viernes, 29 de agosto de 2014

El raquitismo político del frente gremial opositor

Pasó otra huelga del moyanobarrionuevismo. Un fracaso contundente --medido en relación a las pretensiones que lo impulsaron--, del que abundan sobradas certezas.

Hemos escrito muchísimo aquí de la deriva del ex secretario general de la CGT, Hugo Moyano, desde que decidió desbarrancar demencialmente tras la reelección de la presidenta CFK en 2011. Tanto, que ya resulta imposible la originalidad.

El pasado 11 de abril habíamos sembrado dudas en cuanto al éxito que se había relatado con referencia al cese general del día anterior, que había estado apalancado en la adhesión de los gremios del transporte y de piquetazos varios a cargo del trotskismo. Casi un mes después, media Plaza de Mayo le quedó enorme a una convocatoria del mismo combo dirigencial para protestar contra la inseguridad, confirmando las sospechas: la protesta previa había funcionado, pero sin expresar representativamente; debido a la hábil construcción táctica con que la había sustentado Azopardo, no importaba cuántos se habían abstenido de prestar tareas sino dónde lo hicieron. 

No casualmente, estas jornadas de lucha, a diferencia de lo que usualmente se estila, se vienen celebrando sin que un acto las epilogue. Saúl Ubaldini enseñó una regla: "sin corte, con movilización". No obstante, se hace exactamente lo contrario.

Apenas entrada la tarde de ayer, en la web del Grupo Clarín, órgano oficial del paro, se publicó una columna de Ricardo Cárpena, en la que el periodista no pudo salir a incendiar al gobierno nacional ante lo obvio de que la medida tuvo un impacto mucho menor al que esperaban. Griseaba: “Ni parazo, ni parito”, era el título. Se la podía encontrar en la portada de la web, junto con las restantes noticias, en grande, de la protesta que estaba transcurriendo. Media hora después, aproximadamente, ya no estaba esa nota de opinión en primer plano, y la cobertura del asunto había quedado reducida a menos de la mitad del tamaño que mereciera hasta allí. No se habrían perdido la oportunidad de regodearse con Balcarce 50, de haberla tenido.

Evidencia del chasco en la movida que intentaba el sindicalismo opositor que encontraba un límite en la necesidad de evitar el ridículo, que al menos por una vez entendió Clarín, aunque también debía mixturarse con la complicación política de otorgar siquiera el empate a la administración. Un coctel periodístico casi imposible de domesticar racionalmente, tanto como le es esquiva a la escasa ductilidad estratégica de Moyano la síntesis de las distintas alianzas que explora desde hace tres años, sin mayor suerte: recordemos, en las elecciones 2013 Camioneros fiscalizó el 5% de votos de Francisco De Narváez, con el propio jefe sindical y varios otros de los suyos como candidatos. ¿Dónde serán mejor considerados que en el kirchnerismo?

La derrota, así las cosas, no requiere de acumular todavía mayor cantidad de probanzas; ahora, se trata de comprenderla.

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José Natanson explica en su libro La Nueva Izquierda que en América Latina no existen partidos puramente laboristas sencillamente porque con el viejo imaginario del obrerismo fabril, hoy muy disminuido, ya no alcanza para ganar elecciones.

Artemio López y Manolo Barge se expresaron, con algunos matices, en sintonía con ese diagnóstico.

En esos términos, no tiene sentido perderse en la discusión acerca del carácter político o no de las jugadas reivindicativas de un sindicato (más allá que el dato específico de reclamo es cada vez menos nítido en el caso de la dirigencia que estamos comentando): todas lo son, lo interesante es inquirir qué tipo de política fomentan. Habida cuenta de la incapacidad del dispositivo que se expresa en Moyano para, per se, imponer condiciones, requiere de acordar alianzas para viabilizar sus planteos en el campo institucional. Pero obstinado en sobreestimarse, intentó ocupar la silla decisoria que dejó vacante Néstor Kirchner al fallecer, de puro guapo. Sus errores en el territorio partidario, empero, derivan en heridas para el programa laboral.

De ahí que el jefe camionero descendió desde la pelea por el reparto de renta empresaria y la vicepresidencia de la Nación en 2011, a exigir disminución del impuesto a las ganancias en 2014. Ese conformismo asombroso es hijo de desaciertos precedentes: la impericia para concertar acuerdos que le permitan expandirse en la dinámica del poder.

Conviene recordar que, al mismo tiempo que Moyano se desperdiciaba en un nuevo sinsabor, la jefa del Estado conseguía la aprobación de un nuevo programa de incorporación previsional (que llevará la cobertura jubilatoria al 95%). Y discute una modificación del paradigma a través del cual Argentina se vincula con los mercados de deuda soberana, en un giro histórico para el promedio nacional, que resulta viable por la articulación que hizo la presidenta de la Nación de una coyuntura local con tendencias del plano geoestratégico que hacen prever una lenta pero inexorable modificación de la presente correlación de fuerzas internacional. Mientras sucede todo eso, algunos que cobran 5 mil pesos debieron resignar su presentismo para que los que ganan más de 15 mil no se vean perjudicados por el descuento de $98 mensuales de impuesto a las ganancias. 

Están enredados en un laberinto: entre un oficialismo que les pidió el temple y la paciencia que toda amalgama a veces demanda a alguno de sus componentes y... la nada. Desaconsejablemente módicos, por angurria, en sus intervenciones. ¿Qué rol quiere jugar el sindicalismo opositor en el contexto actual? De momento, retumban sus silencios. Es una corporación que eligió, casi por gusto, encerrarse como tal, sin mayor horizonte que el segmento convencionado al que mejor le ha ido.

La tradición argentina es la de una dirigencia gremial que disputaba en grande porque siempre pensó sobre los más diversos aspectos de la agenda pública. La Falda y Huerta Grande lo atestiguan. Está bien que uno no va a andar en estos tiempos, tras toda el agua que corrió bajo el puente (cuestiones muchísimas veces deliberadas), con ese nivel de exigencia.

Pero el vacío de acompañamiento es directamente proporcional al doctrinario.

martes, 26 de agosto de 2014

El nieto 115 y los que juegan a ser distintos

Cuando se conoció el hallazgo del nieto de Estela de Carlotto, algunos pares de pocos desorientados buscaron un lugar para diferenciarse de lo que era una alegría popular contundente, llamando la atención respecto de la mayor difusión que había merecido este caso en relación a los 113 previos. Resultó ser que el episodio 115 tuvo lugar muy pocos días después, y justamente aquellos que más dramatizaron en cuanto al famoseo que habría implicado el caso de Estela dijeron nada al respecto.

Ni bueno, ni malo: cero. ¿Quién era, entonces, responsable, si es que debiera haber alguno, de la discriminación negativa reprochada?

Es una constante de los últimos tiempos en Argentina que hay quienes se sienten en la necesidad de, casi en forma programada, salir a colocarse al margen de las tendencias sociales mayoritarias. No se trata de criticar las excentricidades, sino el modo en que se producen. El distinto lo es naturalmente, no porque busque serlo. Y si hace lo segundo, el asunto pierde la gracia. Porque así pierde protagonismo el tema, en cuya problematización uno puede distinguirse, para tomar el centro de la escena la individualidad de quien ansía la distinción.

Vaya si no han quedado en el camino tantos y tantas con sobrada trayectoria en el campo de los DDHH, enojados/as por la conducción que del tema asumieron en parte NK y CFK desde 2003, en base a la inverosímil excusa de la falta de méritos previos del matrimonio presidencial en la materia. No porque no sea cierto eso, sino por lo irrelevante que resulta en los momentos actuales de la correlación de fuerzas, que ha permitido avances allí como no se habían conocido en más tres décadas de recuperada la democracia. Privilegiaron una disputa personal a la continuidad en la causa en su mayor apogeo.

Y ahí vamos, camino a ver algo parecido en cuanto al nuevo arreglo de deuda externa por las dificultades que impone el fallo Griesa, que se procurará articulado con un ensayo novedoso y valiente, histórica y geopolíticamente considerado.

Uno podría intentar aventurarse en la Sociología, que no domina, como hacen muchos otros en diversas áreas que tampoco manejan, para intentar explicarse por qué actúan así. Tiene su hipótesis, pero no sería serio lanzarla, habida cuenta de la falta de sustentos científicos con los que verificarla. Que cada quien haga su propio análisis. Esta vez se prefiere dejar interrogantes abiertos. En última instancia, toda esta enunciación consigue, por sí misma, planteando interrogantes, decir bastante. 
O al menos eso se cree. Y/o se quiere.

Y no se puede prohibir a nadie perderse la alegría de lo colectivo y lo trascendente. Allá ellos.

sábado, 23 de agosto de 2014

El error político del escrache a Cavallo

"Si mi alma fuese tan despreciable como las suyas, yo aprovecharía esta ocasión para vengarme (...) pero es necesario señalarles la diferencia que hay de un hombre de bien, a un malvado." (José de San Martín en carta a Bernardo O’Higgins, acerca del fusilamiento de Manuel Dorrego. 1829)

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Se leyó muy poco sobre el escrache a Domingo Cavallo en la UCA en los medios. Se dijo bastante más en las redes sociales: bueno, malo, regular; opinable, como todo.

A quien esto escribe le resulta especialmente convocante pronunciarse al respecto, a los fines de no caer en lo mismo que aquellos que por estas horas critican, con razón, el ataque al ex ministro de Economía de los gobiernos de Carlos Menem y de Fernando De La Rúa, pero se perdieron en matizaciones cuando algo similar le sucedió al actual, Axel Kicillof, a principios de 2013 (y peor, porque estaba en compañía de sus hijos, muy niños). La cita de apertura, como toda referencia historiográfica, puede fundadamente ser acusada de excesiva. La comparación en esos términos siempre implica un asunto complejo, pero uno tiende a creer que de las esencias se pueden extraer conceptos valiosos. Que sirvan como disparador intelectual.

La imagen de Cavallo debería estar asociada en Argentina a la idea y el recuerdo de violencia. 
No por él en sí. Ni tampoco por su desempeño en el Banco Central durante el Proceso de Reorganización Nacional. Sino por lo que representa como emblema de una filosofía económica que se proyectó en muchos otros aspectos de la vida nacional. Aquí neoliberalismo equivale a sangre. A los fines de desplegar un programa de gobierno inspirado en tales razones fueron asesinadas 30 mil personas entre 1976 y 1983, siendo que por la vía de las urnas, y gracias a las transformaciones políticas, culturales y socioeconómicas que antes había operado el peronismo, eso era imposible. Por otro lado, hacía falta liquidar la idea misma de resistencia de esta sociedad, para que retornada la democracia se hiciera complicado alterar dicho statu quo.

Si aún a más de tres décadas de recuperada la democracia esto no ha quedado claro fue por la intrusión que de ese debate hicieron ideas distractoras, como la actuación de las organizaciones revolucionarias como Montoneros y ERP. Que sirvieron apenas de pretexto para una maniobra con miras a transformaciones mucho más profundas que un combate armado.
Y acabaron, como no podía ser de otra manera, también en bala, en diciembre del año 2001.

Así, entonces, la agresión a Cavallo les sirve a quienes hicieron de la violencia un método corriente de acción política para posar de víctimas por aquello que nunca temblaron en mandar a hacer (en proporciones muy superiores, además) contra otros.

A los fines de la discusión democrática, y de los roles que cada quien juega allí, una verdadera pena.

viernes, 22 de agosto de 2014

Se acabó lo que se daba

El ofrecimiento de una variante de pago local que hace la presidenta CFK a los acreedores de los canjes de deuda exitosos de 05/10 es una jugada a doble banda.

Por un lado, se ha terminado de asumir la imposibilidad de solucionar este asunto sin perjuicios de soberanía económica. Y entendiendo su enorme entidad política más allá de las especificidades técnicas y jurídicas que lo definen --que, como siempre en estos casos, son lo de menos--, se intenta cambiar el eje de posibilidades de la economía argentina, observándola más allá del conflicto buitre. El lento pero aparentemente inexorable fin de la hegemonía unipolar norteamericana como rectoría del sistema de acumulación global, es un proceso que excede y trasciende a Argentina, más vale.

Cristina Fernández lee esos vientos y enfoca la vela del barco en dirección a un atajo que permita neutralizar los efectos negativos que el mamarracho jurídico organizado (en función de castigo) por la justicia neoyorquina le significará al país.
Hacia algún lugar en que se puedan tramitar operaciones financieras de otro modo que este desquicio demencial.

Explica en Yendo a Menos Mariano Grimoldi: "A determinado patrón de acumulación le corresponde un sistema financiero con centro en los lugares donde se acumulan los excedentes, que promueve los flujos que lo fortalecen como tal. Cuando eso comienza a modificarse por el desarrollo histórico de fuerzas productivas, y como en este caso emergen naciones con capacidad de acumular excedentes de producción considerables, se puede pensar en modificaciones similares en el sistema financiero para volverse funcional a esas novedades. La idea de Argentina es aportar a la conformación de ese proceso. Que no es algo que está predefinidio. Hay que construirlo." (Para más y, sobre todo, mejor, leerlo de él mismo.)

Se trata de una apuesta que es toda incertidumbre. Pero se carece de alternativa superadora.

La maniobra, obvio, supone también repercusiones a nivel doméstico. La convocatoria a la discusión de la iniciativa en el Congreso Nacional, procedimiento jurídicamente redundante en virtud de la delegación que --a través de la ley de administración financiera-- a favor del Poder Ejecutivo Nacional rige en materia de deuda externa (cuyo trámite es potestad constitucional originariamente asignada al Poder Legislativo), tiene por virtud exigir a la totalidad de las fuerzas políticas un pronunciamiento --cualquiera ése sea-- en la materia. Que venía, como ya se ha comentado acá, faltando. Lo que se hace por demás interesante estando tan en las proximidades y ya instalado definitivamente el debate por la sucesión presidencial. 
Faltan tanta cantidad de días, que dicen pedantemente algunos afiches callejeros.

Detalles y aplicación al margen, análisis que quedarán para mejor (y posterior) oportunidad, la presidenta de la Nación consigue de este modo otorgar centralidad en la agenda del debate público al expediente donde se siente mejor parada. Pone, además, a la oposición a lidiar intelectualmente con un tema complejísimo a partir de una movida de impacto histórico. Forzando así los límites de la lógica ABL del intendentismo, que desde 2013 opera fuerte sobre el sentido común para intentar imponer que lo grueso ya está hecho, y que en adelante sólo resta administrar el país. Una cantinela que, dicho sea de paso, de renovadora tiene bastante poco. La jefa del Estado involucra en su faena mucha mayor cantidad de teclas del tablero que cualquiera de sus adversarios. A quienes la responsabilidad los desborda: teclean y atrasan por estas horas. O se entregan, da igual.

Los aspirantes a gerente sufren, antes que de ideología, por falta de inteligencia. Y esto no es para improvisados ni facilistas.

martes, 19 de agosto de 2014

La natural convergencia entre FAUNEN y PRO

Cuando se lanzó el espacio FAUNEN, aquí se dijo que lo único que interesaba de todo ese experimento era si finalmente confluirá, o no, con el ingeniero Maurizio Macri.

Pasados casi 4 meses de aquello, se puede confirmar la tesis: no han discutido otro tema que los amagues de negociaciones en torno de la posibilidad de una alianza con el PRO. No se conoce que trasciendan con peso considerable por ninguna cosa que no sea ésa. La escena novelesca entre Fernandos Solanas y Elisa Carrió es sólo el último y, probablemente, definitivo capítulo de esta historia. En el post a que se hacía referencia en el párrafo de apertura, dijimos también que la, por así decirle, pata progresista de FAUNEN (que carece de electorabilidad) importa poco y nada en cuanto a ese debate. 

El vacío que le hizo Lilita a Pino es la escenificación letal de esa intrascendencia. El senador nacional porteño fue notificado de que su capacidad para imponer condiciones en la coalición es cero. Es consumidor y no productor de poder.

Esta vez, corresponde reconocerlo, Carrió se respalda en un razonamiento político impecable para conducirse: Pino se resiste a reconocer el territorio electoral que lo sustenta. Que comparte, de modo dominante, con el macrismo. Cuando quiso disputar el liderazgo de ese sector, en 2011, fue sopapeado. La competitividad del espacio pasará por no dividir ese voto a partir de la solución por la vía de las PASO de la carencia de un liderazgo que, per se, sintetice la pluralidad interna. Lo explicita el legislador porteño Gustavo Vera por estas horas: FAUNEN es una construcción antiperonista. Así es porque no tienen chance de ser otra cosa: expresan la representatividad que les da razón de ser en las urnas. Solanas insiste en un discurso ajeno al contrato que lo depositó en la Cámara Alta. Que, además, es propio de ciudadanía que hace tiempo le resulta refractaria.

De hecho, pocas han sido las diferencias sustanciales entre unos y otros en cuanto al programa inaugurado en 2003.

Es posible aventurar que el republicanismo se mueve en función de curarse de la testimonialidad. Fundamentalmente las estructuras radicales, que quieren frenar el drenaje que los desangra desde 2001: les queda una sola gobernación, no quieren perder también intendencias. No se trata apenas de agruparse, sino de ofrecer una idea de solidez alternativa

De movida, no hay peor cosa que creerse lo que no se es: uno corre riesgo de quedarse hablando sólo.

sábado, 16 de agosto de 2014

Legalízenla

La despenalización del consumo de estupefacientes significará --si es que finalmente se sanciona una ley al respecto-- un avance respecto del estado de situación actual, pero no solucionará el fondo de la cuestión delictiva vinculada a la principal.

Para ir rápido al punto central, existe delito asociado a la comercialización de droga debido al estatus de ilegalidad de la actividad; con lo cual, deviene necesario, para viabilizarla, montar una estructura criminal que permita superar las barreras que la legalidad, siempre arbitraria y producto de un desarrollo histórico determinado, dispone. Ello deriva, subsiguientemente, para peor, en un aumento sideral de los costos de producción: porque a una elaboración que, en sí, sería de lo más barata, hay que añadirle el sueldo del sicario que asesina al policía honesto, la coima para el funcionario que se corrompe, etc.

Nada de todo eso sería necesario de poder desarrollarse la industria igual que lo hace cualquier otra. 
El circuito de retroalimentación se torna crítico. En tanto no se domestique la demanda, la restricción construye, por lógica, un nicho para la corrupción o cualquier otra desestructuración por el estilo. La prohibición impide incluso experimentar con los narcóticos de modo tal de conservar los efectos que se consideran placenteros eliminando los perjudiciales. Y por supuesto, resulta trágico dar tratamiento de criminal a quien, en el peor de los casos, es un enfermo. Al que, además, se lo expone a tratar con organizaciones mafiosas para conseguir las sustancias; y se lo acerca al crimen por el incremento tarifario antes comentado, que hace inaccesible las dosis para muchos --o acuden a otras de menor calidad, y por ende más dañinas--. 

Despenalizar evitará los trastornos jurídicos del consumidor, pero no afectará lo restante, que es la semilla de la pudrición. Los avances en la Historia son, casi siempre, de tipo parcial. Fruto de relaciones de fuerza, de carácter en esencia dinámico. La pantalla se correrá si esto prospera, lo definitivo estará más cerca.

Pero conviene no ilusionarse con los resultados más allá de la perspectiva individual. Eso sí: peor sería nada.

viernes, 15 de agosto de 2014

Tragicomedias preocupantes

Los pocos detalles que hasta ahora se conocen sobre el asunto de la imprenta Donnelley alcanzan para calificar a la situación como de gravedad.

Pero más allá de lo adjetivo, resulta necesario comprender en toda su dimensión la complejidad de las redes de intereses que se tejen al interior de los distintos departamentos del Estado, en cualquiera de sus niveles, en los que hunden raíces. Que se organizan en torno de lo que políticamente puedan o quieran expresar determinados esquemas de negocios. E impulsan decisiones de gobierno, o generan situaciones que las interfieren, en forma irregular o, por lo menos, cuestionable. Desvinculadas, en principio, de los rumbos que decide la ciudadanía en las urnas.

Derivaciones del conflicto con los Fondos Buitre intervienen en el escenario cotidiano, sorprendiendo por su forma, pero no por el hecho en sí mismo, pues había expectativas de movimientos en tal sentido. De hecho, nosotros comentamos esa posibilidad en uno de nuestros últimos textos. Se trataría, pues, de la capacidad de las tropas de Paul Singer de operar sus múltiples membresías empresariales y sus respectivas complicidades para presionar, quiebra fraudulenta mediante, al gobierno nacional en función del diferendo judicial radicado en los tribunales de Nueva York a propósito del mínimo de deuda que aún permanece en estado de litigiosidad del default del año 2001 (culpas según la Historia, y no un fallo estrambótico, las asigna). 
Agitando opinión favorable a un acuerdo riesgoso sobre la base de una ficción enviciada.

Los laberintos judiciales dirán lo suyo, pero son de orden distinto a lo que debe resolverse en política. 
Aquí se juega no sólo la estrategia soberana del país en materia de endeudamiento externo, sino también la voluntad del Estado para encuadrar comportamientos empresarios en la letra de la ley donde le compete hacerlo. Conviene recordar que, a la misma hora, hay en análisis parlamentario iniciativas que quieren penar conductas de similar espíritu que se desarrollen en el mercado local. La denuncia de la presidenta CFK con fundamento en la ley antiterrorista significa mucho más que un expediente tribunalicio. Se está exponiendo al debate público la fractura que evoca una puja proyectiva profundísima. Así debe interpretarse una acusación por delitos que encubren un desafío de poder. Al que el kirchnerismo hace frente.

Todo esto en debate a, apenas, 18 meses de una sucesión presidencial que, según explican con frecuencia, incluirá también un fin de ciclo o una nueva Argentina, según la fórmula de marketing que se prefiera.

Frente a semejante cuadro, como ya expresáramos, quienes reclaman derechos al respecto persisten en su obstinación por no manifestar una toma de posición, siquiera mínima. Lo cual es especialmente llamativo cuando la trama implica definiciones que alcanzan incluso a lo que se considere que es o, en su defecto, debería ser el modelo productivo argentino. El silencio es, pues, una pista. Y viene también a poner en claro que la electoral 2015 no será una disputa de conductas éticas/morales: el mutismo lo es sobre una maniobra que difícilmente se podrá explicar en esos términos. No hay interés en la corrupción, sino en instrumentarla como método de impugnación al ingreso de nuevos actores y hojas de ruta en esos territorios. Habrá, el año que viene, que resolver lo mismo que está en crisis desde la rebelión de la patronal agraria de 2008: quién decide y qué.

Los dirigentes opositores, a esta hora, prefieren emular en la realidad lo que, parecía, eran sólo sketches televisivos graciosos (por así decirlo); o pegar afiches que simulan contadores de tiempo en las paredes de las calles. La mansedumbre.
Así, no requiere de mayores explicaciones la preferencia del establishment por ellos.

Tal vez lo mejor sea imitarlos en eso de cerrar la boca. Agregar algo sería redundante cuando, igual, se exponen brutalmente.

martes, 12 de agosto de 2014

Un rival a medida

A veces puede resultar llamativa cierta especie de dualidad que afecta los análisis referidos a la política interna de la Ciudad de Buenos Aires.

Por un lado, se exige de lo que se denomina poder central que se abstenga y “deje que los porteños, que son muy celosos de su autonomía, discutan tranquilos sus propios asuntos”. Casi como si un proyecto político tal debiera tener vedada la posibilidad de construir su expresión en un sitio determinado. Pero, al mismo tiempo, se presenta a los triunfos localistas como testimonio de cierta ciudadanía en función de adversar a un programa de gobierno nacional que, explican, los hostigaría. En suma, un reclamo de prescindencia que, luego, sin embargo, pretende ser proyectado allende sus fronteras. 

Casi como en cuanto a los expedientes de coparticipación: se solicita permanentemente el auxilio federal pero sin que ello habilite a opinar. Un adolescente mantenido cama afuera. Ponete, y callado la boca. Siempre con tonalidad indignada, de gravedad institucional/republicana y empalagada de moralina y pretensiones de cátedra ética, claro.

Todo esto se ha acentuado desde el surgimiento del PRO, la cúspide del autonomismo más logradamente entendido.
En cualquier caso, la ecuación se resuelve siempre igual: por el voto castigo. Sea como freno a las pretensiones intrusivas, sea como foco de resistencia al expansionismo voraz de Balcarce 50. Uno podría contentarse con responder señalando lo que, así expuesto, resultaría de una incongruencia feroz, y ya. Pero como la idea es superar el berretismo, conviene esforzarse por articular ambos postulados en una única tesis que despeje complejidades e incógnitas y ayude a la comprensión de que requiere sustentarse toda estrategia, en el campo que fuere.

En la Historia suele haber buenas respuestas. En este caso, ya desde la Revolución de Mayo.
La Primera Junta, con su limitada perspectiva de mero instrumento de los intereses de la burguesía comercial portuaria, organizó desde el vamos una grieta irresoluble: sometimiento de las provincias a la autoridad de la capital, o hacer la propia de frente al Atlántico (y de espaldas a Los Andes). Y fue más eso que otra cosa durante décadas. Hasta que la victoria militar de uno de los bandos saldara, según acertadamente expuso Salvador Ferla que intuyó José Artigas más de cuatro décadas antes de Pavón, cuando las tropas del general Bartolomé Mitre iniciaron el aniquilamiento del interior federal. Quienes intentaron conciliar, invariablemente fueron impugnados como autoritarios: Manuel Dorrego y Juan Manuel de Rosas.

Más/menos, a veces reconfigurada, otras tantas subalternada, la disyuntiva, si no principal al menos constante, jamás cesó.

Así, no son rivales para quienes compiten por la ciudad autónoma desde una lógica municipal, aquellos que lo hacen enmarcando la discusión de modo más amplio, explorando conjugar con el resto del territorio nacional. Al mismo tiempo, y toda vez que un jefe gobierno ejerce al mismo tiempo potestades de gobernador junto con otras de intendente, a Maurizio Macrì le va mejor con las segundas (Metrobús) que con las primeras (educación). Dijimos alguna vez que debido a que administrar provincialmente requiere de un nivel de integración regional cuyo despliegue se ve dificultado por las pretensiones, ya no autonómicas sino directamente separatistas, de su universo de actuación, especialmente el electoral.  

Todo siempre puede ser distinto; pero, por lo pronto, los antecedentes, la ley y la geografía constituyen límites espesos para la propuesta presidencial del hijo de Franco. Lo que hace de elevar su visibilidad, considerando la representatividad que disputa y sus dificultades de desarrollo territorial más allá de la convocatoria de celebridades, una jugada interesante.

Los ingredientes específicos que distinguen a toda coyuntura podrán (o no) indicar el resto.

miércoles, 6 de agosto de 2014

Es lindo y gigante ver que hoy hay tantos sintiendo el triunfo de Estela como propio

La política sirve cuando hace felices a las personas. Cuantos más, mejor.

Que Estela de Carlotto haya por fin podido encontrar a su nieto es, definitiva e indiscutiblemente, una noticia que genera felicidad. Ayer La Nación la llamaba como siempre lo hacemos nosotros: Estela. Cuando a alguien se le menciona por su nombre de pila a secas es porque cambió de rango. Porque adquirió una dimensión distinta, superadora. Y en cuanto al hecho en sí, significa que la causa ha generado una hegemonía que la fortalece en términos de futuro: tranquiliza, siendo que tanto se ha discutido en este país en torno al fin de ciclo y a la necesidad de dar vuelta la página, habida cuenta que la de la memoria harta.

También podemos preguntarnos por el tipo de alegría. 
Casi nunca es criticable ese sentimiento; salvo, claro, cuando se funda en la desgracia ajena. Pero sí hay algunas dichas mejores que otras, no hay que temer a la complejización de ese asunto. Hace poco escribí en Facebook que creo que una persona pasa de nivel en la vida, como en los videojuegos, cuando es capaz de sentir felicidad por la del otro. De seguro no soy original con ese planteo. Pero siento que eso es lo que viene sucediendo desde hace unas horas en las que, casi a modo de catarata, indetenible, empezaron a caer de todos lados expresiones de satisfacción por la buena nueva en la vida de esa abuela que ya es querida como la propia por multitudes. 
Más allá de las minorías odiosas de siempre, que igualmente esta vez fueron más marginales que lo usual.

Estela misma es, de hecho, un ejemplo de eso.
Para cada uno de los 113 nietos recuperados previos ella puso su rostro de sonrisa eterna e ineluctable, asumiendo con entereza su rol de liderazgo aunque nunca le tocaba a ella… hasta que llegó.

Y ni siquiera ahora, aclaró sin que hiciera falta, está dispuesta a darse por satisfecha.

En un homenaje a la memoria de Eva Perón que hace pocos días organizó la Secretaría de la Mujer del PJ (hoy a cargo de la diputada nacional Mayra Mendoza, militante de La Cámpora), la historiadora Araceli Bellota explicó que, a su ver, Evita es símbolo de la lucha por los derechos de la mujer mucho más que sus antecesoras, y aún a pesar de ello, debido a su acierto político en cuanto a la articulación de tal reivindicación sectorial en un proyecto colectivo. Porque, a partir de entonces, los distintos sectores se convertían en defensores de las razones todos los restantes, en reciprocidad; cobrando, pues, mayor fortaleza cada una de las partes, por el auxilio del conjunto. Lo que derivó en mayor cantidad de concreciones.

Eso hicieron desde 2003, salvando las distancias, las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo. Cuyas historias, por supuesto, anteceden y exceden, en mucho, al kirchnerismo. Y que, sin duda alguna, lo trascenderán. Pero la cuestión ganó, al cabo de una década de politización, en densidad. La que se expresa en este afortunadamente tan extendido júbilo por el otro. Todo esto es hoy más amplio y fuerte de lo que siempre fue.

Cuesta no ser redundante a la hora de hablar del tema DDHH. Yo elijo agradecer que la política, creo, esta vez decidió servir para ayudarnos a crecer como personas. 

Estela se lo ganó. Y muchos de nosotros, por haber elegido acompañarla, también.



martes, 5 de agosto de 2014

La medida de un desafío de época

Mariano Grimoldi escribió el domingo último un excelente post cuya conclusión es que el fallo Griesa coloca a Argentina en una situación histórica bisagra.

Más allá de las especificidades propias de toda coyuntura, es muy probable que en 2013 el kirchnerismo haya tropezado por haberse resentido su condición de agente disruptivo de la política argentina para una porción sensible de la ciudadanía (no para este blog). La comparación entre el país actual y el que recibió Néstor Kirchner arroja un balance positivo. Pero da la sensación de ser ésa una cuenta que se saldó con la victoria de 2011. Ganó espacio en la puja de tendencias sociales el reclamo por una agenda superadora de cuestiones que se consideran consolidadas desde 2003.

Hace poco, en medio de un debate en las redes sociales, este comentarista dijo que de la política internacional provendría la recuperación oficialista.

En la medida que el gobierno nacional consiga articular el rol que, según Grimoldi, le tocará en lo sucesivo a Argentina en el orden financiero mundial, con su funcionalidad representativa en el escenario político local y con la capacidad que conserva el frente externo de condicionar la marcha de los asuntos cotidianos del programa económico, tendrá mejores perspectivas de reconvertirse como oferta electoral. Decíamos la semana pasada, ya no sólo se trata de un asunto de pertenencia ideológica: por estas horas se discute, lisa y llanamente, la destreza intelectual y la fortaleza emocional que implica para un dirigente asumir la resolución de cuestiones de Estado. 

Así las cosas, más les convendría a los formadores de opinión opositora coincidir con la presidenta CFK en cuanto al carácter épico del diferendo buitre. Si ésta es una puja meramente administrativa y aun así les cuesta afrontarla, quién sabe cómo reaccionarían ante un expediente de proporciones.

Al fin y al cabo, todo relato, que no sólo existe uno en estos campamentos, supone algún costo.