martes, 1 de septiembre de 2015

Últimas noticias sobre el programa incendiario

Dijimos en nuestra columna del pasado sábado en ABC en Línea que la decisión opositora de enfilar hacia el antiperonismo visceral es errónea porque cede a Daniel Scioli la pecera más amplia de cara a la captura a que convoca la cita comicial de octubre venidero. Se trata de un esquema que piensa en la hipótesis del balotaje, previsto para noviembre, perdiendo de vista que la distancia que separa al gobernador bonaerense del triunfo en primera vuelta es muy pequeña. 

Es suicida que en ese marco la alianza conservadora Cambiemos disponga --Durán Barba mediante-- una estrategia de neto corte gorila, ahuyentando al electorado al que más presumiblemente puede aspirar el Frente para la Victoria. Manolo Barge alertó al Frente Renovador a estos respectos, cuando en un post habló de la probabilidad de que el delasotismo cordobés migre, sotto voce, hacia el oficialismo nacional.

Sergio Massa camufló su derrumbe vía su acuerdo con la tropa de José Manuel De La Sota; es decir, cazando en el peronismo. Esto le sirvió para rendir por encima de Maurizio Macrì en el llamado gran norte argentino. No parece, entonces, la mejor idea salir de viaje hacia esas comarcas a imputar feudalismo. Tanto por el desprecio que tamaña sentencia implica para con las estructuras y la sociología justicialista que logró conservar; como por la ciudadanía toda de ese conjunto de provincias, a la cual le costará convocar si lo intenta desde el insulto, como es lógico imaginarlo.

Si desde el massismo se responde que a través de ese discurso se pretende impactar, no en su geografía de destino, sino en el más populoso combo provincia de Buenos Aires/Capital Federal, pues estarán incurriendo en un doble equívoco: por un lado, por esa ruta se arriesga a resignar también lo que todavía le queda de base PJ en ese territorio; por otro, supone desconocer que el sufragio gorila más convencido ya está blindado en torno a la postulación de Macrì, y bastante cerca de su techo.

Así lo expresan ruidosamente Felipe Solá y Facundo Moyano, más allá de sus inconveniencias personales en un mega-entendimiento adversario. Cuando a principios de año hubo la catarata de fugas de intendentes ahora ex renovadores de regreso hacia el FpV, desde donde habían partido dos años antes, se la interpretó como mera conveniencia en función del lastre que ya a esta altura significa la boleta de Massa. Supieron advertir la escena de la comparsa a la que el esposo de Malena Galmarini se sumó como furgón de cola la semana pasada, cuya coloratura los pone en contradicción con sus propias biografías y con su representatividad. Los retornos, en ese contexto, sobrevinieron casi naturalmente.

Por último, conviene entender que en las profundidades en que se cocina poder no agrada ni estimula el fuego como material de construcción política. Los jefes distritales con futuro ya garantizado, o con buenas perspectivas de concretarlo, están en su mayoría enrolados en el FpV. Esos lazos pesarán en los casi cincuenta días que nos separan del momento definitorio. La racionalidad los conducirá a empujar la gobernabilidad que la mano negra tras los episodios tucumanos pone en riesgo: ahora exploran empalmar ese drama con la votación chaqueña dentro de tres semanas. Como preámbulo de la presidencial, claro. Forzar el arribo a dicha instancia en un clima de sospecha irrespirable. Defensivismo, sí; pero violento y movilizado.

El coctel de esta nueva Unión Democrática, a setenta años de la original, exhibe, primero, la subordinación de una dirigencia que acata iniciativas de copyright ajeno. Segundo, su temperamento destructivo es una confesión tácita de incapacidad para urdir una alternativa competitiva al liderazgo de la presidenta CFK, robusto --igual que la fuerza que conduce-- pese a doce años de erosión e intensidad desgastantes. Finalmente, las cada vez más obvias pretensiones de lesionar la legitimidad de origen y el sufragio de sectores populares resultan una excelente pista acerca de las escasas probabilidades de triunfo que se asigna, pues preanuncia impugnaciones que sitúan el trámite de este litigio más allá del 10 de diciembre próximo.

La acumulación de recursos institucionales detrás de Scioli es la mejor receta en este paisaje crecientemente peligroso.

lunes, 31 de agosto de 2015

Almorzarse la cena

 Si bien pocos, existen en Argentina ejemplos de pensamiento opositor de tipo --por definirlo de modo breve y contundente-- estructural; entendiendo por esto el que se aleja, para estudiar escenarios políticos, de las cualidades de sus protagonistas. O que, por lo menos, no hacen de ello el eje central de sus planteos. Amplían el foco y agregan mucha mayor cantidad de elementos en la coctelera. Procedimientos tales, además de acercar el análisis a la precisión en mucha mayor medida, implican la aceptación del otro, toda vez que desecha el clivaje terminante bueno/malo. Con la perversidad no se puede transigir. Ergo, se canaliza la diferencia por vías racionales, pacíficas.

Hay, así, quienes eligen no sumarse a la comparsa para la cual cualquier cuestión de la realidad nacional se fundamenta en la maldad intrínseca que imputan a la fuerza gobernante. Exploran en causalidades más profundas y complejas. Para esta corriente, entonces, las deficiencias que advierten en la vida pública se explican, más que en Néstor Kirchner y Cristina Fernández, en el desequilibrio institucional que se derivó del estallido de 2001 sobre la competencia electoral.

Con la caída del gobierno de Fernando De La Rúa, argumentan, colapsó la Unión Cívica Radical, representación histórica de los sectores medios --con toda la imprecisión que esa categoría supone-- en nuestro país. Lo que trajo el predominio, casi hegemonía, del peronismo. Y subsiguientemente, una degradación en la calidad gubernamental, toda vez que el oficialismo carece del incentivo de una oposición competitiva; dicho sencillo, capaz de reemplazarlo a corto plazo.

No hace falta compartir el fondo de este alegato para elogiarlo, en tanto en estos términos sí resulta posible establecer un debate ideológico. La moral, en cambio, es materia de iglesias.

Desde el peronismo se contesta a esto que lo que se reconfiguró, antes que el radicalismo, fue su base sociológica. La miserabilización planificada estatalmente a partir de las gestiones de Celestino Rodrigo y, sobre todo, José Alfredo Martínez de Hoz en el Ministerio de Economía hizo trizas, cuantitativamente hablando, a las viejas clases medias en que se apoyaba el partido fundado por Leandro N. Alem. Devino en cáscara sin pulpa. Luego, su incapacidad para readecuarse a los nuevos tiempos extendió esa esterilidad a extremos catastróficos. Dialogan con un pasado ya extinto.

A contrario sensu, los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández, al tiempo que desarrollaron estrategias de solución para el flagelo de la indigencia extrema, fueron reconstituyendo, siquiera en parte, los segmentos que habían caído en la pobreza a la situación previa al epílogo delarruista.

Discusiones acerca de la magnitud de estos avances del kirchnerismo al margen, lo cierto es que la ampliación de la electorabilidad del movimiento que fundara el general Perón, entre sus distintas acepciones, se debe fundamentalmente a que supo darse una renovada estrategia de intervención fronteras afuera de su siembra tradicional, la clase obrera organizada. De hecho, de no haber tomado el peronismo nota del dato del debilitamiento de la formalidad laboral y de las tasas de pleno empleo, probablemente habría desembocado en idéntico drama que su tradicional adversario.

Incluso su división interna jugó también un rol importante en todo este proceso.

El espacio nunca estuvo unificado del todo desde que se fracturó antes de la campaña presidencial del año 2003 por la pelea entre los ex presidentes Carlos Menem y Eduardo Duhalde. Existe, sí, una fracción abrumadoramente mayoritaria que ordena los órganos esenciales del mecano, el Frente para la Victoria. Pero, como bien apunta Manolo Barge, eso ha convivido doce años con distintos desprendimientos sin que el partido ni la conducción gubernamental hayan movido un dedo por impedirlo. José Manuel De La Sota, Adolfo Rodríguez Saá y las distintas y repetidas rebeliones que en distintas medidas se sucedieron en la provincia de Buenos Aires. Barge entiende que fueron funcionales al kirchnerismo, porque no dejaron que la oposición se quedara con ese electorado.

Es a la luz de este desarrollo que conviene pensar la foto con que los distintos referentes opositores caratularon la escalada demencial que inauguraron la tarde de los comicios tucumanos.

* * *

Daniel Scioli necesita que la elección presidencial se delibere sobre la dicotomía peronismo/antiperonismo, que no a favor o en contra del actual gobierno nacional. La presidenta CFK está habilitando, con distintos gestos, cediendo espacio a su candidato, que así sea.

Se trata de ofrecer una perspectiva renovada al cabo de un ciclo histórico de doce años, cuyo desgaste es natural. La posibilidad para el sucesor de realizar una oferta singular, aunque no necesariamente contradictoria, respecto de la conducción vigente. Dicho brutalmente --aceptando el riesgo del yerro--, regar las siembras de De La Sota y Rodríguez Saá. Suturar el tajo con que coexistió el kirchnerismo en la representatividad peronista durante una década y monedas, por motivos que no cabe cargarle y que no viene al caso problematizar.

La imagen que congregó a Margarita Stolbizer, Maurizio Macrì, José Cano, Sergio Massa y Ernesto Sanz peca, porque deja que el enojo penetre en la capacidad de reflexión. El fraude es sinónimo de peronismo, en tanto éste lo es, per se, de degradación de la calidad republicana. Significa, lisa y llanamente, una renuncia a la porción de ese sufragio no enrolada con el FpV.

Ese quinteto produjo una maniobra expulsiva con la reunión en comentario. Pensaron en una señal de cara al balotaje, olvidando que antes tienen un octubre arduo. O tal vez desesperados por ello.

A nadie se niega un vaso de agua, ni a ningún peronista su Unión Democrática. Sonrisas en La Ñata.

[Publicado originalmente aquí: http://abcenlinea.com.ar/almorzarse-la-cena/]

martes, 25 de agosto de 2015

Venezolanización

Como en ninguna de otra de las celebradas a lo largo de 2015, en la elección a gobernador tucumano las singularidades locales y nacionales que --a la vez-- implica cada uno de estos episodios se confundieron a extremos violentos. Las complicaciones respondieron básicamente a la operación que desplegó la mega entente opositora para evitar que Daniel Scioli hiciera del anunciadísimo triunfo de Juan Manzur una plataforma de relanzamiento de campaña hacia el duelo final de octubre. La proyección es de climas, y aún la gravitación de ello puede ser acotada.

Pero, en concreto, es cierto que el Frente para la Victoria ha visto diluirse una oportunidad, y en cambio a esta hora se encuentra sumergido en discusiones que en circunstancias normales no deberían tener cabida, toda vez que fueron sus adversarios los responsables de enlodar el ambiente.

Dijimos en ABC en Línea, en nuestra columna del último sábado, que lo que resta del ejercicio proselitista pinta cochino. 

No cabe el llanto, sobre todo cuando son propias las responsabilidades de gobierno, y por ende, de parte de la organización del acto en cuestión --lo que incluye predecir desmanes como estos, y repelerlos/sancionarlos--. Valga este comentario, pues, como advertencia. No puede sorprender una quema de urnas de una oposición adiestrada por un tipo que se vanagloria en un libro de haber provocado el suicidio de un adversario (del ecuatoriano Jaime Durán Barba hablamos). Ni puede permitirse el peronismo lucir burlado de este modo. Bastaba con prestar apenas un cachito de atención a la enorme cantidad de porquería que circulaba durante la tarde del acto en las redes sociales, actualmente con sobrecarga de macrismo en estado de emoción violenta. El jefe del gobierno porteño ya había procedido muy parecido en Santa Fe.

En ese contexto, estalla el termómetro de la hipocresía con un relato adversario que se autocalifica vehículo de la reconstrucción de una nueva ciudadanía, ética (que ahora no lo sería). Ya se está amasando una antesala irrespirable para una noche de definición presidencial que promete dejar en vela a todo el mundo. Una ventaja de Scioli más estrecha que la de Manzur, pero que igualmente está cerca de ser suficiente, debe ser leída a la luz de este antecedente: Maurizio Macrì y Sergio Massa han dicho, lisa y llanamente, que desconocen al flamante gobernador electo. Peligrosísimo, aún para los varios zafarranchos que hemos atestiguado últimamente; lo que ya es decir bastante.

Venezuela es un espejo que adelanta: un derrotado que, no aceptando las reglas del juego, pudre todo cuando pierde.

* * *

El resultado tenía matices sabrosos para explorar, que se pierden ahora en la porteñización (sinónimo de berretización) que contamina la atmósfera. El artefacto que sustentó la candidatura de José Cano fue aún más allá del sueño húmedo que el establishment no logró con sus presiones cristalizar a escala nacional. La Unión Cívica Radical, Macrì, Massa, Margarita Stolbizer; todos ellos empujando el carro del George Clooney (versión gasolera) del Jardín de la República. Y hasta un postulante a vice, Domingo Amaya, que ayer nomás era referente del FpV provincial, y que corrió a secundar al vencido, despechado porque el actual gobernador, José Alperovich, designó a Manzur para sucederlo en la primera magistratura de gobierno de la provincia más pequeña. La flexibilidad del estómago del contrato moral es envidiable.

La pretensión de convertir cada elección en batalla final pare desbordes ante desenlaces decepcionantes. Sólo quien acepta la posibilidad de la derrota, y que la política otorga revanchas regulares, puede perdurar en las grandes ligas de este oficio.

Las reelecciones oficialistas y las patinadas de paletas policromáticas han sido regla este año. Tanto como el fiasco de la resurrección territorial que soñaba Ernesto Sanz a través de la alianza Cambiemos, a la que sólo le queda como esperanza Jujuy. De nuevo la rigidez de la aritmética cayó frente a la política, cuya plasticidad le cabe mejor a la interpelación de las complejidades que le compete atender. La progresiva reducción en los márgenes de los éxitos alperovichistas, siendo aún estos holgados, no indican más que la reconstitución de una siquiera mínima (aunque todavía precaria) sistémica partidaria allí. Manzur se enfrentó a una coalición de volumen, su en breve antecesor contó con el hándicap de tierra arrasada a su alrededor; lo que no le quita mérito, más vale. Pero cabe consignar ese dato, tanto como el de, como Balcarce, doce años a cuestas.

Cano y Amaya hicieron un buen papel, tienen horizonte si se desacoplan del desquicio con que se los pretende instrumentar desde CABA. Al punto que su alcalde, a la sazón principal referente opositor, cae como paracaidista a un lugar que desconoce a exigir --así lo dijo-- comportamientos determinados del jefe del Estado provincial. Actitud de soberbia superioridad que atrasa más de un siglo y medio. Ni eso, ni la editorialización de sufragantes esclavizados con que se los describe a más de mil kilómetros de distancia, gusta entre la ciudadanía a cuya convocatoria debe aspirar el hoy diputado radical. Quien, de hecho, vio venir nubarrones nacionales, renunció al sale o sale (su candidatura senatorial), y se reservó para el pago chico.

Eso, tal vez, más la intervención ahora del jefe comunal de San Miguel en esta instancia, explica la menor ventaja de Manzur respecto de la que plasmó Scioli en Tucumán --como en todo el resto del NOA-- quince días atrás.

El Círculo Rojo tiene otras preocupaciones. Y graves urgencias. Constan en balances contables. A eso vamos, para cerrar.

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CFK, tal su costumbre, se anticipó al desenlace tucumano con su discurso en cadena nacional del último jueves.

Hizo entonces alusión al forzamiento extrapolítico de coyunturas contaminadas, de moda especialmente en América Latina. Que durante el kirchnerismo han abundado, en este 2015 alcanzaron climax y que conforme se acerca la hora de la verdad escalan peligrosamente a niveles desconocidos. El caso Nisman, operaciones judiciales varias, la utilización del asesinato de un militante radical jujeño y ahora esto. Todo ello cultiva un caldo crecientemente espeso. Argentina y su litigio con los Fondos Buitre es un tentador imán de aspiraciones intrusivas. Con los ejemplos de las concesiones que hacen tambalear a Dilma Roussef en Brasil y a Alexis Tsipras en Grecia a la vista, demasiado frescos, Cristina Fernández golpea aún de salida, y presentó un proyecto de ley para blindar las tenencias accionarias que el Estado heredó en diversas empresas privadas a partir de la estatización del sistema previsional en 2008. El poder de la gobernanza se disputa con la prepotencia de los hechos.

En el Fondo de Garantía de Sustentabilidad se cifra gran parte de la diferenciación modélica del kirchnerismo. Porque, más allá de un sistema previsional diametralmente opuesto al statu quo ante, y del golpe más duro que ello supuso para el financierismo del que era pilar arquetípico, la entrada a empresas privadas fuerza otra lógica de conducción del desarrollo, que está directamente relacionado con la inversión y el caudal informativo a que desde allí adentro se puede acceder.

(Mariano Grimoldi explica muy bien el nuevo esquema jubilatorio aquí; nosotros habíamos dicho esto en 2012.)

El empresariado argentino, adorador del ocultismo y deseoso de deshacerse de presencia gubernamental en sus directorios, advierte, en la estipulación del requisito de la mayoría agravada (dos tercios de voluntades parlamentarias) que en adelante regirá la posibilidad de reversión de esta política --diseño que replica al de la recuperación de YPF--, como en otros casos similares --actualización automática de jubilaciones y AUH, negociaciones salariales y de salario mínimo regularizadas--, la consolidación de un ciclo que desean cortar de cuajo. La legalidad va colocando todo eso a resguardo de posibles coyunturas adversas, mientras Broda/Melconian/Espert lo ponen en la mira de los consensos que desean dinamitar. 

Y otro tanto el peronismo, que, más allá de dificultades, domina en la mayoría de las provincias del país, y ya ha somatizado la reconfiguración que en adelante le espera, mayormente en la armonía de su heterogeneidad interna. Aún si perdiera Scioli, le sobrarían recursos para resistir. La hipótesis de mínima, entonces, pasa por fragmentarlo o erosionarlo en su capacidad de acción. Una sucesión ordenada conspira contra tal posibilidad, propias de caos como el cierre aliancista, desde el que se facilita el condicionamiento. Han puesto manos a la obra, entre siembra de dudas electorales y agitación del dólar ilegal. Y hasta les sobra tiempo para renovar pedidos de impunidad respecto del genocidio de la dictadura 1976/1983, con llamativa insistencia esta última semana: justo cuando esas balas comienzan a picar cerca de los actores civiles de aquel drama.

Asombra que a esta altura no sea unánime la convicción acerca del riesgo transversal que supone la piromanía.

domingo, 23 de agosto de 2015

Sólo unidos triunfaremos

El 1º de agosto, siete días antes de las PASO, se habló en esta columna sobre la paz en que discurría la campaña en territorio kirchnerista. Así era hasta ese momento, toda vez que el drama pasional que emprendió Florencio Randazzo cuando se anunció la fórmula Daniel Scioli-Carlos Zannini no mereció repercusión más allá de sí mismo y de cierto revoloteo en redes sociales. Es cierto que la disputa entre los precandidatos a la gobernación de la provincia de Buenos Aires, Aníbal Fernández y Julián Domínguez, ya distaba de lo conveniente en términos de modos, pero tampoco era para tanto. A fin de cuentas, hablamos del PJ-PBA, muy de sobra aclimatado al barro.

Pero, cual si se pudieran tomar en serio las brujerías, ese texto pareció convertirse en mufa, porque desde el día siguiente, cuando el Grupo Clarín --a través de dos de sus peones, Jorge Lanata y Elisa Carrió-- organizó una mugre mediática (de las más burdas, pero también de las más dañinas que se recuerden) contra el ministro coordinador de la presidenta CFK, el clima se enrareció en el Frente para la Victoria a un punto tal que ni el buen resultado electoral logró aún disipar del todo. Lo cual se agravó por las inundaciones que azotaron parte del interior y del conurbano bonaerenses, y por el desafortunado viaje del postulante presidencial del espacio en medio de ello.

Las tensiones, que fueron más allá de la tirantez entre los aspirantes a la sucesión de Scioli, y se proyectan hasta la relación de los que serán sin duda los dos principales mascarones de proa del FpV de cara a la cita de octubre, tienen por vicio fundamental su coincidencia con las aspiraciones del establishment en relación al instrumento más potente de los que compiten en la formalidad jurídica: dividirlo; pues los retadores, parece, no se bastan por sí solos.

Es deseable, para las perspectivas del oficialismo nacional, que no llegue sangre a la desembocadura en que confluyeron Cristina y DOS para mejor provecho del peronismo.

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Durante la semana que hoy termina volvió con vigor a las primeras planas noticiosas la crisis preocupante que atraviesa en Brasil la continuidad de Dilma Roussef, en particular; y el PT, y por ende su razón política toda, en general. Con Lula de Silva en obvio rol destacado.

No hace falta abundar mucho en explicaciones acerca de las consecuencias que el desenlace del Petrolao puede acarrear para nuestro país. Por los fortísimos lazos que ligan a ambas aquitecturas socioeconómicas, tanto como a sus respectivos liderazgos políticos. No es novedad la escasa atención que en, promedio, la dirigencia argentina dedica a la política internacional. Demencial en tiempos de bloques y mercados supranacionales interconectados al extremo. No es ése, sin embargo, el objeto de este texto. Ni tampoco desentrañar el drama que en específico acosa al PT o las posibles réplicas que aquí podrían derivarse de un eventual giro significativo en Brasil, tras una década en que los entendimientos se profundizaron como nunca antes en la historia de esta asociación. Que, enhorabuena, excede de lo meramente comercial.

Es necesario capturar un dato en el que coincidieron la mayoría de los análisis: la debilidad del diseño institucional en que se asienta la administración Dilma. El PT controla escasos sitios de los que, tanto en el poder ejecutivo como en el congreso federal, corresponden al gobierno que construyó en alianza con el PMDB, el partido más grande y tradicional de la democracia brasileña. Que, paradójicamente, aunque hace rato no logra construir una postulación taquillera para alcanzar la presidencia, sigue vigente. Lo hace a través de una planificada fragmentación de sus hombres que, alternativa y simultáneamente, reparte en el ejercicio del papel de oficialismo y oposición.

Lula y Fernando Henrique Cardoso antagonizan, pero ambos han marchado a cuestas de fragmentos del PMDB, que, así, renueva posiciones desde las que prolonga su supervivencia.

Son, así, pocos los legisladores y ministros petistas puros. Y para colmo, luego de conseguir su reelección Dilma decidió, lisa y llanamente, entregar la cartera económica al financierismo, que designó un peón de su confianza Joaquim Levy. Retroceso, a la vez, ideológico y estratégico.

La conclusión cae de madura: la escasez de recursos propios disminuye la capacidad de aguante de un mandatario, porque los incentivos a tal conducta provienen de la pertenencia.

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El kirchnerismo sufrió embates significativos a lo largo de doce años en ejercicio del poder.

Si bien una componente principal de su resiliencia ha sido la decisión política de Néstor Kirchner y CFK en cuanto a rechazar amenazas, no menos cierto es que esa práctica encajó en una estructuralidad determinante como lo es la robustez comparativa del justicialismo: gobernadores, intendentes, diputados, senadores, etc; que se hacen notar en la correlación de fuerzas.

Dicho sencillo: a las pulsiones de aquellos a quienes Maurizio Macrì prometió devolver el manejo del dólar sólo es posible contestarle sumando un escaño legislativo arriba del otro, una provincia arriba de la otra; y así, sucesivamente. Y atreviéndose a ponerlos en juego, por supuesto.

Cuando Andrés Malamud le dijo a Carlos Pagni, en la edición del último lunes de Odisea Argentina en TN, que no cree que el episodio de la falsa acusación urdida contra Aníbal Fernández vaya a conmocionar las preferencias de los votantes de modo considerable, el también columnista del diario La Nación le respondió que, aún si así fuera, al menos servirá para inducir reacciones en los protagonistas de la ficción escandalosa. Más claro, échele agua. La menor expectativa que despiertan los pronósticos opositores, además de la necesidad de ocultar o desviar la atención a propósito de sus definiciones programáticas, redirige los esfuerzos hacia adentro del peronismo.

La hipótesis de máxima es revertir la pole position de Scioli: agregó Malamud, a la alusión referida, que quien va primero, así sigue; “el segundo nunca depende de sí mismo”. En dos meses juegan su boleto también varios jefes de Estado locales, con todo lo que puede esperarse que eso influya en el estiramiento de la ventaja plasmada el 9 de agosto, trámite no definitorio.

Y si eso no resultara posible, por lo menos erosionar los márgenes de acción del elegido.

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Mientras estas líneas se escribían, hubo la trigésimo segunda cadena nacional de Cristina Fernández en 2015. Cosas de la trepidante realidad que nos toca, mucho de lo dicho hasta aquí quedará ya viejo. Pero que sirva como moraleja de cara a lo que resta de campaña, que pinta cochina. Una extensa serie de anuncios de gestión sirvieron como escenario para la exhibición de una renovada sintonía en el mosaico del peronismo que gobierna, tanto como del inconmovible entusiasmo de las bases que se encolumnan tras de la conducción de la presidenta de la Nación. Quien, de hecho, se encargó, con su alocución, de compaginar ambos elementos en un marco común que, explicó, es la mayor garantía para las realizaciones que están prontas a disputar su reválida.

Sería tonto perder de vista las enseñanzas del Martín Fierro y darles el gusto a los de afuera.

[Publicado originalmente aquí: http://abcenlinea.com.ar/solo-unidos-triunfaremos/]

lunes, 17 de agosto de 2015

Ni muy, muy; ni tan; tan

Una elección general en un país como Argentina, de dimensiones gigantescas e híper federalizado, arroja una multiplicidad de resultados tal que se hace sencillamente imposible la sola pretensión de establecer conclusiones a su respecto a pocas horas de celebrarse.

Sólo desconociendo el impacto de lo que proyectan las arquitecturas de poder locales en la escena nacional, y el desespero del establishment por clausurar el ciclo histórico en curso, pueden entenderse los análisis que se publicaron en papel la mañana siguiente a un comicio cuyo escrutinio no finalizó sino hasta ese mediodía. Tan es así que Carlos Pagni, cerebro bien estructurado y usualmente lúcido del liberalismo, debió corregirse el mismo lunes, apenas entrada la tarde, cuando el avance en el conteo confirmó que la ventaja de Daniel Scioli se había estirado considerablemente. Sería innecesario reiterar que en esto se cuece también una lucha de interpretaciones, si no fuera por la intrusión que las formaciones opositoras les habilitan en sus diseños tácticos.

No se intenta convertir esta columna en un análisis de medios -que por cierto ya abundan en los tiempos que corren del comentario político-, sino dar una idea de la complejidad de condensar en una nota la evaluación de lo acontecido el último domingo. No sólo porque el tiempo transcurrido desde entonces es escaso para comprender semejante volumen de información. Sucede, en primer lugar, y fundamentalmente, que no se ha decidido nada todavía. Y hasta aquí hemos aprendido de las PASO que, además de ordenar las internas partidarias, organizan el escenario de las contiendas definitivas a partir de las perspectivas de corrimiento de sufragios que dibujan.

Así como en el póker cada participante puede pedir nuevas cartas luego de la primera repartija, para reordenar su juego, entre agosto y octubre se reabre la campaña a partir de, como bien se la denomina, la mejor de las encuestas a que puede acceder cada candidato.

En eso estamos desde la trasnoche del 9 de agosto. Cuando hace cuatro años la presidenta CFK sorprendió a propios y extraños liquidando el pleito en el bautismo de las primarias, todo fue sencillo. Ahora conviene extremar los cuidados a la hora de sentenciar. Scioli hizo una buena elección. Y ahí se frena en cuanto a definiciones. Es cierto: numéricamente considerado, apenas empató la peor elección presidencial en la historia del peronismo, el también 38% de Eduardo Duhalde en 1999. Sólo que aquello fue, y esto no, el partido por los puntos. Por otro lado, no es muy difícil empardar esa marca del justicialismo, siendo ése, envidia de cualquiera de sus adversarios, su piso.

El dato cuantitativo es siempre el menos interesante: el ex gobernador de la provincia de Buenos Aires tiene como atenuantes un rival mucho más sólido, como lo era entonces la Alianza encabezada por Fernando De La Rúa; el actual, en cambio, puede esgrimir que encabeza una coalición que lleva inéditos tres períodos consecutivos al frente del gobierno nacional, tramitados -para colmo- de modo, por así decirlo, no complaciente. CFK es CFK, Scioli es Scioli, el desgaste es el desgaste, 2011 era 2011, aquel mundo era aquel mundo. Y el rival, esta vez, jugó.

Como plataforma de lanzamiento hacia la chance de cerrar el asunto sin balotaje, siendo que la experiencia demuestra que el puntero siempre estira rendimientos, es más que interesante.

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Un peronólogo de excelencia como Manuel Barge ha dicho alguna vez que la condición mayoritaria surge de la capacidad de articulación de minorías. Martín Rodríguez se expresó sentido similar, incluso en este sitio, en las últimas horas. La referida reconsideración de Pagni incluyó en su titular una alusión a la proximidad de una política negociada. Cristina Fernández y Scioli organizaron la oferta que el Frente para la Victoria presenta a esta elección sobre la base de la aceptación de la mutual imposibilidad de trascender con prescindencia del otro, y transaron posiciones.

En derredor de este concepto parece haberse encontrado un atajo para sellar la famosa grieta.

Humorada al margen, la cantidad de indicios que advierten acerca de la inminencia de una nueva etapa es tal que una polémica al respecto sería estéril. Ello no equivale a un fin de ciclo debido a que el kirchnerismo ha sabido insertarse en ese futuro. No sólo por la postulación vicepresidencial de Carlos Zannini y la arquitectura de las listas legislativas: La Cámpora está cerca de convertirse en uno de los grandes ganadores del octubre venidero, en tanto va traduciendo territorialidad en electorabilidad: ya sea encabezando (Lanús, Mercedes, San Vicente, Moreno), o aportando decisivamente a victorias resonantes (Quilmes, Hurlingham, Almirante Brown). Ya cuenta con una capital de provincia, Ushuaia. Todo lo cual le habilita sillas en la mesa próxima del poder.

Sería sencillo decir que el FpV tiene que ir a la caza de lo que le falta, mayormente, en UNA, la coalición con la que Sergio Massa frenó su declinación que parecía indetenible a través de un acuerdo con José Manuel De La Sota. Que, aun así, el ex intendente de Tigre parece haberse resignado a que alcanzó un techo, y por eso en adelante liberó el juego de sus alcaldes y negocia la cabeza de Felipe Solá. Que Maurizio Macri también tiene para recolectar un pedazo de esa entente, pero que su siembra debe ser transversal por ser más amplias sus necesidades, y que, encima, antes le urge fidelizar el voto del frente que armó con la UCR y con Elisa Carrió.

Es, en cambio, más rico el examen de las fortalezas y las debilidades con que cuenta cada contendiente para poner en valor en las deliberaciones que ya han comenzado, y a cielo abierto.

Aquí conviene computar, por ejemplo, que la mayoría de las gobernaciones seguirán en manos del peronismo, más allá de lo que ambicionaba Ernesto Sanz al diagramar el presente calendario electoral. O que si bien el FpV cedería, casi seguramente, la mayoría en la Cámara de Diputados de la Nación, está a su vez muy cerca de conseguir los dos tercios del Senado (clave para designaciones varias del Poder Ejecutivo Nacional). Todo influye en las grandes tendencias entre las que se edificará el recambio institucional. Las instituciones republicanas estipulan renovaciones legislativas parciales y ejecutivas segmentadas, con lo que un diagrama de poder está pintado de distintos humores temporales, para no depender de un único arrebato emocional esporádico.

La regla general de la historia de estos asuntos y el propio epílogo pacífico que está ejecutando Cristina Fernández, por fin, conspiran contra la posibilidad de un quiebre significativo como cierre.

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Macri parece haber previsto estas variables cuando trazó su hoja de ruta con tímidos pero saludables desacatos para con las presiones del Círculo Rojo. Cuando se observa que en PBA y CABA colocaría la mayoría de los legisladores, uno puede prever una huelga de brazos caídos del aparato radical de aquí a dos meses. Pero también una apuesta a mediano plazo más propia del jefe del PRO. Quien con su excelente desempeño en el distrito más grande completa una instalación seria en la Pampa Húmeda desde la que hacer pie hacia el despliegue federal que aún le urge.

Y a propósito de lo que ut supra se dijo en relación a cierta especie de rendición implícita de Massa, el electo gobernador cordobés, Juan Schiaretti, que formalmente integra su alianza, perfectamente puede entonces inaugurar entendimientos con actores que sí apuestan a ganador, con los que deberá compartir período de gobierno. Máxime en el caso de una provincia cuyo oficialismo ha perdido su autosuficiencia en la legislatura local. El FpV local podría arrimarle soluciones a tal efecto, pero también el PRO, de sucesivos buenos rendimientos en la provincia mediterránea.

Todo lo apuntado está -a la hora en que se escribe este texto- en grado de mera hipótesis, más vale. Se ha procurado describir el croquis que emergió de las PASO. Sólo quien haya entendido que esto empezó antes del domingo pasado y seguirá después de octubre podrá operarlo a su favor.

Iba más allá de las cifras plasmadas por Scioli, Macri y Massa, la cosa, nomás. ¿O no?

[Publicado originalmente aquí: http://abcenlinea.com.ar/ni-muy-muy-ni-tan-tan/]

jueves, 6 de agosto de 2015

Cuidar el PASO hacia la continuidad

La campaña se cierra con la oposición mayormente girando alrededor de una denuncia falsa que el Grupo Clarín, a través del ex periodista Jorge Lanata y la facilitadora inmobiliaria Elisa Carrió, plantó contra Aníbal Fernández por presunta autoría intelectual de asesinato y tráfico de estupefacientes. Esa operación trajo, por decirlo suave, desarreglos en la interna del Frente para la Victoria en provincia de Buenos Aires. Heridas aún lejos de rangos preocupantes, pero que de todos modos merecen tratamiento urgente a partir del lunes próximo, cuando las urnas las salden.

La reaparición en escena de la presidenta CFK a la centralidad, sin embargo, sirvió para reubicar las discusiones en términos políticos, en el correcto sentido de la palabra: la contradicción de intereses que la impulsa, y a cuyo equilibrio y domesticación debe dedicarse prioritariamente.

El segundo aumento jubilatorio de 2015, que nuevamente superará cualquier cálculo inflacionario que se quiera considerar, pretendió ser contrapesado por la oposición partidaria, como no podía ser de otra manera, en Tribunales: un amparo para evitar la cadena nacional en que se anunció la buena nueva --excepción hecha de lo que al respecto opina el equipo económico de Maurizio Macrì--. Es decir, se pretendió aplicar la legislación electoral sobre la jefa del Estado, que no es candidata a cargo alguno en esta instancia. Pese a que iba por los fueros, decían. El Derecho como pretensión de suplemento político.

Se parece mucho a una subestimación del votante: considerados, de este modo, cual si fuesen una manada de incapaces de discernir qué proyecto político ha sido el factotum de esas realizaciones sólo porque se bloquea una transmisión televisiva.

Conviene recordar, a propósito de esto último, dos cuestiones: primero, que, al debatirse en el Congreso de la Nación la moratoria previsional, la fórmula de ajuste de haberes propuesta por el oficialismo fue contrastada por otra opositora que, en todos los casos, durante siete años de vigencia, habría otorgado cifras inferiores de aumento. Y por otro lado, las polémicas en torno al sustento (de financiamiento hablamos) de un sistema que, además de haber recompuesto considerablemente los montos jubilatorios, hoy alcanza al 97% de los pasivos --merced a dos moratorias que levantan ronchas en no pocos sectores sociales--. No termina de quedar claro si quienes dicen proyectar la sucesión de Cristina Fernández desde la vereda de enfrente acuerdan o no con la ampliación de la cobertura cobertura; al tiempo que, además, agitan el 82% móvil. 

Todo ello en conjunto con promesas a los sectores privilegiados de podar la pauta impositiva que permite hoy al Estado estos reconocimientos. La ecuación no cierra por ningún lado. Y se hace peor cuando a propósito de estos expedientes se menea el Fondo de Garantía de Sustentabilidad, lo que implica poner en riesgo una herramienta formidable para lubricar la actividad económica, mientras se obliga a ANSeS sin atender a la proyección de esa decisión en el tiempo. 

Los asuntos previsionales, a su vez, reconducen siempre a la decisión de reestatizar la administración del esquema en 2008 como capítulo más trascendental en la reconfiguración económica que atraviesa el país desde hace doce años. La cortaremos acá con nuestra ya hartante alusión a la incapacidad de polemizar de que adolece la oposición, que deriva los esfuerzos hacia territorios ajenos a los que deberían ocuparlos. Nadie se alimenta con el Código Electoral de la Nación ni con investigaciones periodísticas: en tanto se comprenda esto, se diseñará mejor la estrategia electoral. Bien, pues, por la conductora del espacio que, sin dejar de responder a infamias, atiende prioritariamente los negocios de que depende el desempeño de su espacio.

No obstante todo, leídas las pasadas en limpio que los cerebros más lúcidos del pensamiento conservador (como Carlos Pagni) hacen de las pedradas que se encargan al personal menos sofisticado (Lanata/Carrió), se entiende que el objeto de esta empresa es el de socavar la solidez del peronismo. Que se expresa en el cierre en la fórmula Daniel Scioli-Zannini como moño de una edificación que se labró con el mayor pacifismo que recuerde la historia del movimiento fundado por Juan Perón en años. Que duró, chisporroteos menores al margen, hasta esta semana. Es lógico: la esterilidad ajena es, presumiblemente, lo que redirige expectativas hacia territorio oficialista.

Las conquistas de la década que hilaron Néstor Kirchner y CFK se elaboraron a partir de una voluntad política firme que encajó en una arquitectura partidaria potente. No hay lo uno sin lo otro. Y si se responde al enchastre con el poco tino de dividir el campo propio se deja campo orégano al establishment que pretende una política débil en relación al statu quo.

Se trata, sencillamente, de no caer en lo que parecería ya una tentación de los mejores ratos en el FpV: chocar la calesita.    

miércoles, 5 de agosto de 2015

Apuntes para un pronóstico

Dentro de exactamente una semana estaremos a, apenas, veinticuatro horas de concurrir a las urnas para votar en las PASO nacionales. Y en medio, claro, de la veda. Vayan hoy, entonces, unas últimas consideraciones acerca de lo que nos aguarda en dicha instancia.

¿Es posible anticipar un desenlace? No. Pero consignar algunos datos puede servir a tal fin.

Suenan fuerte por estas jornadas las volteretas que ensaya Maurizio Macrì. Que, en el contexto de numerosas filtraciones que de varios de sus hombres de confianza se están conociendo a propósito de los lineamientos económicos del espacio que ¿conduce?, horadan su discurso.

El cambio que no lo sería tanto. O que lo sería de formas, lo que no cuaja con su base electoral, que impugna de fondo la experiencia kirchnerista. El ex presidente de Boca Juniors, imprevistamente, quedó, y justo en el momento menos conveniente, en un no lugar. El peor de los escenarios en política. Había hecho todo bien hasta que consiguió el apoyo de la conducción nacional de la UCR en su convención de Gualeguaychú, a principios de marzo. Pero de allí en más no paró de errar.

Pecado de soberbia, en lo más probable; de inexperiencia, otro tanto. Sobreestimación de Jaime Durán Barba, fundamentalmente. Interesan menos los motivos que el análisis de los hechos en concreto. Cunden desinteligencias --por decirlo suave-- al interior del frente conservador que PRO integra junto con radicales y Elisa Carrió, Cambiemos. Esa alianza fue delineada para proveer a la postulación amarilla el desarrollo territorial de que carece más allá de CABA, pero el alcalde se extralimitó en cuanto a las proporciones que les correspondían a los suyos. Y el sustento a que aspira de la tropa de Ernesto Sanz y compañía debe necesariamente ser correspondido en términos de sitiales representativos. Dicho sencillo: candidaturas que activen el aparato.

Por eso, aunque se trata de un recurso con el que sistemáticamente se procuran maquillar la deficiencias competitivas de las distintas oposiciones en relación al peronismo, las críticas que dedicaron tanto el establishment comunicacional como su preferido al sistema de boleta sábana, más que a la fuerza conducida por la presidenta CFK, apuntan a la militancia boina blanca de la provincia de Buenos Aires. Sobre todo por el reparto puerta a puerta de las papeletas, un tanto menos por la fiscalización el día de la verdad. Lo deslizó, si bien sotto voce, Joaquín Morales Solá, en la edición del miércoles último de La Nación; lo explican expertos rosqueros.

Si bien se mira, entonces, hoy Macrì sufre una degradación similar a la que acabó con la carrera presidencial, que en un momento pareció indetenible, de Sergio Massa: la bifrontalidad entre lo que el duranbarbismo receta a su alumnado recitar en cámara y lo que su intelligentzia trafica en confianza se parece demasiado a la ancha avenida del medio que destrozó el artefacto del Frente Renovador --cuando su electorabilidad empezó a resentirse-- hacia uno y otro lado de la polarización ideológica en que discurre la competencia en curso. Sin llegar a sufrir ese desgajamiento, los soportes de Cambiemos crujen como el FR lo hizo durante los primeros meses de este año.

De hecho, las dudas que se encendieron alrededor del jefe de gobierno porteño le facilitaron algún resquicio a Massa para avanzar. No en los sondeos, donde sigue tercero cómodo. Pero el inverosímil panquecazo centrista de PRO lo habilitó a reubicarse en el tablero, golpeando a las puertas del gorilismo más rancio, demagogia punitivista y vigilanteo de la asistencia social mediante.

A los divagues en torno a encuestas y acusaciones de hipotético fraude se les pueden agregar los escandaletes en Tribunales, las operaciones sobre el precio del dólar ilegal y algunos conflictos sindicales de virulencia por lo menos sospechosa. Mientras varios referentes lúcidos del pensamiento conservador lentamente abren paraguas (Rosendo Fraga, Carlos Pagni, Jorge Asís, Eduardo Fidanza), todo parecería apuntar a desviar la atención de ello.

No es que uno quiera denunciar como se hacía con las brujas, pero se sabe: que las hay, las hay.

* * *

Daniel Scioli y Carlos Zannini han transitado la campaña con llamativa armonía. Visto retrospectivamente, habría sido imposible adivinar el clima en que el Frente para la Victoria recorrió este trayecto antes que se definiera el cierre excluyente en uno de los referentes más discutidos de su interna, como lo fue en su momento el ex vicepresidente de la Nación.

Más allá del episodio que protagonizó con tintes de dramatismo Florencio Randazzo cuando el esquema se diseñó a mediados de junio, el contraste con las oposiciones no podría ser mayor.

Es cierto que para construir la mayoría de un triunfo eleccionario se requiere de alguna dosis de corrimiento que permita tender puentes con los sectores sociales no enrolados en el voto propio. Ahora bien, ello no puede tramitar de cualquier modo. Conviene evitar las contradicciones biográficas. No sólo por la extravagancia que implican per se, sino también para cuidar de que en la empresa de convocar lo ajeno no se termine resignando activos ya consolidados, que esterilizarían la vocación por la suma. La condición de oficialismo ayuda a tal efecto, porque permite plantear el desafío de futuro, que indefectiblemente trae cada elección, como etapa evolutiva de la que, a la vez, se somete a evaluación soberana. Por un lado u otro, el deber del equilibrio se impone igual.

Scioli se ha dedicado a contener a todas las porciones del FpV en este lapso, pues ese involucramiento es el que lo dota de la fortaleza comparativa que hoy pone a parir a sus retadores. A eso responden las promesas de creación de tres nuevos ministerios: Economía Popular, DDHH y Ciudades. Que, a la vez que atiende a nuevas demandas de la agenda --independientemente que ésa sea la mejor manera de hacerlo, o no--, interpelan a sectores que alguna vez le desconfiaron (organizaciones sociales, Madres de Plaza de Mayo). O que, sin haberse opuesto a su figura, hace rato pugnan por mayor significación institucional (intendentes).

La promesa de incorporar a la banca privada al programa Pro.Cre.Ar, por último, además de constituir lo más audaz que se ha oído en esta oportunidad en el siempre incierto terreno de las promesas electorales, conjuga inteligentemente un reto que tiene la economía nacional a futuro (articular al sector privado en el crecimiento) a través de un sector que ha ganado bastante en estos doce años, sin por ello haberse comprometido virtuosamente con el ciclo que lo benefició.

Por supuesto que la frutilla del postre ha sido la cada vez más aceitada sintonía entre Cristina Fernández y su candidato. La normalidad con que han dividido tareas durante el corto tramo transcurrido desde que labraron trato hizo que ni la sorpresa por semejante nivel de entendimiento mereciera casi centimetraje periodístico. El peronismo en todas sus acepciones luce ordenado. Pero la clave en este proceso la constituye el pacificismo inédito en que, chirridos menores --y las más de las veces no del todo genuinos-- al margen, se cocerá este cambio de mando. Lo que bloqueó el mejor pretexto que podrían haber agitado quienes desearan una reconfiguración profunda, como lo demuestra tanto esfuerzo por convencer de modificaciones suaves.

Es todavía una incógnita si CFK logrará anotar su nombre en la que Alejandro Horowicz denomina regla de oro del presidencialismo argentino: el presidente saliente elige a su sucesor. Pero su incidencia en tal expediente no conoce antecedentes desde la recuperación democrática en 1983.

Con una única excepción: Néstor Kirchner, cuando optó por ella. Viva la diferencia.

[Publicado originalmente aquí: http://abcenlinea.com.ar/apuntes-para-un-pronostico-2/]

lunes, 3 de agosto de 2015

El manual de la mugre se titula desesperación

La última semana de campaña previa a las PASO, como no podría haber sido de otra manera, estará teñida --se espera que no completamente-- por la operación con que el Grupo Clarín, a través de Jorge Lanata, intenta ensuciar al candidato mejor posicionado en la interna del Frente para la Victoria bonaerense, Aníbal Fernández.

Todo este año se ha bailado a idéntico ritmo: la incapacidad opositora para competir respetablemente contra el oficialismo nacional deriva en la intrusión --más de lo que razonablemente se pudiera esperar y aceptar-- del escenario político por el establishment que desea evitar cualquier formato de continuidad del ciclo histórico en curso. Y resulta que la provincia de Buenos Aires alberga treinta y ocho de cada cien electores nacionales; que ponderando comparativamente series históricas de presentismo entre distritos, asciende a algo más de 40% del padrón. Dicho sencillo: allí se cocina el caldo definitorio de la cita que se celebrará dentro de seis días. Se sabe de sobra, pero es ineludible recordarlo.

Desde que el verano se inaugurara con el tristemente célebre episodio Nisman --artefacto prototípico de lo que vendría, sólo que más trágico--, hasta este enchastre, pasando por las acusaciones falsas contra Máximo Kirchner (por supuesta tenencia bancarias en el exterior) y Axel Kicillof (por honorarios que no cobra en YPF), la causa Hotesur o las bóvedas y la secretaria de Néstor Kirchner que finalmente no lo eran, todo forma parte de un mismo libreto, que cumple el rol de correr la discusión del territorio específico en que corresponde tramitarla, el político, hacia el judicial (o cualquier otra ajenidad). Entre que no conviene asumir la verdad, el programa enunciado por Miguel Broda, Carlos Melconian, José Luis Espert y Federico Sturzenegger; y lo ridículo que quedó Maurizio Macrì en su giro kirchnerista, se comprende la necesidad táctica de jugadas de este tipo.

Nada que sorprenda, excepto por el grado de virulencia o los inverosímiles formatos en que puede escalar cada nuevo manotazo de ahogado, de los que sospechosamente nunca falta uno cerca de cada elección; esta vez, a manos del ex periodista que hace algún tiempo prometió hacer lo que estuviera a su alcance para terminar con el kirchnerismo.

Se trata, en definitiva --y para no prolongarnos en cuestiones que ya de sobra hemos estudiado a lo largo de doce años--, de comprender que esto va más allá del actual jefe de gabinete de ministros del gobierno nacional y de la porfía que lo involucrará --y acerca de cuyo desenlace tal vez esto suponga algún tipo de noción--. "Si tocan a uno, nos tocan a todos"; se leyó mucho por estas horas en las redes sociales. Lejos de una pulsión corporativa, significa la comprensión política de la embestida. Que, en esencia, en nada se diferencia de las restantes referenciadas. "El ajuste se hace de golpe o a los golpes", amenazó Broda. Y Lanata ejecuta el disciplinamiento que a tal efecto se requiere. Claro que asumir este recetario no sería rentable en las urnas, de modo que Durán Barba recomienda hablar de la familia en las apariciones públicas.

Conviene entender, luego de desmalezar, que el ataque al funcionario se dirige en realidad a la voluntad popular que construye un rumbo político determinado. Al contrastarlo partidariamente, se expone la contradicción que, de fondo, lo impulsa: en buen romance, a quién privilegiará el próximo gobierno, sea cual fuere, con sus decisiones. Rutina clásica de todo recambio institucional: éste es el aviso para el sucesor de lo que le espera si no se somete a una fellatio incondicional.

Quedan pocas horas para comprobar si una vez más han sido capaces de transfigurarse con el chamuyo ético y republicano.

martes, 28 de julio de 2015

¿Será justicia?

José María Campagnoli, Natalio Alberto Nisman, Sandra Arroyo Salgado, Carlos Santiago Fayt, Ricardo Luis Lorenzetti, Luis María Cabral, Claudio Bonadio. Nombres que se enlazan entre sí. Son, todos ellos, integrantes del Poder Judicial de la Nación. Pero también son, o han sido, material de construcción política --adversativa, se entiende--. O así se ha pretendido de ellos.

El laberinto que camina la oposición partidaria para vertebrar una alternativa electoral competitiva al Frente para la Victoria supone, asimismo, una imposibilidad de encarar debates programáticos. Conscientes de la impopularidad que implica plantear una reversión en los aspectos fundamentales del modelo inaugurado en 2003, escasamente hábiles para urdir una evolución a partir de lo actuado en doce años y embarullados por las relaciones incestuosas que tejieron con el establishment doméstico e internacional (recordar reacciones ante el fallo Griesa) que no desean ninguna forma de continuidad del ciclo histórico en curso, la acción deviene precaria.

Las escenas del fracaso de la proyección federal de Maurizio Macrì, con Santa Fe y Córdoba como capítulos más dolorosos de esas patinadas; y de su apretado triunfo en el único distrito que controla, todo lo cual desembocó en una patética voltereta discursiva durante los festejos porteños tras el susto del domingo último, alcanzan para dibujarse una noción acabada de tal crisis.

Aderezado con tono de escándalo, el intento de convertir a los expedientes institucionales en eje central de la disyuntiva a disputarse en las próximas elecciones presidenciales, en detrimento de los socioeconómicos, tiene como objeto saltar por encima de las dificultades recién comentadas.

Los mencionados en el primer párrafo no encajan en los viscosos alegatos de republicanismo con que persistentemente aturden las vocerías del Círculo Rojo. Pero más importante aún que eso es que ninguno de ellos puede exhibir pureza en las actuaciones que los lanzaron al estrellato. Cada cual por sus propias razones, articularon complicaciones previas en el cuadro antes descripto. Juan Domingo Perón dijo que los ejemplos son buen método explicativo: Bonadio, para tomar el último de los casos, acumula nueve denuncias en su contra el Consejo de la Magistratura. Cada vez que alguno de esos trámites se activa, agita, convenientemente, algún juicio a su cargo que involucre a figuras del gobierno nacional. Recientemente, se la tomó con el hijo de la presidenta CFK.

Resulta imposible aceptar la inocencia de irregularidades tan burdas como las que se han señalado de sobra en relación al desarrollo de la causa Hotesur en magistrados con largos recorridos. Futbolísticamente hablando, se hacen echar. Adrede. Dicho sencillo: como las denuncias por sí mismas valdrían nada, provocan sanciones, para suplantar un impacto con otro.

La idea de que cualquier cosa vale si de investigar la corrupción kirchnerista se trata, además de llevarse a las patadas con las garantías constitucionales del debido proceso, revela segundas intenciones en estas tramas novelescas. La doctrina vandorista, golpear para negociar, aplicada aquí, imagina a un funcionario acorralado que termina llamando por teléfono para rogar una rendición digna. Pero se topan con Cristina Fernández, que no se allana a presiones propias de épocas que incluso fueron malas para el propio Poder Judicial. Casi premonitoriamente, Néstor Kirchner eligió a la Corte Suprema de Justicia como catapulta bautismal; en respuesta, por cierto, a amenazas instrumentadas a través de aquella conformación del máximo tribunal.

Si se exalta a los jueces y fiscales cuestionados no obstante las desprolijidades evidentes que los envuelven, es debido a que no pasa en realidad por el respeto a la ley el objeto de la polémica.


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Estudiado el dilema desde una perspectiva histórica, no resulta extraño que el kirchnerismo encuentre en Tribunales uno de los núcleos más duros de resistencia a su trayecto.

En Página/12, el 26 de abril pasado, Horacio Verbitsky acudió a citas de Alexander Bickel y Roberto Gargarella, muy pertinentes a efectos de esta columna: <<(…) la silenciosa sustitución de la voluntad popular por los jueces está en el origen del Poder Judicial estadounidense, esquema que la Argentina importó. En asambleas populares que presionaban a las legislaturas locales el pueblo resistía el pago de deudas agobiantes. El establishment respondió confiriendo un poder desproporcionado a la justicia. Para [el constitucionalista Alexander] Hamilton no había tiranía más opresiva que la de “una mayoría victoriosa”, propensa a seguir a “demagogos y politiqueros”. (…)>>

Y agregaba, a renglón seguido, que <<(…) cuando [el ex presidente James] Madison abogó en la Convención Constituyente por los derechos de las minorías, sólo se refería al “núcleo de los más favorecidos de la sociedad” que integraban los acreedores y grandes propietarios. El “grupo selecto y fiable” del Poder Judicial controlaría los atropellos de las legislaturas y sus decisiones serían independientes de las que pudiese producir el debate público (…) Los fallos de la Corte estadounidense están en sintonía con los intereses de las grandes empresas. (…)>>

En buen romance: cuando, años ha, a las burguesías no les quedó más remedio que ceder al ingreso de los sectores populares a las decisiones de Estado, quedando conformada así la república con división funcional tripartita del mando, se reservaron en la Justicia un muro de contención para el caso que las pretensiones reformistas fuesen demasiado lejos. La última ratio de la desigualdad. No casualmente es denominado el más conservador de los poderes, rasgo que reivindicó Carlos Pagni en la edición 2013 del Campus FAES, foro liberal arquetípico: lo destacó en su condición contramayoritaria y en las universidades que gradúan a sus integrantes.

Así, la colisión en Argentina de ese artefacto con un gobierno que, como dijimos en esta columna hace quince días, se ha propuesto más que el mero gerenciamiento del statu quo, era cantado.

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La lubricación que de la marcha de los referentes opositores se procura a partir de cuestiones ajenas a sus negocios específicos no augura éxito. No sorprende, habida cuenta que quienes orquestan tales maniobras ignoran el complejo arte de la edificación política. Lo que los lleva a suponer que auxilian a quienes, en realidad, invisibilizan: en las distintas convocatorias que, motivadas en estos enchastres, se sucedieron en los últimos tiempos, a los dirigentes que irán al cuarto oscuro se les asignó rol secundario. Incompatible con la identificación que impone el desafío de la representación. Y por no decir, brutalmente, que es muy poco probable que en las parrillas al paso del conurbano en las que almuerza el obrerismo preocupe la suerte de Bonadio y Campagnoli.

La reaparición del dólar blue como temática expresa varias cosas a la vez: la robustez electoral del FpV, en principio. Además, una voluntad domesticadora respecto del próximo mandatario, sea quien fuere el electo. La desesperación ante la inminencia de un desenlace comicial adverso es lo más obvio de decir. Y si bien debe apuntarse, nos quedaríamos cortos en el análisis si frenásemos allí: a fin de cuentas, quienes operan tales marginalidades cuentan con recursos necesarios para aguantar otro turno constitucional sin que ello les suponga un drama irremediable.

El problema cambia de rango cuando se lee el sesgo cultural de la metamorfosis que ensayó, de modo poco elegante, Macrì. Que fortifica una matriz transformadora más allá de los vaivenes del sufragio. Fenómeno cuya evitación, contábamos, inspiró el diseño del Poder Judicial.

Es en esas raíces que se está echando que se cocina el espeso caldo de la irracionalidad.

[Publicado originalmente aquí: http://abcenlinea.com.ar/sera-justicia/]