a eso dirige sus recientes empellones, que no sólo al gobierno nacional-- han sucumbido antes de poder iniciarse, siquiera. A caballo de semejante escasez, ya no asusta a nadie. Esa impotencia a veces estalla de modo imprudente e irresponsable, como en los coqueteos discursivos con la violencia política que exploró su hijo menos lúcido, Pablo, quien amenazó con arrojar cadáveres sobre el escritorio del intendente de Quilmes, Francisco Barba Gutiérrez.

Sin que a un solo dirigente opositor se le haya ocurrido abrir la boca para hacer tronar el repudio que tamaña desproporción hubiera merecido, por supuesto.

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Nada de todo esto debería sorprender, en realidad. 
Desemboca Moyano aquí a partir de la muerte de Néstor Kirchner, luego de lo cual, creyéndose con derechos sucesorios respecto de la silla decisoria que quedaba vacía, inició un desbarranco demencial y, a esta altura, indetenible.

En los meses subsiguientes, exigió a Cristina Fernández la vicepresidencia de la Nación, la vicegobernación de la provincia de Buenos Aires y el 33% de todas las candidaturas legislativas nacionales, provinciales y municipales. Peor aún: lo hizo públicamente, colocándola en situación de condicionamiento. La jefa de Estado, con toda lógica, rechazó semejante demanda. Pero, con eso, el líder camionero hipotecó también su futuro al frente de la central gremial mayoritaria. Su situación de debilidad actual en la interna cegetista (si se la considera como un todo único), donde Moyano nuclea apenas un 27% de la afiliación confederada, nunca fue distinta desde 2003.

Lo que cambió, de nuevo, es por la ausencia de Kirchner, quien le garantizó dos veces, 2004 y 2008, el voto de los delegados de gremios más números que los moyanistas, pero carentes de figuras potables por el desprestigio que les acarrea el cuestionable rol que actuaron durante el neoliberalismo al que Moyano, debe reconocerse, combatió siempre con furia.

Cristina, molesta por las presiones públicas comentadas, no quiso continuar esos servicios. El resto es historia conocida. La que todavía se está tramitando.

Ya hemos dicho demasiado sobre este tema, no vale la pena reiterarse.

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Mientras el ex secretario general de la CGT patinaba por enésima vez desde 2011, la presidenta CFK anunciaba aumentos de hasta 40% en la AUH y en el salario familiar, al tiempo que está por lograr la aprobación parlamentaria de un programa de combate contra la informalidad laboral, iniciativa que fue despreciada por uno de los más importantes alfiles del moyanismo, Gerónimo Venegas, el jefe del sindicato que representa (por decirlo de algún modo) a los sectores más negreados del país. Otro ejemplo de la decisión de los inquilinos de Azopardo de vocear exclusivamente a los segmentos convencionados de los sectores populares. 

José Natanson escribió en su libro La Nueva Izquierda que en América Latina no existen partidos laboristas sencillamente porque con el viejo imaginario del obrerismo fabril, hoy muy disminuido, ya no alcanza para ganar elecciones. 

En la vida hay que elegir. Y Moyano, que no registra las novedades históricas, eligió ser minoría. 

jueves, 24 de abril de 2014

La última curva de la autopista republicana: PRO

Se ha escrito mucho durante estos últimos días sobre la reciente constitución del consorcio electoral Frente Amplio UNEN.

Cuando la oferta analítica abunda, como sucede actualmente aún a despecho de los tiempos dictatoriales que --dicen-- vivimos, resulta difícil encontrar ángulos desde los cuales plantear originalidad. Si este texto, por decir algo, abordara la cuestión del terreno ciudadano en el que intentará sembrar la nueva alianza, con justicia podría ser acusado por plagio, o bien de repetitivo. Nos interesa, por tanto, adentrarnos en la polémica abierta en torno de la conformación definitiva del conglomerado. Cuya resolución será, de seguro, aplazada. Probablemente hasta bien entrado el año 2015. 

Incorporación de Maurizio Macrì a la propuesta republicana: sí o no. A esta hora, la pregunta del millón en dichas latitudes.

Pero, volviendo, se lo hará dejando sentado, se insiste, que aquí no se quiere divagar en cuanto a sociología del sufragio. Son bastante más simples nuestras aspiraciones.

Yendo al meollo del asunto: a nuestro criterio, en esta jugada se trata de poner las estructuras del radicalismo al servicio de una candidatura nacional potente. Para decirlo de modo más acabado: explorar la confluencia entre el desarrollo territorial y los niveles superiores de decisión, que gozan de mayor resonancia mediática pero flaquean en cuanto a electorabilidad. Ésa es la dificultad irresuelta de la UCR desde 2001: reflejar arriba lo que es fuerte abajo para concretar la competitividad que, en algún punto, amenaza. Luego de la abrumadora derrota que sufrieron ante la presidenta CFK en 2011, fueron ganando cabida unos cuantos malestares que buena cantidad de intendentes radicales del interior hicieron conocer con motivo de la exclusión que sufrieron en cuanto al diseño de la fórmula presidencial. [Cosas que ya hemos dicho: 1 y 2]

Eso deriva en holganza, planificada, a la hora de militar el binomio de candidatos. Y la consecuencia necesaria, lógica, previsible fue la brecha que se abrió entre el Frente para la Victoria y todos sus rivales. Antes lo habían sido los radicales K. El funcionamiento del aparato requiere del aceite de la expresión en términos de representatividad. 
Néstor Kirchner se las dio: Julio Cobos vicepresidente.

Algunos de esos enojos se fueron revirtiendo a partir las elecciones legislativas nacionales de 2013. A las cuales, conviene recordar, el partido llegó presidido por alguien impulsado por el grupo de alcaldes antes referenciado, y que lo había sido él mismo en la capital santafesina: Mario Barletta. La sustancialidad y solidez del nuevo emprendimiento, entonces, se pondrá en juego en relación a la incidencia que vayan a tener los territoriales boina blanca en debates como el que está abierto alrededor del posible entendimiento con Macrì. Algunos gobiernos locales del partido que fue de Hipólito Yrigoyen ya de hecho comparten sus respectivas administraciones con lo poco que tiene el PRO armado en las provincias. 

No fue auspicioso para el debut que se ausentara del acto el intendente de Córdoba capital, Ramoncito Mestre, quien habla mucho por boca de Oscar Aguad, quizá el más enfático y explícito a la hora de la promoción de una convocatoria al jefe del gobierno porteño. Viejas riñas con Luis Juez, de la pata progre del cóctel. En estas escaramuzas se juega el destino de FAU: ¿privilegiarán territorio y votos (Mestre) en las consideraciones a elaborar, o sobrerrepresentación ideológica sin urnas (Juez)? En definitiva, si aspirarán al PEN en serio de una buena vez por todas, o se conformarán con apenas renovar las bancas de Ernesto Sanz, Gerardo Morales y compañía. La ruta que les permitirá eludir nuevos sapos conduce a que apoyen los oídos sobre los distintos localismos. Que, según se cuenta, son más proclives de lo que se conoce al hijo de Franco.
                                                      
Poco se habla a lo largo de este post de Fernando Pino Solanas, Victoria Donda, Margarita Stolbizer, El Hijo de Alfonsín y demás negados al macrismo. Se explica fácil: no cortan ni pinchan. Sus huidas no compensarían lo que suma Macrì.

Es cuestión de que pase el tiempo para comprobar si valdrá, o no, lo que más pesa en el porotómetro.

lunes, 21 de abril de 2014

El péndulo

Tarde o temprano, los estudios de opinión pública que se van dando a conocer de cara a las presidenciales 2015 tendrán que reconocer que si es cierto lo que dicen acerca de un hipotético alejamiento de los extremos que se estaría verificando en el electorado, ello se debe a lógicos reflejos conservacionistas de lo que acumuló materialmente la sociedad en 10 años de kirchnerismo.

Por mucha vuelta que le vayan a querer buscar, nadie reacciona de ese modo con bolsillos y estómago vacíos.

Obviamente, no es del todo exacta la expresión del viraje a la derecha para explicar una cuestión casi sociológica sobre estados de ánimo que luego requieren de viabilización electoral. Más aún, que organizan, en gran medida, los comportamientos de los actores políticos, quienes diseñan sus movimientos y discursos en base a esas observaciones. Ya hemos dicho acá que no somos amigos de expresiones como éstas, de las que década ganada --aún cuando en ese caso coincidimos con el espíritu de la fórmula-- es otro ejemplo. Pero son a veces necesarias, a efectos sintetizadores. Aunque en el camino se pierda la riqueza de la complejidad. También es probable que alguien vea en estas líneas pretensiones justificatorias de lo que se puede entender como un abandono de los postulados básicos que inaugurara Néstor Kirchner en 2003.

En realidad, hay que asumir que aquello del péndulo, metáfora a que acudió la presidenta CFK en un discurso que dio en la UIA apenas confirmada su reelección, no es simplemente una rareza argentina.

Lo que hace la diferencia, sí, es la voluntad y la destreza de la intervención política (cuando existen tales atributos) en morigerar los efectos de procesos ineludibles, propios del devenir mismo de la Historia. Para lograr conducirlos. Si Kirchner no hubiese articulado su audacia, que para los parámetros promedio nacionales desde la recuperación democrática constituyeron toda una novedad, con las prudentes dosis de racionalidad que expresaron los superávits gemelos y la obstinación por acumular reservas en el BCRA --por citar sólo dos ejemplos, hubo más--, muy probablemente todo aquello que más enorgullece a la hora del recitado de las conquistas del ciclo kirchnerista en el poder institucional no habría sido posible.

Libradas las cosas a los impulsos que estallaban a la salida de la convertibilidad, sin un marco de mínimo tacticismo a la hora de la estrategia programática, la estatización del sistema previsional o la AUH ingresarían a rango de incerteza.

Conviene analizar desde esta perspectiva las reconfiguraciones que ha operado, en la macro tanto como en el equipo que la acompaña, Cristina Fernández desde su reaparición en noviembre del año pasado, cuando dio aire a Jorge Capitanich, Axel Kicillof y Juan Carlos Fábrega. Aldo Ferrer explicó bien estas necesarias matizaciones en un artículo reciente en el que diferencia ortodoxia de ordenamiento. Se trata de poner la oreja en el suelo para ver por dónde vienen las cosas e intentar hacer algo con ellas para tener horizonte. Lo que habla, además, de la responsabilidad de CFK como dirigente, cuando muchos de sus competidores mejor posicionados se conforman con apenas vocear estas cuestiones, sin el mínimo procesamiento que se requiere para una acción de Estado sensata.

Sería una pena resignarse a un futuro de sólo tirar piedras luego de tanta agua corrida bajo el puente.

viernes, 18 de abril de 2014

Desde el paro general y en adelante

El paro general de la semana pasada fue, como todos, político. Está muy bien que así sea. Sólo que esta vez esa dimensión superó en demasía a la reivindicación sectorial específica. Aquí, sin embargo, no vamos a denostarlo por tales motivos. 
No per se. El análisis es también político.

Conviene recordar que Hugo Moyano pasó de exigir a CFK vicepresidencia de la Nación, vicegobernación de la PBA y 33% de todas las listas legislativas nacionales, provinciales y municipales de 2011 --reclamo que CFK rechazó sin siquiera considerar--; discutir el derecho constitucional al reparto de ganancias empresarias entre los trabajadores y juntar 700 mil personas en la 9 de Julio hace tres años para aclamar la candidatura cristinista a la reelección, a contentarse con fiscalizar el 5% de los votos de Francisco de Narváez en 2013 y con bloquear accesos y traslados a Capital para lograr contundencia en su huelga, ayudado de una ensalada sectorial cuya ductilidad política jamás logrará encuadrar en un programa común (y así y todo, no le alcanzó para movilizar con éxito a Plaza de Mayo).

Si Moyano no comprende que la de ut supra es la descripción de una derrota gigantesca, considerando desde dónde venía, tiene un problema agudo para advertir la realidad. Eso es lo preocupante para quienes creemos que los trabajadores deben tener viabilización partidaria/electoral.

Es a partir de este diagnóstico que, entonces sí, cabe enjuiciar la errática deriva moyanista.

* * *

Si la iniciativa de blanqueo laboral lanzada por Cristina Fernández de Kirchner a principios de esta semana llega a ganar la centralidad que merece en agenda, el gobierno nacional encontrará un importante eje desde el que doblar la apuesta, por decirlo de algún modo, progresivamente.

Tal como sucede con la cuestión del transporte a partir de la creación del ministerio correspondiente y la asunción allí de Florencio Randazzo, que colocó al también titular de la cartera de Interior en la carrera presidencial, el kirchnerismo puede, a partir de acciones de gestión, refrescar sus vínculos representativos con los sectores en los que mejores perspectivas tiene de recuperar sus performances de otrora. No por Carlos Tomada en sí, no hablamos de candidaturas en concreto en este caso. Se trata, ni más ni menos, que de expresar la renovación de agenda que impone el devenir mismo de la vida social. Incluso cuando, en muchas oportunidades, se trata de agotamientos por éxito.

Si gobernar implica establecer prioridades, el oficialismo arrincona con esto a la CGT Azopardo a una posición incómoda: planteando la imposibilidad de ese sello para abarcar a todo el universo asalariado, por un lado, al tiempo que expone su falta de voluntad por conflictuar con las estructuras empresarias, responsables del negreo y que deberían constituir su antagonismo, lo que en los últimos tiempos se ha hecho más difícil de percibir. De hecho, Gerónimo Venegas respondió al anuncio presidencial con un despreciativo "eso no forma parte de nuestra agenda". No hacía falta tan explícita aclaración, pero él igual corrió a echar agua. 

En resumidas cuentas, la opción del sindicalismo moyanista es a por un plexo reivindicativo de menores urgencias en cuanto hace a una estrategia de defensa de sectores desprotegidos.

Se dijo, días pasados, que en política se trata de partir un escenario y colocarse de un lado de tal fractura. Bueno, eso pasó.

martes, 15 de abril de 2014

El futuro del kirchnerismo desde la perspectiva de Daniel Scioli o Daniel Scioli desde la perspectiva del futuro del kirchnerismo (¿dará lo mismo?)

Muchísimas veces nos hemos referido en Segundas Lecturas al expediente crítico que representa la pertenencia de Daniel Scioli al kirchnerismo. Parece mentira que el tema pueda dar para tanto, pero así es. 

Incluso, mereció una serie de posts específica de tanta tela que había para cortar.

Nuestra tesis no ha variado ni lo hará: el gobernador de la provincia de Buenos Aires es una pieza importantísima en el armado oficial. Prescindir de él es altamente desaconsejable. La construcción que sustenta al gobierno nacional se vería seriamente comprometida en caso de una ruptura entre la presidenta CFK y el vicepresidente de Néstor Kirchner. Esto independiente de que, pese a lo que dirían las encuestas en tiempos no electorales, tanto en 2007 como en 2011 la jefa del Estado nacional obtuvo su cargo con mayor cantidad de votos que el bonaerense adoptivo. Scioli, en ese entendimiento, no se va del Frente para la Victoria sencillamente porque no tiene con qué. Esto, suponiendo que quisiera irse, lo que no supera el grado de hipótesis si se habla en serio. 

Sucede que el sciolismo, entendido como tal, es, apenas, una categoría periodística.

No se trata, en este tema, de ideologías. La política, en definitiva, no es sólo eso. 
Lamentablemente (no para nosotros, que no curtimos beneficio de inventario en estos asuntos), hay que matizar, aquí, con lo que se requiere para edificar aquello que permite desplegar los impulsos de las convicciones: o sea, poder. Y está claro que el ex motonauta ha sido una pieza fundamental en ese sentido.

Dijimos, también --para que no parezca sciolismo esto--, que no es lo mismo un militante (independientemente de la mucha lealtad que ha demostrado siempre Daniel) que ejercer la conducción.

Pero, volviendo a girar, siempre sostuvimos que si acaso hay temores por un Scioli que, puesto a jefe, desande grandes porciones, o bien todo lo actuado desde 2003 (no es nuestro caso), no es el mejor juego el de intentar el mero bloqueo de su candidatura presidencial casi porque sí. Ni mucho menos expulsarlo del Frente para la Victoria. En tal supuesto, sólo se conseguiría arrojarlo a la posibilidad de que alcance su objetivo como expresión de segmentos refutatorios del paradigma inaugurado por Néstor Kirchner. O bien de conseguir impedirle el acceso a la primera magistratura, pero al costo de, por quebrar el dispositivo en que se apoya el gobierno nacional, perder también chances propias de pesar en el litigio sucesorio. 
Regalando, así, el triunfo a opciones que no mejoran la del esposo de Karina Rabolini. 
O bien son francamente peores, considerada su representatividad.

La ruta de la racionalidad conduce a que si, como todo indica, Scioli está dispuesto a confluir, lo mejor es intentar condicionar, desde esa voluntad, por medio de las PASO --y, por ende, del circuito sobre el que pueda funcionar--, el programa que a posteriori tendrá ejecución en su gobierno.

Hasta las presidenciales 2011, apenas con la presencia de CFK había bastado como para enterrar cualquier debate. 
El trámite que se inició desde entonces es muy otro. Toca competir. Para agregar volumen a la propuesta. La presidenta de la Nación, por su parte, muy hábilmente, ha sabido siempre (igual que antes Kirchner) aderezar sus decisiones con abundantes dosis de sensatez, que en política significa ni más ni menos que tomar la debida nota que merecen las correlaciones de fuerza en un período histórico determinado. Y entiende de la incapacidad que los afecta, tanto a ella como a Scioli, para construir con prescindencia del otro. Conviene comprenderlo: ni la una ni el otro quieren separarse, porque en tal movimiento iría la clave de sus respectivas y, en ese caso, seguras derrotas. 

Sobre el cierre de este texto, Andrés Larroque confirmó mucho de lo que aquí dicho. Creemos. Y, sobre todo, celebramos.